Turismo Sostenible ¿moda, tendencia o posibilidad personal?

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El consumo ético, manual práctico para ser un consumidor más responsable


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David Mendoza*

En el despertar del movimiento para combatir el cambio climático una tendencia ha captado la atención de personas buscando iniciativas que tomar por su cuenta para hacer una diferencia positiva en el planeta, en esencia se trata de cambiar nuestra relación con marcas, productos y hábitos de consumo hacia prácticas individuales más responsables.


El consumo ético (o consumo responsable) no es nuevo, desde hace años expertos han generado conversación sobre la importancia de ver críticamente nuestros hábitos de consumo para determinar nuestra huella de carbono individual en el planeta, sin embargo, ya que cada vez hay más acceso a información sobre las marcas y productos que consumimos esta tendencia ha tenido un nuevo despertar.

Nos convertimos en compradores más informados y críticos a medida que nos hacemos más preguntas. Esto ha marcado la diferencia en los últimos meses, donde cada vez es más evidente para todas las consecuencias del cambio climático y nos preguntamos cómo podemos ser parte de la solución y no del problema.


La práctica tiene tres dimensiones clave:

a)    Comprar / consumir solo lo absolutamente necesario.


Aunque parezca sencillo o evidente, puede ser difícil hacernos conscientes de los hábitos de consumo tan desmedidos que adoptamos. Como consumidores somos susceptibles a ofertas que parecen imperdibles, o a comprar de más sólo por aprovechar un “2×1” que no volverá.


La industria de la moda, por ejemplo, ha propiciado que marcas de ropa lancen hasta 16 colecciones al año, para mantener nuestro interés como compradores, generando grandes cantidades de ropa en nuestro clóset que no usaremos más de 5 veces, y grandes cantidades de artículos no vendidos que las tiendas preferirán destruir para proteger su copyright.

b) Comprar de marcas con procesos, materiales o ingredientes que no dejan una huella negativa en el Planeta.


De acuerdo al 2020 Global Consumer Study de IBM, Un tercio de todos los consumidores de hoy dejarán de comprar sus productos preferidos si pierden la confianza en la marca, y están dispuestos a pagar más por autenticidad y transparencia del origen de los productos.

La implicación para nosotros es aprovechar las vastas cantidades de información disponibles sobre lo que consumimos, educarnos y entender la raíz de por qué un producto, bien o servicio tiene un impacto en el Planeta, más allá de los titulares llamativos en redes sociales.

c) Reciclar, reusar, revender o donar.


Reciclar y reusar puede ir más allá del plástico, papel y cartón que conocemos. Gran cantidad de los artículos que tenemos en casa, desde ropa, zapatos, libros, artículos electrónicos, juguetes, entre otras cosas que acumulamos, pueden tener un destino más útil que en un basurero.


Con estos principios, hemos desarrollado una lista de 7 cosas que puedes empezar a hacer para ser un consumidor más responsable desde ya:

  1. Listas de compra: cuando vayas al supermercado, la tienda, el mercado de calle, o al centro comercial, haz una lista en tu teléfono sobre lo que realmente necesitas y destina un presupuesto especial para ello. Puedes darte concesiones, pero dentro de un límite considerable. No solo el Planeta, tu bolsillo también lo agradecerá.
  2. Revisar la etiqueta: ve tu producto en detalle antes de comprar, antes de probar una nueva marca búscala en Google, y revisa su lista de ingredientes, dónde está elaborado y su proceso de elaboración.
  3. Elige menos empaque: aunque se ve más práctico para nosotros, puedes elegir productos que nos desperdicien tanto en plástico o cartón en sus empaques. Y si tus marcas favoritas lo hacen, déjales un mensaje en su buzón de sugerencias para pedirles que cambien sus procesos.
  4. Compras en línea programadas: los envíos de un día a otro generan que un camión de entregas se mueva hacia tu casa en apuros, para llevar un solo artículo. Si vas a comprar en línea, y no es algo urgente, llena tu carrito de compras importantes y genera una sola fecha de entrega para todo. Es probable que esa compra que parecía imperdible, en unas semanas ya no se vea tan importante.
  5. Limpiezas por temporada: programa que en tu casa todos saquen ropa y artículos que ya no usen cada 4-6 meses. Procura revender o donar, investigando previamente donde hacerlo. Algunos artículos como televisores o computadoras viejas tienen partes internas que pueden ser recuperadas. Tu alacena y refrigerador también pueden favorecerse de esta práctica, ya que nos hacemos conscientes de las cantidades de más que acumulamos y se desperdician.
  6. Equípate de reutilizables: las bolsas para el súper, los termos de café o agua, cubiertos portables, popotes (pitillos) de bambú. Hay decenas de opciones que puedes llevar en tu bolso o en tu coche para evitar requerir o compra de artículo de un solo uso como cubiertos desechables, bolsas de plástico y botellas de agua de PET.
  7. Pregunta, investiga y sé curioso: algunas marcas crean narrativas sobre su ayuda por el ambiente que no son del todo honestas. Vé más allá de las campañas publicitarias, googlea e investiga sobre los procesos de tus marcas favoritas y asegúrate que el impacto que generan en ofrecer ese producto o servicio no sea en detrimento del ambiente.

