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Ambiente – Vitalis
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Tiempo libre y ocio en provecho del ambiente

Por Alberto Blanco-Uribe Quintero (*)

La Declaración de Estocolmo de 1972 reconoció el derecho al ambiente. Subsiguientes actividades de Naciones Unidas, hasta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030), han dejado claro el deber intergeneracional de gestión racional y protección de éste derecho, en beneficio de la vida.

El avance de los derechos humanos sobre el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad o auto determinación que la persona puede concebir en sí y de sí misma, en todos sus ámbitos, sin injerencias que perturben su dignidad, ha propiciado nuevos derechos. Entre ellos destacan el tiempo libre y el ocio, especialmente en interdependencia con otros como la protección de la vida privada, la salud, la calidad de vida, la creación cultural y la libertad asociativa.

Pero cuando se oye hablar de ocio la gente responde con una mueca de desaprobación, por entenderlo como inutilidad y pérdida de tiempo, lo cual es un prejuicio, pues tiene un carácter provechoso (Declaración Universal de los Derechos Humanos, UNESCO, Asociación Mundial del Ocio y la Recreación – WLRA). El ocio es una actividad positiva y enriquecedora, ligada al bienestar emocional.

Tal prejuicio se originó en la era industrial, Siglo XIX. La consigna del momento era producir al máximo, siendo lo único loable trabajar (“Ser alguien productivo”). El tiempo libre era visto como algo negativo. Salvo que ello se justificara en la necesidad de descansar, recuperarse para ser “productivo”. Incluso se acuñó aquello de que “el ocio es el padre de todos los vicios”.

Afortunadamente los diccionarios, además de acepciones prejuiciadas, nos muestran que el ocio es una actividad autotélica: divertirse mediando un hacer, a través del cual se desarrolla el ingenio y la creatividad, contando con tiempo para ello, gracias al hecho de estar libres de las ocupaciones habituales, y con resultado provechoso. Fuera de trabajar y descansar, se tiene la necesidad de alcanzar otros cometidos útiles para sí y para la sociedad.

Es solo en el ocio donde permitimos que emerjan facetas humanas que no están sujetas al imperativo de la producción y que hacen, con diversión, brotar el ingenio y la creatividad. “El ocio es el padre de todas las virtudes”. Un gran ocioso fue Leonardo Da Vinci. La sociedad debe fomentar el ocio.

Dentro del tiempo libre hay ocupaciones autoimpuestas, como el voluntariado tipo membresía en ONGs ambientalistas, que de suyo es participación solidaria en pro del ambiente (limpieza de playas, reforestación, sensibilización, formación); y las de ocio: diversión, ingenio, creatividad, utilidad, que no son trabajo, no implican remuneración ni obligación (huertos caseros, compost, reciclaje y reutilización, reparación, investigación y redacción de artículos como éste, preparación y dictado de cursos, escritura de textos, realización de videos…). El ocio podría desembocar en una obra literaria, pictórica, fórmula química, una mejor tecnología, un emprendimiento, un juego ecológico, etc.

Seamos voluntarios ambientalistas y también ociosos del ambiente: divirtámonos y retemos nuestro ingenio creativo.

¿Te gustó este artículo? Te invitamos a revisar este otro, relacionado con el tema, sobre «Tradiciones Populares y Educación Ambiental: Los Juegos«. Si deseas aprender herramientas didácticas creativas para aprovechar el tiempo libre visita nuestra oferta de cursos en línea aquí

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(*) Abogado, profesor universitario, asesor, consultor y litigante en materia de Derecho Constitucional, Derechos Humanos, Derecho Ambiental, Derecho Administrativo y Derecho Tributario. Colaborador de Vitalis. https://www.linkedin.com/in/alberto-blanco-uribe-b004329/

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Biodiversidad en tiempos de pandemia: el día después

*Cecilia Gómez Miliani, Dra. @cecigomezmi

En el año 2010 History Channel emitió un documental denominado La Tierra sin Humanos en el que, gracias al trabajo de la tecnología y a la asesoría de ingenieros, botánicos, ecologistas, biólogos, geólogos, climatólogos y arqueólogos, se narra lo que sucedería si la raza humana desapareciera de la faz de la Tierra.

