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Cambio Climático – Vitalis

Cambio climático ante el juez: el “caso del siglo”

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Huracanes, calentamiento global y ciudadanía - Vitalis

Huracanes, calentamiento global y ciudadanía

Por Felipe Arenas Quintero (*)

En noviembre de 2020, la zona Caribe en Centro y Sudamérica, fue afectada notablemente por dos huracanes consecutivos, Eta e Iota, los cuales causaron graves daños materiales. Según expertos ambientales, el aumento en la intensidad de las tormentas en lugares donde no eran tan frecuentes ni tan fuertes, está directamente relacionado con el aumento de la temperatura en todo el planeta.

Dentro de este contexto, se considera muy importante reflexionar sobre la importancia de tomar medidas urgentes para detener el calentamiento global. Si bien, es una tarea colectiva y que no depende completamente de la ciudadanía, desde la cotidianidad se pueden realizar pequeñas acciones para prevenir y reducir el problema.

Así mismo es fundamental tomar conciencia acerca de la extensión planetaria de las consecuencias de este fenómeno, el cual no sólo afecta a las personas que residen en las zonas costeras, sino que impacta a toda la humanidad, en todos los sitios, a distintas escalas y formas. Entre ellas vemos el aumento en el costo de los alimentos, sequías prolongadas, alteración de ecosistemas, entre otras.

Algunas de las acciones que pueden emprenderse desde la vida cotidiana para enfrentar este problema se relacionan con el cambio en los medios de transporte que utilizamos regularmente, en particular, empezar a emplear la bicicleta como vehículo diario y movilizarnos con más frecuencia en transporte público. Otras prácticas apuntan a consumir menos energía en hogares y sitios de trabajo; modificar las prácticas de consumo, en especial reducir el uso de materiales no biodegradables y reparar ropa, enseres, equipos y utensilios, en lugar de adquirir nuevos productos.

Aunque la solución parece sencilla, modificar estos hábitos puede ser difícil para algunas personas, porque durante muchos años han tenido estilos de vida que no promueven esta gestión. Por eso para generar estos cambios se requiere la educación ambiental en los espacios formales e informales y una gestión gubernamental sistemática.

En Colombia, por ejemplo, la educación ambiental y la gestión gubernamental son necesarias para informar a la comunidad, estimular el uso de medios de transporte menos contaminantes, impulsar y ejecutar procesos eficientes de reciclaje, disponer los residuos sólidos en forma adecuada y fomentar el comportamiento ciudadano ambientalmente responsable, todo lo cual, no sólo generaría beneficios personales, sino colectivos.

La educación ambiental se hace necesaria en un país como Colombia debido a que en la cotidianidad este tema no está muy presente. Por ello, el uso de transporte que genere menos gases de efecto invernadero y los procesos de reciclaje no son tan eficientes como en países europeos. Así mismo, el apoyo a la movilización por medios alternativos y la disposición de desechos en lugares adecuados tampoco se da de la mejor manera. La principal causa para que esto pase es el desconocimiento.

Si te interesa saber un poco más sobre la movilidad sostenible te invitamos a leer este artículo: «El auge de la movilidad sostenible en tiempos de Covid-19«.

Si deseas formarte en algún tema de actualidad ambiental te invitamos a visitar nuestra oferta de cursos y talleres en línea

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* Profesional en Ciencia Política, con experiencia en trabajo con comunidades y sus escenarios de desarrollo. Colaborador de Vitalis  en Colombia.

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Ecoansiedad, ansiedad ecológica o ecoanxiety: un trastorno por el cambio climático.

Por Gustavo Suárez (*) @GustavoZuar

La eco-ansiedad o ansiedad ecológica es un nuevo mal que afecta a muchos seres en el planeta. Su origen se encuentra en el creciente deterioro ambiental. Sus efectos se traducen en miedos y angustias insospechados.

No hay espacios informativos que no hablen de eventos climáticos extremos que surgen diariamente. Las consecuencias las estamos evidenciando día a día.

Las redes sociales son testigo de la emergencia climática, presente en diversos fenómenos que nos alertan de las temperaturas récord que se están alcanzando. Con pruebas en mano, los científicos lo aseguran: el clima ya cambió y  las consecuencias ya comienzan a sentirse.

Como si esto fuera poco, frente al incremento del efecto invernadero y del calentamiento global, algunas personas están sintiendo mucho miedo, e incluso entrando en pánico. El problema es grave y pareciera irreversible. Somos miles de millones de seres quienes estamos sintiendo los efectos, pero pocos los que estamos haciendo algo para revertirlo. Por ello, la respuesta emocional y biológica de algunos es sentir impotencia y zozobra.  La situación podría tonarse grave.

¿Qué es la eco-ansiedad?

La eco-ansiedad ha sido definida por algunos expertos como "un trastorno psicológico bastante reciente, que afecta a un número cada vez mayor de personas que se preocupan por la crisis ambiental". Observar cómo se desarrollan los lentos y profundos efectos del cambio climático, preocupa a algunos, mucho más que a otros, experimentando niveles de estrés atribuibles a la incertidumbre que se presenta frente a los niños, y en general, de las futuras generaciones. 

La psicóloga Ericka Johnson, asesora de Vitalis en temas vinculados con el comportamiento humano y su relación con el medio ambiente, reconoce que la degradación del planeta puede constituir un factor más para experimentar ansiedad. En su opinión, “hay que ponerle atención, cuidando sobretodo que no se convierta en un fenómeno psicosocial”.

Aunque en sus múltiples consultas aún no ha tenido un paciente que experimente eco-ansiedad, sugiere que es importante realizar una evaluación integral del paciente, a fin de decidir el tratamiento a seguir, bien se trate de una terapia psicológica, un tratamiento multidisciplinario que incluye psicología, psiquiatría o neuropsiquiatría, o una terapia física.

