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En el mar, todos vivimos aguas abajo de alguien más y todos bajo un mismo cielo

(*) Por José Ramón Delgado

El titulo de este artículo es el lema de la Fundación CaribeSur. Es una frase que refleja una característica muy particular
del medio oceánico, la de su fluidez sin fronteras, como todo medio acuático y que nos recuerda que todo esta conectado y que nosotros, los seres humanos estamos inmersos en ese todo.

Desde la primera gran conferencia ambiental, la Primera Cumbre de la Tierra de 1972, también conocida como Conferencia de Estocolmo, cada 10 años se han sucedido Conferencias Mundiales o Cumbres de la Tierra, reuniones multilaterales en el marco de la Organización de las Naciones Unidas – ONU, donde los gobiernos del mundo, revisan los compromisos acordados en la reunión anterior y actualizan los criterios conforme a los avances de la ciencia y la evolución de la consciencia humana. Una consciencia que ha tardado dos generaciones para alcanzar el punto en que estamos hoy.

En el año 2015 los Estados miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas y el planeta en el cual se introdujeron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La Agenda 2030 es una continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2000-2015, los cuales fueron en su momento la primera aproximación internacional para afrontar problemas globales como la erradicación de la pobreza extrema y el hambre o la mejora en el acceso a la educación. Aunque las metas no se cumplieron totalmente, sí
favorecieron importantes avances que, se extendieron a través de la Agenda 2030 y sus respectivos ODS.

Los 17 ODS están integrados, reconociendo que la acción en un área afectará los resultados en otras áreas y que el desarrollo debe equilibrar la sostenibilidad social, económica y ambiental. La creatividad, el conocimiento, la tecnología y los recursos financieros de toda la sociedad son necesarios para alcanzar los ODS en todos los
contextos. Y aunque algunos indicadores arrojan cifras alentadoras, la verdad es que la humanidad como grupo se encuentra muy lejos de poder alcanzar una meta tan ambiciosa sin que alguien se quede atrás. Pero tenemos que intentarlo.


El ODS 14, Vida Submarina, busca proteger los ecosistemas marinos y costeros, que se encuentran amenazados debido a la actividad humana, pues la vida submarina se considera clave para un crecimiento inclusivo y sostenible. El océano y los mares están estrechamente relacionados con nuestra supervivencia. Son fuente de alimentos, medicinas,
combustibles y proporcionan importantes servicios ecosistémicos, además de ser vía fundamental para el comercio.

El aumento de las emisiones de carbono de las últimas décadas ha generado, además del incremento del nivel del mar, una acumulación de calor en el océano y un aumento de su acidificación que impacta la biosfera marina, pone en peligro la seguridad alimentaria afectando la pesca y la acuicultura. La contaminación, la destrucción del hábitat y la
sobreexplotación de los recursos oceánicos contribuyen también a agravar la disponibilidad de los recursos marinos y costeros.

El ODS 14 busca conservar y utilizar de forma sostenible el espacio oceánico y los recursos marinos, reduciendo la contaminación marina y la acidificación del océano, poniendo fin a prácticas insostenibles e ilegales de pesca, promoviendo la investigación científica en materia de tecnología marina, fomentando el desarrollo sostenible de los pequeños estados insulares y mejorando la calidad de vida de los pescadores artesanales.

La pandemia ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestra sociedad ante amenazas de carácter global y la importancia de escuchar a los científicos, que llevan tiempo advirtiendo de riesgos como el que supone el cambio climático.

Para cumplir el ODS 14 todos debemos participar. Las empresas juegan un rol clave en la reducción de emisiones de carbono y la contaminación, promoviendo prácticas sostenibles y ajustando sus actuaciones para reducir el impacto sobre el océano como consecuencia de las actividades realizadas en tierra firme y de la navegación.
Para garantizar un ambiente marino saludable no solo es necesario que el sector privado continúe innovando e invirtiendo en nuevas soluciones que nos beneficien a todos, también es muy importante la participación de las universidades e instituciones de investigación científica y desarrollo tecnológico. Las inversiones en educación superior e investigación marina deben pasar a tener un papel más preponderante en nuestra sociedad, si es que aspiramos cumplir con el ODS 14.