Durante estos últimos meses, cuando la pandemia por el Covid-19 nos ha llevado a limitar nuestra movilización y permanecer dentro de nuestros hogares, los medios de comunicación y las redes sociales han reportado como los jabalíes pasean por las calles de España o de Italia, los delfines se acercan a los puertos de Cerdeña, los peces se apropian de los canales de Venecia y los ciervos llegan a los parques públicos de Japón. En este punto vale la pena preguntarnos: ¿Realmente le estamos dando un respiro a la naturaleza? ¿Podremos ver lo que en parte nos mostró el documental de 2010?

Según la Organización Mundial de la Salud, los primeros casos de coronavirus (Covid-19) fueron reportados en diciembre de 2019, y no es sino hasta marzo de 2020 cuando este mismo organismo caracteriza al brote de este nuevo virus como una pandemia, término que significa que ésta es una enfermedad epidémica que se extiende simultáneamente por varias partes del mundo. A medida que el virus fue ganando terreno, los países fueron decretando cuarentenas para su población, unas más estrictas que otras. 

Desde que se reportaron los primeros casos hasta hoy, apenas han transcurrido 4 meses. Veamos algunos ejemplos que nos permiten revisar si este tiempo es suficiente para que el ambiente se recupere en forma natural:

  • Los elementos primarios de todo ecosistema son los organismos vegetales. Allí comienzan las llamadas cadenas alimenticias que son la base de las relaciones entre los entes vivos de un espacio geográfico determinado. Dependiendo del daño (tala, deforestación, incendio) un bosque puede tardar entre 10 y 100 años para restaurarse.
  • En el caso de la fauna silvestre el período de restablecimiento depende de la especie. Por poner un ejemplo, en México, la recuperación del lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi) se ha tomado más de 20 años

Sumado a esto es importante señalar que aunque estamos “cautivos” en nuestros hogares, seguimos generando residuos sólidos, seguimos utilizando la electricidad que en muchos países proviene de plantas termoeléctricas, seguimos usando el agua y, por lo tanto, contaminándola… así que el descanso que le estamos dando a la Tierra es muy relativo.

La presencia de fauna silvestre en zonas urbanas tal vez puede deberse a que son especies cuyos espacios naturales hemos invadido y que, al no conseguir su sustento, lo buscan en nuestras calles y plazas, ahora desiertas. También cabe pensar que, tal vez, en nuestro cautiverio nos hemos vuelto más observadores, más atentos, y tenemos el tiempo para contemplar y escuchar las aves que siempre surcaron nuestro cielo pero que con nuestra vida agitada no habíamos percibido.

Ojalá que este tiempo sirva para entender la dimensión exacta y comprender la gran responsabilidad de nuestra presencia en este punto del Universo; que finalmente comprendamos que solo somos una pequeña parte de este gran ecosistema que se llama Tierra.


*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas. Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net

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Las Tradiciones Populares y La Educación Ambiental: Los Juegos

*Dra. Maritza Acuña (@maritzacuna) 

** Dra. Estela Cuna (@CunaEstela)

Se entiende por tradición aquellos saberes y costumbres, que se preservan en una región y que son transmitidos de generación en generación de manera oral, se plasman en leyendas, cuentos, historias, canciones y juegos.  Una tradición también es una expresión de como los habitantes de cierta región o pueblo ven, conocen, sienten, se apropian y representan su entorno natural y social.

De manera que podemos conocer a nuestros pueblos a través de sus tradiciones y estas a través de sus cuentos, juegos, juguetes, danzas, músicas, indumentaria y comidas. Las tradiciones no son inmutables, van cambiando, van transformándose a través del tiempo.

La UNESCO resalta la importancia de las tradiciones al crear la “Universidad de los Oficios” (Quito-Ecuador, 2004), como una manera de valorar y recatar la inmensa diversidad cultural.

Para la educación Ambiental es muy importante la tradición ya que es una representación de la compleja relación: saberes- ambiente-cultura-sociedad

El Juego y La Educación Ambiental

El juego es una disposición innata en el hombre, una actividad física y mental libre, que tiene su fin en sí mismo, caracterizado por lo espontáneo, lo placentero y que implica la participación de quien juega.

Esto hace que, se constituya en una necesidad vital que contribuye al equilibrio humano, especialmente durante los primeros años de vida. Es un medio de transmitir cultura, valores y tradición.

El juego es de vital importancia en la construcción de saberes y en el caso de los niños la construcción del desenvolvimiento que el niño adquiere para enfrentar las diferentes situaciones de la vida.  Mediante los juegos, los niños y adultos consiguen entrar en contacto con el mundo y tener una serie de experiencias de forma placentera y agradable.