No obstante, Johnson sugiere que también se pueden incluir herramientas vinculadas a un ser o presencia superior, también llamada espiritualidad. Para esta experta, la meditación es, sin dudas, una herramienta para aquietar la mente.

¿La eco-ansiedad es buena o mala?

Como líder de los proyectos de desarrollo humano de Vitalis, considero que nada es totalmente positivo o negativo, y cada historia debe ser evaluada en forma precisa y objetiva. Aquí es imprescindible cultivar la empatía y valorar la consciencia. Cada experiencia es producto de vivencias y creencias específicas, y no todos percibimos los problemas del planeta de la misma manera y con la misma importancia.

Sin embargo, la sensación de impotencia, rabia y desesperanza, deben ser atendidas y nunca subestimadas, a fin de evitar que se transformen en un sentimiento que puede llevarnos a experimentar enfermedades físicas. Los especialistas recomiendan atención temprana, no obstante, es mucho lo que cada uno de nosotros puede hacer.

¿Qué podemos hacer?

Practicar la empatía y la conciencia ambiental, nos pone en una posición extraordinaria como seres humanos. Sin embargo, esos dos valores pierden todo su peso si no hay una acción concreta con resultados visibles, generando así, ansiedad por la rabia, desesperanza e impotencia frente al deterioro de nuestro entorno.

El Dr. Diego Díaz Martín, fundador de Vitalis, destaca la importancia de activarnos para superar la frustración e intranquilidad frente a la destrucción de nuestros recursos naturales. Para este científico, lo mejor que podemos hacer es asumir comportamientos ambientalmente responsables en contacto directo con la naturaleza, uniendo esfuerzos con todas aquellas organizaciones que no pierden la esperanza, y día a día promueven acciones específicas para revertir el calentamiento global e  impulsar la adaptación al nuevo clima.

¿Qué recomendamos en Vitalis?

Las personas que están experimentando la eco-ansiedad, están sensibilizados, y eso es algo bueno, aunque probablemente algo extremo pues llega a comprometer su paz y tranquilidad.

Los ecologistas solemos ser muy apasionados en temas vitales para la supervivencia de la vida en el planeta, especialmente en tiempos en el que somos testigos de la desaparición de glaciares, la extinción de especies animales y vegetales, la disminución de la disponibilidad de agua, y el deterioro de la calidad de vida en general, entre otras preocupaciones ambientales.

Sin embargo, quienes impulsamos nuevos modelos de desarrollo basados en la sustentabilidad, coincidimos en que el manejo responsable de la información disponible, la participación activa en los diversos esfuerzos ciudadanos, y el modelaje de nuevos hábitos y comportamientos en armonía con la naturaleza, constituyen acciones importantes para detonar el cambio que requiere el mundo, más allá del alarmismo innecesario y de la actitud pasiva frente al calentamiento global. 

Acciones personales y grupales enfocadas desde lo espiritual, emocional y ambiental, coadyuvarán los esfuerzos técnicos, científicos y políticos, que hacen falta en el mundo para combatir el cambio climático.

Participar activamente en acciones conservacionistas, no solo ayudará a sentirnos mejor, sino que combatirá cualquier sensación de ansiedad lejana al aquí y ahora de nuestro actuar. Ser propositivos y constructivos también contribuirá a impulsar una sensación de seguridad y paz que tanto requiere nuestro planeta.

Trata al ambiente con amor y respeto. Visita bosques y lugares que te ayuden a reconectar con la naturaleza. Abraza un árbol. Camina descalzo sobre el cesped. Arma un pequeño huerto en casa. Adopta y ama a una mascota doméstica. 

También puedes buscar grupos de personas con el mismo interés que tú. Eso te ayudará a conectar con tu yo interior y practicar la empatía contigo mismo y con los demás. 

Evita  pensar en lo catastrófico que puede ser el futuro. La ansiedad se genera cuando sientes que no tienes control en lo que pueda pasar. Sin embargo, es mucho lo que puedes hacer en tu presente para cambiar las cosas como están.

Actuar positivamente y enfocarnos en nuestro rol frente al calentamiento global alimentará el sentido de pertenencia al "equipo bueno", apostando a hacer de nuestro mundo, el lugar en el que merece la pena vivir.


(*) Gustavo Suárez Solís es Comunicólogo, Coach y Terapeuta. Es líder de la agenda de Desarrollo Humano para la red global de Vitalis y Presidente de ONGVitalis Latinoamérica (Vitalis México). gsuarez@vitalis.net www.gustavozuar.com

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Sistema de Comercio de Emisiones en México y la oportunidad de la captura de carbono forestal como servicio ecosistémico

Por Selene Jovita Gonzalez Contreras (*)@seleneglezc

De cara al cambio climático y para impulsar una económica baja en carbono, existe un instrumento de mercado de cumplimiento internacional, diseñado para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de forma costo-efectiva al poner un precio al carbono, denominado Sistema de Comercio de Emisiones (SCE).

Lo anterior, a través del principio de “límite y comercio”: el límite para un sector y/o participantes, pretende que cada tonelada de dióxido de carbono equivalente (CO2e) esté respaldada con un permiso de emisión. De manera que un participante cuyo volumen de GEI emitido en toneladas de CO2e sea inferior al volumen de permisos que posee, podrá comercializar el exceso a participantes cuyas emisiones exceden sus permisos.

Respecto a este instrumento, a nivel nacional, en abril del 2018 se aprobó una reforma al Artículo 94 de la Ley General de Cambio Climático (LGCC), la cual establece la obligatoriedad de instaurar este mecanismo a través de un Programa de Prueba sin implicaciones económicas con un periodo de tres años, con la finalidad de contribuir al aumento de la ambición para cumplir con las metas establecidas en el Acuerdo de París.