Las contribuciones individuales de todos importan más de lo que crees, cambiar hábitos pequeños puede tener un gran impacto mientras se haga de forma constante y puedas compartir con otros tu contribución. Consumir responsablemente empieza por ser individuos más responsables con nuestro entorno respetando los recursos, nuestra comunidad y nuestro Planeta. Sé parte del cambio.

Para descubrir nuevas maneras en las que puedes contribuir con el Planeta, síguenos en redes sociales: FacebookInstagramTwitter

*”David Mendoza es Director de Comunicaciones Integradas de Vitalis y estratega de marcas radicado en México”

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Ecoansiedad, ansiedad ecológica o ecoanxiety: un trastorno por el cambio climático.

Por Gustavo Suárez (*) @GustavoZuar

La eco-ansiedad o ansiedad ecológica es un nuevo mal que afecta a muchos seres en el planeta. Su origen se encuentra en el creciente deterioro ambiental. Sus efectos se traducen en miedos y angustias insospechados.

No hay espacios informativos que no hablen de eventos climáticos extremos que surgen diariamente. Las consecuencias las estamos evidenciando día a día.

Las redes sociales son testigo de la emergencia climática, presente en diversos fenómenos que nos alertan de las temperaturas récord que se están alcanzando. Con pruebas en mano, los científicos lo aseguran: el clima ya cambió y  las consecuencias ya comienzan a sentirse.

Como si esto fuera poco, frente al incremento del efecto invernadero y del calentamiento global, algunas personas están sintiendo mucho miedo, e incluso entrando en pánico. El problema es grave y pareciera irreversible. Somos miles de millones de seres quienes estamos sintiendo los efectos, pero pocos los que estamos haciendo algo para revertirlo. Por ello, la respuesta emocional y biológica de algunos es sentir impotencia y zozobra.  La situación podría tonarse grave.

¿Qué es la eco-ansiedad?

La eco-ansiedad ha sido definida por algunos expertos como "un trastorno psicológico bastante reciente, que afecta a un número cada vez mayor de personas que se preocupan por la crisis ambiental". Observar cómo se desarrollan los lentos y profundos efectos del cambio climático, preocupa a algunos, mucho más que a otros, experimentando niveles de estrés atribuibles a la incertidumbre que se presenta frente a los niños, y en general, de las futuras generaciones. 

La psicóloga Ericka Johnson, asesora de Vitalis en temas vinculados con el comportamiento humano y su relación con el medio ambiente, reconoce que la degradación del planeta puede constituir un factor más para experimentar ansiedad. En su opinión, “hay que ponerle atención, cuidando sobretodo que no se convierta en un fenómeno psicosocial”.

Aunque en sus múltiples consultas aún no ha tenido un paciente que experimente eco-ansiedad, sugiere que es importante realizar una evaluación integral del paciente, a fin de decidir el tratamiento a seguir, bien se trate de una terapia psicológica, un tratamiento multidisciplinario que incluye psicología, psiquiatría o neuropsiquiatría, o una terapia física.

No obstante, Johnson sugiere que también se pueden incluir herramientas vinculadas a un ser o presencia superior, también llamada espiritualidad. Para esta experta, la meditación es, sin dudas, una herramienta para aquietar la mente.

¿La eco-ansiedad es buena o mala?