Los juegos tradicionales, permiten desarrollar actitudes de solidaridad e intercambio, así como vivenciar las costumbres de los pueblos. Entre los juegos tradicionales encontramos:

-Los juegos de ronda, donde se incorpora la música, la expresión corporal, la versificación y la memoria. Las reglas son establecidas en la canción que lo acompaña y, por acuerdo de los participantes, se decide cuándo se comienza y cuándo se termina de jugar.

-Los juegos de mesa permiten desarrollar destreza en la negociación y estrategias para jugarlos. Cada uno tiene su particularidad, como el ajedrez, ludo, damas, damas chinas, stop, memoria de animales, flores, plantas, entre otros.

En estos momentos es de vital importancia quedarse en casa y puedes sacarle partido, puedes aprovechar para jugar en familia. Los juegos les permitirán compartir de manera amena, además de reconocer o reaprender los valores y las costumbres que han permeado en tú familia y localidad, como por ejemplo el respeto al medio ambiente local.

SODUKO DE JUGUETES TRADICIONALES


*Dra. Educación Ambiental. Asociado de ONG Vitalis. Coordinadora General de la ACE Pequeños Científicos desde 2001/19. Directora General de Museo de Ciencias Naturales de Caracas.2014/15 Profa. Escuela de Educación de la UCV, 2004/14.

** Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Asociada de ONG Vitalis.

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Hablemos sobre Educación Ambiental en espacios culturales

Dra. Maritza Acuña (*) @maritzacuna

Es importante incorporar a los espacios culturales los temas de Ambiente y Educación Ambiental (EA), dado que la problemática ambiental en el mundo convoca a todos los componentes sociales a fijar posición para establecer una mejor relación con el ambiente, y que mejor estrategia que unir a estos espacios en esta loable labor

La UNESCO (2002), señala que la educación juega un importante papel para moldear actitudes, valores y conducta, a la par que desarrolla capacidades, habilidades y el compromiso necesario para construir un futuro sostenible.

En este sentido, se puede decir que la EA debe servir para la correcta orientación de los valores y las conductas humanas sobre el ambiente. Puede potenciar un verdadero cambio en los individuos y en las comunidades. Adaptada a la realidad económica, social, cultural y ecológica de cada país. 

La EA debe promover la formación de una cultura de respeto a la naturaleza y sus recursos, así como el reconocimiento de que el ser humano forma parte de ella, propiciando el desarrollo de individuos informados, críticos y participativos que asuman su responsabilidad con el ambiente y desarrollen relaciones armónicas con éste.

En el Tratado de EA para sociedades sustentable y responsabilidad global se plantea que debe tener como base el pensamiento crítico e innovador, en cualquier tiempo o lugar, en sus diversas formas: formal, no formal e informal, promoviendo la transformación y la construcción de la sociedad.

Además, debe ser individual y colectiva, con el propósito de formar ciudadanos con conciencia local y planetaria que respeten la autodeterminación de los pueblos y la soberanía de la nación. Así como incorporar una perspectiva holística enfocando la relación entre el ser humano, la naturaleza y el universo de forma interdisciplinaria.

Estimular la solidaridad, la igualdad y el respecto a los derechos humanos, valiéndose de estrategias democráticas e interacción entre las culturas, para integral conocimientos, aptitudes, valores actitudes y acciones y convertir cada oportunidad en experiencias educativas de la sociedad sustentable. Racionalizar la demanda de recursos comunes se debe convertir en uno de los principales objetivos para las políticas públicas, a fin de disminuir la sobreexplotación de los ecosistemas y la pérdida de calidad ambiental.

A través de la EA no Formal, se puede lograr la transmisión (planificada o no) de conocimientos, aptitudes y valores ambientales, fuera del Sistema Educativo institucional, que conlleve la adopción de actitudes positivas hacia el medio natural y social, que se traduzcan en acciones de cuidado y respeto por la diversidad biológica y cultural, y que fomenten la solidaridad intra e intergeneracional. Es decir, pasar de personas no sensibilizadas a personas informadas, sensibilizadas y dispuestas a participar en la resolución de los problemas ambientales.

Existe la necesidad de llegar a diferentes públicos a través de los espacios culturales para fomentar a través de pedagogías experimentales y el reconocimiento de la EA como producción de saber crítica, aprovechando las nuevas tecnologías, redes sociales, éticas hacker y de código abierto, urbanismo informal, entre otras para potenciar pedagogía crítica y la rama más comunitaria de la educación.

