La biodiversidad grita, pero pocos le oyen.

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Una vida con menor impacto Ambiental

(*) Greta Colina

Cada acto que realizamos en nuestro diario vivir genera impactos en el planeta y por ende sobre las personas. Comenzar una vida con menor impacto ambiental requiere entender que nuestras acciones se originan a partir de tomar decisiones que precisan ser más conscientes con aquello que queremos ver en el mundo, que conecten con un planeta que nos necesita y reclama nuestro mejor comportamiento.

La permanencia de la pandemia ha despertado en muchos de nosotros la necesidad de evaluar nuestros patrones de consumo de recursos con los que estamos agotando las reservas naturales. El sobreconsumo es tan alarmante que globalmente se estima que más de 12 millones de toneladas de plásticos van a parar a los océanos con una afectación de 1300 especies marinas. Como sociedad debemos comprometernos a informarnos, educarnos y motivarnos a incorporar hábitos más sanos y sostenibles.

Un primer paso, eso es lo requerido.  Tomar la decisión y accionar dejando a un lado metodologías y estrategias que muchas veces dificultan el camino y desvían nuestros propósitos.  Comenzar el viaje por una ruta más verde es posible siempre y cuando depositemos nuestra mirada en noticias alentadoras y positivas, aquellas que podemos aplaudir, y de la cuales podemos ser parte, porque nos inspiran y facilitan nuestra decisión.

Contribuir con acciones ambientalmente positivas no solo repercutirá en nuestro bienestar integral, sino también fomentará el crear espacios, comunidades, ciudades verdes y sostenibles. Cada vez son más las oportunidades a las que podemos sumarnos y que nos acercan a nuestro propósito inicial:

  • Leer las etiquetas de los productos que adquirimos
  • Consumir alimentos de temporada
  • Comprar productos de limpieza e higiene orgánicos
  • Movilizarnos conscientemente, usando medios de transporte masivo, como el tren, por ejemplo, caminar, usar la bici.
  • Separar, limpiar, clasificar aluminio, plásticos, vidrio, telas, libros, ropa, juguetes, papel, y todo aquello que sabemos sirve a otros y que entra en la cultura de las R: regalo, reciclo, retorno, reuso, reutilizo, retorno.

Los mercaditos urbanos o locales nos permiten consumir los productos regionales, siendo de alto valor por las buenas prácticas ambientales incorporadas en sus procesos, y, al mismo tiempo se fortalecen la economía circular y el comercio justo.

Tenemos la oportunidad de compostar en casa, de separar los residuos y desechos y, con mucho éxito, depositarlos de manera correcta en los puntos verdes o gestionarlos a través de emprendimientos socio ambientales que brinden esta posibilidad. A esta cadena de beneficios podemos incorporar los pequeños comercios que nos permiten comprar por refill optimizando el uso de envases de vidrio y que nos ayudan a minimizar compras de productos que vienen en  empaques de un solo uso.

Esta generosidad se hace cada vez mayor y nos posibilita cuidar[nos] nuestros recursos de manera consciente con cada pequeña acción.  Y si, si es posible siempre y cuando se tome la decisión de comenzar: una vez que lo hacemos, no hay vuelta atrás. La suma de hábitos comienza a ser parte de uno mismo, de nuestro bienestar, de nuestra vida, de lo que somos y proyectamos.

Son tiempos de asumir nuestro papel en la sociedad, en el mundo entero, y de mostrar  con hechos que, somos capaces de garantizar un mundo ambientalmente sano y equilibrado para las futuras generaciones, que nuestra acción individual representa un impacto global y,  que sin bien somos una gota en el océano ¡esa gota tiene todo el contenido del mar!

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(*) Licenciada en Educación Integral mención Ciencias Sociales, con estudios de Investigación de la Educación y Especialización en Gestión Ambiental Empresarial. Colaboradora de Vitalis en Panamá.

Declaración Estocolmo Derecho Ambiental

Medio siglo de la Declaración de Estocolmo

(*) Por Alberto Blanco-Uribe Quintero

Recientemente, a raíz de la Resolución 48/13 del 8 de octubre de 2021, adoptada durante el 48° periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ha habido una algarabía de parte de muchos que, en todo el mundo, afirman que “¡por fin!” la ONU ha reconocido “por primera vez”, el derecho humano al ambiente.

En efecto, su punto 1 “Reconoce el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible como un derecho humano importante para el disfrute de los derechos humanos”.

En realidad, se trata de un documento internacional de suma importancia, a tomar en cuenta en la defensa jurídica del ambiente, particularmente como derecho humano y en el marco de los principios de progresividad y de interdependencia de los derechos humanos, y de no regresividad en las medidas de protección y gestión sostenible del ambiente.