Como líder de los proyectos de desarrollo humano de Vitalis, considero que nada es totalmente positivo o negativo, y cada historia debe ser evaluada en forma precisa y objetiva. Aquí es imprescindible cultivar la empatía y valorar la consciencia. Cada experiencia es producto de vivencias y creencias específicas, y no todos percibimos los problemas del planeta de la misma manera y con la misma importancia.

Sin embargo, la sensación de impotencia, rabia y desesperanza, deben ser atendidas y nunca subestimadas, a fin de evitar que se transformen en un sentimiento que puede llevarnos a experimentar enfermedades físicas. Los especialistas recomiendan atención temprana, no obstante, es mucho lo que cada uno de nosotros puede hacer.

¿Qué podemos hacer?

Practicar la empatía y la conciencia ambiental, nos pone en una posición extraordinaria como seres humanos. Sin embargo, esos dos valores pierden todo su peso si no hay una acción concreta con resultados visibles, generando así, ansiedad por la rabia, desesperanza e impotencia frente al deterioro de nuestro entorno.

El Dr. Diego Díaz Martín, fundador de Vitalis, destaca la importancia de activarnos para superar la frustración e intranquilidad frente a la destrucción de nuestros recursos naturales. Para este científico, lo mejor que podemos hacer es asumir comportamientos ambientalmente responsables en contacto directo con la naturaleza, uniendo esfuerzos con todas aquellas organizaciones que no pierden la esperanza, y día a día promueven acciones específicas para revertir el calentamiento global e  impulsar la adaptación al nuevo clima.

¿Qué recomendamos en Vitalis?

Las personas que están experimentando la eco-ansiedad, están sensibilizados, y eso es algo bueno, aunque probablemente algo extremo pues llega a comprometer su paz y tranquilidad.

Los ecologistas solemos ser muy apasionados en temas vitales para la supervivencia de la vida en el planeta, especialmente en tiempos en el que somos testigos de la desaparición de glaciares, la extinción de especies animales y vegetales, la disminución de la disponibilidad de agua, y el deterioro de la calidad de vida en general, entre otras preocupaciones ambientales.

Sin embargo, quienes impulsamos nuevos modelos de desarrollo basados en la sustentabilidad, coincidimos en que el manejo responsable de la información disponible, la participación activa en los diversos esfuerzos ciudadanos, y el modelaje de nuevos hábitos y comportamientos en armonía con la naturaleza, constituyen acciones importantes para detonar el cambio que requiere el mundo, más allá del alarmismo innecesario y de la actitud pasiva frente al calentamiento global. 

Acciones personales y grupales enfocadas desde lo espiritual, emocional y ambiental, coadyuvarán los esfuerzos técnicos, científicos y políticos, que hacen falta en el mundo para combatir el cambio climático.

Participar activamente en acciones conservacionistas, no solo ayudará a sentirnos mejor, sino que combatirá cualquier sensación de ansiedad lejana al aquí y ahora de nuestro actuar. Ser propositivos y constructivos también contribuirá a impulsar una sensación de seguridad y paz que tanto requiere nuestro planeta.

Trata al ambiente con amor y respeto. Visita bosques y lugares que te ayuden a reconectar con la naturaleza. Abraza un árbol. Camina descalzo sobre el cesped. Arma un pequeño huerto en casa. Adopta y ama a una mascota doméstica. 

También puedes buscar grupos de personas con el mismo interés que tú. Eso te ayudará a conectar con tu yo interior y practicar la empatía contigo mismo y con los demás. 

Evita  pensar en lo catastrófico que puede ser el futuro. La ansiedad se genera cuando sientes que no tienes control en lo que pueda pasar. Sin embargo, es mucho lo que puedes hacer en tu presente para cambiar las cosas como están.

Actuar positivamente y enfocarnos en nuestro rol frente al calentamiento global alimentará el sentido de pertenencia al "equipo bueno", apostando a hacer de nuestro mundo, el lugar en el que merece la pena vivir.


(*) Gustavo Suárez Solís es Comunicólogo, Coach y Terapeuta. Es líder de la agenda de Desarrollo Humano para la red global de Vitalis y Presidente de ONGVitalis Latinoamérica (Vitalis México). gsuarez@vitalis.net www.gustavozuar.com

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Greenwashing Vitalis

El greenwashing ¿engaño deliberado o práctica aceptable?