Generar espacios de procesos, o laboratorios ciudadanos, o de mediación, donde se difuminan las labores educativas, comunicativas y comunitarias.

En resumen, debe ayudar a desarrollar una conciencia ética sobre todas las formas de vida con las que compartimos en este planeta, respetar sus ciclos vitales e imponer límites para la explotación de estas formas de vida por parte de los seres humanos e impulsar un cambio de mentalidad en relación con la calidad de vida.


*Dra. Educación Ambiental. Asociado de ONG Vitalis. Coordinadora General de la ACE Pequeños Científicos desde 2001/19. Directora General de Museo de Ciencias Naturales de Caracas.2014/15 Profa. Escuela de Educación de la UCV, 2004/14.

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¿A quién pertenecen los recursos comunes?

Luís Alejandro Padrino (*) @agua_ambiente

Los recursos comunes o recursos de propiedad común, son definidos como un conjunto de bienes o servicios, de carácter natural o antropógeno, que no son sujeto de propiedad privada, pero sí de sustracción o afectación particular, lo que puede causar externalidades que disminuyen la disponibilidad del bien o generan una alteración en la función del sistema ecológico o social.

De esta manera, los recursos comunes son limitados, siendo susceptibles al agotamiento y la decadencia por la intervención humana- sin control.

Una exploración critica disruptiva sobre los recursos comunes, es la planteada por el ecólogo estadounidense James Garrett Hardin en su ensayo La Tragedia de los Comunes publicado el 13 de diciembre de 1969, donde se ilustra como el crecimiento desmesurado de la población mundial es impulsado por el egoísmo individual y la competencia por el acaparamiento de recursos, sin importar los impactos negativos colectivos en lo social, económico y ambiental.

En efecto, los recursos comunes y en especial los ambientales tienden a ser subvalorados en cuanto a su importancia y sobrestimados en cuanto a su capacidad de regeneración o asimilación de los distintos contaminantes que liberamos al ambiente, por lo que existe la percepción de que son infinitos, inagotables y que pueden ser aprovechados sin efectos colaterales.

Los recursos comunes son la base económica de la sociedad desde sus inicios, pero con la industrialización, el fomento de modelos extractivistas y el incremento de la demanda de recursos como consecuencia del crecimiento demográfico, la presión sobre estos recursos va en aumento amenazando la sostenibilidad de la misma economía y bienestar social.

En este esquema depredador del ambiente, los factores políticos y de poder económico ejercen gran influencia en el mantenimiento de un status quo, donde paradójicamente las facciones más conservadoras desean imponer y mantener un modelo liberal de depredación de los recursos comunes.

Racionalizar la demanda de recursos comunes se debe convertir en uno de los principales objetivos para las políticas públicas, a fin de disminuir la sobreexplotación de los ecosistemas y la pérdida de calidad ambiental.

Es necesario generar moderación mediante la coerción, debido a que iniciativas basadas solo en la propaganda y apelar a la conciencia colectiva no genera resultados substanciales y eficaces, en su lugar medidas coercitivas fundamentadas en mecanismos fiscales como impuestos o en incentivos a la sostenibilidad -como los pagos por servicios ambientales-, pueden brindar mejores resultados en un plazo más corto. De esta manera, mediante la implantación de políticas públicas orientadas al reconocimiento del valor de los bienes y servicios ambientales se lograría una mayor racionalidad en el uso y aprovechamiento de los mismos.

Los recursos comunes no solo son un patrimonio y objeto de derecho de todas las personas del planeta, sino que son un patrimonio de la misma naturaleza.


*Profesional Asociado de Vitalis. CEO del Grupo Ambing, C.A.

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Estrategia nacional, apoyo a la ciencia y acciones precisas requiere el desafío del cambio climático en Venezuela

Nota de Prensa, Caracas 10 de octubre 2019

Por Heidy Ramírez S.

La declaración del Ávila, documento resultado de dos días de disertaciones en materia de cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria expone que Venezuela como país petrolero enfrenta desafíos complejos que demandan la toma de decisiones precisas y asertivas apoyadas en un robusto apoyo técnico-científico para el diseño de estrategias y acciones enfocadas a la mitigación y adaptación.

Es una tarea a la cual los investigadores y científicos se comprometen a seguir respaldando incluso con la creación de un Observatorio Nacional del Cambio Climático, que además sería clave para la tan esperada ley que está en proceso de redacción en manos del Poder Legislativo.