A finales del mismo año, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) emitió un Anteproyecto denominado “Acuerdo por el que se establecen las bases preliminares del Programa de Prueba del Sistema de Comercio de Emisiones”, este será aplicable a las instalaciones que realicen actividades de los sectores energía e industria únicamente, según la clasificación prevista en el Reglamento de la LGCC en Materia del Registro Nacional de Emisiones, cuyas emisiones anuales registradas sean iguales o mayores a 100 mil toneladas directas de CO2 provenientes de fuentes fijas.

En dicha regulación, se establecen los elementos que integran el piloto, los sujetos obligados a participar, su temporalidad, los mecanismos de flexibilidad y de seguimiento y evaluación, las obligaciones de los participantes, entre otros elementos requeridos para su funcionamiento.

El Acuerdo precisa que el SCE se compondrá de dos fases: una fase inicial (del 1 de enero de 2020 al 31 de diciembre de 2021) que permitirá a los actores involucrados conocer el comportamiento de un mercado de emisiones y, la Fase Operativa que entrará en vigor al término de la etapa de transición del Programa de Prueba (del 1 de enero al 31 de diciembre de 2022), en ambas fases sólo se contemplará el GEI CO2.

El programa de prueba no tendrá efectos económicos y las asignaciones de derechos de emisión serán gratuitas en una proporción equivalente a las emisiones de los participantes, estos últimos serán las instalaciones cuyas emisiones anuales hayan sido iguales o mayores al umbral establecido en cualquiera de los años 2016, 2017, 2018 o 2019. La asignación gratuita de derechos de emisión se quedará implementada para la Fase Operativa.

La SEMARNAT también establecerá mecanismos flexibles de cumplimiento que pueden ser: esquemas de compensación a través de proyectos o actividades de mitigación elegibles o el reconocimiento de acciones tempranas para proyectos o actividades de mitigación que hayan recibido créditos de compensación externos antes de la entrada en vigor del Programa de Prueba.

Estos esquemas de compensación mediante créditos de compensación serán establecidos a través de protocolos nacionales o internacionales, con la finalidad de ser utilizados por los interesados para desarrollar proyectos o actividades de mitigación para reducir o evitar emisiones o para incrementar la absorción de GEI con un límite por participante del 10% de sus obligaciones de entrega de derechos de emisión y sin perder validez una vez concluido el Programa.

Entre los proyectos o actividades de mitigación elegibles se podrán incluir aquellos mecanismos conocidos como bonos de carbono (crédito en un proyecto de reducción de emisiones) o bonos verdes (instrumento financiero de deuda que se invierte para generar rendimientos), siempre y cuando cumplan con los requisitos establecidos en el Protocolo de Compensación y generen Créditos de Compensación. Estos dos últimos instrumentos se desarrollarán durante el Programa de Prueba por la SEMARNAT.

Analizado lo anterior, el SCE abre paso y relevancia a la ejecución de iniciativas para la conservación y restauración de los ecosistemas, particularmente al servicio ecosistémico captura de carbono forestal como sistema natural que absorbe y almacenan el CO2 de la atmósfera, a través de los diferentes tipos de vegetación y del proceso de fotosíntesis.

Este servicio puede ser considerado “tecnología verde”, equiparable a cualquier implementación de eficiencia energética, lo anterior, de contemplarse como proyecto o actividad de mitigación elegible dentro del 10% de las obligaciones de derechos de emisión por participante. Ya que, al otorgarle valor económico al servicio, se puede generar una estrategia de pago para la preservación del capital natural y de esta manera, tomará más relevancia su dimensión económica, sin menoscabar los beneficios ya conocidos en las dimensiones ambiental y social de los bosques y las selvas que actualmente imperan.


*Licenciada en Administración de Empresas, apasionada en temas de Economía Verde.

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La unión de fuerzas para combatir el cambio climático

Por Francisco Suarez (*)

Hay muchas organizaciones y empresas tratando de poner su grano de arena para combatir el cambio climático y dejar una huella positiva detrás de sus acciones. Sin embargo, a veces los esfuerzos no parecen ser suficientes y por lo general no coordinados bajo un plan estratégico integral.

La premisa o reto es incluir de manera integral la sostenibilidad en los planes económicos y de desarrollo de los países, con planes claros y vinculados para la generación de valor económico, social y ambiental de una manera coordinada.

Empresas como Coca-Cola FEMSA son el ejemplo de que se puede hacer la diferencia. La cadena de valor compartido puede funcionar cuando se ponen a todos los jugadores bajo el mismo objetivo: la comunidad, la empresa, la institución gubernamental; todos cumplen un papel fundamental en generar un cambio sostenible.

Es por ello que el rol de todos cuenta, y cuenta mucho, dentro y fuera de las empresas. Organizaciones como el WEC (World Environmental Center), una Organización sin fines de lucro con el propósito de enlazar y fortalecer el desarrollo sostenible a través de las operaciones de empresas aliadas, en asociación con instituciones gubernamentales y no gubernamentales, universidades y tomadores de decisión.

Su estrategia de renovación está enfocada en la aceleración de soluciones de sostenibilidad a través de la innovación, liderazgo y colaboración pública y privada.

Esta alineación significa una manera diferente de ver el rol de la organización como un conector y dar espacios a cada institución o empresa a desarrollarse dentro de un ámbito que no perjudique a sus miembros, comunidad o país. Las personas y las economías prosperan cuando las micro, pequeñas y medianas empresas están facultadas para alcanzar su máximo potencial. 

Cada etapa del proceso es importante y las empresas deben evaluar con cuidado dónde invierten sus esfuerzos. La ciencia y la tecnología se han formado de maneras que permiten cada vez más el equilibrio en cada punto de la cadena de valor, desde las materias primas hasta la fabricación; logística a la venta; de su uso al desecho.