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Por Ronny Chacón (*) @ronnyoc 

El greenwashing es un término acuñado para describir las prácticas de algunas empresas para promover su compromiso ambiental con productos y/o servicios más sustentables o respetuosos con el ambiente, proyectando así una imagen empresarial ambientalmente responsable pero que en la realidad difiere mucho de esto. El cambio es referido a aspectos de forma asociados a la publicidad más no de fondo en los procesos productivos o aspectos ambientales internos en la organización.

El uso del término se remonta al año 1990, cuando ya existían algunas empresas que colocaban sus productos con imágenes de la naturaleza, para mostrar su compromiso ambiental que era cuestionable. Algunos consideran la práctica como la evolución del blanqueo de imagen pero con el componente ambiental.

Hoy día, son más las organizaciones que han iniciado su transición al desarrollo sostenible, donde utilizan el tema de sostenibilidad para atraer a un mercado de consumidores que cada vez son más consciente de sus compras y requerimientos, al entender que son corresponsables de los problemas ambientales existentes, donde la sostenibilidad entra como filosofía de marca pero separada por una delgada línea del límite del marketing engañoso, pues se estaría hablando de un aspecto: la ética empresarial de la comunicación.

Es común encontrar empaques de marcas con mensajes de “100% natural”, “ecoamigable”, con sellos verdes o el logo de reciclaje, aun cuando el empaque no pueda ser efectivamente reciclado, la utilización de las palabras “eco”, “ecología”, “bio”, “ambiental”, incluso en algunos casos dentro del nombre del producto o en las actividades, para confundir y desviar la atención del público y del consumidor especialmente.  Algunos ejemplos, la minería ecológica, un autolavado denominado ecológico por usar productos presuntamente biodegradables y aun así desconociendo si los efluentes que generan están o no dentro del límite permisible de vertido, cremas y jabones naturales pero dentro de sus ingredientes componentes perjudiciales para la piel.

Un producto 100% natural no necesariamente es amigable con el ambiente; el mercurio es un elemento natural pero es altamente contaminante.

El consumidor juega un papel importante, ya no es opcional quedarse en la banca cuando los tiempos requieren que debe ser protagonista y convertirse en un consumidor responsable, poner más atención en las campañas ambientales de productos y/o servicios, preguntar, investigar, exigir más información y sobre tener esa curiosidad al preguntarse ¿realmente estoy comprando un producto verde?


(*) Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental. www.linkedin.com/in/ronny-ch

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#ColombiaVotaSostenible: El cambio climático presente en el debate electoral.


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Por Viviana Salas, PhD (*). @VivianaSalasM


Las elecciones presidenciales de 2018 representan un momento crucial en materia de sostenibilidad para 13 organizaciones ambientales de Colombia: WWF, The Nature Conservancy, Greenpeace, Dejusticia, OpEPA, Fondo Acción, Transforma, Wildlife Conservation Society, Fundación Natura, Avaaz, Asociación Ambiente y Sociedad, Conservación Internacional Colombia y Fundación Gaia Amazonas. Por ello, se unieron para incidir en redes sociales con la campaña #ColombiaVotaSostenible.

El objetivo es impulsar la agenda ambiental en el futuro gobierno de Colombia. Priorizaron cinco temas que deben estar presentes en el debate electoral: Nuevos modelos de desarrollo, cambio climático, ordenamiento territorial, deforestación y agua. Para cada tema realizaron una infografía con un diagnóstico, unas recomendaciones de política y una hoja de ruta para el periodo presidencial 2018-2022. También analizaron las propuestas de las campañas presidenciales y crearon un semáforo informativo para determinar cómo iba cada una en los temas priorizados.

Dentro del diagnóstico para cambio climático se indica que “los 20 departamentos con mayor riesgo representan el 69% del PIB nacional (2016) y albergan el 57% de la población del país”. Sus recomendaciones de política incluyen: Impulsar la transición hacia energías renovables no convencionales, promover ciudades resilientes y sostenibles, incentivar la educación para el cambio climático y las alianzas con la sociedad civil, hacer un uso adecuado del suelo, y revisar las inversiones financiadas con lo recaudado por el impuesto al carbono.

En cuanto al semáforo del cambio climático, Iván Duque, el candidato que lidera las encuestas para la segunda vuelta que se realizará el próximo 17 de junio, fue el peor evaluado; mientras que Gustavo Petro obtuvo el segundo lugar entre los cinco candidatos que participaron en la primera vuelta. La propuesta de Duque considera incentivar el compromiso ciudadano con el ambiente, renovar la institucionalidad ambiental y promover una mejor gestión de los residuos. Por su parte, la propuesta de Petro incluye la electrificación del transporte público y el uso de energías renovables no convencionales.

