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Desarrollo Sustentable – Vitalis
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Juntos tenemos el poder de recuperar nuestro planeta

Por Dr. Diego Díaz Martín (*), @DDiazMartin

Con ese slogan, este 22 de abril celebramos el Día Mundial de la Tierra 2021, inmersos en una pandemia planetaria que no ha dado tregua a los críticos problemas ambientales que atentan contra nuestra sustentabilidad.

La crisis climática, la contaminación atmosférica, la deforestación, el limitado acceso al agua potable, la producción desmesurada de residuos y desechos, el mal manejo de las áreas protegidas  y la extinción de especies, son quizás algunos de los desafíos ambientales más emblemáticos, aunque tristemente, la lista es mucho más larga

Dado el inminente deterioro planetario, más de mil millones de personas en 192 países centrarán la atención internacional en lo que hasta ahora ha sido la celebración cívica más grande del mundo. La crisis global nos exige una activa participación, que más allá de los reclamos, venga cargada de propuestas y acciones.

Pese a los esfuerzos multilaterales, la destrucción planetaria continúa a paso desmedido, lo cual hace pensar que la Covid 19 no será la última pandemia, pues seguimos actuando en forma irresponsable en nuestra relación con la naturaleza, desafiando sus leyes, procesos y fenómenos, sin medir las consecuencias.

Por todo lo anterior, en Vitalis continuamos fortaleciendo nuestras acciones para revertir esta tendencia autodrestructiva, aportando soluciones técnicas y científicas,  y generando valor agregado a través de la integración de esfuerzos entre diversos actores. La única forma de desacelerar los procesos de degradación está en la activación de los grupos de control, el monitoreo de variables fundamentales, el cumplimiento de la normatividad vigente (incluyendo la creación de normas en campos poco desarrollados) y la participación de todos, sin ningún tipo de distinción o discriminación.

Necesitamos a empresas, gobiernos, comunidades, universidades y medios de comunicación activos, cuyas acciones tangibles demuestren su real compromiso con la protección ambiental y la sustentabilidad, pasando del dicho al hecho con contribuciones concretas.  También requerimos líderes sociales dispuestos a movilizar a la ciudadanía para participar en los procesos de decisión y cambio, ejerciendo la contraloría social, apuntando al logro de los objetivos de desarrollo sostenible,  y muy especialmente, a la promoción del bienestar y la calidad de vida de todos, sin distinción alguna.

Juntos somos más fuertes, y en la medida que actuemos en la misma dirección de los propósitos ambientales compartidos, en forma colaborativa y coordinada, lograremos el impacto necesario para iniciar la recuperación de nuestro planeta, que aunque luce difícil y lejana, es posible.

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(*) Académico e Investigador del Tecnológico de Monterrey y la Red de Universidades Anáhuac en México, y la Universidad de Lodz en Polonia. Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá.

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Es deber de todos proteger el Parque Nacional Waraira Repano

Por Zoila Martínez(*) y Diego Díaz Martín (**)

Comprometidos con la defensa y conservación de nuestras áreas protegidas y la promoción del desarrollo sustentable, desde Vitalis Venezuela expresamos nuestra preocupación por la ejecución de actividades prohibidas dentro del Parque Nacional Waraira Repano, conocido históricamente como El Ávila.

Esta área natural protegida, decretada Parque Nacional en 1958, cuenta actualmente con una superficie de 81.900 ha, y está conformada por diversos ecosistemas representativos del tramo central de la Cordillera de la Costa, con características físico naturales únicas.

Por sus extraordinarios atributos ambientales, el Parque Nacional Waraira Repano se encuentra bajo un sistema de protección integral, tal y como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 127, que reconoce el Derecho a un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado. Dada su importancia, su rango de protección trasciende las fronteras, según lo establecido en la Convención de Washington, ratificada por Venezuela para proteger la flora, la fauna y las bellezas escénicas naturales de los países de América.