Es fundamental que las empresas estén dispuestas a trabajar en conjunto, son estas conexiones las que aceleran el aprendizaje, la práctica compartida y el desarrollo sostenible.

Cuando nos enfrentamos a problemáticas como en la que se encuentran los sectores industriales de uso intensivo de agua, como la agricultura, la energía y la minería. Descubrimos riesgos potenciales asociados con la interrupción operativa y / o del proveedor, el aumento del costo del agua, la reducción del rendimiento / la pérdida de cultivos, el aumento de las regulaciones y potenciales daños al ecosistema y comunidades aledañas.

Ante este tipo de coyunturas es importante que todas las partes se pongan la camiseta. Gobiernos, legisladores, reguladores, administradores, funcionarios de organismos y organizaciones internacionales, el sector privado, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y sector educativo. Todos son bienvenidos a poner su grano de arena por un objetivo en común.

Todos en los individual queremos dejar un mejor mundo para nuestros hijos y las próximas generaciones, para que ocurra tenemos que jugar en el mismo equipo. Siempre habrá objetivos competitivos en las empresas, pero con la alineación correcta cada quien tiene sus espacios para crecer dejando una huella positiva en el planeta.


(*) New Business Project Director en Coca-Cola FEMSA.

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Islas de calor, un fenómeno citadino.

Dra. Estela Cuna Pérez (@CunaEstela)

Los habitantes de las grandes ciudades padecen de un fenómeno denominado Islas de Calor (IC), este fenómeno se refiere a la presencia de aire más caliente en ciertas zonas de la ciudad, a diferencia del que se encuentra en las zonas rurales que la rodean. Esta diferencia de temperatura es debida a múltiples razones: ciudades densamente construidas, suelo de concreto, áreas verdes reducidas, carencia o escasa presencia de cuerpos de agua. Todas estas características favorecen una dispersión más lenta de la radiación solar, hay que incluir que los materiales usados en las construcciones urbanas son generalmente oscuros por lo que absorben más energía, la cual se dispersa poco a poco en forma de calor.  

En la Ciudad de México, a las 6 de la mañana en el mes de marzo, se han registrado diferencias de 10°C entre el centro de la ciudad y la zona rural periférica. Esta diferencia no se da en toda la ciudad, sólo en zonas puntuales “islas” como en el centro histórico (densamente construido y con escaza vegetación).

La presencia de IC también depende de la presencia de ciertas condiciones meteorológicas: un cielo despejado, viento en calma, incremento en la radiación solar, localización geográfica, altitud, presencia de montañas, tipo de clima. Este fenómeno puede tardar varias horas manteniendo el aire caliente en las ciudades, generando estrés e incomodidad en la población por la sensación de calor, así como mayor uso de energía eléctrica en aparatos (ventiladores y aire acondicionado).

Las acciones que se pueden emprender para combatir este fenómeno son: una buena planeación urbana, reforestar e incrementar la superficie de áreas verdes, reactivar y preservar las corrientes y cuerpos de agua, pintar de colores claros las construcciones a fin de que reflejen la energía solar. Debe de quedar claro que IC es un fenómeno producto de la forma en que han crecido las ciudades y no algo propio de las cuestiones meteorológicas. Además de las IC, existe el fenómeno Oasis, este se presenta en ciudades que fueron planeadas con áreas verdes y fuentes de humedad, que provocan Islas de frescor (IF) con respecto al clima cálido presente en las zonas circundantes.

Cada habitante de la ciudad puede apoyar a disminuir este fenómeno y transformar las IC en IF, realizando pequeñas acciones (pintar su casa de color claro, plantar y regar más árboles, incrementar las plantas en el exterior de los inmuebles y cuidar los cuerpos de agua, por pequeños que sean, por ejemplo, las fuentes.

(*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net.

Greenwashing Vitalis

El greenwashing ¿engaño deliberado o práctica aceptable?

Por Ronny Chacón (*) @ronnyoc 

El greenwashing es un término acuñado para describir las prácticas de algunas empresas para promover su compromiso ambiental con productos y/o servicios más sustentables o respetuosos con el ambiente, proyectando así una imagen empresarial ambientalmente responsable pero que en la realidad difiere mucho de esto. El cambio es referido a aspectos de forma asociados a la publicidad más no de fondo en los procesos productivos o aspectos ambientales internos en la organización.

El uso del término se remonta al año 1990, cuando ya existían algunas empresas que colocaban sus productos con imágenes de la naturaleza, para mostrar su compromiso ambiental que era cuestionable. Algunos consideran la práctica como la evolución del blanqueo de imagen pero con el componente ambiental.

Hoy día, son más las organizaciones que han iniciado su transición al desarrollo sostenible, donde utilizan el tema de sostenibilidad para atraer a un mercado de consumidores que cada vez son más consciente de sus compras y requerimientos, al entender que son corresponsables de los problemas ambientales existentes, donde la sostenibilidad entra como filosofía de marca pero separada por una delgada línea del límite del marketing engañoso, pues se estaría hablando de un aspecto: la ética empresarial de la comunicación.

Es común encontrar empaques de marcas con mensajes de «100% natural», «ecoamigable», con sellos verdes o el logo de reciclaje, aun cuando el empaque no pueda ser efectivamente reciclado, la utilización de las palabras “eco”, “ecología”, “bio”, “ambiental”, incluso en algunos casos dentro del nombre del producto o en las actividades, para confundir y desviar la atención del público y del consumidor especialmente.  Algunos ejemplos, la minería ecológica, un autolavado denominado ecológico por usar productos presuntamente biodegradables y aun así desconociendo si los efluentes que generan están o no dentro del límite permisible de vertido, cremas y jabones naturales pero dentro de sus ingredientes componentes perjudiciales para la piel.