Existe una iniciativa similar para las elecciones presidenciales que serán el próximo 1 de julio en México, mostrando la relevancia de las redes sociales en la construcción de opinión pública y el interés de la sociedad civil ambiental de participar en el debate electoral.


(*) Bióloga, Maestra en Gestión Ambiental y Doctora en Zoología. Especialista en ONG y Parques Nacionales. Forma parte del equipo profesional internacional de VITALIS, basada en Barcelona, España. vsalas@vitalis.net

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Gestión y Manejo de Residuos en México


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Por Gabriela Gutiérrez Olguín (*)

La gestión y manejo de los residuos en México aún dista mucho de ser la ideal, y a pesar de que se han hecho avances importantes en lo que respecta a este rubro tan complejo, la sensación de que no es suficiente es patente.

En México, si bien se tiene una legislación, por un lado, pareciera ser que en la mayoría de los casos ésta no es respetada, y tampoco se tiene una revisión estricta de su cumplimiento; y por el otro, no todos los ciudadanos saben que existe tanto una normativa por estado, como una ley general de residuos. Lo mencionado anteriormente, aunado a otros factores, contribuyen a que en México se tenga una mala gestión de los residuos, los cuales no solo contaminan ríos y suelos, sino que también afectan la salud tanto de las personas como de los ecosistemas. Ahora bien, esta mala gestión también interviene en la emisión de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, contribuye, dentro del esquema mundial, con las emisiones de metano y CO2 que México tiene, siendo el metano el de mayor impacto. Otra consecuencia de importancia es que la gestión de los tiraderos a cielo abierto es tan mala que después de su vida útil no pueden ser aprovechados esos terrenos, y por lo tanto se pierden y coadyuvan no solo al deterioro ambiental del país sino también al deterioro en la calidad de vida de los habitantes, en especial aquellos cercanos a estos puntos de recepción de residuos.  

Cabe mencionar que a pesar de los intentos de tener un sistema de separación desde el origen, por lo menos en la Ciudad de México, éstos quedan en buenas intenciones si estas medidas no vienen respaldadas de políticas de buena gestión y control en los tiraderos a cielo abierto, y de una consolidación de tecnologías que permitan el re-aprovechamiento de los residuos que pueden ser sujetos a valorización para que ingresen de nueva cuenta al circuito de producción, de modo que se apunte a llegar a una economía lo más circular posible. En otras palabras, el promover a través de la legislación una separación desde el origen sin contar con la tecnología necesaria (camiones, plantas de transferencia) para cerciorarse de que, en efecto, los residuos no van a llegar mezclados a su destino final no sirve de nada. La educación tiene que ir de la mano forzosamente con cualquier programa en materia de gestión de residuos que se tenga, y esta educación tiene que ser a nivel de todos los grupos de interés, y obviamente una planeación estratégica que asegure que lo que se plantea en el proyecto se alcance. Una planeación miope menor a 10 años en materia de gestión de residuos no sirve de mucho, y ésta tiene que estar sujeta a la dinámica poblacional y a la realidad económica del país.

Sin embargo, no todo es tragedia. En México la cultura del reciclaje sí ha permeado, y esto se puede corroborar con el hecho de que México es líder mundial en el reciclaje del PET, y la gestión de papel y cartón también es muy practicada en México. Esto demuestra que se tiene la capacidad para gestionar de una manera adecuada los residuos, por lo tanto, sería bueno comenzar a adoptar y desarrollar sistemas de gestión de los residuos generados en México, y para eso se requiere de un esfuerzo masivo de todas las dependencias estatales para brindar datos confiables tanto de la cantidad de residuo producido, como de su cantidad. Estos datos no solo nos darían información muy valiosa con respecto a los residuos sujetos a valorización, sino que también pueden brindarían información vital para realizar la gestión de los residuos que, por sus características físicas y químicas, no pueden ser valorizados, y que, por lo tanto, terminan yendo a lugares de disposición final.

