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Covid-19. Tiempo de oportunidades para construir un mundo posible

Por Greta Colina (*)

La llegada del coronavirus trajo consigo una crisis vivida de forma distinta por cada uno. Sin embargo, todos transitamos diferentes cambios y transformaciones.

La enfermedad del COVID-19, posiblemente, ha llegado con el fin de hacernos reflexionar sobre nuestro actuar y sobre cómo, hasta la fecha, hemos venido alterando los procesos en los ecosistemas. El comportamiento destructivo de todos los seres humanos ha sido el principal causante de la crisis que hoy padecemos. Nos urge aprender a tener una mejor relación con la naturaleza. 

En este escenario, sería válido preguntarse ¿para qué ha llegado la COVID-19 y qué lectura podemos darle a esta situación que nos ha paralizado?

A la luz de estas inquietudes, y centrándonos en el contexto educativo, la UNESCO advierte que “…las pandemias y los conflictos pueden dejar a generaciones completas traumatizadas, sin educación”.  De allí que la educación recobre mayor significado, y más, cuando nos planteamos nuevos retos para alcanzar los objetivos del desarrollo sostenible (ODS). Estamos ante una crisis que ha tocado todos los procesos generando un impacto negativo sin precedentes en cada país del mundo.

La transformación vivida por la sociedad, manifestada a partir del cierre de las escuelas, generó de manera automática cambios en las rutinas diarias. Solo en abril, 1600 millones de estudiantes a nivel mundial se vieron afectados tras el cierre de las escuelas. La solución inmediata fue la educación a distancia y la escuela en casa pasó a ser lo cotidiano.  No obstante, esta medida dejó por fuera a millones de estudiantes por los costos y el acceso que tiene el Internet en cada país.

Ante esto, la educación está llamada a constituirse en la inversión prioritaria para fomentar una nueva cultura de vida con sociedades que actúen desde la conciencia y la coherencia. Un nuevo paradigma que logre la auténtica inclusión y equidad tal y como se establece en el objetivo número cuatro de los ODS.

Desde esta perspectiva la educación ambiental aborda una nueva premisa: “Aprender del que aprende” situándonos en el papel del otro, del que aprende, generando más empatía y sensibilidad. Que nos permita resolver los retos ambientales y que nos haga entender que somos seres eco-dependientes que estamos vinculados con la naturaleza con todos nuestros sentidos. Que nos prepare para combatir con creatividad e innovación estos desafíos, y que nos enseñe a vivir con menos.

Si bien el virus trajo consigo una crisis de gran magnitud, también nos ha dado la oportunidad para manejarnos a partir de nuestra resiliencia, de conocer, sin saberlo sobre la “ética de los cuidados” que nos impulsa a cuidarnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestro espíritu. Saber cuidar el entorno en el que vivimos y el de las personas que queremos. Debemos comprometernos con la acción y mantener presente que los sueños y la imaginación son parte del acto de educar para construir un mundo posible.

¿Te pareció interesante este artículo? Tal vez quieras leer también “Un desafío inesperado del siglo XXI: implicaciones del Covid-19 sobre los ODS“. ¿Quieres saber cómo puedes involucrarte y generar un cambio para tu comunidad, empresa o país? Escríbenos a info@vitalis.net

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(*) Licenciada en Educación Integral mención Ciencias Sociales, con estudios en Investigación de la Educación y Especialización en Gestión Ambiental Empresarial.

LinkedIn: linkedin.com/in/greta-vestalia-colina-hibirma

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Un desafío inesperado del siglo XXI: implicaciones del Covid-19 sobre ODS

Por Militza Correa Viana(*), MSc.

El Covid-19, un agente hasta ahora desconocido, ha impactado todos los aspectos de la humanidad. Originado en China a finales de 2019, es un coronavirus tipo 2, que a través de la movilización internacional se propagó hacia otros países asiáticos, apareció en el resto de los continentes y alcanzó la categoría de pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta en su página oficial del 25/06/20, un total de 9.296.202 personas contagiadas y 479.133 muertos por Covid-19. América es el epicentro actual de la pandemia con más de 4,5 millones de enfermos y 53.800 decesos.

A objeto de reducir los impactos del Covid-19, los gobiernos nacionales han aplicado medidas tales como la paralización temporal de actividades económicas, administrativas y de servicios, el confinamiento social y el cierre de instituciones educativas, las cuales representan altísimos costos sociales y económicos a corto, mediano y largo plazo. El Banco Mundial estima que la economía global se reducirá 5,2% durante este año. La pérdida de 3,6% del ingreso per cápita conducirá a millones de personas a la pobreza extrema y todos los mercados emergentes y las economías en desarrollo serán seriamente afectadas.

¿Cómo seguir avanzando hacia el desarrollo sostenible y construir respuestas acertadas ante la nueva realidad del siglo XXI generada por el Covid-19?. He aquí un desafío inesperado: poner fin a la pobreza, proteger el ambiente y mejorar las vidas de las personas, en un escenario más complejo, con mayores diferencias entre e intrapaíses y problemas graves de empleo, ingresos, seguridad alimentaria, salud y educación. 

Abordemos brevemente los planteamientos de algunos actores internacionales. La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) propone que los organismos multilaterales garanticen el acceso de las naciones menos favorecidas al financiamiento para sostener sus gastos sociales y actividades económicas. De igual manera se requieren estrategias de desarrollo regionales y subregionales dirigidas a asegurar las cadenas de producción, suministro de alimentos y bienes críticos y el fortalecimiento del comercio intrarregional.