Estas ideas fueron producto del III Simposio de Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria llevado a cabo en Caracas los días 8 y 9 de octubre bajo la dirección de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) y con el apoyo de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat (Anihven), la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Universidad Metropolitana (Unimet).

Las conferencias magistrales y ponencias de este encuentro dejaron ver que si bien el país atraviesa una de las crisis económico-política más compleja de su historia cuenta con un potencial humano invaluable que pese a las carencias se mantiene en estudio constante ofreciendo datos y en disposición a contribuir al desarrollo. Los estudios de este simposio son insumo de primera mano para el diseño de políticas públicas que disminuirían en buena medida los efectos que innegablemente tiene y tendrá el cambio climático en la vida del venezolano, sin distinción de ningún tipo.

En la instalación del evento, Benjamín Sharifker, rector de la Unimet,  expuso que el cambio climático sin duda debe mucho a la actividad humana y al consumo de combustibles fósiles, por lo cual ya muchos países se habían volcado al uso de energías alternativas, realidad que presiona la reconversión de la economía petrolera. En este sentido Venezuela tiene la gran responsabilidad de reenfocar la explotación de sus recursos. También el científico Ismardo Bonalde primer vicepresidente de la Acfiman al hacer recuento de los simposios anteriores y otras actividades relacionadas con cambio climático organizadas por la institución, hizo un llamado al actual gobierno y a los que le sigan a invertir en la investigación científica como base de la promoción del desarrollo del país. 

La seguridad alimentaria, un problema de poder y de pobreza

Una de las conferencias de apertura correspondió al académico (Acfiman) Carlos Machado Allison, quien expuso que un elemento clave para hablar de  cambio climático en Venezuela es el derecho a la propiedad. “Si no se es dueño del suelo que se cultiva el agricultor piensa en el provecho de un día y no en el futuro. Donde hay firmes derechos de propiedad existe seguridad alimentaria, riqueza y procura de soluciones ambientales”.

El tema según Machado no es atendido por el Gobierno y en la opinión pública el cambio climático no va más allá del uso de las bolsas plásticas y el deshielo en los polos, pero en el resto del mundo ya se están dando importantes pasos apoyados por tecnología de vanguardia que no se conocen ni se tienen no solo en Venezuela sino en buena parte de Latinoamérica. En lo que respecta a seguridad alimentaria, se trata de procurar producir, procesar y distribuir suficientes alimentos para una población pero que también ésta tenga la posibilidad de adquirirlos, lo que demanda una economía sana con acceso a los bienes y servicios. A su criterio en agricultura se requerirá cambiar algunos cultivos por otros porque variarán las condiciones climáticas, igual la ganadería tendrá que adaptarse a nuevos ciclos de agua.

El reto de alimentar al mundo y la pérdida de alimentos

En materia de seguridad alimentaria algunas de las ponencias se enfocaron al aumento de la capacidad de producción de las plantas y a la optimización de uso de recursos. Pero también se habló de la pérdida de alimentos calculada en 1300 millones de toneladas anuales por problemas de capacitación, educación y gerencia lo que a la vez conlleva a gasto innecesario agua, energía y agroquímicos para obtenerlos.

En opinión de los expertos la producción actual de alimentos es suficiente para la humanidad pero las pérdidas son desmedidas. De allí que sean desafíos aspectos como calidad de las cosechas, calidad de transporte procesamiento y empaque, infraestructura vial, inteligencia de mercados, administración de inventarios, conocimiento de las cadenas agroalimentarias y del consumidor final. El complejo sistema agroalimentario requiere un importante gasto de agua, ocupa alrededor de 5 mil millones de hectáreas, es responsable del 13,5% de las emisiones de CO2, utiliza más de 200 millones de toneladas de fertilizantes y consume entre el 15 y 25% de la energía fósil disponible. De cara al futuro (2050) se espera un incremento del 34% de la población mundial, concentrada mayormente en las grandes ciudades y se pronostica que se requerirá cerca de un 70% más de alimentos. Por todo lo anterior, es crucial promover en los países no solo el desarrollo de habilidades para producir y consumir mejor ante la esperada evolución humana sino también para hacer frente a las alteraciones que vendrán por los cambios ambientales.