Finalmente es preciso mencionar que estas medidas no pueden y no deben tardar. La basura que producimos nos está superando, y cuando ya no tengamos lugares en dónde disponer de la misma ¿qué haremos? Es mejor actuar de una vez, y no quedar en un eterno “se hubiera hecho…”. No podemos seguir llegando tarde a los temas que aquejan no solo a la sociedad actual, sino a nuestra supervivencia como especie.  

 

(*) Lic. en Biología por la UNAM y en proceso de titulación de la maestría en Gestión y Auditoría Ambiental por parte de la Universidad del Atlántico de España.  gogabrielagutierrezo2@gmail.com

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Calidad de Vida y Bienestar Social


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Por Abog. Lizbeth Guadalupe Flores Padilla

Para gozar de bienestar, el ser humano en general, requiere de factores que le permitan disfrutar de un estado de tranquilidad y satisfacción. Estos factores están relacionados con las políticas que establecen los dirigentes de una nación.

A fin de determinar el grado de bienestar de una población, los gobiernos utilizan como medida la “calidad de vida”, entendida como la percepción que cada individuo tiene en un contexto cultural, de valores, normas, inquietudes, expectativas, nivel de ingresos, comodidad, entre otros.

De acuerdo con diferentes organizaciones (OCDE, ONU, OMS), es importante medir el progreso para saber si una sociedad se está moviendo en la dirección correcta; para ello, es necesario contar con indicadores precisos que ayuden a un gobierno a que una decisión sea fácil, con resultados esperados y sencillos de evaluar.

Para medir el progreso, algunos especialistas optan por indicadores materiales (objetivos) como lo más trascendental para el avance, escogiendo medidas como el PIB per cápita o los índices de pobreza; toda vez que este indicador ofrece una visión completa de las actividades económicas de un país, generalmente contabilizadas en un año. Este indicador es utilizado con frecuencia, pues es de los pocos que tienen aceptación a nivel universal y es fácilmente comprobable entre los países; sin embargo, existen críticas respecto a este tipo de indicador, porque no mide la calidad de vida ni el bienestar social, solo mide aspectos materiales. Además, que no toma en cuenta la auto-producción o auto-consumo (producción de huertos), no mide la destrucción de los recursos naturales, solo contabiliza la destrucción de activos (carreteras, casas), ni la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Por otro lado, están los indicadores que se orientan hacía medidas subjetivas, como elementos internos de las personas. Entre ellos encontramos la incidencia de enfermedades psicológicas o simplemente la felicidad, los cuales permiten establecer un progreso si estos indicadores siguen un desarrollo favorable. Con estos indicadores, existe también cierta resistencia para poder adoptarlos como fuentes de un indicador serio y confiable del bienestar social, porque cada individuo tiene una perspectiva de calidad de vida, según el medio en el que se desenvuelva.

A fin de lograr un mayor progreso en la sociedad, los gobernantes encargados de dirigir las políticas de cada nación, deben proponerse como objetivo principal, el establecimiento de indicadores que busquen el bienestar de su población, tomando los aspectos que cada una de ellas considere más importantes. Así como seguir las recomendaciones de la OCDE y la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi, respecto a utilizar indicadores internacionales en materia de bienestar social, esenciales para vivir una buena vida; incluyendo dominios como la vivienda, ingresos y riqueza, equilibrio laborar (empleo-salario), la vida en comunidad, educación y competencias, medio ambiente, compromiso cívico, salud, la satisfacción ante la vida, la seguridad, la sostenibilidad y las desigualdades, entre otros, sin limitarse a mediciones materiales.

 

(*) Licenciada en Derecho. lizgflopa@gmail.com

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Una visión de la seguridad social desde los adultos mayores.


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Ana Beatriz Cruz Sánchez (*)

La seguridad social es un derecho humano, en el cual el Estado tiene que realizar las acciones pertinentes para proporcionar a su población servicios médicos, protección económica por enfermedad, maternidad, accidentes de trabajo, desempleo, invalidez o vejez.

En este ensayo abordare el tema de la seguridad social en el caso de los adultos mayores ya que el aumento en la esperanza de vida de los seres humanos, ha generado una alerta en los gobiernos, actualmente hay 10.8 millones de pensiones cuyo pago demanda el 15.5 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación y el 3.7 por ciento del PIB nacional. Para 2020, calcula la Secretaría de Hacienda, será de 4.4 por ciento del PIB.