De acuerdo con investigaciones realizadas por Vitalis, a través del Semáforo de Parques Nacionales, el Parque Nacional Waraira Repano comprende laderas y pendientes muy frágiles, es hábitat de más de 1.800 especies vegetales de diversos grupos taxonómicos, algunas de ellas endémicas, así como al menos de 500 especies de aves, 120 de mamíferos, 30 de reptiles, 20 de anfibios y miles de insectos, incluyendo al menos 100 especies de mariposas.

La protección de El Ávila también contribuye a preservar las áreas verdes adyacentes a la Zona Metropolitana de Caracas, actuando como agente moderador de la contaminación ambiental, protegiendo las fuentes de agua que en él se encuentran y contribuyendo a la regulación climática, entre otros importantes servicios y externalidades ambientales.

Dada su fragilidad natural y ecosistémica, y tal y como lo establece el Plan de Ordenamiento y Reglamento de uso del área protegida, entre otras actividades, se prohíbe expresamente la circulación de bicicletas.

Permitir el desarrollo de actividades invasivas y prohibidas en el Parque Nacional como el ciclismo, no solo sentaría un lamentable precedente que contradice la normatividad ambiental vigente, sino que aceleraría los procesos erosivos que han venido ocurriendo dentro del área protegida.

VITALIS insta a las autoridades del Instituto Nacional de Parques para que haga cumplir el Plan de Ordenamiento y Reglamento vigentes, incluyendo la expresa prohibición de la circulación de bicicletas, además extracción de material arqueológico y paleontológico, la exploración y exploración de minerales, la introducción de especies exóticas, la extracción de flora, salvo la excepción prevista en el numeral 9.1.9 del artículo 27 (que se refiere a las flores y otros productos de cultivo), la caza y la pesca, la introducción de animales domésticos, la extensión de la frontera agrícola, la realización de actividades capaces de contaminar los ecosistemas naturales, la introducción de armas, materiales y explosivos, la utilización de substancias tóxicas o peligrosas tales como pólvora, amoníaco (cuerno de ciervo), detonantes, sustancias colorantes y otros, y el sacrificio de animales, entre otras.

La protección y defensa de los parques nacionales es una obligación constitucional que debe ser respetada. En manos de nosotros los ciudadanos y las autoridades, está hacerla cumplir.


(*) Biol. Zoila Martínez, Líder Global de Biodiversidad y Áreas Protegidas. (**) Dr. Diego Díaz Martín, Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá.

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Fauna silvestre y sustentabilidad

Por Martín Correa-Viana (*)

La concepción del uso racional de los recursos bióticos guarda paralelismo con el albor de nuestros antepasados. Sin los conocimientos y técnicas actuales, de manera quizás intuitiva, Homo sapiens, durante el Paleolítico, aplicó pautas para recolectar especies vegetales, aprovechar organismos animales y preservar los hábitats asociados.

En 262 aC Azoca en la India, promulgó un edicto para proteger los bosques y animales montaraces. A lo largo del siglo XVIII, los leñadores alemanes mantuvieron un balance “sustentable” entre la tala y el cuidado de los árboles.

Durante los años 80 del siglo pasado, se introdujeron los términos biodiversidad (Walter G. Rosen, 1986) y Desarrollo Sustentable (Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, 1988), impulsando la internalización de una nueva visión para utilizar los recursos ambientales.

El concepto de biodiversidad cambió la perspectiva de valorar a los organismos vivos usando como criterio preferente su variedad. Se incorporó la variabilidad desde las variantes genéticas propias de la especie al conjunto de especies, géneros, familias y niveles taxonómicos superiores; para abarcar comunidades, ecosistemas, paisajes, componentes abióticos y las condiciones en las cuales viven los organismos.

El término Desarrollo Sustentable se propuso para disipar la ambigüedad entre desarrollo y crecimiento. Su objetivo es satisfacer las necesidades de la generación actual sin menoscabar el derecho de las futuras generaciones de acceder y utilizar los recursos para suplir sus propios requerimientos. Desde un enfoque bioecológico, la sustentabilidad se relaciona con la perennidad productiva de los sistemas biológicos, el funcionamiento de los ecosistemas, la continuidad espacial y temporal de los servicios que éstos prestan y el equilibrio dinámico entre las especies y los recursos de su entorno.