La ciencia puede tener gran parte de las respuestas

Así como en otras etapas de la historia del mundo, la actual más que presentar un escenario catastrófico, invita a un reordenamiento. Eduardo Buroz, profesor, investigador y miembro también de las Academias propone pensar más en un escenario de alerta y de acciones más que uno fatal ante el cambio climático. “Debemos prestar atención al manejo de los acuíferos y suelos, buscar variedades más resistentes en agricultura y ganadería, mantener las líneas de investigación de las universidades adaptadas a nuestra realidad y empezar a imaginar los sistemas de producción que necesitaremos dentro de veinte años. Todo ello participando en los planes globales de adaptación frente al cambio climático teniendo claro que es un problema mundial”. Al respecto, Nelson Hernández de la Anihven en su  conferencia sobre el uso de la energía en la cadena alimentaria, propuso buscar modelos alternativos que sean capaces de producir alimentos para todos, desde la eficiencia energética, biológica y económica. “Un modelo multifuncional, creativo y atractivo que permita la participación individual y colectiva en la construcción eficiente del insumo de nutrientes que se necesita para la continuidad de la vida”. Lógicamente esto comprende un sinfín de opciones, como las planteadas en las ponencias de este simposio, que abarcan retomar conocimientos ancestrales en materia de producción, promover especies autóctonas, educar a la población en la conservación ambiental y nuevos modos de obtención de alimentos, reacondicionar los suelos para la producción, buscar energías alternativas, lograr enfoques multidisciplinarios en las investigaciones y hacer sinergia con expertos y tecnologías de otras latitudes.

El punto final lo pondrá la capacidad de llegar a un consenso. Tal como comentó en su conferencia el profesor Rafael Rodríguez, investigador de la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado (UCLA), el gran desafío estará en la articulación de los expertos y enfoques de investigación en materia de cambio climático con los tomadores de decisiones. En un contexto donde existen conflictos entre los intereses a corto y largo plazo y los problemas se interpretan de forma diferente según las inclinaciones de cada grupo toca mucho trabajo por hacer para llegar al ideal que es tener a todo un país enfocado al logro de un objetivo común frente a una amenaza global ya innegable.


Para más información sobre la Acfiman (@acfimanve) puede consultarse su página web: https://acfiman.org y para conocer el programa de ponencias que se desarrolló en el simposio así como los investigadores relacionados se puede consultar el enlace: https://acfiman.org/2019/09/04/simposio-cambio-climatico/

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Eco-nomía en Colombia

rosangela-blancoPor Rosángela Blanco Rodríguez (*). @RosangelaBlanco

Desde la perspectiva de la población mundial en general, puede ser que los aspectos medioambientales no tengan relación alguna con lo financiero, que estén completamente asilados de la economía o que incluso lo vean como algo en lo que se “gasta” mucho dinero.

Quizás a la mayoría de las personas les molestará esforzarse en cambiar su estilo de vida, sus paradigmas, para generar nuevos hábitos que los lleven a una armonía con el ambiente. Tal vez, considerarán que es costosa cualquier modificación en la rutina diaria para favorecer nuestro entorno.

Sin embargo, basándonos en la definición del Desarrollo Sustentable, es algo a lo que todos queremos llegar, entendiendo que el ambiente, la economía y lo social deben estar íntimamente relacionados, en equilibro para que las sociedades progresen como debe ser. En función de eso, muchos organismos y estados en todo el planeta están trabajando para acercarse al tan anhelado desarrollo.

En este sentido, Colombia ha dado un paso importante a través del acuerdo que define la Agenda de Cooperación entre el Gobierno Nacional y el Sector Financiero Colombiano. Dicho convenio está cimentado principalmente en la protección del medio ambiente como un esfuerzo conjunto entre los organismos públicos y privados, lo cual se estipula en la Declaración de Río de Janeiro, de 1992; la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, del 2000, y la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo, de 2002.

A través de este Protocolo Verde, como ha sido denominado, se acuerdan una serie de estrategias que buscan el desarrollo sustentable a través de la responsabilidad ambiental, sin comprometer los intereses de las futuras generaciones.

Estos acuerdos incluyen la facilidad de crédito y/o inversión para promover el uso sostenible de los recursos naturales renovables y la protección del medio ambiente, además de impulsar en sus procesos internos el consumo sostenible.  Como tercera estrategia, procura considerar en los análisis de crédito e inversión, y los impactos y costos ambientales y sociales de los proyectos a financiar.