Un producto 100% natural no necesariamente es amigable con el ambiente; el mercurio es un elemento natural pero es altamente contaminante.

El consumidor juega un papel importante, ya no es opcional quedarse en la banca cuando los tiempos requieren que debe ser protagonista y convertirse en un consumidor responsable, poner más atención en las campañas ambientales de productos y/o servicios, preguntar, investigar, exigir más información y sobre tener esa curiosidad al preguntarse ¿realmente estoy comprando un producto verde?


(*) Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental. www.linkedin.com/in/ronny-ch

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El costo ambiental oculto del turismo.

Por Miguel Villegas, PhD. (*)


El turismo es conocido como la “industria sin chimeneas”. Sin embargo, su incidencia sobre la emisión global de dióxido de carbono (CO2), ha sido objeto de un estudio reciente (The Carbon Footprint of Global Tourism. Nature Climate Change, Mayo 2018), y la evidencia muestra que esta calificación realmente no se corresponden con la realidad. Recordemos que el consenso científico confirma que el exceso de CO2 en la atmósfera es el principal responsable del cambio climático.

El estudio examinó el impacto de actividades ligadas al turismo (transporte, eventos, hoteles, alimentación y comercio relacionado) sobre la producción de CO2 en 189 países, examinando sus respectivas Huellas de Carbono: cerca de la décima parte (8%) de las emisiones globales de CO2 son generadas por este sector de la economía. Este dato resulta preocupante si se toma en cuenta que la industria turística a nivel global crece a una tasa anual cercana al 5%, bastante por encima de otras actividades económicas.  El análisis señala al transporte aéreo como la actividad turística con la mayor cuota de responsabilidad.

Paradójicamente, es precisamente el turismo una actividad particularmente vulnerable a los efectos del calentamiento global, como la elevación del nivel del mar y el incremento en la intensidad y frecuencia de los huracanes, que ya afectan infraestructuras turísticas de islas tropicales, o la disminución de cobertura de hielo y nieve, que atrae numerosos turistas a regiones alpinas. El caso del área del Caribe es ilustrativo. De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo, el turismo es un pilar fundamental de la economía caribeña, que representa 41% de la exportación de bienes y servicios en la región, y provee 12,6% del empleo total. La devastación generada en el Caribe por el Huracán Irma (2017) tipifica la gravedad de esta problemática. Se predice que la región caribeña será el destino turístico de mayor riesgo en el mundo, entre 2025 y 2050.

¿Ahora que ya han sido documentados, cómo se podrían mitigar estos impactos del turismo? Sería necesario promover un turismo más amigable con el ambiente, que incentive actividades con baja producción de carbono. Aquí juega un papel fundamental la educación e información al turista, así como la acreditación y certificación de los servicios asociados al turismo. En el caso del transporte aéreo, ya existen mecanismos voluntarios de compensación, que involucran el pago por siembra de árboles. Las acciones y la cooperación de cada uno de los responsables, industria turística y turistas, pueden promover cambios que beneficien la salud del planeta.


(*) Licenciado en Biología, PhD. en Biología. Miembro del equipo profesional internacional de VITALIS basado en Barcelona, España. mvillegas@vitalis.net

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En Bogotá, el clima ya cambió.

Por Juan Andrés Beltrán (*) @JandresNTN24

Si usted es habitante de la capital Colombiana, debe saber que está ubicada a 2600 metros del nivel del mar y probablemente habrá notado una variación en el estado del tiempo durante los últimos años.

Ahora el “sol picante” es más frecuente, alcanzando mediciones históricas; por ejemplo en febrero de 2017 el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) registró en Bogotá una temperatura de 25.1°C, igualando a ciudades costeras del país latinoamericano.

Las “heladas” con temperaturas de hasta 1°C que perturban la salud de los capitalinos y afectan los cultivos ubicados en las sabanas, el aumento en las precipitaciones que generan inundaciones y las ahora frecuentes tormentas eléctricas hacen parte de las evidencias de que en Bogotá “El clima ya cambió”.

¿Somos responsables?

A mediados de 2017 el IDEAM presentó un alarmante informe en donde Bogotá encabezaba la lista de ciudades del país con mayor vulnerabilidad frente al cambio climático, e hizo un llamado urgente a la implementación de políticas de adaptación, pese a ello a finales del mismo año el laboratorio de la calidad del aire de la Universidad Distrital alertó sobre la contaminación presente en algunos sectores de la capital, en donde fue comparada con “fumarse dos cigarrillos al día”.

Hace apenas dos meses la Secretaria de Ambiente de Bogotá decretó una alerta amarilla por la calidad del aire debido a que los niveles de material particulado superaban por más del doble a los fijados por la Organización Mundial de la Salud. Pese a que según las autoridades distritales la emergencia fue superada, la invitación a los bogotanos es a la “racionalización del uso de vehículos y optar por alternativas como la bicicleta o caminar”.

La vegetación presente en los cerros orientales realiza procesos adaptativos ante este fenómeno, e intenta de forma silenciosa regular los altos niveles de gases contaminantes producidos por los habitantes de Bogotá e inconscientemente purificar nuestro aire, mientras en las calles capitalinas gran parte de los ciudadanos continúan su día a día sin ser conscientes del llamado urgente de la naturaleza a modificar comportamientos que atenten contra el medio ambiente.

En palabras de la activista ambiental ganadora del premio Goldman “Nobel” de medio ambiente Terry Swearingen “Vivimos en la tierra como si tuviéramos otra a la que ir”.