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(*) Oceanólogo, docente universitario, miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas de la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza-UICN. Coordinador experto en Programas de Conservación de Áreas Marino Costeras. Es miembro fundador y actualmente Director Ejecutivo de la ONG Fundación Caribe Sur. @CaribeSurOrg

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La biodiversidad grita, pero pocos le oyen.

Por. Diego Díaz Martín*, @DDiazMartin

Diversos científicos sugieren que existen alrededor de 8,7 millones de especies de animales, plantas, hongos y otros organismos vivos en el planeta. Sin embargo, hasta ahora solo se han identificado y descrito alrededor de 1,2 millones de especies, la mayoría de las cuales son insectos.

Si tales afirmaciones son ciertas, la ciencia tendría aún pendiente por descubrir y catalogar más de 80% de la biodiversidad del planeta, seguramente refugiada en los fondos de los océanos y bosques prístinos del planeta, incluyendo la multidiversidad de sus ecosistemas en los suelos y cuerpos de agua.

Pese a su incuestionable importancia, y a la capacidad de las especies de resistir y adaptarse a los cambios planetarios, las actividades humanas están acelerando su tasa de extinción, alterando sus procesos ecológicos esenciales y fenómenos evolutivos, amenazando con ello la compleja red de interacciones que ocurren en el planeta, con impactos insospechados sobre la misma naturaleza, el planeta, y por supuesto, sobre nosotros mismos.

De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, según sus siglas en inglés), la naturaleza está disminuyendo globalmente a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad, y el ritmo de extinción de las especies se está acelerando, con graves impactos en las personas de todo el mundo. Basados en un análisis técnico en el que participaron 143 expertos de 50 países y basados en el análisis de más de 15 mil fuentes científicas y gubernamentales, concluyen que alrededor de 1 millón de especies de animales y plantas están amenazadas de extinción, un número sin precedentes en la historia de la humanidad.

Por su parte, la Lista Roja de la Unión Mundial para la Conservación (UICN) señalan que más de 40.000 especies están en peligro de extinción, lo cual representa el 28% del total de las especies evaluadas por expertos alrededor del mundo. Este número, sin dudas, es preocupante.

La importancia de la biodiversidad es indudable, no solo porque proporciona ecosistemas funcionales que suministran oxígeno, aire y agua limpios para todos, sino que también es base de la polinización y la producción de alimentos, así como del control de plagas, tratamiento de aguas residuales y muchos otros servicios ecosistémicos. Adicionalmente, la biodiversidad provee oportunidades para la recreación, como la observación de aves, caminatas al aire libre, campamentos y pesca. También es esencial en el turismo de muchas regiones del mundo, sustentando la economía local.

Muchas son las acciones que podemos y debemos hacer para contribuir con la conservación de la biodiversidad e impulsar el desarrollo sostenible, como por ejemplo, garantizar la preservación y manejo de  las áreas naturales, recuperar los hábitats y ecosistemas degradados, promover la recuperación de especies amenazadas, profundizar la investigación para valorar la situación de la biodiversidad en vida silvestre y en cautiverio y reducir el comercio ilegal de vida silvestre, entre otras.

A lo anterior debemos agregar la mitigación del cambio climático, la adopción y puesta en marcha de acciones gubernamentales internacionales que impulsen el cumplimiento de los acuerdos internacionales y la cooperación científica y técnica para impulsar la gestión de los jardines botánicos, bancos de germoplasma, acuarios y zoológicos, con estrictos fines de preservación y conservación.

La crítica situación de la biodiversidad mundial es un grito que pocos oyen. Es vital actual con estrategia, responsabilidad y compromiso para hacer valer su voz.


