Por Víctor Hugo Fernández Escamilla (*)

El agua dulce se enfrenta a crecientes presiones en todo el mundo debido al consumo excesivo por la urbanización, a la falta de inversión, a la mala gestión, al despilfarro y a las exigencias de la agricultura, la energía y la producción de alimentos, lo cual demanda una gestión integral e integrada, para garantizar la sustentabilidad.

Aunque en términos generales se considera que hay suficiente agua dulce en el planeta para los más de 7,000 millones de personas que lo habitan, esta se distribuye de manera desigual y una gran proporción se desperdicia, contamina y gestiona en forma insostenible. Por si fuera poco debido al cambio climático y en un escenario en el que todo sigue igual, la UNESCO estima que 40% de los recursos hídricos del planeta serán afectados para el 2030. Esto toma aun mayor importancia cuando sabemos que debido a sus impactos en la salud, la equidad de género, la educación y los medios de sustento, la gestión de este recurso es esencial para lograr un desarrollo económico sostenible y aliviar la pobreza.

El planeta cuenta con 1,386 millones de km3 de agua, de los cuales 97.5% es salada y solo 2.5% es dulce, es decir solo 35 millones de km3. Sin embargo de esta cantidad solo 30% está disponible para el consumo humano debido a que se encuentra en forma de glaciares, nieve o hielo. El agua para su uso es llamada agua dulce, la cual se extrae de ríos, mantos acuíferos o directamente de la lluvia.

De acuerdo con la Asociación Mundial para el Agua y la Organización de las Naciones Unidas, la Gestión Integral de los Recursos Hídricos (GIRH), es un proceso que promueve la gestión y el desarrollo coordinado del agua, el suelo y los otros recursos relacionados, con el fin de maximizar los resultados económicos y el bienestar social de forma equitativa sin comprometer la sustentabilidad de los ecosistemas vitales. Su propósito es gestionar el agua dulce de manera eficiente, equitativa y sustentable.

De acuerdo con la UNESCO, las inversiones en infraestructuras hídricas son fundamentales para liberar todo el potencial de crecimiento económico en las etapas iniciales del desarrollo económico de un país. Estas infraestructuras pueden contribuir a reducir el riesgo de escasez de agua y gestionar los desastres relacionados con los recursos hídricos reduciendo su vulnerabilidad y/o aumentando la resiliencia de las economías ante acontecimientos extremos.

Por lo tanto, la GIRH además de favorecer la democratización y el acceso al agua, contribuye a maximizar los beneficios económicos a la población, además de mejorar el bienestar social sin comprometer la sustentabilidad de los ecosistemas vitales.

¿Y tú qué esperas para gestionar los recursos hídricos de manera integrada?

 

(*) Ing. Industrial / victor-escamilla@hotmail.com