La empresa “Metro de Bogotá” estima talar 1373 árboles como parte de la modernización del transporte público en la ciudad, que según la entidad una vez finalicen las obras, serían reemplazados por 2920 árboles nuevos. ¿Aquí también aplica la resurrección?, me pregunto nuevamente ¿Somos responsables?.

(*) Periodista Programa La Noche, NT24, Bogotá – Colombia

Estados Unidos se retira del Acuerdo de París

Trump convierte a Estados Unidos en un país paria, una amenaza efectiva a la seguridad y la estabilidad de toda la humanidad.

Por Julio César Centeno, PhD.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado la decisión de retirar a su país del acuerdo histórico sobre el cambio climático alcanzado en París en el 2015, tras 25 años de negociaciones en el seno de la ONU. En ese momento fue suscrito por 197 países.

El Acuerdo de París tiene por objeto evitar que el aumento en la temperatura superficial promedio del planeta supere los 2ºC para finales de siglo con respecto a la época pre-industrial. Establece el compromiso colectivo de realizar todos los esfuerzos posibles para limitar el aumento a 1,5ºC. Hasta el momento ha sido ratificado por 147 países, responsables por el 80% de las emisiones.

En diciembre 2015 el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificó el acuerdo de «un éxito monumental para la gente y para nuestro planeta«, porque representa un fundamento para «extinguir la pobreza, apuntalar la paz y asegurar una vida sostenible para todos«. A juicio del antiguo máximo responsable del organismo, supone también un «punto de inflexión» en los esfuerzos para «reducir las amenazas relacionadas con el cambio climático«. Trump banaliza todas estas esperanzas.

Para finales del 2016 el aumento en la temperatura superficial promedio era de 1.2°C, mientras la concentración de CO2 en la atmósfera superaba las 403 partes por millón. La posibilidad de limitar el aumento de temperatura a 1.5°C para finales de siglo es un espejismo. Para evitar que el aumento en temperatura supere los 2°C para finales de siglo la concentración de CO2 en la atmósfera no debe superar las 450 ppm. Con un aumento en la concentración de 0.52% interanual en la actualidad, este límite se superará en apenas 20 años.

“Si no actuamos con determinación ante el calentamiento global, enfrentaremos migraciones masivas, ciudades sumergidas, naciones desplazadas, destrucción de fuentes de alimentos y conflictos provocados por la desesperanza… Debemos superar la pobreza sin condenar a nuestros niños a un planeta más allá de su capacidad para repararlo”. – Barack Obama, Asamblea General de la ONU, septiembre 2016.

Las tendencias actuales conducen hacia un aumento en la temperatura superficial promedio entre 3,7 y 4,8°C para finales de siglo en relación con la época pre-industrial (IPCC 2014). Estas tendencias representan una emergencia planetaria sin precedentes en la historia de la humanidad. Un aumento de 4°C no se ha registrado desde mediados del Mioceno, hace 10 millones de años. Las tendencias actuales conducen a la transformación del mundo que le dejamos a nuestros descendientes más inmediatos en un planeta hostil y desconocido por la especie humana.

El Acuerdo de Paris no es una panacea. En el caso poco probable de que todas las promesas realizadas en París en diciembre del 2015 se cumpliesen a cabalidad, incluyendo las de Estados Unidos, la humanidad quedaría encauzada en una ruta tendiente a un aumento de temperatura promedio entre 3°C y 3,5°C.

En el período interglaciar Emiense, cuando la temperatura superficial promedio aumentó 2°C sobre el promedio de la época preindustrial, el nivel del mar oscilaba entre 5 y 9 metros sobre el nivel actual. El límite de los 2°C no garantiza seguridad, pues provocaría un aumento en el nivel del mar de varios metros, junto a numerosas otras consecuencias disruptivas para los ecosistemas y la sociedad humana… Un aumento en la temperatura superficial promedio de 2°C sobre el promedio de la época preindustrial es altamente peligroso – NASA, Columbia University, Institut Laplace, Academia de Ciencias de China. Atmos. Chem. Phys. Discuss., 15, 20059–20179, 2015.

Para evitar que la concentración de CO2 en la atmósfera supere las 450 ppm para finales de siglo, es necesario reducir sus emisiones en al menos un 50% para el 2050 y eliminarlas para finales de siglo. Esto implica dejar bajo tierra al menos dos tercios de las reservas probadas actuales de hidrocarburos.

“La estabilización de la concentración de CO2 entre 400 y 450 ppm, frecuentemente asociada a un aumento ‘aceptable’ de temperatura de 2°C, tiene una alta probabilidad (68%) de provocar aumentos en el nivel del mar de más de 9 metros sobre el actual. Para evitar aumentos significativos en el nivel del mar a largo plazo, la concentración atmosférica de CO2 debe reducirse a niveles similares a los de la época preindustrial: 280 ppm”.  -Academia Nacional de la Ciencia de EUA – PNAS vol. 110 no. 4 2012.

En enero 2017 la NOAA (US National Oceanic and Atmospheric Administration) reportó que el gobierno federal había elevado sus proyecciones sobre el aumento en el nivel del mar a 8 metros para el 2100, lo que sumergiría bajo las aguas a múltiples ciudades costeras alrededor del mundo, incluyendo ciudades norteamericanas como New York, Boston, Miami (http://www.globalresearch.ca/paris-climate-accord-doesnt-go-far-enough-but-trumps-pullout-will-endanger-life-on-earth/5592883).

