Huracanes, calentamiento global y ciudadanía

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Fauna silvestre y sustentabilidad

Por Martín Correa-Viana (*)

La concepción del uso racional de los recursos bióticos guarda paralelismo con el albor de nuestros antepasados. Sin los conocimientos y técnicas actuales, de manera quizás intuitiva, Homo sapiens, durante el Paleolítico, aplicó pautas para recolectar especies vegetales, aprovechar organismos animales y preservar los hábitats asociados.

En 262 aC Azoca en la India, promulgó un edicto para proteger los bosques y animales montaraces. A lo largo del siglo XVIII, los leñadores alemanes mantuvieron un balance “sustentable” entre la tala y el cuidado de los árboles.

Durante los años 80 del siglo pasado, se introdujeron los términos biodiversidad (Walter G. Rosen, 1986) y Desarrollo Sustentable (Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, 1988), impulsando la internalización de una nueva visión para utilizar los recursos ambientales.

El concepto de biodiversidad cambió la perspectiva de valorar a los organismos vivos usando como criterio preferente su variedad. Se incorporó la variabilidad desde las variantes genéticas propias de la especie al conjunto de especies, géneros, familias y niveles taxonómicos superiores; para abarcar comunidades, ecosistemas, paisajes, componentes abióticos y las condiciones en las cuales viven los organismos.

El término Desarrollo Sustentable se propuso para disipar la ambigüedad entre desarrollo y crecimiento. Su objetivo es satisfacer las necesidades de la generación actual sin menoscabar el derecho de las futuras generaciones de acceder y utilizar los recursos para suplir sus propios requerimientos. Desde un enfoque bioecológico, la sustentabilidad se relaciona con la perennidad productiva de los sistemas biológicos, el funcionamiento de los ecosistemas, la continuidad espacial y temporal de los servicios que éstos prestan y el equilibrio dinámico entre las especies y los recursos de su entorno.

Nuestra subsistencia depende de la biodiversidad. En consecuencia, para diseñar un plan de desarrollo sustentable de la fauna silvestre se necesita información acerca de:

1. Amenazas,

2. Acciones para eliminar o minimizar esas amenazas,

3. Identificación y valoración del patrimonio zoocultural material e inmaterial y

4. Composición, estructura y función desde el nivel gen hasta el paisaje. Esto es: la heterósis, especies presentes, su riqueza y abundancia relativa, abundancia relativa de los ecosistemas, grado de conectividad y fragmentación de los hábitats, número de hábitats, ecología poblacional, polinización, ciclos de nutrimentos, perturbaciones naturales, entre otras.

En este sentido, un plan de desarrollo sustentable para la fauna silvestre contemplaría:

1. Análisis y redimensión de las políticas nacionales.

2. Revisión y adecuación de leyes para eliminar actividades ilegales y fiscalizar proyectos susceptibles de afectar negativamente a la fauna silvestre, regular la cacería consuntiva, ordenar la actividad cinegética y los zoocriaderos.

3. Elaboración y ejecución de planes estadales y municipales con participación de comunidades indígenas y locales.

4. Restauración y creación de áreas protegidas.

5. Establecimiento de centros de rescate y rehabilitación.

6. Fundación y fortalecimiento de estaciones biológicas y centros universitarios dedicados a la investigación.

7. Promulgación de normas para establecer y manejar reservas privadas de biodiversidad y estaciones biológicas en hatos y haciendas.

Resulta incuestionable que la humanidad tiene en la biodiversidad su tesoro más preciado y la fauna silvestre es uno de sus componentes inestimables.

En Vitalis hemos hecho un esfuerzo divulgativo para apoyar la conservación de especies de fauna silvestre con una campaña denominada “Tu Casa No es Su Casa” ¿Quieres saber de qué se trata? Escríbenos a info@vitalis.net.

También puedes revisar el artículo escrito por el Presidente de Vitalis sobre el comercio de fauna silvestre denominado “No seas cómplice de su extinción: Animales silvestres no son mascotas”

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*Biólogo, Master of Science y Doctor en Zoología Agrícola. Investigador del antiguo Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (MARNR) en Venezuela, Profesor titular, docente e investigador de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

Gestión de cuencas hidrográficas y ODS 6 en Venezuela - Vitalis Blog

Gestión de cuencas hidrográficas y ODS 6 en Venezuela

Por Manuel Matute Padrón (*)

Las cuencas hidrográficas constituyen las unidades geográficas y funcionales que sustentan los recursos imprescindibles para lograr el ODS 6: Agua limpia y saneamiento.

En Venezuela, estos espacios se encuentran en condiciones críticas desde el punto de vista socioeconómico y ambiental, observándose superficies arrasadas por la explotación minera al sur del estado Bolívar y en sitios del estado Amazonas, deforestaciones indiscriminadas para obtener madera y leña como combustible en casi todo el territorio nacional,  así como contaminación de sus aguas en los núcleos industriales y áreas agrícolas, incluyendo la escorrentía de aguas negras desde las zonas urbanas.

