Tiempo libre y ocio en provecho del ambiente

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Por Alberto Blanco-Uribe Quintero (*)

La Declaraci贸n de Estocolmo de 1972 reconoci贸 el derecho al ambiente. Subsiguientes actividades de Naciones Unidas, hasta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030), han dejado claro el deber intergeneracional de gesti贸n racional y protecci贸n de 茅ste derecho, en beneficio de la vida.

El avance de los derechos humanos sobre el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad o auto determinaci贸n que la persona puede concebir en s铆 y de s铆 misma, en todos sus 谩mbitos, sin injerencias que perturben su dignidad, ha propiciado nuevos derechos. Entre ellos destacan el tiempo libre y el ocio, especialmente en interdependencia con otros como la protecci贸n de la vida privada, la salud, la calidad de vida, la creaci贸n cultural y la libertad asociativa.

Pero cuando se oye hablar de ocio la gente responde con una mueca de desaprobaci贸n, por entenderlo como inutilidad y p茅rdida de tiempo, lo cual es un prejuicio, pues tiene un car谩cter provechoso (Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos, UNESCO, Asociaci贸n Mundial del Ocio y la Recreaci贸n 鈥 WLRA). El ocio es una actividad positiva y enriquecedora, ligada al bienestar emocional.

Tal prejuicio se origin贸 en la era industrial, Siglo XIX. La consigna del momento era producir al m谩ximo, siendo lo 煤nico loable trabajar (鈥Ser alguien productivo鈥). El tiempo libre era visto como algo negativo. Salvo que ello se justificara en la necesidad de descansar, recuperarse para ser 鈥productivo鈥. Incluso se acu帽贸 aquello de que 鈥el ocio es el padre de todos los vicios鈥.

Afortunadamente los diccionarios, adem谩s de acepciones prejuiciadas, nos muestran que el ocio es una actividad autot茅lica: divertirse mediando un hacer, a trav茅s del cual se desarrolla el ingenio y la creatividad, contando con tiempo para ello, gracias al hecho de estar libres de las ocupaciones habituales, y con resultado provechoso. Fuera de trabajar y descansar, se tiene la necesidad de alcanzar otros cometidos 煤tiles para s铆 y para la sociedad.

Es solo en el ocio donde permitimos que emerjan facetas humanas que no est谩n sujetas al imperativo de la producci贸n y que hacen, con diversi贸n, brotar el ingenio y la creatividad. 鈥El ocio es el padre de todas las virtudes鈥. Un gran ocioso fue Leonardo Da Vinci. La sociedad debe fomentar el ocio.

Dentro del tiempo libre hay ocupaciones autoimpuestas, como el voluntariado tipo membres铆a en ONGs ambientalistas, que de suyo es participaci贸n solidaria en pro del ambiente (limpieza de playas, reforestaci贸n, sensibilizaci贸n, formaci贸n); y las de ocio: diversi贸n, ingenio, creatividad, utilidad, que no son trabajo, no implican remuneraci贸n ni obligaci贸n (huertos caseros, compost, reciclaje y reutilizaci贸n, reparaci贸n, investigaci贸n y redacci贸n de art铆culos como 茅ste, preparaci贸n y dictado de cursos, escritura de textos, realizaci贸n de videos鈥). El ocio podr铆a desembocar en una obra literaria, pict贸rica, f贸rmula qu铆mica, una mejor tecnolog铆a, un emprendimiento, un juego ecol贸gico, etc.

Seamos voluntarios ambientalistas y tambi茅n ociosos del ambiente: divirt谩monos y retemos nuestro ingenio creativo.

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(*) Abogado, profesor universitario, asesor, consultor y litigante en materia de Derecho Constitucional, Derechos Humanos, Derecho Ambiental, Derecho Administrativo y Derecho Tributario. Colaborador de Vitalis. https://www.linkedin.com/in/alberto-blanco-uribe-b004329/

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