  • Fundador y Director General de Vitalis. Profesor Universitario. Biólogo, Maestro en Gerencia Ambiental y Doctor en Ingeniería en favor del desarrollo sustentable. ddiazmartin.com
Biodiesel en Venezuela - Vitalis ONG Blog

¿Llegó la hora del biodiesel para Venezuela?

(*) Antonio José González-Fernández

La capacidad de las refinerías venezolanas para producir gasolina y otras sustancias derivadas de hidrocarburos ha disminuido durante los últimos años. Como consecuencia de este hecho, los consumidores se enfrentan a un mercado signado por una oferta muy limitada, altos precios y dificultades para el transporte y distribución de la energía fósil.

La situación afecta a toda la población, pero en particular es un gran problema para los productores agrícolas, quienes requieren significativos volúmenes de diésel (gasoil o gasóleo) para operar sus tractores, bombas de riego, cosechadoras, generadores de electricidad y camiones. Además de los elevados costos que invierten para su adquisición, la mala calidad del gasoil está dañando con creciente frecuencia las máquinas, las cuales deben detenerse para reparar y mantener sus sistemas de combustible (tanques, conductos, bombas, inyectores e incluso, válvulas y cilindros).

El inventor del motor y del combustible conocidos como diésel fue el ingeniero alemán Rudolf Diesel (1858~1913). El motor diésel fue patentado en 1894. El ingeniero Diesel utilizaba aceite de maní para impulsar sus primeros motores, él siempre fue un propulsor del uso de aceites vegetales en estos motores. Sin embargo, la industria automotriz y la industria petrolera se encargaron de difundir estos motores usando el combustible conocido como gasóleo o gasoil, derivado del petróleo. En sus últimos años, el Ing. Diesel fue un férreo defensor y promotor del uso como combustible de los aceites obtenidos de semillas. Son muy célebres sus frases en 1912: “El uso de aceites vegetales como combustible para motores quizá parezca insignificante hoy, pero con el curso del tiempo esos aceites serán tan importantes como son hoy los productos del petróleo y del carbón… La fuerza motriz aún se podrá producir a partir de la luz del sol que siempre está disponible, incluso cuando las reservas naturales de petróleo y carbón se hayan agotado completamente”. Además de ser un notable ingeniero, Rudolf Diesel fue también sin duda un gran visionario.

Aunque el uso de biocombustibles empezó a tomar auge en el mundo a partir de la década de los 80, es en los motores diésel donde los biocombustibles tienen mejores posibilidades porque pueden sustituir totalmente el uso del combustible derivado del petróleo. Hoy día se utiliza el nombre Biodiésel para identificar el combustible renovable obtenido a partir del proceso químico conocido como la “transesterificación metílica” de grasas vegetales y hasta de animales.

La situación de escasez, carestía y mala calidad del combustible diésel, han cambiado la realidad de Venezuela con graves consecuencias sobre la producción agrícola. En definitiva, ha llegado el momento de impulsar la producción de biodiésel en las fincas agrícolas, al menos con fines de autoabastecimiento para sus maquinarias. El biodiésel, es una alternativa cada día más necesaria, urgente e importante… Es posible y es conveniente, tanto para la economía de los sistemas de producción (fincas), como para el ambiente de todos.

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(*) Docente universitario. Zootecnista, con Maestría en Manejo de Fauna Silvestre y Doctorado en Zoología Agrícola. Colaborador de Vitalis en Venezuela

Casa tropical

Eficiencia energética y sostenibilidad en casas tropicales: el ejemplo de Puerto Rico

Johann Gathmann (*)

En este momento está en marcha, en Puerto Rico, un ambicioso programa de reconstrucción de las viviendas afectadas en 2017 por los huracanes Irma y María. Hay 3.200 millones de dólares asignados para reconstruir hasta 20.000 hogares y en un pequeño aparte el programa se exige la certificación de las nuevas casas como sostenibles y energéticamente eficientes.