El conocimiento de la magnitud del deterioro ambiental, en general, es casi nulo a nivel nacional, porque la red de estaciones hidrometeorológicas, las mediciones de calidad de agua en ríos, embalses y pozos de agua subterránea y el estado de los acueductos no se registran. Pocas estaciones hidrométricas y climatológicas están funcionando, las plantas de tratamiento de agua potable operan sin todos los elementos y sustancias químicas requeridas, y las pérdidas de agua en los acueductos son significativas, lo cual impide obtener una visión real, cuantitativa y cualitativamente, de la situación de las cuencas y de las aguas que por ellas fluyen, dificultando realizar los diagnósticos y planes para recuperarlas y aprovechar sus recursos naturales.

En 2015 se promulgó la Ley de la Calidad de las Aguas y el Aire, contemplándose en su Artículo 44 que el ministerio con competencia ambiental diseñará planes maestros de control y manejo de la calidad de aguas específicos para cada cuenca hidrográfica en el territorio nacional, a los fines de mejorar la calidad de un determinado cuerpo de agua o de tramos de éstos.

A pesar de estas consideraciones legales, la gran mayoría de las cuencas hidrográficas presentan problemas de todo tipo: se realizan obras hidráulicas sin estudios de impacto ambiental, no se monitorean los ríos, ni volumétricamente ni en la calidad de sus aguas.  Por lo tanto, se considera conveniente proponer las siguientes acciones orientadas a mejorar la situación actual del manejo, aprovechamiento y conservación del agua para lograr el ODS 6:

  • Crear un organismo autónomo o un Instituto Nacional de Cuencas Hidrográficas, tal y como funcionó hace varios años atrás en el lago de Valencia, la cuenca del río Unare, del río Guaire y del lago de Maracaibo, cuyas funciones permitirán conocer las características, condiciones, usos previstos, tratamiento y planes de conservación de las aguas y de las obras que las regulan, conducen, recogen y tratan.
  • Recuperar y modernizar la red de estaciones hidrometeorológicas, para comunicarse con un sistema central computarizado, que permita conocer las variables climatológicas en tiempo real. En este sentido es importante convenir con Colombia, Brasil y Guyana el intercambio permanente de información hidrometeorológica, incluyendo registros de calidad de agua de los ríos transfronterizos.
  • Adaptar y aplicar la Ley Orgánica del Ambiente para minimizar los daños ambientales, principalmente la contaminación de los cuerpos de agua, degradación del suelo, deforestaciones indiscriminadas y cambios drásticos de los paisajes naturales.
  • Considerar los cambios climáticos que ocurren mundialmente, en particular los que afectan la Zona de Convergencia Intertropical donde se localiza Venezuela, en el diseño de los proyectos de obras hidráulicas, teniendo en cuenta además las invasiones, cambios de uso de la tierra y la deforestación inusual por parte de las poblaciones de menores recursos.
  • Aplicar técnicas de sectorización ambiental para maximizar el uso, aprovechamiento y ocupación del territorio nacional, zonificando y ordenando los espacios urbanos, agrícolas, forestales, turísticos y mineros.
  • Realizar un diagnóstico de todas las áreas de extracción petrolera para identificar zonas donde se han producido derrames y recuperar dichas áreas.
  • Controlar el aprovechamiento de los acuíferos para evitar su sobre-explotación
  • Aplicar “Planes de Emergencia” a muy corto plazo, con el fin de dotar a todas las plantas de tratamiento de agua, potable y servidas, de los insumos necesarios, materiales, equipos y sustancias químicas, para asegurar una calidad de agua que cumpla con las exigencias legales.
  • Revisar la permisología referente al aprovechamiento del agua, considerando que aun cuando se exigen estudios de impacto ambiental para asignar “concesiones” para su uso, en las dos últimas décadas no se han otorgado.

Cada una de estas propuestas requiere de los estudios adecuados que integren desde el necesario diagnóstico de la situación y condiciones existentes hasta las soluciones de los problemas identificados, a corto y mediano plazo, según la importancia de cada aspecto, para así coadyuvar en la disposición efectiva de Agua Limpia y Saneamiento, objetivo principal del ODS 6.

Si te interesó este artículo tal vez también quieras leer más sobre otros aspectos relacionados con el agua. Te invitamos a revisar “El acceso al agua potable y saneamiento: un derecho humano fundamental” o “El futuro de la gestión del agua en Venezuela”.

¿Quieres involucrarte en alguna actividad para conservar el agua en tu localidad? Escríbenos a info@vitalis.net

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* Ingeniero Hidrometeorologista y Master of Science de Stanford Junior University. Especialista en meteorología, hidrografía e hidrología. Ex–Presidente de la Sociedad Venezolana de Ingeniería Hidrometeorológica.

leer en playa

Tiempo libre y ocio en provecho del ambiente

Por Alberto Blanco-Uribe Quintero (*)

La Declaración de Estocolmo de 1972 reconoció el derecho al ambiente. Subsiguientes actividades de Naciones Unidas, hasta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030), han dejado claro el deber intergeneracional de gestión racional y protección de éste derecho, en beneficio de la vida.