Nuestra subsistencia depende de la biodiversidad. En consecuencia, para diseñar un plan de desarrollo sustentable de la fauna silvestre se necesita información acerca de:

1. Amenazas,

2. Acciones para eliminar o minimizar esas amenazas,

3. Identificación y valoración del patrimonio zoocultural material e inmaterial y

4. Composición, estructura y función desde el nivel gen hasta el paisaje. Esto es: la heterósis, especies presentes, su riqueza y abundancia relativa, abundancia relativa de los ecosistemas, grado de conectividad y fragmentación de los hábitats, número de hábitats, ecología poblacional, polinización, ciclos de nutrimentos, perturbaciones naturales, entre otras.

En este sentido, un plan de desarrollo sustentable para la fauna silvestre contemplaría:

1. Análisis y redimensión de las políticas nacionales.

2. Revisión y adecuación de leyes para eliminar actividades ilegales y fiscalizar proyectos susceptibles de afectar negativamente a la fauna silvestre, regular la cacería consuntiva, ordenar la actividad cinegética y los zoocriaderos.

3. Elaboración y ejecución de planes estadales y municipales con participación de comunidades indígenas y locales.

4. Restauración y creación de áreas protegidas.

5. Establecimiento de centros de rescate y rehabilitación.

6. Fundación y fortalecimiento de estaciones biológicas y centros universitarios dedicados a la investigación.

7. Promulgación de normas para establecer y manejar reservas privadas de biodiversidad y estaciones biológicas en hatos y haciendas.

Resulta incuestionable que la humanidad tiene en la biodiversidad su tesoro más preciado y la fauna silvestre es uno de sus componentes inestimables.

En Vitalis hemos hecho un esfuerzo divulgativo para apoyar la conservación de especies de fauna silvestre con una campaña denominada «Tu Casa No es Su Casa» ¿Quieres saber de qué se trata? Escríbenos a info@vitalis.net.

También puedes revisar el artículo escrito por el Presidente de Vitalis sobre el comercio de fauna silvestre denominado «No seas cómplice de su extinción: Animales silvestres no son mascotas»

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*Biólogo, Master of Science y Doctor en Zoología Agrícola. Investigador del antiguo Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (MARNR) en Venezuela, Profesor titular, docente e investigador de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

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Ambiente Sano y Covid-19: Una nueva realidad

Abog. Maritza Da Silva (*)

El mundo lleva una década enfrentando nuevas enfermedades, las cuales han generado grandes desasosiegos en materia de salud pública. Entre estos hemos presenciado la aparición del ébola, la gripe aviar, la gripe por H1N1, el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS), la Fiebre del Valle del Rift, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), el Virus del Nilo Oriental, el Virus de Zika, y ahora el virus Covid-19. Éste último ha causado una pandemia de gran envergadura mundial, produciendo cuantiosas pérdidas humanas y económicas.

En realidad, la ciencia aún no ha podido identificar con exactitud cómo se transfirió el virus SARS COVID-2, convirtiéndose en Covid-19 al llegar a los humanos. Lo único claro es que no será la última pandemia, considerando el aumento mundial de enfermedades zoonóticas, las cuales son emergentes en los humanos y provienen del mundo animal. Sus
afecciones tienen origen en los ecosistemas debido a los cambios de huésped entre especies, situación exacerbada por la crisis climática debida al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, cambios de temperatura y humedad, lo que influye considerablemente en la permanencia de los agentes infecciosos ambientales. Esto, sin lugar a dudas, vaticina más epidemias ante un entorno desequilibrado y sin control, aumentando la vulnerabilidad de la especie humana y amplificando la propagación de este tipo de padecimientos.

La migración, la urbanización, las preferencias dietéticas, las demandas de productos lácteos y cárnicos, han llevado a expandir las tierras de cultivo para desarrollar una ganadería extensiva más cercana a las ciudades. Esto ha ocasionado un aumento a la exposición a enfermedades. Por ejemplo, la avicultura es puente epidemiológico entre la fauna silvestre y los humanos, tal y como lo vimos con la gripe aviar; en este caso los patógenos primero pasaron de aves silvestres infectadas a aves de corral, y luego, por convivencia, a los humanos.