Para poder certificar una vivienda es indispensable garantizar su eficiencia energética y es a partir de ese requisito que se construyen los sistemas de certificación de construcción sostenible.

El National Association of Home Builders (NAHB), asociación de constructores de viviendas de los Estados Unidos, desarrollaron un sistema propio de certificación a través del Home Innovation Research Labs, que es un instituto dependiente de esta Asociación.

El sistema National Green Building Standard® (NGBS) se apoya en la norma ICC 700.

Hawái levantó la bandera, hace algunos años, para alertar que el comportamiento energético de las viviendas hawaianas nada tiene que ver con las de tierra firme, pues al no haber necesidad de calefacción, la intensidad energética de las mismas es bastante menor.

Se desarrolló, entonces, una opción que considera a las viviendas tropicales como una condición particular, por lo cual demostrar los 11 puntos señalados a continuación permite certificar que las mismas son razonablemente eficientes desde el punto de vista de energía.

Esta consideración particular es de enorme impacto pues no requiere inversión adicional en aislamientos y hermeticidad, que no son necesarios, en absoluto, en un clima tropical.

Estas once condiciones, si bien se aplican para los territorios americanos con los costos de energía mas elevados de ese país, Hawái con cerca de 50 cts.$ por Kwh y Puerto Rico en 23 cts. $ por Kwh, bien pueden ser aplicadas a cualquier vivienda ubicada en latitudes tropicales.

Ellas son, a saber:

  1. Ubicación a menos de 2.400 pies de altura (731 mts).
  2. No más de la mitad del espacio ocupado puede tener aire acondicionado.
  3. El espacio ocupado no tiene calefacción.
  4. Fuente de energía renovable suple al menos 80% de la energía necesaria para calentar agua.
  5. Cristales en las áreas acondicionadas deben tener un coeficiente de ganancia solar menor a 0.40 o tiene parasoles con un factor de proyección igual o mayor a 0.30.
  6. Iluminación instalada de manera permanente debe ser LED o similar.
  7. Techos con un factor de aislamiento de R 15 o mayor.
  8. Superficies de techo deben tener pendiente y techo terminado sin áreas que acumulen agua.
  9. Ventanas operables deben tener un área equivalente al 14% del área ocupada, o en su defecto se instalaran ventiladores de techo.
  10.  Dormitorios con dos paredes exteriores en dos diferentes direcciones deberán tener ventanas operables en cada una de esas paredes (ventilación cruzada).
  11.  Puertas interiores a los dormitorios deberán tener dispositivos para poder mantenerlas abiertas (ventilación cruzada).

Aprovechar, y disfrutar, el clima del trópico es una medida clave para la reducción de emisiones y eficiencia energética.

Vitalis te invita a revisar el artículo “Ingeniería ¿al servicio de la sociedad?” relacionado con el tema aquí abordado.

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(*) Ingeniero mecánico, consultor en eficiencia energética en edificaciones, Certificador de construcciones sostenibles bajo la metodología LEED, NGBS y PassivHaus.  desarrollador e inversionista inmobiliario, ha participado en proyectos de evaluación y certificación de edificaciones verdes en Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos.

Linkedin: Johann Gathmann Web: www.advancebau.com

Los paisajes culturales para la memoria Vitalis Blog

Los paisajes culturales para la memoria

(*) Por Militza Correa-Viana

En 1876, después de un largo destierro, Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), máximo exponente de la poesía lírica venezolana, logró regresar al país. Durante la travesía en barco desde New York, su ensoñación al imaginar el paisaje caraqueño, inspiró “Vuelta a la Patria”, su obra más famosa.

El poeta no empleó términos técnicos para describir una formación montañosa rectilínea de origen tectónico y evolución morfodinámica compleja, cuya culminación topográfica corresponde al pico Naiguatá (2763 m.s.n.m). Una serranía que constituye un bloque levantado o “horst” que cae abruptamente al mar en su vertiente levantina, mientras que al sur está asociado al graben o valle intramontano, que moldeado por el río Guaire originó las limitadas áreas sedimentarias planas donde se fundó Caracas.