Esta alianza seguramente permitirá, entre otras cosas, apoyar el compromiso al que ha llegado Colombia a nivel internacional, de reducir en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, así como muchas otras metas del país en materia ambiental.

Con estas acciones se demuestra que sí es posible tomar en cuenta los elementos fundamentales para el desarrollo de una nación y del mundo entero, desde la silla de un político o desde la oficina de un banquero. Igualmente, demuestra que si se puede trabajar en equipo con todos los integrantes de las distintas sociedades para lograr la calidad de vida que cada ciudadano se merece.

Ahora falta que todos podamos estar enterados e involucrados en estas acciones para que realmente sean efectivas y permitan generar y vivir el cambio.

(*) Educadora y Especialista en Gestión Ambiental. Presidenta de VITALIS Colombia.

Imagen cortesía de Rosángela Blanco, Municipio Fosca – Departamento de Cundinamarca, Colombia.

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Desarrollo Forestal Sustentable

20150706_075906Por Belem Alvarado Carreño (*)

El desarrollo forestal sustentable comprende la conservación y uso de los recursos naturales boscosos, garantizando la producción de sus bienes y servicios ambientales en la actualidad, sin comprometer su aprovechamiento por parte de las futuras generaciones.

Los bosques constituyen el 31% de la superficie terrestre y desempeñan un papel  muy importante en la mitigación del cambio climático. Además, ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, influyen en las variaciones del clima, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas y abastecen a las comunidades rurales de madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes entre otras cosas.

Sin embargo, en las últimas dos décadas ha habido una disminución importante de bosques que  ha llevado el tema del desarrollo forestal sustentable a foros internacionales, donde se han establecido acciones para favorecer su conservación, tales como programas forestales donde se hace partícipes a todos los interesados de la conservación y el uso sostenible de los recursos biológicos.

Países como Suecia y algunos otros de Europa Septentrional, ya cuentan con modelos de desarrollo forestal sustentable que  les permite cumplir con los principales aspectos de la sustentabilidad al permitir un desarrollo económico del país en beneficio de la comunidad, manteniendo e incluso aumentando sus bosques.

México es uno de los países megadiversos del mundo y posee una de las principales extensiones de bosques y selvas,  y aunque cuenta con una Ley General para el Desarrollo Forestal Sustentable, este documento tiende hacia la disminución de la pobreza más que a la conservación de los ecosistemas.

Aunque se han  realizado múltiples esfuerzos en materia de inventarios Nacionales Forestales,  los que se han realizado hasta ahora no resultan comparables al utilizar metodologías distintas, esto lo cual plantea un reto de realizar los siguientes Inventarios Nacionales Forestales usando una metodología que permita comparaciones, que permitan establecer acciones claras con metas definidas que garanticen el desarrollo forestal sustentable y la conservación de nuestros bosques.

Existen otros problemas que debemos solventar, como el caso de empresas  que aprovechan los recursos naturales de manera indiscriminada, incluyendo no solo a los bosques sino también el agua, sin tomar en cuenta las necesidades de los habitantes de las comunidades, llevándolos a un deterioro importante de su calidad de vida, difícil de revertir.

Aunque el camino es arduo, con las políticas adecuadas y la concientización de la población, estamos a tiempo de tomar acciones contundentes que garanticen la conservación de los bosques a perpetuidad a través del desarrollo forestal sustentable.

 (*)Químico Farmacéutico Biólogo, Especialista en Higiene Industrial, estudiante de la Maestría en Tecnologías del Desarrollo Sustentable.

belemalvaradoc@hotmail.com

 Imagen del bosque cortesía de pexels.com

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La participación ciudadana como solución al problema de la basura en Colombia

Foto Rosangela Blanco

 

Por Rosángela Blanco, @rosangelablanco (*)

En Colombia, específicamente en Bogotá, son notorios los mensajes en materia del cuidado a los recursos naturales y de la disposición adecuada de los residuos. De hecho, en muchos lugares se pueden observar estaciones de reciclaje.

Sin embargo,  ¿Solo se trata de marketing verde? ¿Realmente hay una solución sostenida y sostenible detrás de todo esto? ¿Se separan en el origen los residuos? ¿Esos residuos van a una disposición final adecuada?

Considero, como vecina, que la ciudad muestra una imagen de responsabilidad ambiental, y pareciera que no se ignoran estos temas. Sin embargo, observando más a profundidad, se evidencia una especie de divorcio entre las iniciativas, públicas o privadas, y la gente.