En su informe al congreso, titulado Implicaciones a la Seguridad Nacional del Calentamiento global, 2015, el Pentágono advierte que el calentamiento global es un “multiplicador de amenazas” a la seguridad nacional de los Estados Unidos (2015May27 Ref ID: 8-6475571).  “El calentamiento global es una amenaza urgente y creciente a nuestra seguridad nacional, contribuyendo al aumento en desastres naturales, el flujo de refugiados y conflictos por recursos como el agua y los alimentos. Estos impactos ya están ocurriendo, mientras que el alcance, la escala y la intensidad de estos impactos aumentarán con el tiempo

El calentamiento global tendrá múltiples efectos sobre la seguridad nacional de los Estados Unidos en el futuro previsible. Agravará problemas ya existentes, tales como la pobreza, las tensiones sociales, la degradación ambiental y la ineficiencia de los liderazgos. Amenazará la estabilidad domésticas de múltiples países”.

El retiro de Estados Unidos del acuerdo implica que evadirá las gigantescas responsabilidades que le corresponden por ser el país con las mayores emisiones acumuladas en la atmósfera en los últimos 100 años. Implica además que continuará contaminando la atmósfera global en proporciones exageradas con respecto a su población, acaparando abusivamente el diminuto cupo atmosférico disponible para impulsar el desarrollo de toda la humanidad.

Estados Unidos, con sólo el 4% de la población mundial, es responsable por el 26% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera entre 1900 y el 2014. Los países industrializados, con el 18% de la población actual, son responsables por el 72% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera en ese mismo período.

La amenaza climática que se cierne en la actualidad sobre toda la humanidad, especialmente sobre la mayoría empobrecida, es responsabilidad principalmente de una minoría privilegiada de la población mundial, mas rica y tecnológicamente mas avanzada, pero que se niega a asumir tales responsabilidades. La decisión tomada por Trump es una vergonzosa traición no sólo contra el resto de la humanidad, sino contra los intereses de generaciones futuras.

La «Farsa china»

Durante su campaña electoral, Trump se comprometió a retirar a EE.UU. del acuerdo de París porque, en su opinión, es perjudicial para la economía estadounidense. Además, proclamó en repetidas ocasiones que el cambio climático era una «farsa china«.

Durante mi administración alcanzaremos una independencia energética total. Completa. Imagínense un mundo en el que nuestros enemigos no puedan utilizar la energía como un arma. Ocurrirá. Vamos a ganar«. Prometió aumentar la producción de carbón, petróleo y gas para alcanzar esta meta (https://www.theguardian.com/environment/2016/nov/11/trump-presidency-a-disaster-for-the-planet-climate-change)

Irónicamente, en Diciembre del 2009 Donald Trump suscribió una comunicación dirigida a Barack Obama, publicada en una página completa del New York Times, en la que un grupo de empresarios exigía acciones efectivas para combatir el calentamiento global: “Permita por favor que los Estados Unidos sirva como modelo del cambio necesario para proteger a la humanidad y al planeta. Si no actuamos ahora, es científicamente irrefutable que se precipitarán consecuencias irreversibles y catastróficas para la humanidad y para nuestro planeta(http://grist.org/politics/donald-trump-climate-action-new-york-times/)

Al llegar a la Presidencia de EUA, Trump eligió como director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) a Scott Pruitt, un escéptico del cambio climático que había demandado judicialmente en 14 ocasiones a la institución que ahora dirige. Pruitt sostenía que la EPA era una agencia contraria a los intereses económicos de los Estados Unidos, por lo que debía ser eliminada.

Travis Fisher, del Departamento de Energía, escribió un informe en el que destaca que “la política de energía limpia es la amenaza mas grande a la red eléctrica nacional, superior a las amenazas de los ciber-ataques, el terrorismo y los eventos climáticos extremos”. Según Fisher la energía eléctrica solar y la eólica no son confiables. Fisher ha sido encargado por el nuevo secretario de energía, Rick Perry, para realizar un diagnóstico de la confiabilidad de la red eléctrica nacional. Se espera que concluya en un ataque a las energías renovables y un impulso al carbón y a la energía nuclear (https://www.desmogblog.com/2017/05/31/meet-man-who-said-clean-energy-policies-are-greatest-threat-to-power-grid).

Por su parte Rex Tillerson, Secretario de Estado, durante su interpelación en el Congreso previo a su confirmación en el cargo, sostuvo que EUA debería mantenerse en el Acuerdo de París.

Un grupo de senadores republicanos divulgó una comunicación enviada a Trump el 25 de Mayo 2017 en la que solicitan el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Paris. Enfatizan la incongruencia entre los compromisos asumidos en este acuerdo y la decisión de eliminar el Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan) impulsado por el gobierno de Obama. Señalan que este plan es sólo una carga regulatoria que le impide al sector empresarial generar empleos y desarrollar la economía. “Ud. le ha girado instrucciones a la Agencia de Protección Ambiental para que desmantele el Plan de Energía Limpia. Una de las órdenes ejecutivas mas importantes que Ud. ha firmado es la EO 13783, para promover la independencia energética y el crecimiento económico… Es necesario tomar medidas para asegurar que estos objetivos se cumplan”.

El Plan de Energía Limpia fue aprobado por Obama en Agosto 2015 con el objeto de reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero provenientes de las plantas de generación eléctrica en un 32% para el 2030 en relación con las del 2005. Se enfoca en la reducción de las emisiones de CO2 provenientes de las plantas termoeléctricas que consumen carbón mineral y en el aumento de la generación de electricidad a partir del gas natural y fuentes renovables.

Según la EIA (Energy Information Administration), el consumo de carbón en plantas termoeléctricas emitía 1.364 millones de toneladas métricas de CO2 por año en el 2015, el 71% de todas las emisiones de CO2 provenientes del sector eléctrico. Con la migración a energía eólica, por ejemplo, las emisiones se reducirían significativamente, reduciendo al mismo tiempo los costos de generación. La migración a gas natural produjo efectos similares, haciendo económicamente inviable la generación de electricidad a partir de la combustión de carbón mineral en docenas de plantas alrededor del país. El uso de gas no sólo es mas económico, sino que reduce las emisiones de CO2 a la mitad en comparación con el uso de carbón mineral por unidad de electricidad generada.

