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Comunicación Ambiental – Vitalis
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Estrategia nacional, apoyo a la ciencia y acciones precisas requiere el desafío del cambio climático en Venezuela

Nota de Prensa, Caracas 10 de octubre 2019

Por Heidy Ramírez S.

La declaración del Ávila, documento resultado de dos días de disertaciones en materia de cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria expone que Venezuela como país petrolero enfrenta desafíos complejos que demandan la toma de decisiones precisas y asertivas apoyadas en un robusto apoyo técnico-científico para el diseño de estrategias y acciones enfocadas a la mitigación y adaptación.

Es una tarea a la cual los investigadores y científicos se comprometen a seguir respaldando incluso con la creación de un Observatorio Nacional del Cambio Climático, que además sería clave para la tan esperada ley que está en proceso de redacción en manos del Poder Legislativo.

Estas ideas fueron producto del III Simposio de Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria llevado a cabo en Caracas los días 8 y 9 de octubre bajo la dirección de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) y con el apoyo de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat (Anihven), la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Universidad Metropolitana (Unimet).

Las conferencias magistrales y ponencias de este encuentro dejaron ver que si bien el país atraviesa una de las crisis económico-política más compleja de su historia cuenta con un potencial humano invaluable que pese a las carencias se mantiene en estudio constante ofreciendo datos y en disposición a contribuir al desarrollo. Los estudios de este simposio son insumo de primera mano para el diseño de políticas públicas que disminuirían en buena medida los efectos que innegablemente tiene y tendrá el cambio climático en la vida del venezolano, sin distinción de ningún tipo.

En la instalación del evento, Benjamín Sharifker, rector de la Unimet,  expuso que el cambio climático sin duda debe mucho a la actividad humana y al consumo de combustibles fósiles, por lo cual ya muchos países se habían volcado al uso de energías alternativas, realidad que presiona la reconversión de la economía petrolera. En este sentido Venezuela tiene la gran responsabilidad de reenfocar la explotación de sus recursos. También el científico Ismardo Bonalde primer vicepresidente de la Acfiman al hacer recuento de los simposios anteriores y otras actividades relacionadas con cambio climático organizadas por la institución, hizo un llamado al actual gobierno y a los que le sigan a invertir en la investigación científica como base de la promoción del desarrollo del país. 

La seguridad alimentaria, un problema de poder y de pobreza

Una de las conferencias de apertura correspondió al académico (Acfiman) Carlos Machado Allison, quien expuso que un elemento clave para hablar de  cambio climático en Venezuela es el derecho a la propiedad. “Si no se es dueño del suelo que se cultiva el agricultor piensa en el provecho de un día y no en el futuro. Donde hay firmes derechos de propiedad existe seguridad alimentaria, riqueza y procura de soluciones ambientales”.

El tema según Machado no es atendido por el Gobierno y en la opinión pública el cambio climático no va más allá del uso de las bolsas plásticas y el deshielo en los polos, pero en el resto del mundo ya se están dando importantes pasos apoyados por tecnología de vanguardia que no se conocen ni se tienen no solo en Venezuela sino en buena parte de Latinoamérica. En lo que respecta a seguridad alimentaria, se trata de procurar producir, procesar y distribuir suficientes alimentos para una población pero que también ésta tenga la posibilidad de adquirirlos, lo que demanda una economía sana con acceso a los bienes y servicios. A su criterio en agricultura se requerirá cambiar algunos cultivos por otros porque variarán las condiciones climáticas, igual la ganadería tendrá que adaptarse a nuevos ciclos de agua.

El reto de alimentar al mundo y la pérdida de alimentos

En materia de seguridad alimentaria algunas de las ponencias se enfocaron al aumento de la capacidad de producción de las plantas y a la optimización de uso de recursos. Pero también se habló de la pérdida de alimentos calculada en 1300 millones de toneladas anuales por problemas de capacitación, educación y gerencia lo que a la vez conlleva a gasto innecesario agua, energía y agroquímicos para obtenerlos.