Pérez Bonalde recurrió al símil como recurso literario y dibujó este paisaje a través de sus recuerdos, inmortalizando la montaña y el valle en su verso:

Caracas allí está; vedla tendida

A las faldas del Ávila empinado

Odalisca rendida a los pies del Sultán enamorado

Hoy el cerro Ávila (Parque Nacional Waraira Repano) sigue imponente, indicando el norte franco e integrado a una urbe dinámica, intervenida, caótica, desbordada de sus propios límites naturales y densamente ocupada tanto en términos demográficos, como constructivos y funcionales. Es así como la cordillera montañosa y la ciudad son inseparables, formando en su conjunto, un paisaje cultural imposible de ser leído y valorado el uno sin el otro.

Los paisajes culturales son expresiones visibles del espacio geográfico, objetos de interés para la ciencia y el arte, no sólo por sus condiciones físico-naturales de emplazamiento, sino también por los componentes humanos, los valores y las relaciones socio-culturales y afectivas que los originaron, estructuraron, caracterizan y mantienen vivos.

Se trata de creaciones únicas, que muestran las conexiones históricas de las sociedades con su entorno. Por ello, en cada paisaje cultural se identifican símbolos, se leen códigos y se observan signos que generan percepciones, sensaciones y sentimientos individuales y colectivos.

Las razones expuestas determinaron que en 1992, UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) consagrara los paisajes culturales como valores patrimoniales y en tal sentido promueve una gestión orientada a su conservación basada en: acciones de protección legal (conjuntos y componentes individuales), ordenamiento territorial y urbano de usos y actividades, restauración y rehabilitación de objetos materiales y áreas, programas técnicos de investigación, documentación cartográfica y visual, programas educativos y de sensibilización, recopilación y divulgación del patrimonio inmaterial asociado, programas de prevención y defensa contra riesgos, entre otros.

En el marco del desarrollo sostenible, estamos obligados a preservar los paisajes culturales y asegurar la transferencia de su carga afectiva e identitaria a las generaciones futuras.

¿Quieres saber más sobre lo que hace Vitalis en favor del patrimonio natural y cultural? Escríbenos a info@vitalis.net

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(*) Geógrafa, especialista en Gestión Ambiental. Actualmente se desempeña como Líder Global de Sustentabilidad de Vitalis, con énfasis en los Objetivos de Desarrollo Sustentable. mcorrea@vitalis.net

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Juntos tenemos el poder de recuperar nuestro planeta

Por Dr. Diego Díaz Martín (*), @DDiazMartin

Con ese slogan, este 22 de abril celebramos el Día Mundial de la Tierra 2021, inmersos en una pandemia planetaria que no ha dado tregua a los críticos problemas ambientales que atentan contra nuestra sustentabilidad.

La crisis climática, la contaminación atmosférica, la deforestación, el limitado acceso al agua potable, la producción desmesurada de residuos y desechos, el mal manejo de las áreas protegidas  y la extinción de especies, son quizás algunos de los desafíos ambientales más emblemáticos, aunque tristemente, la lista es mucho más larga

Dado el inminente deterioro planetario, más de mil millones de personas en 192 países centrarán la atención internacional en lo que hasta ahora ha sido la celebración cívica más grande del mundo. La crisis global nos exige una activa participación, que más allá de los reclamos, venga cargada de propuestas y acciones.

Pese a los esfuerzos multilaterales, la destrucción planetaria continúa a paso desmedido, lo cual hace pensar que la Covid 19 no será la última pandemia, pues seguimos actuando en forma irresponsable en nuestra relación con la naturaleza, desafiando sus leyes, procesos y fenómenos, sin medir las consecuencias.