El avance de los derechos humanos sobre el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad o auto determinación que la persona puede concebir en sí y de sí misma, en todos sus ámbitos, sin injerencias que perturben su dignidad, ha propiciado nuevos derechos. Entre ellos destacan el tiempo libre y el ocio, especialmente en interdependencia con otros como la protección de la vida privada, la salud, la calidad de vida, la creación cultural y la libertad asociativa.

Pero cuando se oye hablar de ocio la gente responde con una mueca de desaprobación, por entenderlo como inutilidad y pérdida de tiempo, lo cual es un prejuicio, pues tiene un carácter provechoso (Declaración Universal de los Derechos Humanos, UNESCO, Asociación Mundial del Ocio y la Recreación – WLRA). El ocio es una actividad positiva y enriquecedora, ligada al bienestar emocional.

Tal prejuicio se originó en la era industrial, Siglo XIX. La consigna del momento era producir al máximo, siendo lo único loable trabajar (“Ser alguien productivo”). El tiempo libre era visto como algo negativo. Salvo que ello se justificara en la necesidad de descansar, recuperarse para ser “productivo”. Incluso se acuñó aquello de que “el ocio es el padre de todos los vicios”.

Afortunadamente los diccionarios, además de acepciones prejuiciadas, nos muestran que el ocio es una actividad autotélica: divertirse mediando un hacer, a través del cual se desarrolla el ingenio y la creatividad, contando con tiempo para ello, gracias al hecho de estar libres de las ocupaciones habituales, y con resultado provechoso. Fuera de trabajar y descansar, se tiene la necesidad de alcanzar otros cometidos útiles para sí y para la sociedad.

Es solo en el ocio donde permitimos que emerjan facetas humanas que no están sujetas al imperativo de la producción y que hacen, con diversión, brotar el ingenio y la creatividad. “El ocio es el padre de todas las virtudes”. Un gran ocioso fue Leonardo Da Vinci. La sociedad debe fomentar el ocio.

Dentro del tiempo libre hay ocupaciones autoimpuestas, como el voluntariado tipo membresía en ONGs ambientalistas, que de suyo es participación solidaria en pro del ambiente (limpieza de playas, reforestación, sensibilización, formación); y las de ocio: diversión, ingenio, creatividad, utilidad, que no son trabajo, no implican remuneración ni obligación (huertos caseros, compost, reciclaje y reutilización, reparación, investigación y redacción de artículos como éste, preparación y dictado de cursos, escritura de textos, realización de videos…). El ocio podría desembocar en una obra literaria, pictórica, fórmula química, una mejor tecnología, un emprendimiento, un juego ecológico, etc.

Seamos voluntarios ambientalistas y también ociosos del ambiente: divirtámonos y retemos nuestro ingenio creativo.

¿Te gustó este artículo? Te invitamos a revisar este otro, relacionado con el tema, sobre “Tradiciones Populares y Educación Ambiental: Los Juegos“. Si deseas aprender herramientas didácticas creativas para aprovechar el tiempo libre visita nuestra oferta de cursos en línea aquí

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(*) Abogado, profesor universitario, asesor, consultor y litigante en materia de Derecho Constitucional, Derechos Humanos, Derecho Ambiental, Derecho Administrativo y Derecho Tributario. Colaborador de Vitalis. https://www.linkedin.com/in/alberto-blanco-uribe-b004329/

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“Más leña al fuego”: Impactos socioambientales del aprovechamiento de leña en Venezuela

Por Luis Alejandro Padrino (*)

Cuando vemos una chimenea emitiendo humo lo menos que nos pasa por la mente es que se trate de algún tipo de energía renovable. Lo cierto es que la leña -un tipo de biomasa forestal usado como biocombustible– constituye la primera fuente de energía aprovechada por el ser humano, principalmente para la cocción de alimentos y calefacción. Inclusive en la actualidad la leña, y otros tipos de biomasa, siguen teniendo gran peso como fuentes de energía en muchos países.

La clasificación de la biomasa como una fuente de energía renovable puede parecer algo contradictorio y de hecho es un punto que divide a los expertos. En el caso de la biomasa vegetal, cuenta con la capacidad de regenerarse y de volver a capturar, a través de la fotosíntesis, las emisiones de CO₂ que se habrían emitido por su combustión, a diferencia de los combustibles fósiles como el carbón, el gas o el petróleo cuyas emisiones no son compensadas de manera natural.