En opinión de los expertos la producción actual de alimentos es suficiente para la humanidad pero las pérdidas son desmedidas. De allí que sean desafíos aspectos como calidad de las cosechas, calidad de transporte procesamiento y empaque, infraestructura vial, inteligencia de mercados, administración de inventarios, conocimiento de las cadenas agroalimentarias y del consumidor final. El complejo sistema agroalimentario requiere un importante gasto de agua, ocupa alrededor de 5 mil millones de hectáreas, es responsable del 13,5% de las emisiones de CO2, utiliza más de 200 millones de toneladas de fertilizantes y consume entre el 15 y 25% de la energía fósil disponible. De cara al futuro (2050) se espera un incremento del 34% de la población mundial, concentrada mayormente en las grandes ciudades y se pronostica que se requerirá cerca de un 70% más de alimentos. Por todo lo anterior, es crucial promover en los países no solo el desarrollo de habilidades para producir y consumir mejor ante la esperada evolución humana sino también para hacer frente a las alteraciones que vendrán por los cambios ambientales.

La ciencia puede tener gran parte de las respuestas

Así como en otras etapas de la historia del mundo, la actual más que presentar un escenario catastrófico, invita a un reordenamiento. Eduardo Buroz, profesor, investigador y miembro también de las Academias propone pensar más en un escenario de alerta y de acciones más que uno fatal ante el cambio climático. “Debemos prestar atención al manejo de los acuíferos y suelos, buscar variedades más resistentes en agricultura y ganadería, mantener las líneas de investigación de las universidades adaptadas a nuestra realidad y empezar a imaginar los sistemas de producción que necesitaremos dentro de veinte años. Todo ello participando en los planes globales de adaptación frente al cambio climático teniendo claro que es un problema mundial”. Al respecto, Nelson Hernández de la Anihven en su  conferencia sobre el uso de la energía en la cadena alimentaria, propuso buscar modelos alternativos que sean capaces de producir alimentos para todos, desde la eficiencia energética, biológica y económica. “Un modelo multifuncional, creativo y atractivo que permita la participación individual y colectiva en la construcción eficiente del insumo de nutrientes que se necesita para la continuidad de la vida”. Lógicamente esto comprende un sinfín de opciones, como las planteadas en las ponencias de este simposio, que abarcan retomar conocimientos ancestrales en materia de producción, promover especies autóctonas, educar a la población en la conservación ambiental y nuevos modos de obtención de alimentos, reacondicionar los suelos para la producción, buscar energías alternativas, lograr enfoques multidisciplinarios en las investigaciones y hacer sinergia con expertos y tecnologías de otras latitudes.

El punto final lo pondrá la capacidad de llegar a un consenso. Tal como comentó en su conferencia el profesor Rafael Rodríguez, investigador de la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado (UCLA), el gran desafío estará en la articulación de los expertos y enfoques de investigación en materia de cambio climático con los tomadores de decisiones. En un contexto donde existen conflictos entre los intereses a corto y largo plazo y los problemas se interpretan de forma diferente según las inclinaciones de cada grupo toca mucho trabajo por hacer para llegar al ideal que es tener a todo un país enfocado al logro de un objetivo común frente a una amenaza global ya innegable.


Para más información sobre la Acfiman (@acfimanve) puede consultarse su página web: https://acfiman.org y para conocer el programa de ponencias que se desarrolló en el simposio así como los investigadores relacionados se puede consultar el enlace: https://acfiman.org/2019/09/04/simposio-cambio-climatico/

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El divulgador ambiental y su responsabilidad social

Por Gilberto Carreño, @GilbertoCarreo (*)

Cuando observamos las grandes movilizaciones que escenifican innumerables  grupos de ciudadanos de todo el mundo, que se concentran en los lugares donde tienen lugar las más importantes reuniones sobre el ambiente global, entendemos que algo grandioso está ocurriendo en la opinión pública de todos los países: la concienciación sobre la suerte del planeta que está creciendo, pese a la drástica reducción de los medios impresos de comunicación colectiva,  donde se han acortado los espacios informativos, al igual que las publicaciones especializadas, sobre los temas que forman parte de la literatura ambiental.