Por todo lo anterior, en Vitalis continuamos fortaleciendo nuestras acciones para revertir esta tendencia autodrestructiva, aportando soluciones técnicas y científicas,  y generando valor agregado a través de la integración de esfuerzos entre diversos actores. La única forma de desacelerar los procesos de degradación está en la activación de los grupos de control, el monitoreo de variables fundamentales, el cumplimiento de la normatividad vigente (incluyendo la creación de normas en campos poco desarrollados) y la participación de todos, sin ningún tipo de distinción o discriminación.

Necesitamos a empresas, gobiernos, comunidades, universidades y medios de comunicación activos, cuyas acciones tangibles demuestren su real compromiso con la protección ambiental y la sustentabilidad, pasando del dicho al hecho con contribuciones concretas.  También requerimos líderes sociales dispuestos a movilizar a la ciudadanía para participar en los procesos de decisión y cambio, ejerciendo la contraloría social, apuntando al logro de los objetivos de desarrollo sostenible,  y muy especialmente, a la promoción del bienestar y la calidad de vida de todos, sin distinción alguna.

Juntos somos más fuertes, y en la medida que actuemos en la misma dirección de los propósitos ambientales compartidos, en forma colaborativa y coordinada, lograremos el impacto necesario para iniciar la recuperación de nuestro planeta, que aunque luce difícil y lejana, es posible.

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(*) Académico e Investigador del Tecnológico de Monterrey y la Red de Universidades Anáhuac en México, y la Universidad de Lodz en Polonia. Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá.

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Es deber de todos proteger el Parque Nacional Waraira Repano

Por Zoila Martínez(*) y Diego Díaz Martín (**)

Comprometidos con la defensa y conservación de nuestras áreas protegidas y la promoción del desarrollo sustentable, desde Vitalis Venezuela expresamos nuestra preocupación por la ejecución de actividades prohibidas dentro del Parque Nacional Waraira Repano, conocido históricamente como El Ávila.

Esta área natural protegida, decretada Parque Nacional en 1958, cuenta actualmente con una superficie de 81.900 ha, y está conformada por diversos ecosistemas representativos del tramo central de la Cordillera de la Costa, con características físico naturales únicas.

Por sus extraordinarios atributos ambientales, el Parque Nacional Waraira Repano se encuentra bajo un sistema de protección integral, tal y como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 127, que reconoce el Derecho a un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado. Dada su importancia, su rango de protección trasciende las fronteras, según lo establecido en la Convención de Washington, ratificada por Venezuela para proteger la flora, la fauna y las bellezas escénicas naturales de los países de América.

De acuerdo con investigaciones realizadas por Vitalis, a través del Semáforo de Parques Nacionales, el Parque Nacional Waraira Repano comprende laderas y pendientes muy frágiles, es hábitat de más de 1.800 especies vegetales de diversos grupos taxonómicos, algunas de ellas endémicas, así como al menos de 500 especies de aves, 120 de mamíferos, 30 de reptiles, 20 de anfibios y miles de insectos, incluyendo al menos 100 especies de mariposas.

La protección de El Ávila también contribuye a preservar las áreas verdes adyacentes a la Zona Metropolitana de Caracas, actuando como agente moderador de la contaminación ambiental, protegiendo las fuentes de agua que en él se encuentran y contribuyendo a la regulación climática, entre otros importantes servicios y externalidades ambientales.

Dada su fragilidad natural y ecosistémica, y tal y como lo establece el Plan de Ordenamiento y Reglamento de uso del área protegida, entre otras actividades, se prohíbe expresamente la circulación de bicicletas.

Permitir el desarrollo de actividades invasivas y prohibidas en el Parque Nacional como el ciclismo, no solo sentaría un lamentable precedente que contradice la normatividad ambiental vigente, sino que aceleraría los procesos erosivos que han venido ocurriendo dentro del área protegida.