El desafío que tiene la humanidad hoy es, promover la prevención para enfrentar adecuadamente futuras pandemias. Para ello será necesario impedir el tráfico ilegal de fauna silvestre y la destrucción de los ecosistemas, invirtiendo en materia de salud a gran escala, ponderando como apremiante la salud en medio del debate climático, así como el
uso positivo de las tecnologías. Igualmente se hace necesario trabajar de forma conjunta en políticas integrales ambientales a nivel local, regional, nacional e internacional, asegurando alimentos y productos saludables, pues estos virus amenazan el bienestar de las especies, de la humanidad y de los ecosistemas: en resumen, en palabras llanas, de la vida misma.


(*) Abogada especialista en Derecho Ambiental y Derechos Humanos. Directora de Derecho Ambiental de Vitalis Venezuela. mdasilva@vitalis.net

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Un desafío inesperado del siglo XXI: implicaciones del Covid-19 sobre ODS

Por Militza Correa Viana(*), MSc.

El Covid-19, un agente hasta ahora desconocido, ha impactado todos los aspectos de la humanidad. Originado en China a finales de 2019, es un coronavirus tipo 2, que a través de la movilización internacional se propagó hacia otros países asiáticos, apareció en el resto de los continentes y alcanzó la categoría de pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta en su página oficial del 25/06/20, un total de 9.296.202 personas contagiadas y 479.133 muertos por Covid-19. América es el epicentro actual de la pandemia con más de 4,5 millones de enfermos y 53.800 decesos.

A objeto de reducir los impactos del Covid-19, los gobiernos nacionales han aplicado medidas tales como la paralización temporal de actividades económicas, administrativas y de servicios, el confinamiento social y el cierre de instituciones educativas, las cuales representan altísimos costos sociales y económicos a corto, mediano y largo plazo. El Banco Mundial estima que la economía global se reducirá 5,2% durante este año. La pérdida de 3,6% del ingreso per cápita conducirá a millones de personas a la pobreza extrema y todos los mercados emergentes y las economías en desarrollo serán seriamente afectadas.

¿Cómo seguir avanzando hacia el desarrollo sostenible y construir respuestas acertadas ante la nueva realidad del siglo XXI generada por el Covid-19?. He aquí un desafío inesperado: poner fin a la pobreza, proteger el ambiente y mejorar las vidas de las personas, en un escenario más complejo, con mayores diferencias entre e intrapaíses y problemas graves de empleo, ingresos, seguridad alimentaria, salud y educación. 

Abordemos brevemente los planteamientos de algunos actores internacionales. La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) propone que los organismos multilaterales garanticen el acceso de las naciones menos favorecidas al financiamiento para sostener sus gastos sociales y actividades económicas. De igual manera se requieren estrategias de desarrollo regionales y subregionales dirigidas a asegurar las cadenas de producción, suministro de alimentos y bienes críticos y el fortalecimiento del comercio intrarregional.

Según la Junta de Monitoreo de Preparación Global (JMPG), es imprescindible financiar e implementar el reglamento sanitario internacional, invertir en tecnologías sanitarias en los países más vulnerables y diseñar e instrumentar sistemas locales de gestión médica que incluyan la educación de las comunidades con respecto a los riesgos de salud.

En referencia a la alimentación, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) considera imperioso reforzar, tanto los programas de asistencia contra el hambre y la malnutrición en las poblaciones más frágiles, como los proyectos de apoyo a pequeños productores y agricultura familiar.

UNESCO, UNICEF y PMA han establecido la Coalición Mundial para la Educación y un conjunto de directrices para la educación que incluyen reformas para ampliar el acceso de los niños marginados, financiamiento de sistemas educativos, condiciones seguras en escuelas, compensación del aprendizaje y programas de bienestar y protección de los estudiantes.