Además muchos de ellos necesitarán de alguna forma de asistencia a largo plazo, como cuidados domiciliarios o comunitarios, ayuda para la vida cotidiana, reclusión en asilos y estadías prolongadas en hospitales.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, entre 2000 y 2050, la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando de 11% a 22%. Asimismo, en los países en desarrollo, la cantidad de ancianos que no podrán valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro.

El centro de estudios de finanzas públicas en el 2010, 2 de cada 10 adultos mayores tuvieron acceso a una pensión. Esto nos da una idea, del problema que se está presentando actualmente, ya que de 80% de personas de edad avanzada no cuentan con los recursos económicos necesarios para vivir, por lo que nos lleva a concluir que dependen económicamente de algún familiar, en el mejor de los casos.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el principal problema para tener acceso a la seguridad social es que el financiamiento depende de las contribuciones obrero-patronales, lo que deja fuera a los trabajadores de menores ingresos y más vulnerables y las empresas no cuentan con iniciativas fiscales que conlleven a un incremento a los sistemas de pensiones.

Del total de las pensiones, el 5% lo aportan las empresas, el 1.125% los trabajadores de su salario y el 0.25% lo aporta el Estado. El porcentaje que aporta el trabajador no le será suficiente para vivir con dignidad una vez pensionado, pero así como no existen incentivos para que la empresa aporte, tampoco existe para los trabajadores, además si le agregamos otras variables como la desconfianza y el bajo rendimiento por parte de las afores.

Según la Organización Internacional del Trabajo, la responsabilidad social también se encuentra en los actos solidarios e inclusivos de las personas hacia los demás, pues esos actos llevan en sí mismos la búsqueda del bienestar social.

Y aunque se trata de un ahorro individual se deben implementar políticas públicas que lo fomenten. Asimismo, debemos crear conciencia y buscar soluciones en las actividades empresariales, a través del diálogo social.

La seguridad social es un elemento que nos da una visión de una sociedad sustentable, en el que los trabajadores ahorren lo suficiente cuando son económicamente activos, la responsabilidad de las empresas se fomente con incentivos fiscales y el estado generé las políticas públicas para fomentar el ahorro de los trabajadores y establezca reglas claras en el manejo de las afores.

 

(*) Mercadóloga, @AnaBeatrizCS

 

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Desde la perspectiva de la sustentabilidad ambiental ¿Qué hace a una vivienda digna?


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Crisóforo Mecinas Cruz (*)

En las últimas dos décadas en México ha existido un incremento en la construcción de viviendas, con lo que se ha abatido el rezago que existía en este rubro. Sin embargo, fuentes oficiales refieren que el déficit actual pudiera superar – al menos – once millones de viviendas.

De acuerdo a cifras de la OCDE en 2010, ochenta por ciento de la población del país vivía en zonas urbanas, y se estima que para el 2050 será noventa por ciento. Eso implica nuevos desafíos ambientales en sus diseños y servicios que se deben considerar.

Así como ha crecido el número de viviendas, también han mejorado los servicios con los que cuentan, ya que cada día se tiene mayor acceso a los servicios básicos como son agua potable, drenaje y electricidad; sin embargo, aun cuando en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se establece como un derecho el acceso a una vivienda digna, este término no está definido claramente, y por ende, no siempre se cumple.

Si bien la Secretaría de Desarrollo Social ha definido la vivienda de calidad, con base al tipo de materiales con los que están construidos los pisos, muros y techos, debemos de ir más allá en este concepto.

El mayor número de viviendas se ha construido en las ciudades más pobladas, en lugares donde se concentran las zonas económicamente más activas. Sin embargo, esto ha ocasionado diversos problemas, como hacinamiento, insuficiencia de servicios públicos, incluyendo transporte, y construcción en lugares de riesgo, entre otros.

Por ello es muy importante reflexionar en el término vivienda digna desde la perspectiva ambiental, ya que no se trata solamente de la parte constructiva. A caso ¿es digno que una persona invierta casi tres horas diarias en transportarse de su casa a su lugar de trabajo y viceversa?, ¿son los materiales de construcción los apropiados? ¿aprovechan la luz y la ventilación natural? ¿están expuestas a algún riesgo como zonas de deslaves o susceptibles de inundación? ¿han sido construidas en ambientes libres de contaminación? ¿son los servicios públicos de calidad?.