Las personas tienen que poder apropiarse de esas iniciativas. Es necesario que conozcan los detalles, que opinen, que las cambien si lo consideran, que participen y, por ende, que las cuiden y las mantengan.

Por ejemplo, una ventaja que tiene la ciudad, y que pudiera aprovecharse mucho más, es el sistema de más de 20 mil recicladoras, de los cuales muchos están organizados bajo la figura jurídica de cooperativas y articulados con el Programa Basura Cero de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Sin embargo, los recicladores tienen que meterse en la basura para recopilar los materiales que pueden ser reciclados, lo que implica más trabajo y menos eficiencia. Además, no es el deber ser.

Si logramos que la ciudadanía separe en el origen (hogares, oficinas), ese tímido 15% – 20% de residuos reciclados (según las cifras más positivas), podría aumentar exponencialmente y evitar que las 8000 toneladas diarias que produce la ciudad lleguen al relleno sanitario.

A los gobiernos: es la sociedad quien debe desarrollar las soluciones y la sociedad somos todos. No subestimen a la gente.

A las empresas: ustedes son parte importante de la sociedad, no una isla apartada de ella.

A los vecinos: participemos activamente, seamos ciudadanos, no seres pasivos.

 

(*) Licenciada en Educación, Especialista en Gestión Ambiental Empresarial.  Directora de VITALIS en Colombia.

 

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¿Cómo queda el Derecho Humano a un ambiente sano con la eliminación del Ministerio del Ambiente en Venezuela?

maritzaPor Abg. Ma. Maritza Da Silva D.*

 

La tendencia universal en materia ambiental está dirigida a la tutela constitucional de los derechos humanos vinculados a la protección del ambiente. Los daños ambientales, así como la degradación y/o modificación de los ecosistemas, han vuelto la mirada del derecho para su protección, dando origen al nacimiento de la relación entre derechos humanos y ambiente, vínculo cuya temática ha alcanzado a todas las regiones del mundo, planteando retos fundamentales que los Estados deben afrontar de manera sostenible en los próximos años.

En Venezuela, el derecho al ambiente sano es un derecho humano fundamental, que cuenta con una cláusula ambiental basada en un Estado democrático, social de derecho y de justicia, exaltando desde el preámbulo constitucional el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad, configurado así por mandato del constituyente como derecho-deber, que tiene un valor transversal para todas las políticas públicas, y sólo necesita de exigibilidad y justiciabilidad, para cumplir con el principio de progresividad de los derechos humanos, cuya garantía está consagrada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela 1999, como un derecho humano fundamental claro e inequívoco.

La tutela judicial se encuentra reconocida en el artículo 26 constitucional, como derecho de acceso a la justicia, entendido como derecho de protección, para todos los ciudadanos, priorizando el derecho a la defensa para responder a la necesidad conservacionista del ambiente en razón de su principio de equidad generacional, consagrado en el artículo 127 constitucional.

No obstante, la fusión del Ministerio del Ambiente con el Ministerio de Vivienda y Hábitat, no debe abandonar los postulados consagrados en nuestro marco constitucional, más aun, debe imperar el compromiso por llevar adelante los principios de la Declaración de Estocolmo (1972), que promovió en Venezuela la creación del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales, pionero en América Latina, para atender políticas públicas ambientales de avanzada desde hace más de cuarenta años.

Ello conlleva a exhortar desde nuestra tribuna, a las autoridades del fusionado ministerio a seguir trabajando incansablemente y de manera articulada con los sectores involucrados con otros ministerios, entre ellos, salud, alimentación, agricultura y tierras, organizaciones no gubernamentales, universidades, asociaciones civiles, consejos comunales, contralores sociales, en fin, todos los actores que hacemos vida social, porque la lucha por la dignificación de los derechos siempre será hasta alcanzar la justicia ambiental, tantas veces vilipendiada por intereses ajenos a la calidad de vida que nos merecemos como ciudadanos.

Los derechos y deberes son de todos los ciudadanos, pero el derecho humano al ambiente sano es una garantía constitucional, que con ministerio o sin ministerio nunca dejará de ser un derecho humano fundamental constitucional.

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* Abogada. Directora de Derecho Ambiental y Políticas VITALIS. Profesora de Derecho Ecológico en la Universidad Santa María y de Derecho Ambiental de la Universidad Metropolitana. Es Secretaria Ejecutiva de la Sociedad Venezolana de Derecho Ambiental.

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