En la cumbre de los países del G7 celebrada en Mayo 26-27, 2017 en Sicilia, por primera vez no fue posible una declaración conjunta sobre el tema. Estados Unidos insistió en que se encontraba «en proceso de revisión de su política en el ámbito del cambio climático y del Acuerdo de París«, según el comunicado final. Los otros seis países confirmaron los compromisos asumidos en este acuerdo: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Japón y Canadá.

Por su parte,  China y la Unión Europea han reafirmado el cumplimiento de sus respectivas obligaciones. En un comunicado conjunto señalan: “El calentamiento global es un asunto de seguridad nacional y un factor multiplicador de fragilidad social y política. La Unión Europea y China consideran que el Acuerdo de París es un logro histórico que acelera el irreversible giro global hacia un desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero… El Acuerdo de Paris es una demostración de que, con determinación política compartida y confianza mutua, el multilateralismo puede tener éxito en la construcción de soluciones efectivas a los mas críticos problemas de la actualidad. China y la Unión Europea subrayan su compromiso al mas alto nivel político para la efectiva implementación del Acuerdo de Paris in todos sus aspectos

Rusia también ha confirmado que mantiene los compromisos asumidos en Paris, reconociendo que el acuerdo se verá debilitado con el abandono de los Estados Unidos. “Es evidente que la efectividad de la convención se reducirá sin la presencia de actores claves” (BBC http://www.bbc.com/ news/world-asia-40118690).

La decisión de Trump para abandonar el acuerdo ha desatado la indignación tanto en la comunidad científica como en la población de EE.UU. A finales de abril, miles de personas de todo el país marcharon a favor del medio ambiente y contra Trump bajo los lemas «No tenemos un planeta B«, «El cambio climático es real» o «No hay trabajo en un planeta muerto«.

Un amplio rango de empresas norteamericanas se opone a la decisión de Trump, incluyendo a Apple, Facebook, Google, LeviStrauss, Unilever, DuPont, eBay, Nike. Un comunicado suscrito por 1.000 empresas señala: “Si fallamos en la construcción de una economía baja en emisiones de carbono pondremos en peligro la prosperidad americana” (Guardian 010517)

Al sacar a EUA del pacto, Trump no solo se desprende del legado de su predecesor, Barack Obama. También lanza una clara señal al resto del mundo acerca de que EUA no considera el cambio climático como una prioridad. Otros países seguirán su vergonzoso ejemplo, con el argumento de que no podrían competir económicamente en el mercado internacional con un país con ilimitadas emisiones de gases de efecto invernadero. Algo similar ocurrió cuando Estados Unidos se retiró del Protocolo de Kioto en el 2001, con la llegada a la presidencia de George Bush Jr. La decisión fue seguida por Canadá, Australia y Japón entre otros.

Durante las negociaciones que condujeron al Acuerdo de París, la delegación norteamericana ya había contribuido al significativo debilitamiento del acuerdo al insistir en que:

  1. a) no fuese jurídicamente vinculante;
  2. b) que se excluyera de su texto la obligación de los países industrializados de canalizar al menos 100.000 millones de dólares anuales a los países en desarrollo para el financiamiento de actividades de mitigación y adaptación al calentamiento global;
  3. c) que se excluyera toda referencia a las responsabilidades por las emisiones acumuladas en la atmósfera desde la época pre-industrial hasta el 2015 emitidas por cada país.
  4. d) que se excluyera toda referencia a la obligación de transferir recursos financieros y tecnológicos de los países industrializados a los países en desarrollo, en condiciones preferenciales, para asistir en las actividades de mitigación de emisiones y la adaptación al calentamiento global en el mundo en desarrollo.

Los burócratas negociadores en París finalmente cedieron ante estas exigencias. El compromiso de los 100.000 millones de dólares anuales fue efectivamente excluido del Acuerdo de Paris. Quedó registrado sólo como una “intención” en las actas de la Conferencia de las Partes COP-21. (Fraude en Paris. Enero 2016)

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha aseverado que el abandono del acuerdo podría socavar la seguridad nacional y la economía de EE.UU. Además, advirtió de que si un país decide dejar un vacío, alguien más lo ocupará. “El Acuerdo de Paris es esencial para nuestro futuro común. Es importante que la sociedad norteamericana y el mundo empresaria se movilice para preservar el Acuerdo de Paris como garantía de un futuro para nuestros hijos y nietos

Al retirase del Acuerdo de París, el presidente Trump convierte a Estados Unidos en un país paria, en una amenaza efectiva a la seguridad y la estabilidad de toda la humanidad.

El lider mas poderoso del mundo esta amenazando la seguridad de todo el planeta”, señala el premio Nobel de economía Paul Krugman en el New York Times del 29 05 2017. “Quizás sea removido de la escena antes de que el daño sea irreparable”.

Michael Oppenheimer, profesor de geo-ciencia en la Universidad de Princeton y miembro del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático destacó: “Ahora es mucho mas probable que rebasemos el peligroso límite de los 3.6°C, un aumento en la temperatura superficial promedio con condiciones extremas irrevocables. No es el mundo en que queramos vivir” (NYT may 31 2017).

El astrofísico Neil deGrasse Tyson declaró con sarcasmo: “Si mis asesores y yo nunca hubiésemos aprendido lo que es la ciencia y como funciona, seguramente que también habríamos considerado retirarnos del Acuerdo de Paris” (@neiltyson 31 05 2017)

Kevin Trenberth, del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de los Estados Unidos (US National Center for Atmospheric Research) declaró con anticipación: “Es un desastre para el planeta” (The Guardian 111116)

(*) Profesor Investigador, Jc-centeno@outlook.com

 

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