De acuerdo con las Naciones Unidas, una vivienda digna considera aquel espacio en el que los individuos o las familias puedan vivir en seguridad, paz y dignidad. Para ello, es imprescindible reorientar el rumbo de la planificación urbanística en algunas áreas, principalmente en lo correspondiente al ordenamiento de los nuevos desarrollos, de manera conjunta con la descentralización de las áreas productivas, desde un punto de vista de sustentabilidad. Asimismo, es vital mejorar el aprovechamiento y conservación de los recursos naturales, y la utilización de las materias primas de la región, así como evitar la construcción de desarrollos habitacionales en zonas de alto riesgo.

De igual forma, es importante promover el ecodiseño y la ecoeficiencia en las viviendas, y enfocarnos en el bienestar de la población, considerando inclusive la ubicación de las viviendas cercanas a los lugares de trabajo, ya que el tiempo que se ahorre en el traslado lo podrán dedicar a compartirlo con su familia, a ejercitarse, a reducir el estrés, pero sobre todo a llevar una vida digna, respetando los usos y costumbres de cada población para adecuar los modelos de vivienda.

Es importante precisar que las características de las viviendas no las hacen más o menos dignas, sino la calidad de vida de sus habitantes. Es momento de hacer de cada vivienda un hogar.

 

(*) Ingeniero Civil, cmecinas@hotmail.com

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Contribución de los índices de Desarrollo Humano y de Calidad de Vida a la sustentabilidad ambiental


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Por M.I. Gloria Antonieta Chong Morales (*)

Los índices de desarrollo humano (IDH) y de Calidad de Vida (ICV) son fundamentales para el desarrollo sustentable, pues se estrechan los aspectos ambientales con los sociales.

El IDH toma en cuenta el desarrollo de un país en razón de sus habitantes y sus capacidades, en tanto que el ICV evalúa la satisfacción de vida de los mismos.

El IDH es la media geométrica de los índices normalizados de cada una de las tres dimensiones del desarrollo humano, que son, tener una vida larga y saludable, acceder al conocimiento y disfrutar de un nivel de vida digno. Y se expresa como un valor entre 0 y 1.

El ICV utiliza para su medición encuestas de satisfacción de vida en los países, en función de la manera en que el individuo percibe el lugar que ocupa en el entorno cultural y en el sistema de valores en que vive, así como en relación con sus objetivos, expectativas, criterios y preocupaciones.

Entre ambos índices se establece un círculo virtual positivo. Por un lado, un IDH alto, con una amplia base de educación, busca alcanzar logros de sustentabilidad ambiental necesarios para lograr un ICV alto. Por el otro, un ICV alto, contribuye a elevar el IDH.

El propósito de estos índices es promover, como mínimo, una esperanza de vida al nacer larga y sana para sus ciudadanos, un nivel de vida digno y una educación garantizada bajo un entorno de justicia y armonía social y política. Asimismo, buscan generar una sociedad más sensible a desarrollarse bajo principios de cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales, de los cuales depende en su calidad de vida.

Sin embargo, como sociedad, tenemos muchos retos que superar, tales como la desigualdad en sus diferentes caras, la pobreza y el desarrollo de género, entre otros.  Estos índices nos alertan sobre los temas que debemos atender, y de allí que sean útiles para motivar a los países a mejorar su desempeño.

Entre los desafíos pendientes para actuar con mayor efectividad en materia ambiental, figuran temas como el consumo de energía renovable, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y en general el uso eficiente de los recursos naturales.

Asimismo, es vital poner especial atención a la evolución de las superficies forestales, el uso y tratamiento del agua, el manejo de los residuos, y la conservación de la biodiversidad.

El desarrollo humano y la calidad de vida implican mayor bienestar para todos, incluyendo el resto de los seres vivos. Para ello es imprescindible que los modelos de desarrollo contemplen los principios de la sustentabilidad, como son  interdependencia, interconexión, capacidad de carga, equilibrio dinámico y eficiencia con máximo rendimiento, entre otros.

En nosotros está reconocer que nuestra calidad de vida depende de nosotros mismos, al cuidar y mantener en equilibrio los recursos naturales de los cuales vivimos y que nos permiten alcanzar un desarrollo humano alto o muy alto.

Para ello, no solo es necesaria la activa participación de la ciudadanía y de las empresas, sino también el desarrollo de políticas públicas, económicas y fiscales que respalden dichas acciones.

 

(*) Maestra en Ingeniería Ambiental, gcapri72@me.com

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