Sin embargo, el aprovechamiento de cualquier tipo de recurso natural o fuente de energía renovable o no renovable, genera impactos socioambientales y externalidades negativas. En el caso del aprovechamiento de leña y biomasa forestal estos impactos están relacionados con la degradación de los ecosistemas forestales cuando no se aplican políticas para su aprovechamiento sostenible y con la afectación de la salud humana al reducirse la calidad del aire en interiores debido a la carencia de equipos de combustión adecuados para quemar este tipo de combustibles.

En Venezuela el uso de leña como fuente de energía es bastante extendido en comunidades rurales que a lo largo de muchos años desarrollaron el conocimiento tradicional para su aprovechamiento sostenible y un uso relativamente seguro con impactos limitados. Sin embargo el planteamiento de un aprovechamiento a mayor escala puede tener serias implicaciones para la conservación de los bosques del país y su uso o combustión en áreas urbanas y espacios cerrados podría incrementar la incidencia de enfermedades respiratorias, principalmente en estratos sociales de bajos recursos y particularmente en mujeres.

Desde este punto de vista, la leña y otros tipos de biomasa tienen un amplio potencial como fuente de energía renovable solo si estos recursos son aprovechados de una manera sostenible, planificada y con base en criterios técnicos y científicos. El marco legal venezolano cuenta con los instrumentos y mecanismos para una gestión sostenible de los bosques y de la biomasa forestal, estando establecidos en la Ley de Bosques y en diversas resoluciones que detallan las normas y restricciones para el aprovechamiento de especies forestales en bosques naturales o plantados, pero es indispensable que las autoridades e instituciones del Estado se aboquen al cumplimiento de esas regulaciones.

Es imprescindible que el liderazgo del país promueva políticas públicas para superar el aprovechamiento insostenible de la leña como combustible, pero de igual manera es necesario que se establezca una hoja de ruta para superar la dependencia de combustibles fósiles e impulsar una transición energética sostenible, justa e inclusiva.

¿Te gustaría involucrarte en acciones para conservar los recursos de tu localidad? Escríbenos a info@vitalis.net

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(*) Ingeniero Agrónomo, Especialista en Liderazgo, Cambio Climático y Ciudades, Diplomado en Mercados de Carbono. Director de Grupo Ambing, C.A. y VenezuelaCO₂. @padrinoluisale

Biden's President courtesy of NYTimes

Los desafíos ambientales de Biden.

Por Andy Caviedes, Diego Díaz-Martín, Eduardo Rivero y Andrea Alvarez (Vitalis USA) *.

Los ciudadanos norteamericanos se expresaron y Joseph Robinette Biden Jr., es ahora el 46° presidente electo de Estados Unidos. Más personas que nunca votaron en estas elecciones. Incluso en medio de una pandemia, la democracia se practicó como nunca antes.

Muchos factores influyeron en esta decisión. Uno de ellos, la posición de Biden en temas ambientales.

En Vitalis, organización con más de 20 años de experiencia en temas ambientales de importancia internacional, nos gustaría compartir algunos de los desafíos ambientales que enfrentará el nuevo presidente electo. Nuestro propósito es llamar la atención de las nuevas autoridades sobre la conservación de los recursos naturales, los servicios públicos y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre otros temas.

• Cambio climático. Los demócratas son conocidos por creer en los efectos del cambio climático y parecen comprometidos con la protección de los recursos naturales de Estados Unidos, asegurando la calidad del aire, el agua y la tierra para las generaciones actuales y futuras. El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ignoró este tema. Incluso calificó el cambio climático como “un engaño” y retiró a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París, sin tomar en cuenta las recomendaciones de la comunidad científica. Esperamos que la administración de Biden pueda revertir ese error.

• Transición energética. Uno de los cambios más importantes que experimentará Estados Unidos durante la nueva administración ambiental, podría ser la transición energética. Biden prometió inversiones federales muy importantes para facilitar el fortalecimiento de las energías renovables, así como para impulsar el ahorro y otras tecnologías de reducción de carbono, mientras reduce las emisiones industriales con regulaciones estrictas. Para todo esto, el fortalecimiento de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, es vital.

• Carbono Neutral. Biden propone que el sector de energía eléctrica estará libre de emisiones fósiles para el año 2035. Esto permitiría que el país tenga cero emisiones netas en 2050. Entre sus promesas, también está la creación de un Estándar Federal para Eficiencia Energética y Electricidad Limpia (EECES), que ayudaría a brindar y garantizar incentivos a los productores de energía para descarbonizar sus operaciones. Este plan no solo mostraría su apoyo a las fuentes de energía como la hidroeléctrica, sino también proporcionaría inversiones gubernamentales para promover la instalación de millones de paneles solares y miles de turbinas eólicas, impulsando el uso y explotación de tecnologías renovables.

• Ecoeficiencia. Los demócratas parecen comprometidos a abordar los mayores desafíos ambientales en Estados Unidos, tales como invertir en energía limpia o proteger los ecosistemas, facilitando el camino hacia un desarrollo sostenible. Eso incluye la aplicación del enfoque de ecoeficiencia, promoviendo miles de millones de dólares en inversiones del sector privado para modernizar 4 millones de edificios, la climatización y mejora de los sistemas de energía en hospitales, escuelas, viviendas públicas y edificios municipales, entre otras áreas. Un buen ejemplo podría ser la ecoeficiencia en las instalaciones federales, incluida la Casa Blanca.