Las ciudades deberán ser sostenibles y para ello el BID sugiere formular políticas públicas de prevención de epidemias, ampliar la dotación de equipamiento e infraestructura, reforzar el liderazgo comunitario, activar las economías locales, establecer planes de emergencia y recuperar y habilitar espacios abiertos.

El futuro se muestra difícil y retador, el Covid-19 llegó y permanecerá entre nosotros. Desde la perspectiva posibilista, este acontecimiento representa una oportunidad para aprender y optar decidida y valientemente por relaciones y acciones dirigidas a garantizar la sostenibilidad de la vida.


(*) Militza Correa es Geógrafa, especialista en Gestión Ambiental. Actualmente se desempeña como Líder Global de Sustentabilidad de Vitalis, con énfasis en los Objetivos de Desarrollo Sustentable. mcorrea@vitalis.net

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La quema del Amazonas: una catástrofe mundial

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Imagen: Cortesía de la NASA

Dra. Estela Cuna Pérez (@CunaEstela) (*)

Ing. Ronny Chacón (@DosGradosC) (**)

Ing. Luís Alejandro Padrino (@padrinoluisale) (***)


La selva amazónica es la más grande del mundo, constituye un importante sumidero de carbono que mitiga el cambio climático. Sus árboles producen un 20% de la cantidad de oxígeno que hay en la atmósfera de la Tierra, siendo vitales para frenar la emergencia climática y sostener los procesos hidrológicos que dan lugar al río más caudaloso y de mayor biodiversidad del mundo. 

Está poblada por grupos indígenas y de manera natural posee una alta humedad y por ende pocas probabilidades de incendios naturales. Los incendios en esta zona son en mayor parte provocados para favorecer actividades económicas (tala, minería, agricultura y ganadería). El cambio climático a su vez también podría estar favoreciendo el desarrollo de grandes incendios en la región amazónica, por los cambios en los patrones estacionales de las precipitaciones generando zonas de vegetación más secas y propensas a la combustión. 

Según el Instituto Nacional para las Investigaciones Espaciales (INPE) en 2018 se registraron menos de 40,000 incendios en Brasil y en lo que va del año 2019 (hasta el 20 de agosto) se ha roto el récord de incendios, se han registrados más de 72.800, un incremento de más del 80%, superando los registrados a la misma fecha para el año 2016 (año con registros más cercano a lo actual). 

En la región amazónica, los incendios son raros durante gran parte del año, por existir un clima húmedo, lo que impide su ignición y propagación, gracias a los periodos de lluvia, no obstante, los registros indican que, a la entrada del mes de julio y agosto, la actividad de incendios aumenta debido a la llegada de la estación seca, sumado a los factores ya indicados, llegando a un punto máximo a principios de septiembre.

Situación que se cumplió en este año. El satélite Aqua de la NASA, detectó aumento de la actividad, y mediante el espectro radiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS) captura una serie de imágenes de varios incendios en los estados de Rondonia, Amazonas, Pará y Mato Grosso el 11 y 13 de agosto, lo que genera la alarma.

Los efectos de los incendios van mucho más allá de la zona quemada. El humo, los aerosoles y las partículas en la atmósfera se extienden por otras partes de la región, afectando a varios países.

Por ejemplo, el monóxido de carbono, un gas altamente tóxico que agrava enfermedades respiratorias e incluso causa la muerte cuando se respira en niveles elevados. Es originado por una combustión incompleta resultado de los incendios, es llevado por los vientos a grandes distancias y sus efectos ya se observan desde la costa del océano Pacífico a la del océano Atlántico.

Sin dejar de perder de vista que en lugar de amortiguar el calentamiento global (secuestrando CO2 atmosférico), la quema de sus árboles está liberando miles de toneladas de CO2 a la atmósfera, favoreciendo el calentamiento global, constituyéndose en una catástrofe de alcance mundial. 