Sin embargo, desluce sostener que sea ésta la primera vez que la ONU hace este trascendente reconocimiento, puesto que en el pasado no sólo ha habido numerosos textos internacionales del sistema onusiano que van en esa línea, sino que tal reconocimiento explícito ya se había producido hace hoy 50 años, ¡medio siglo!

En efecto, con ocasión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, de junio de 1972, nada menos que la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de Estocolmo, documento que sin duda y con justicia puede reclamar para sí los laureles de haber sido la primera vez que este reconocimiento se producía. Según su principio 1: “El hombre tiene el derecho fundamental … al disfrute de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras”.

Y con honestidad la Resolucion 48/13 la reafirma, asi como también  una selección de textos precedentes, dentro de los que destacan la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992), que no menciona este derecho, pero refiere su contenido esencial integrado a su vez por los derechos a la información, a la participación ciudadana y de acceso a la justicia en materia ambiental; la Agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015), que deja claro el deber intergeneracional de protección del goce efectivo de este derecho.

Además, no debemos olvidar la Resolución 19/10 (2012), del Relator Especial sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente, ni el Convenio de Aarhus (1998) y el Acuerdo de Escazú (2018), ambos sobre información, participación y justicia en materia ambiental.

Pero el protagonismo pertence sin suda a Estocolmo, la verdadera primera vez, a partir de la cual todas las Constituciones del mundo comenzaron de una u otra forma a reconocer el derecho al ambiente.

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(*) Abogado, conferencista internacional, consultor en derechos ambientales y culturales, Coordinador del Observatorio Iberoamericano de Derecho Ambiental, Patrimonio Cultural y Paisaje de la Asociación Juristas de Iberoamérica. Colaborador de Vitalis. https://www.linkedin.com/in/alberto-blanco-uribe-b004329/

Dimensión Ambiental en los Derechos Fundamentales Europeos Vitalis

Dimensión Ambiental en los Derechos Fundamentales Europeos

El medio ambiente es uno de los bienes más preciados que los seres humanos disfrutan. Se es extremadamente afortunado de poder gozar de bosques, sabanas, ríos, playas y todo lo que el entorno natural puede ofrecer. Aunque lo antes descrito sean cosas que suelen darse por sentado, hay que luchar por su preservación, pues de lo contrario, todo podría desaparecer, como ha venido ocurriendo paulatinamente, comprometiendo el hogar de las futuras generaciones.

Biodiesel en Venezuela - Vitalis ONG Blog

¿Llegó la hora del biodiesel para Venezuela?

(*) Antonio José González-Fernández

La capacidad de las refinerías venezolanas para producir gasolina y otras sustancias derivadas de hidrocarburos ha disminuido durante los últimos años. Como consecuencia de este hecho, los consumidores se enfrentan a un mercado signado por una oferta muy limitada, altos precios y dificultades para el transporte y distribución de la energía fósil.

La situación afecta a toda la población, pero en particular es un gran problema para los productores agrícolas, quienes requieren significativos volúmenes de diésel (gasoil o gasóleo) para operar sus tractores, bombas de riego, cosechadoras, generadores de electricidad y camiones. Además de los elevados costos que invierten para su adquisición, la mala calidad del gasoil está dañando con creciente frecuencia las máquinas, las cuales deben detenerse para reparar y mantener sus sistemas de combustible (tanques, conductos, bombas, inyectores e incluso, válvulas y cilindros).

El inventor del motor y del combustible conocidos como diésel fue el ingeniero alemán Rudolf Diesel (1858~1913). El motor diésel fue patentado en 1894. El ingeniero Diesel utilizaba aceite de maní para impulsar sus primeros motores, él siempre fue un propulsor del uso de aceites vegetales en estos motores. Sin embargo, la industria automotriz y la industria petrolera se encargaron de difundir estos motores usando el combustible conocido como gasóleo o gasoil, derivado del petróleo. En sus últimos años, el Ing. Diesel fue un férreo defensor y promotor del uso como combustible de los aceites obtenidos de semillas. Son muy célebres sus frases en 1912: “El uso de aceites vegetales como combustible para motores quizá parezca insignificante hoy, pero con el curso del tiempo esos aceites serán tan importantes como son hoy los productos del petróleo y del carbón… La fuerza motriz aún se podrá producir a partir de la luz del sol que siempre está disponible, incluso cuando las reservas naturales de petróleo y carbón se hayan agotado completamente”. Además de ser un notable ingeniero, Rudolf Diesel fue también sin duda un gran visionario.