• Entornos naturales y Áreas Protegidas. Los demócratas han afirmado que están restaurando algunas de sus más preciadas áreas naturales, aunque no aportan evidencias. Este tema tan importante debe fortalecerse con la participación de universidades, ONG, empresas provadas e instituciones federales. Las áreas protegidas gestionadas de manera eficaz son una herramienta fundamental para salvaguardar la biodiversidad, preservar los servicios ambientales, mantener el equilibrio de los ecosistemas, preservar hábitats, desarrollar resiliencia al cambio climático y apostar a la seguridad alimentaria. Esto también es crucial para mantener la calidad del agua, conservar los recursos naturales, impulsar el éxito económico, frenar la propagación de enfermedades y plagas y brindar muchos otros beneficios a la vida silvestre, los ecosistemas y la salud humana.

• Biodiversidad. El nuevo gobierno de Biden deberá trabajar en preservar más de 1.300 especies amenazadas o en peligro de extinción en los Estados Unidos. Este número incluye plantas y animales tan raros o únicos que están en peligro de extinguirse. Para ello, se requiere fortalecer el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, incluyendo otros esfuerzos nacionales y regionales para valorar y conservar las especies silvestres del país asegurando la presentación de la biodiversidad.

• Agua. La administración de Biden también deberá cooperar con agencias locales, estatales y federales para recolectar y tratar el agua, asegurando su gestión integral en todo el país. Los problemas que afectan el saneamiento y suministro de agua potable en los Estados Unidos incluyen la escasez de agua, la contaminación, inversión deficiente, la asequibilidad del agua y jubilaciones aceleradas del capital humano.

• En Norteamérica, todas las nuevas actividades ambientales deben realizarse trabajando con las comunidades locales para conservar y restaurar bosques, praderas y humedales para las generaciones venideras, y garantizar la integridad de las aguas de las que los estadounidenses dependen todos los días para beber, nadar y pescar. Todo esto apoyando iniciativas que restauren ríos, mares, océanos y cuencas hidrográficas, entre otros ecosistemas acuáticos.

• Transporte. El gobierno de Biden debe promover sistemas sostenibles que conecten todo el país, protegiendo, conservando y restaurando áreas silvestres y reduciendo los impactos negativos en los entornos urbanos. La promoción de nuevas tecnologías en el sistema de transporte es un área importante que se puede lograr uniendo esfuerzos con universidades, centros de investigación y otras instituciones estatales y federales.

• Residuos sólidos. Los norteamericanos desechan 3 kg de residuos por persona todos los días, lo que significa alrededor de 1095 kg por estadounidense cada año. Esto equivale a un asombroso 90 por ciento de todas las materias primas extraídas en los Estados Unidos, las cuales terminan en vertederos o se queman en incineradores. Los nuevos líderes federales, en conjunto con las autoridades locales, deben abordar el Manejo Integrado de Residuos Sólidos, combinando principios de ingeniería y distintas prácticas de gestión de residuos, utilizando incentivos administrativos y legales para favorecer su reducción, reutilización y reciclaje.

Dicho todo esto, podemos ver que los desafíos ambientales que tiene Estados Unidos son muchos.

Vitalis busca apoyar la conservación del medio ambiente y los recursos naturales de Estados Unidos. Estamos convencidos que cuidar del medio ambiente conlleva una economía más fuerte, y que esto es la base del desarrollo sostenible, accíón que no puede lograrse solo con la participación de un sector.

Aunque es una responsabilidad compartida, en donde el gobierno federal tiene competencias muy importantes, Vitalis propone que actuemos juntos, trabajadores, funcionarios, profesionales, periodistas, influencers, emprendedores, científicos, profesores, ciudadanos del sector público y privado, y comunidades artísticas y culturales, entre muchos otros. Somos más fuertes si trabajamos juntos, y debemos ser del mismo equipo para un futuro sostenible.

Ojalá las promesas del presidente electo se cumplan. Desde la sociedad civil estaremos pendientes de estos temas ambientales de importancia para los Estados Unidos, y para todo el planeta.


Más información sobre nuestra organización: vitalis.net. Redes sociales @ONGVitalis. Correo Electrónico: info@vitalis.net

Biden's President courtesy of NYTimes

Biden’s Environmental Challenges

By Andy Caviedes, Diego Díaz-Martín, Andrea Alvarez & Eduardo Rivero, (Vitalis USA) (*)

North American citizens have spoken and Joseph Robinette Biden Jr. is now the 46th U.S. President-elect. More people than ever have voted in this election, even in the middle of a Pandemic. Democracy was exercised as never before.

Many factors have influenced this decision. Among them, Biden’s position on environmental issues.