El área afectada por incendios y deforestación en la selva amazónica siguen una tendencia cada vez más acelerada desde hace décadas. Son muchos los que apuntan al presidente brasileño Jair Bolsonaro como responsable de la situación, se le acusa de haber flexibilizado los controles en la Amazonía desde su llegada al poder, lo que estarían utilizando tanto las industrias madereras como ganadera para atacar la selva más importante del mundo. Se le acusa de favorecer la deforestación con políticas que anteponen el desarrollo económico a la conservación del planeta y no tener ninguna intención de cambiarlas.

En Bolivia la situación es algo similar, Evo Morales en julio del presente año modifica el Decreto Supremo 26075, quedando autorizado el desmonte y quema con fines productivos en áreas de los departamentos amazónicos de Santa Cruz y Bení, perdiéndose bosques de gran importancia.

El Amazonas sobrevivirá, lo ha hecho en el pasado a pesar de que año tras año, las omisiones y malas prácticas afectan su recuperación y conservación, donde sin lugar a duda, todos recibimos las consecuencias, quedando en este aire lleno de humo y cenizas las preguntas ¿hasta qué punto podrá aguantar? ¿Será demasiado tarde?


 (*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net.


(**) Ingeniero Ambiental. Experto Forense. Profesor Universitario en la UNET, cátedra de Gestión Ambiental. Asociado en Vitalis Venezuela. rchacon@vitalis.net


(***) Ingeniero Agrónomo. Candidato a Especialista en Liderazgo, Cambio Climático y Ciudades. CEO del Grupo Ambing. Asociado en Vitalis Venezuela. apadrino@vitalis.net.

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La Huella Hídrica

Dra. Estela Cuna Pérez (*) @CunaEstela)

El agua es un bien natural, esencial para la vida. Es un recurso limitado, alterable y reciclable, además de ser un elemento primordial en todas las actividades humanas. 

Nuestro planeta cuenta con abundante agua, pues cerca de 71% de la corteza terrestre está cubierta por este vital líquido. Sin embargo, no hay forma de producir más agua en el planeta y menos de 0.8% del agua dulce está disponible al consumo humano. A pesar de ello, su desmedido consumo es una amenaza constante.

La Huella Hídrica (HH) es el volumen total de agua dulce que se utiliza para producir bienes y servicios de un individuo, una comunidad o una empresa. En otras palabras, nuestra HH es la cantidad total de agua dulce que se utiliza para producir los bienes y servicios que consumimos, e involucra tanto el consumo directo como indirecto.

En la evaluación de la HH se considera el nivel de apropiación e impacto sobre los recursos hídricos que requiere la producción de un bien o la prestación de un servicio a lo largo de toda se cadena de producción, incluyendo en el cálculo a las materias primas. Su estimación se establece sumando las necesidades de uso y consumo de agua de cada etapa de producción, desde el origen hasta el consumidor final.

La HH se mide en unidades de volumen (L o m3) por unidad de producto fabricado o servicio consumido, y consta de tres sumandos: 1) La HH verde, que contienen la fracción de huella que procede directamente del agua de lluvia o nieve, 2) la HH azul, que refiere al agua que procede o se capta de fuentes naturales o artificiales, y 3) la HH gris, que refiere al volumen de agua contaminada en los procesos.

Mientras más largo sea un proceso de fabricación e involucre un mayor empacamiento, más agua se utilizará en su elaboración. Por ejemplo, para una prenda de vestir de algodón se utilizan aproximadamente 10,800 litros de agua (cultivar el algodón, blanquearlo, teñirlo).

Nuestro estilo de vida va a determinar el tamaño de nuestra HH. Mientras más consumimos, utilizamos mayor cantidad de agua, por lo que nuestra HH será mayor, así como los impactos negativos en el medio ambiente.

Podemos utilizar el conocimiento de nuestra HH para tomar conciencia de nuestro consumo de agua y valorar cómo podemos mejorar como individuos o comunidad, analizando nuestras necesidades reales y las creadas por las tendencias consumistas actuales.

En pro de nosotros mismos, el uso racional y sustentable del agua es vital. Calcular la HH nos ayuda a medirlo a fin de determinar las acciones que nos permitan garantizar su disponibilidad a perpetuidad.