Aunque el uso de biocombustibles empezó a tomar auge en el mundo a partir de la década de los 80, es en los motores diésel donde los biocombustibles tienen mejores posibilidades porque pueden sustituir totalmente el uso del combustible derivado del petróleo. Hoy día se utiliza el nombre Biodiésel para identificar el combustible renovable obtenido a partir del proceso químico conocido como la “transesterificación metílica” de grasas vegetales y hasta de animales.

La situación de escasez, carestía y mala calidad del combustible diésel, han cambiado la realidad de Venezuela con graves consecuencias sobre la producción agrícola. En definitiva, ha llegado el momento de impulsar la producción de biodiésel en las fincas agrícolas, al menos con fines de autoabastecimiento para sus maquinarias. El biodiésel, es una alternativa cada día más necesaria, urgente e importante… Es posible y es conveniente, tanto para la economía de los sistemas de producción (fincas), como para el ambiente de todos.

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(*) Docente universitario. Zootecnista, con Maestría en Manejo de Fauna Silvestre y Doctorado en Zoología Agrícola. Colaborador de Vitalis en Venezuela

¿Qué se puede esperar de la COP 26 sobre Cambio Climático? Vitalis

¿Qué se puede esperar de la COP 26 sobre Cambio Climático?

Por Yoliangel Rivas

Desde el 31 de octubre hasta el 12 de noviembre de 2021, el Centro de Exposiciones de Glasgow, Escocia, fue el escenario donde se llevó a cabo la 26va Conferencia de las Partes de la Convención sobre Cambio Climático, conocida también como Cumbre del Clima, bajo la presidencia de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

El Informe especial sobre el calentamiento global de 1,5 °C, del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, aprobado en octubre de 2018, no es para nada esperanzador, pues pronostica que, de no limitar el calentamiento global a 1,5°C, los impactos y riesgos relativos a la climatología extrema, la pérdida de especies, la escasez de agua y alimentos, las muertes causadas por calor, los impactos oceánicos, las regiones polares, entre otros,serían alarmantes y catastróficos.

El objetivo general de la COP 26, bajo el liderazgo de Reino Unido, es “mantener vivos los 1,5 grados”. Se espera que los líderes mundiales y ministros reunidos en Glasgow demuestren su compromiso en la lucha contra el cambio climático, aumentando los niveles de ambición para que el mundo vuelva a ajustarse a los objetivos de temperatura del Acuerdo de París. Esta Conferencia pretende demostrar la urgencia y las oportunidades de avanzar hacia una economía neutra en carbono, para lo cual es necesario que se tomen medidas a fin de reducir las emisiones, movilizar fondos e impulsar la adaptación y la resiliencia de manera más rápida y profunda. Mucho es el camino por recorrer y el tiempo apremia.

Para ello, es imperativo que los países desarrollados aumenten significativamente el apoyo financiero para ayudar a las naciones más vulnerables a adaptarse a los impactos del cambio climático y desarrollar economías que no dependan de los combustibles fósiles. Sin embargo, esto no será posible en el corto y mediano plazo. La financiación ofrecida por los países desarrollados en 2009 durante la COP 15, que destinaba 100.000 millones de dólares al año hasta 2020, oficialmente quedó retrasada hasta 2023. Es aquí donde el sector privado comienza a tomar un rol preponderante, ya que el pasado 3 de noviembre fue anunciado que “unas 500 grandes firmas financieras gestionarán 130 billones de dólares, alrededor del 40% de los activos financieros del mundo, a objetivos climáticos relacionados con el Acuerdo de París, incluyendo la limitación del calentamiento global a 1,5 grados centígrados”.

Muchas expectativas estan puestas en esta COP26, no sólo es preciso completar el código normativo necesario para garantizar la aplicación efectiva del Acuerdo de París. También, el aumento de la ambición es vital para esta COP, especialmente los mayores emisores del G-20, responsables de alrededor del 80 % de las emisiones mundiales.

De igual forma, es necesario el apoyo a los países en desarrollo y esto se relaciona directamente con el compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares de los países desarrollados a los países en desarrollo. Sin el apoyo necesario no se podrán emprender las transformaciones necesarias para alcanzar el objetivo de 1,5 grados. Se está en un punto de quiebre: se acciona o se condena a la humanidad, de ese tamaño es la responsabilidad de los líderes actuales.

Si te interesó este artículo tal vez quieras revisar también este otro titulado “Cambio Climático ante el juez: el caso del siglo” Te invitamos también a capacitarte en nuestro campus virtual con el curso “Fundamentos del Cambio Climático

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Yoliangel Rivas – Economista, Magister en Política Exterior, con Diplomado en Financiamiento Climático, Especialista en temas de negociación ambiental multilateral. Colaboradora de Vitalis. yrivas@vitalis.net

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