At Vitalis, an organization with 20 years’ experience in international environmental conservation matters, we would like to share some environmental challenges for the president-elect. Our purpose is to call to the attention of new authorities’ interest regarding natural resources conservation, public services, and the achievement of sustainable development goals.

Main environmental challenges for the president-elect:

• Climate Change. Democrats are known for believing in the effects of climate change, and they seem committed to protecting America’s natural resources, ensuring the quality of air, water, and land for current and future generations. Current U.S. President Donald Trump ignored this subject, calling climate change “a hoax,” and withdrawing the USA from the Paris Climate Agreement, disregarding the scientific community. We hope Biden’s administration could reverse that mistake.

• Energy Transition. One of the most important changes that the United States would experience within the new environmental administration could be the energy transition. Biden promised important federal spending to ease and facilitate the expansion of renewable energy generation and to drive savings and other carbon reduction technologies while reducing industrial emissions with tough regulations. For all this and more, the strengthening of the United States Environmental Protection Agency is vital.

• Carbon Neutral. Biden assures a fossil emission-free electric power sector by 2035. This would allow the country to become a net-zero emitter by 2050. Among his promises, also is the creation of a Federal Standard for Energy Efficiency and Clean Electricity (EECES), which would help provide and guarantee incentives to energy producers to decarbonize operations. This plan not only shows its support for energy sources such as hydroelectric but also provides government investment to promote the installation of millions of solar panels and thousands of wind turbines in order to boost the use and exploitation of renewable technologies.

• Eco-efficiency. From investing in clean energy to protecting our ecosystems, democrats seem committed to addressing some of the biggest environmental challenges, paving the way to more sustainable development in America. That includes the application of the eco-efficiency approach, incentivizing tens of billions of dollars in private sector investment to retrofit 4 million buildings, including weatherization and upgrading energy systems in hospitals, schools, public housing, and municipal buildings, among others. A good example could be the eco-efficiency in federal facilities, including the White House.

• Landscapes and Protected Areas. Democrats have affirmed that they are restoring treasured landscapes. This important matter should be strengthened with the participation of universities, NGOs, and federal institutions. Effectively managed protected areas are a critical tool for safeguarding biodiversity, preserving environmental services, maintaining ecosystem balance, preserving crucial habitats, building resilience to climate change and providing global food security. This is also crucial for maintaining water quality, conserving natural resources, driving economic success, curbing the spread of diseases and pests, and providing many other benefits to wildlife, ecosystems and human health.

• Biodiversity. Biden’s new government should work on preserving over 1,300 endangered or threatened species in the United States. Today this number includes plants and animals that have become so rare they are in danger of becoming extinct. For this, it is required to strengthen US Fish & Wildlife Service, as well as other national and regional efforts to value and conserve wild species throughout the country.

• Water. Biden’s administration should also cooperate with Local, State, and Federal agencies to collect and treat water, to assure its integrated management nationwide. Issues that affect drinking water supply and sanitation in the United States include water scarcity, pollution, a backlog of investment, concerns about the affordability of water for the poorest, and a rapidly retiring workforce.

• Land conservation & new environmental activities. The new administration should continue to work with local communities conserving and restoring forests, grasslands, and wetlands across America for generations to come and to ensure the integrity of the waters Americans rely on every day for drinking, swimming, and fishing, by supporting initiatives that restore rivers, oceans, and watersheds, among other water ecosystems.

• Transportation. Biden’s government should promote sustainable systems to connect the country; protecting, conserving, and restoring wild areas, and reducing negative impacts of urban environments. The promotion of new technologies in transportation systems is an important area, joining efforts with universities, research centers, and other state and federal institutions.

• Solid Waste. North Americans dispose of seven pounds of trash per person every day, which means about 2,555 pounds per American every year. A staggering 90 percent of all raw materials extracted in the U.S. are ultimately dumped into landfills or burned in incinerators. New Federal leaders, jointly with local authorities, should address the integrated Solid Waste Management, combining engineering principles and management practices, with administrative and legal incentives to favor its reduction, reuse, and recycling.

With all this said, the environmental challenges ahead are many.

Vitalis seeks to assist those actions to support the conservation of America’s environment and natural resources. We are convinced that a cleaner environment supports a stronger economy, as the basis for sustainable development.

Vitalis proposes to not wait for the government to take action. We should act together as workers, officials, influencers, journalists, entrepreneurs, scientists, professors, citizens of the public, and the private sector. We all made stronger by working together, for a sustainable future.

We hope that the president-elect’s promises will be fulfilled. From civil society, we will be aware of these environmental issues of importance for the United States of America, and for the entire planet.


(*) More information about Vitalis here www.vitalis.net. Social networks @ONGVitalis. Email: info@vitalis.net

Pictures courtesy of the New York Times.

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¡Buenas Noticias! Acuerdo de Escazú entrará pronto en vigor.