¿Cuál pudiera ser la explicación sobre ese fenómeno que palpamos, especialmente cuando la convocatoria está referida al tema puntual del cambio climático? Realmente, no resulta difícil dar respuesta a esta interrogante, pues a la vista de todos está el progreso de los medios masivos de divulgación que se apoyan en las modernas tecnologías telecomunicacionales, como producto de la globalización de la información, y a través de las cuales se pone en evidencia la preocupación de la humanidad en relación con los asuntos que más llaman la atención en los actuales momentos.

En esta realidad está presente un hecho que puede entenderse como el predominio de los medios digitales, sobre las formas tradicionales de comunicación colectiva, y que precisamente por las facilidades que ofrecen para ser desarrollados de manera individual, permiten el acceso a cualquier persona que, motivado por una preocupación compartida con muchos otros, puede incurrir en un manejo inadecuado de ellos.

Por tales razones, podemos considerar que pese a las buenas intenciones  de quienes asumen la función de comunicadores, y este caso de divulgadores ambientales, deben procurar no solo un manejo idóneo de la herramienta sino, más allá, el mejor uso de los contenidos que pone a la disposición de ese inmenso público que conforma el ciberespacio, y la debida utilización de las técnicas y recursos redaccionales del oficio comunicacional.

Necesario es, entender que la comunicación ambiental se incluye entre las áreas de la comunicación científica, y que más allá de la interpretación de la realidad visible que pueda generar un hecho determinado, es a los profesionales de las distintas ramas de las ciencias (biológicas, ecológicas, meteorológicas y geográficas, entre otras) a quienes corresponde la función de emitir información para ser divulgada con mayor propiedad. En este caso, debe quedar claro también, que el comunicador aplicado a la divulgación de temas ambientales tiene la obligación de formarse en relación con los distintos aspectos de la temática ambiental, para interpretar debidamente a quienes con indiscutible formación académica emitan información en cada caso.

En el ejercicio cabal de la divulgación científica, el comunicador debe basarse, en el caso de una afectación ambiental, entre otras; en primer lugar, en la investigación del hecho presente, para lo cual debe acudir al profesional del área de la cual se trate; en segundo término en la comprobación de la situación observada (causas y niveles de contaminación u otro tipo de afectación de un determinado hábitat); propuestas de soluciones para la corrección del problema; y, muy importante, realizar el debido seguimiento de las acciones anunciadas por la autoridad a la cual corresponda asumir la responsabilidad de aplicar las correcciones y/o mitigación de los efectos.

De igual manera corresponde al auténtico comunicador ambiental, mantenerse al día en la información sobre las nuevas tecnologías y procedimientos que se aplican en distintos lugares fuera de su localidad, para orientar a las autoridades y a la comunidad en general, sobre adelantos que bien pudieran ser aplicados en su ámbito territorial.

Al comunicador ambiental  debe corresponder la tarea de prevenir cualquier situación que pudiera poner en peligro la seguridad ambiental de una comunidad, sea por la aparición de elementos extraños en un determinado cuerpo de agua, o por la visible factibilidad de derrumbe de un terreno; como también denunciar cualquier violación de la normativa ambiental de un lugar.

Como fin último, el comunicador ambiental tiene la honrosa obligación de contribuir a forjar la educación de las comunidades en relación a los problemas que las afectan, y más allá, contribuir a la formación de una cultura ambiental que les permita elevar su calidad de vida.

De la misma manera, es preciso también tener presente que al igual que el comunicador de oficio o profesión tiene normas para cumplir en relación a la producción y divulgación de sus mensajes ambientales, también para el científico se imponen condiciones de necesario cumplimiento como son, entre otros, el adecuado manejo de las más elementales técnicas de redacción para que su producción de contenidos llegue al gran público, sin los tecnicismos propios de su profesión, con la mayor sencillez y claridad; y algo que debe ser común tanto para el periodista como para el experto: el apego a la verdad, sin magnificación de los hechos, y con estricto apego a las normas éticas de la comunicación social.

 

(*) Comunicador Social y Profesor Universitario. Periodista de VITALIS, gcarreno@vitalis.net @CirculoAmbiental

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