VITALIS insta a las autoridades del Instituto Nacional de Parques para que haga cumplir el Plan de Ordenamiento y Reglamento vigentes, incluyendo la expresa prohibición de la circulación de bicicletas, además extracción de material arqueológico y paleontológico, la exploración y exploración de minerales, la introducción de especies exóticas, la extracción de flora, salvo la excepción prevista en el numeral 9.1.9 del artículo 27 (que se refiere a las flores y otros productos de cultivo), la caza y la pesca, la introducción de animales domésticos, la extensión de la frontera agrícola, la realización de actividades capaces de contaminar los ecosistemas naturales, la introducción de armas, materiales y explosivos, la utilización de substancias tóxicas o peligrosas tales como pólvora, amoníaco (cuerno de ciervo), detonantes, sustancias colorantes y otros, y el sacrificio de animales, entre otras.

La protección y defensa de los parques nacionales es una obligación constitucional que debe ser respetada. En manos de nosotros los ciudadanos y las autoridades, está hacerla cumplir.


(*) Biol. Zoila Martínez, Líder Global de Biodiversidad y Áreas Protegidas. (**) Dr. Diego Díaz Martín, Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá.

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Fauna silvestre y sustentabilidad

Por Martín Correa-Viana (*)

La concepción del uso racional de los recursos bióticos guarda paralelismo con el albor de nuestros antepasados. Sin los conocimientos y técnicas actuales, de manera quizás intuitiva, Homo sapiens, durante el Paleolítico, aplicó pautas para recolectar especies vegetales, aprovechar organismos animales y preservar los hábitats asociados.

En 262 aC Azoca en la India, promulgó un edicto para proteger los bosques y animales montaraces. A lo largo del siglo XVIII, los leñadores alemanes mantuvieron un balance “sustentable” entre la tala y el cuidado de los árboles.

Durante los años 80 del siglo pasado, se introdujeron los términos biodiversidad (Walter G. Rosen, 1986) y Desarrollo Sustentable (Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, 1988), impulsando la internalización de una nueva visión para utilizar los recursos ambientales.

El concepto de biodiversidad cambió la perspectiva de valorar a los organismos vivos usando como criterio preferente su variedad. Se incorporó la variabilidad desde las variantes genéticas propias de la especie al conjunto de especies, géneros, familias y niveles taxonómicos superiores; para abarcar comunidades, ecosistemas, paisajes, componentes abióticos y las condiciones en las cuales viven los organismos.

El término Desarrollo Sustentable se propuso para disipar la ambigüedad entre desarrollo y crecimiento. Su objetivo es satisfacer las necesidades de la generación actual sin menoscabar el derecho de las futuras generaciones de acceder y utilizar los recursos para suplir sus propios requerimientos. Desde un enfoque bioecológico, la sustentabilidad se relaciona con la perennidad productiva de los sistemas biológicos, el funcionamiento de los ecosistemas, la continuidad espacial y temporal de los servicios que éstos prestan y el equilibrio dinámico entre las especies y los recursos de su entorno.

Nuestra subsistencia depende de la biodiversidad. En consecuencia, para diseñar un plan de desarrollo sustentable de la fauna silvestre se necesita información acerca de:

1. Amenazas,

2. Acciones para eliminar o minimizar esas amenazas,

3. Identificación y valoración del patrimonio zoocultural material e inmaterial y

4. Composición, estructura y función desde el nivel gen hasta el paisaje. Esto es: la heterósis, especies presentes, su riqueza y abundancia relativa, abundancia relativa de los ecosistemas, grado de conectividad y fragmentación de los hábitats, número de hábitats, ecología poblacional, polinización, ciclos de nutrimentos, perturbaciones naturales, entre otras.

En este sentido, un plan de desarrollo sustentable para la fauna silvestre contemplaría:

1. Análisis y redimensión de las políticas nacionales.

2. Revisión y adecuación de leyes para eliminar actividades ilegales y fiscalizar proyectos susceptibles de afectar negativamente a la fauna silvestre, regular la cacería consuntiva, ordenar la actividad cinegética y los zoocriaderos.