Por Diego Díaz Martín, PhD. (*) @DDiazMartin

El pasado 5 de noviembre, el Senado de México ratificó el Acuerdo de Escazú, decisión que sumada al refrendo de la Cámara de Diputados Argentina del pasado mes de septiembre, permite lograr los 11 países requeridos para su entrada en vigor. Este tratado, garantiza los derechos de acceso a la información, a la participación pública y a la justicia en asuntos ambientales, además ser el primer acuerdo regional que reconoce y garantiza la protección de personas defensoras del ambiente, un tema de especial importancia para América Latina.

Entre otros instrumentos normativos, el Acuerdo de Escazú reafirma la importancia de la Declaración Universal de Derechos Humanos, los principios de la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972 y la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992. De igual forma, reconoce la importancia de los ciudadanos y de los defensores de los derechos humanos en asuntos ambientales para el fortalecimiento de la democracia, los derechos de acceso y el desarrollo sostenible.

Además de garantizar la implementación plena y efectiva en América Latina y el Caribe de los derechos de acceso a la información y participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales, el Acuerdo de Escazú propiciará la creación y el fortalecimiento de las capacidades y la cooperación dentro de la región, contribuyendo a la protección del derecho de cada persona, y de las generaciones presentes y futuras, a vivir en un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

A pesar de la importancia de este Tratado, Chile, uno de sus impulsores, no lo firmó. Tampoco lo hicieron El Salvador y Venezuela, quienes subestimaron su importancia.

Por su parte, Costa Rica, otro de los países promotores, y sede del Acuerdo, diluyó su entusiasmo y hasta la fecha no lo ha ratificado. Mientras tanto Perú, uno de sus firmantes, decidió “por ahora” no ratificarlo.

Pese a las contradicciones de los mismos gobiermos de la región, y la compleja problemática ambiental existente, la sensatez privó. Por ello el Acuerdo de Escazú entrará en vigor tan pronto sean consignadas las ratificaciones en las Naciones Unidas, lo que permitirá avanzar hacia una mayor protección del medio ambiente y de sus defensores, fortaleciendo el Derecho al Ambiente, como lo hizo el Convenio de Aarhus firmado en Dinamarca en 1998 para Europa.

El Acuerdo de Escazú marca un acontecimiento significativo en la defensa y conservación de nuestros recursos naturales y del desarrollo sostenible en la región que debemos conocer, divulgar y hacer cumplir.


(*) Biólogo, Maestro en Gerencia Ambiental y Doctor en Proyectos de Ingeniería orientados al Desarrollo Sustentable. Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá. https://www.linkedin.com/in/ddiazmartin/

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Covid-19. Tiempo de oportunidades para construir un mundo posible

Por Greta Colina (*)

La llegada del coronavirus trajo consigo una crisis vivida de forma distinta por cada uno. Sin embargo, todos transitamos diferentes cambios y transformaciones.

La enfermedad del COVID-19, posiblemente, ha llegado con el fin de hacernos reflexionar sobre nuestro actuar y sobre cómo, hasta la fecha, hemos venido alterando los procesos en los ecosistemas. El comportamiento destructivo de todos los seres humanos ha sido el principal causante de la crisis que hoy padecemos. Nos urge aprender a tener una mejor relación con la naturaleza. 

En este escenario, sería válido preguntarse ¿para qué ha llegado la COVID-19 y qué lectura podemos darle a esta situación que nos ha paralizado?

A la luz de estas inquietudes, y centrándonos en el contexto educativo, la UNESCO advierte que “…las pandemias y los conflictos pueden dejar a generaciones completas traumatizadas, sin educación”.  De allí que la educación recobre mayor significado, y más, cuando nos planteamos nuevos retos para alcanzar los objetivos del desarrollo sostenible (ODS). Estamos ante una crisis que ha tocado todos los procesos generando un impacto negativo sin precedentes en cada país del mundo.

La transformación vivida por la sociedad, manifestada a partir del cierre de las escuelas, generó de manera automática cambios en las rutinas diarias. Solo en abril, 1600 millones de estudiantes a nivel mundial se vieron afectados tras el cierre de las escuelas. La solución inmediata fue la educación a distancia y la escuela en casa pasó a ser lo cotidiano.  No obstante, esta medida dejó por fuera a millones de estudiantes por los costos y el acceso que tiene el Internet en cada país.

Ante esto, la educación está llamada a constituirse en la inversión prioritaria para fomentar una nueva cultura de vida con sociedades que actúen desde la conciencia y la coherencia. Un nuevo paradigma que logre la auténtica inclusión y equidad tal y como se establece en el objetivo número cuatro de los ODS.

Desde esta perspectiva la educación ambiental aborda una nueva premisa: “Aprender del que aprende” situándonos en el papel del otro, del que aprende, generando más empatía y sensibilidad. Que nos permita resolver los retos ambientales y que nos haga entender que somos seres eco-dependientes que estamos vinculados con la naturaleza con todos nuestros sentidos. Que nos prepare para combatir con creatividad e innovación estos desafíos, y que nos enseñe a vivir con menos.