(*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net

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Jardines Botánicos y Biodiversidad

Dra. Cecilia Gómez Miliani (*), @Cecigomezmi

La biodiversidad o diversidad biológica viene expresada desde las diferencias genéticas que tienen los individuos que habitan la Tierra – que los hacen tener variadas alturas, diferentes colores de ojos o de flores, distintos tamaños de las colas – hasta la variabilidad que se presenta en los ecosistemas, que implica, no solo la sumatoria de los seres vivos que están en un espacio determinado sino también la de los factores físicos tales como suelo, temperatura, humedad, precipitación, radiación.

La biodiversidad también contempla la cultural. Esta se manifiesta en la variedad del lenguaje, de las prácticas religiosas, de la forma de manejo de la tierra, en el arte, la música, en la estructura social y en todos los atributos que puede tener la sociedad humana.

Si nos enfocamos sólo en la diversidad vegetal y revisamos los beneficios que de ella recibimos vemos que 20 mil especies de plantas son utilizadas como medicinas o como principios activos para su fabricación, 75% de los alimentos que consumimos y 80% de los productos que utilizamos (como por ejemplo madera para la construcción o fibras para la confección de vestidos) provienen de los vegetales, sin contar con los intangibles que nos brindan como la sombra, el oxígeno o el relax al contemplarlas.

A pesar de su importancia para la vida en nuestro planeta, 20% de las plantas están bajo amenaza de desaparecer y con ellas todos sus beneficios, algunos aún desconocidos. La tala y la quema indiscriminadas, el cambio climático y la ampliación desordenada de las fronteras agrícolas, generan presión sobre la cubierta vegetal trayendo consigo terribles consecuencias.

Para frenar esta situación se plantean dos alternativas: la conservación in situ, esto es el mantenimiento de las plantas en sus entornos naturales de origen, utilizando para ello el Sistema de Áreas Naturales Protegidas, y la conservación ex situ, donde las plantas se salvaguardan fuera de sus hábitats, a través de los bancos genéticos de campo, los bancos de semilla y los jardines botánicos.

Estos últimos son organizaciones llamadas a brindar una custodia protectora de las plantas de la región en donde se encuentran ubicados, enfocando su trabajo a:

  • Rescatar las especies amenazadas. Para ello deben desarrollar inventarios que permitan conocer el estatus de las plantas que están en su zona de influencia.
  • Proveer material para la reintroducción, con el fin de mantener el equilibrio en los ecosistemas naturales.
  • Producir material para desarrollar investigaciones.
  • Reducir la presión sobre las especies de plantas silvestres, evitando su extracción de los espacios naturales donde se desarrollan.
  • Disponer de material para la educación y la recreación, fomentando el interés por la vida de las plantas.

Debemos dejar de ver a los jardines botánicos como espacios destinados a los expertos, a los científicos, a los investigadores; su papel en la concienciación acerca de la importancia de las plantas para la vida en la Tierra es fundamental. Son los lugares ideales para mostrarnos las maravillas de la naturaleza sin salir de nuestros espacios urbanos.


*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas. Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net

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El greenwashing ¿engaño deliberado o práctica aceptable?

Por Ronny Chacón (*) @ronnyoc 

El greenwashing es un término acuñado para describir las prácticas de algunas empresas para promover su compromiso ambiental con productos y/o servicios más sustentables o respetuosos con el ambiente, proyectando así una imagen empresarial ambientalmente responsable pero que en la realidad difiere mucho de esto. El cambio es referido a aspectos de forma asociados a la publicidad más no de fondo en los procesos productivos o aspectos ambientales internos en la organización.

El uso del término se remonta al año 1990, cuando ya existían algunas empresas que colocaban sus productos con imágenes de la naturaleza, para mostrar su compromiso ambiental que era cuestionable. Algunos consideran la práctica como la evolución del blanqueo de imagen pero con el componente ambiental.