3. Elaboración y ejecución de planes estadales y municipales con participación de comunidades indígenas y locales.

4. Restauración y creación de áreas protegidas.

5. Establecimiento de centros de rescate y rehabilitación.

6. Fundación y fortalecimiento de estaciones biológicas y centros universitarios dedicados a la investigación.

7. Promulgación de normas para establecer y manejar reservas privadas de biodiversidad y estaciones biológicas en hatos y haciendas.

Resulta incuestionable que la humanidad tiene en la biodiversidad su tesoro más preciado y la fauna silvestre es uno de sus componentes inestimables.

En Vitalis hemos hecho un esfuerzo divulgativo para apoyar la conservación de especies de fauna silvestre con una campaña denominada “Tu Casa No es Su Casa” ¿Quieres saber de qué se trata? Escríbenos a info@vitalis.net.

También puedes revisar el artículo escrito por el Presidente de Vitalis sobre el comercio de fauna silvestre denominado “No seas cómplice de su extinción: Animales silvestres no son mascotas”

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*Biólogo, Master of Science y Doctor en Zoología Agrícola. Investigador del antiguo Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (MARNR) en Venezuela, Profesor titular, docente e investigador de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

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Ambiente Sano y Covid-19: Una nueva realidad

Abog. Maritza Da Silva (*)

El mundo lleva una década enfrentando nuevas enfermedades, las cuales han generado grandes desasosiegos en materia de salud pública. Entre estos hemos presenciado la aparición del ébola, la gripe aviar, la gripe por H1N1, el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS), la Fiebre del Valle del Rift, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), el Virus del Nilo Oriental, el Virus de Zika, y ahora el virus Covid-19. Éste último ha causado una pandemia de gran envergadura mundial, produciendo cuantiosas pérdidas humanas y económicas.

En realidad, la ciencia aún no ha podido identificar con exactitud cómo se transfirió el virus SARS COVID-2, convirtiéndose en Covid-19 al llegar a los humanos. Lo único claro es que no será la última pandemia, considerando el aumento mundial de enfermedades zoonóticas, las cuales son emergentes en los humanos y provienen del mundo animal. Sus
afecciones tienen origen en los ecosistemas debido a los cambios de huésped entre especies, situación exacerbada por la crisis climática debida al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, cambios de temperatura y humedad, lo que influye considerablemente en la permanencia de los agentes infecciosos ambientales. Esto, sin lugar a dudas, vaticina más epidemias ante un entorno desequilibrado y sin control, aumentando la vulnerabilidad de la especie humana y amplificando la propagación de este tipo de padecimientos.

La migración, la urbanización, las preferencias dietéticas, las demandas de productos lácteos y cárnicos, han llevado a expandir las tierras de cultivo para desarrollar una ganadería extensiva más cercana a las ciudades. Esto ha ocasionado un aumento a la exposición a enfermedades. Por ejemplo, la avicultura es puente epidemiológico entre la fauna silvestre y los humanos, tal y como lo vimos con la gripe aviar; en este caso los patógenos primero pasaron de aves silvestres infectadas a aves de corral, y luego, por convivencia, a los humanos.

El desafío que tiene la humanidad hoy es, promover la prevención para enfrentar adecuadamente futuras pandemias. Para ello será necesario impedir el tráfico ilegal de fauna silvestre y la destrucción de los ecosistemas, invirtiendo en materia de salud a gran escala, ponderando como apremiante la salud en medio del debate climático, así como el
uso positivo de las tecnologías. Igualmente se hace necesario trabajar de forma conjunta en políticas integrales ambientales a nivel local, regional, nacional e internacional, asegurando alimentos y productos saludables, pues estos virus amenazan el bienestar de las especies, de la humanidad y de los ecosistemas: en resumen, en palabras llanas, de la vida misma.


(*) Abogada especialista en Derecho Ambiental y Derechos Humanos. Directora de Derecho Ambiental de Vitalis Venezuela. mdasilva@vitalis.net

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