Si bien el virus trajo consigo una crisis de gran magnitud, también nos ha dado la oportunidad para manejarnos a partir de nuestra resiliencia, de conocer, sin saberlo sobre la “ética de los cuidados” que nos impulsa a cuidarnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestro espíritu. Saber cuidar el entorno en el que vivimos y el de las personas que queremos. Debemos comprometernos con la acción y mantener presente que los sueños y la imaginación son parte del acto de educar para construir un mundo posible.

¿Te pareció interesante este artículo? Tal vez quieras leer también “Un desafío inesperado del siglo XXI: implicaciones del Covid-19 sobre los ODS“. ¿Quieres saber cómo puedes involucrarte y generar un cambio para tu comunidad, empresa o país? Escríbenos a info@vitalis.net

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(*) Licenciada en Educación Integral mención Ciencias Sociales, con estudios en Investigación de la Educación y Especialización en Gestión Ambiental Empresarial.

LinkedIn: linkedin.com/in/greta-vestalia-colina-hibirma

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Ingeniería ¿al servicio de la sociedad?

Por Graciela G. Caro Morelos (*)

Durante mucho tiempo se ha pensado que el único objetivo de la ingeniería es solucionar problemas, razón por la que los humanos podemos vivir en condiciones más cómodas, logrando crecer en todos los ámbitos, favoreciendo el progreso de la especie y su adaptación a los cambios. Sin embargo, pocas veces se reconoce el verdadero impacto que genera en las sociedades y el potencial que posee para solucionar problemas de esta índole.

La ingeniería tiene sus aplicaciones en una gran variedad de ramas, y de manera similar existe un número alto de problemas que provocan alteraciones en la sociedad, por lo tanto, se debe encontrar un punto de equilibrio que permita resolver no sólo problemas técnicos, sino también por medio del desarrollo de modelos, procesos y productos se puedan
brindar soluciones efectivas a problemas sociales.

Los ingenieros debemos buscar nuevas oportunidades, saberes y perspectivas de las adversidades a las que se enfrentan las sociedades con la intención de que se cuestionen la posición en la que se encuentran bajo las dimensiones de ética y política para que desde la solidaridad y empatía, aunado a su conocimiento, se puedan encontrar respuestas comprometidas para disminuir las desigualdades y exclusiones sociales, siempre considerando un factor importante el cuidado del medio ambiente.

Aunque generalmente los problemas sociales se asocian a países en vías de desarrollo, éstos se presentan en todo el mundo, por lo tanto, se debe optar por una cultura global tecno-científica con enfoque social para alcanzar un desarrollo en todos los ámbitos que permita a las personas vivir en un ambiente más saludable, cómodo, donde haya más justicia y con mejores oportunidades laborales que favorezcan el crecimiento económico y como
consecuencia se pueda ver reflejado en un incremento en la calidad de vida de las personas.

El medio ambiente es una variable esencial para lograr cambios efectivos, ya que a partir de soluciones a este tipo de problemas se pueden resolver al mismo tiempo problemas sociales relacionados con derechos humanos básicos como es el acceso al agua y a la alimentación.

Por medio de tecnologías de energía renovable se puede tener acceso a energía eléctrica y calor, lo cual está directamente relacionado con el concepto de vivienda digna. Asimismo, abre las puertas a mejores oportunidades para el desarrollo económico y social de la población.

El medio ambiente es un objeto de conocimiento y de acción, es por eso, que a partir de su estudio, se pueden encontrar una gran diversidad de problemas pero al mismo tiempo una fuente de soluciones muy amplia que impacta tanto en lo social, como en lo económico, y por supuesto en lo ambiental. Sentado esto, se puede ver de manera más clara el vínculo entre ingeniería y ambiente. Por ello, es posible establecer una simbiosis entre estas dos ramas de estudio para beneficiarse mutuamente. En otras palabras, a través de la ingeniería se pueden reconocer los impactos ambientales originados por el sistema de producción actual basado en una economía lineal y también es posible analizar las vinculaciones de carácter social relacionadas con la degradación ambiental que se traduce en una afectación de la calidad de vida de las personas.

Finalmente, es importante dejar claro que los ingenieros deben trabajar para brindar soluciones efectivas a los problemas existentes, siempre considerando las variables ambientales y buscando como objetivo final el bienestar social. Si el ingeniero ofrece un bien social que se pueda realizar a través de técnicas o métodos que disminuyan el deterioro al medio ambiente y un efectivo manejo de los recursos, y al mismo tiempo permita generar utilidades económicas, por consecuencia, la práctica profesional será ética y estaría aportando a un futuro que apunta a un desarrollo sostenible.


(*) Ingeniería Ambiental, Universidad Anáhuac México, gracielacm060@gmail.com
LinkedIn: linkedin.com/in/gracielacarom

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