Hoy día, son más las organizaciones que han iniciado su transición al desarrollo sostenible, donde utilizan el tema de sostenibilidad para atraer a un mercado de consumidores que cada vez son más consciente de sus compras y requerimientos, al entender que son corresponsables de los problemas ambientales existentes, donde la sostenibilidad entra como filosofía de marca pero separada por una delgada línea del límite del marketing engañoso, pues se estaría hablando de un aspecto: la ética empresarial de la comunicación.

Es común encontrar empaques de marcas con mensajes de «100% natural», «ecoamigable», con sellos verdes o el logo de reciclaje, aun cuando el empaque no pueda ser efectivamente reciclado, la utilización de las palabras “eco”, “ecología”, “bio”, “ambiental”, incluso en algunos casos dentro del nombre del producto o en las actividades, para confundir y desviar la atención del público y del consumidor especialmente.  Algunos ejemplos, la minería ecológica, un autolavado denominado ecológico por usar productos presuntamente biodegradables y aun así desconociendo si los efluentes que generan están o no dentro del límite permisible de vertido, cremas y jabones naturales pero dentro de sus ingredientes componentes perjudiciales para la piel.

Un producto 100% natural no necesariamente es amigable con el ambiente; el mercurio es un elemento natural pero es altamente contaminante.

El consumidor juega un papel importante, ya no es opcional quedarse en la banca cuando los tiempos requieren que debe ser protagonista y convertirse en un consumidor responsable, poner más atención en las campañas ambientales de productos y/o servicios, preguntar, investigar, exigir más información y sobre tener esa curiosidad al preguntarse ¿realmente estoy comprando un producto verde?


(*) Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental. www.linkedin.com/in/ronny-ch

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El Acceso al Agua Potable y Saneamiento: Un Derecho Humano Fundamental

Abg. Ma. Maritza Da Silva (*) @MaritzaDaSilva

Cuando hablamos del acceso al agua potable y saneamiento, como derecho humano fundamental afirmamos que tiene un
reto pendiente, bien por el derecho consagrado, bien por la autonomía de derechos, bien porque el ser humano demanda
mas efectividad en su facultad de disfrute de su derechos, bien porque los Estados están obligados a garantizar el desarrollo progresivo de su disfrute, bien porque aun falta mucha participación ciudadana en el ámbito político, para lograr el efectivo disfrute de derechos fundamentales.

Nadie pone en duda el acceso al agua potable y el saneamiento como derecho humano fundamental, ello quiere decir que no puede ser conculcado, vulnerado y mucho menos violentado en su disfrute por las sociedades humanas, encontrando respaldo en un sinnúmero de tratados
ratificados por la mayoría de los Estados de la comunidad internacional, estableciendo principios y mecanismos reguladores para un manejo sostenible del recurso hídrico y su acceso en calidad a todos los seres humanos.

La Declaración de Dublín, por ejemplo, emitida durante la “Conferencia Internacional sobre el Agua y el Medio Ambiente” en 1992 y la Declaración de San José de 1996, en las cuales se acordó impulsar estrategias para alcanzar un mejor equilibrio entre el suministro y la demanda del agua.

La Observación General 15, del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (CDESC) obliga a los Estados respetar, proteger y garantizar el derecho al agua, cuyas características esenciales e interrelacionadas son: disponibilidad, calidad y accesibilidad, por ende los Estados deben garantizar instalaciones y servicios de agua seguros para el acceso, y atender las necesidades humanas, dentro de los estándares de calidad.

Aunque no se menciona explícitamente en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, es una parte esencial de la realización del derecho a un nivel de vida adecuado, y ha sido reconocido en un amplio rango de instrumentos internacionales de derechos humanos, implican que las poblaciones tengan acceso al abastecimiento y al saneamiento de las aguas residuales.

La tarea reside en exigir de manera ciudadana postura frente a los Estados de proteger, cumplir y hacer efectivo el derecho humano al agua, sin discriminación y en condiciones de igualdad, porque no podríamos hablar de vida humana sin agua: es el elemento más importante para la salud, la vida y la permanencia en el planeta, por eso desde Vitalis exigirlo es nuestro compromiso.


(*) Abogada. Directora de Derecho Ambiental y Políticas de VITALIS.

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