Según la Junta de Monitoreo de Preparación Global (JMPG), es imprescindible financiar e implementar el reglamento sanitario internacional, invertir en tecnologías sanitarias en los países más vulnerables y diseñar e instrumentar sistemas locales de gestión médica que incluyan la educación de las comunidades con respecto a los riesgos de salud.

En referencia a la alimentación, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) considera imperioso reforzar, tanto los programas de asistencia contra el hambre y la malnutrición en las poblaciones más frágiles, como los proyectos de apoyo a pequeños productores y agricultura familiar.

UNESCO, UNICEF y PMA han establecido la Coalición Mundial para la Educación y un conjunto de directrices para la educación que incluyen reformas para ampliar el acceso de los niños marginados, financiamiento de sistemas educativos, condiciones seguras en escuelas, compensación del aprendizaje y programas de bienestar y protección de los estudiantes.

Las ciudades deberán ser sostenibles y para ello el BID sugiere formular políticas públicas de prevención de epidemias, ampliar la dotación de equipamiento e infraestructura, reforzar el liderazgo comunitario, activar las economías locales, establecer planes de emergencia y recuperar y habilitar espacios abiertos.

El futuro se muestra difícil y retador, el Covid-19 llegó y permanecerá entre nosotros. Desde la perspectiva posibilista, este acontecimiento representa una oportunidad para aprender y optar decidida y valientemente por relaciones y acciones dirigidas a garantizar la sostenibilidad de la vida.


(*) Militza Correa es Geógrafa, especialista en Gestión Ambiental. Actualmente se desempeña como Líder Global de Sustentabilidad de Vitalis, con énfasis en los Objetivos de Desarrollo Sustentable. mcorrea@vitalis.net

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El panorama de la vivienda en México

Por Ing. Carlos Muñoz (*)

Adquirir una vivienda es una de las necesidades básicas de todo ser humano, por ello es tan importante valorar este tema de especial importancia en México.

A través del tiempo, han surgido factores que condicionan la adquisición de una vivienda digna, tales como el crecimiento demográfico y la economía, ya que mas del 50 % de los ingresos de las familias son destinados a la vivienda, en construccion, servicios o impuestos.

El Gobierno Federal de los Estados Unidos Mexicanos, ha tenido como objetivo impulsar la adquisición de un inmueble para la sociedad. Para ello ha creado instituciones como INFONAVIT Y FOVISSTE, que se dedican a generar incentivos y otorgar subsidios o créditos hipotecarios para la construcción, compra, remodelación o mejora de la vivienda. Sin embargo, a pesar de esto, aún sigue siendo difícil para las clases baja y media de la población, tener acceso a una vivienda digna, pues no cuentan con los medios suficientes para adquirirla y mantenerla.

En términos generales, 65% de la población que tiene ingresos por debajo a tres salarios mínimos, se encuentra fuera de los programas institucionales de suelo urbanizado y de vivienda, por lo que las personas construyen sus casas con lo que tienen y como pueden. Estas viviendas, consideradas informales, comprenden procesos irregulares de poblamiento, hacinamiento y autoproducción de la sociedad, saltándose el factor político, legal y económico que lo respalde. Todo lo anterior puede poner en riesgo la integridad de sus habitantes, e incluso de quienes lo rodean, lo que genera un deterioro en su calidad de vida.

El no tener una vivienda es actualmente uno de los desafíos que enfrenta México y el mundo,  además de los conflictos económicos y los intereses sociales en países subdesarrollados.

La agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, establece el compromiso de lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, compromiso en el cual se incluyen las viviendas.

Es importante que el sector inmobiliario tenga una oferta y demanda estable para su permanencia y rentabilidad, que generen confianza en la sociedad, un programa de desarrollo para no salariados, un suelo apto de vivienda, y un contrato de compra venta que especifique un lenguaje claro y preciso.

 

(*) Ingeniero en Energía y Desarrollo Sustentable, rcarlosmuma@gmail.com

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Educar para el Desarrollo Sostenible, una sencilla ecuación: Sensibilidad + Empatía.

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Lic. Greta V. Colina H. (*)

 

Avanzamos en una caminata que tiene nueva fecha de inicio y término: 2015|2030. Este tiempo es el  acordado para el logro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos en agenda y adoptados  por los estados miembros de las Naciones Unidas  en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible llevada a cabo en el 2015. 

La agenda tiene como uno de sus intereses ponerle  fin a  la pobreza en el mundo para garantizar el bienestar social bien entendido como:   progreso, paz, igualdad, equidad y sobre todo la sostenibilidad del planeta. Un tiempo para la participación activa y eficiente de todos los actores dentro de  cada sociedad del mundo, cualquier ciudadano que reconozca que  a través de su acción consciente puede hacer abonos para mitigar el deterioro de la Tierra.

Para que está participación ciudadana sea efectiva se hace imprescindible el hecho de estar bien informados con relación a los problemas ambientales. Lograr estar alfabetizados ambientalmente debe ser la prioridad de todas las sociedades y más allá de parecer complicado, imposible y muchas veces desalentadora la idea de transferir este conocimiento,  resulta ser solo una cuestión de sensibilidad y empatía, por lo tanto la educación de este momento,  más allá de ser vista como un desafío,  se presenta llena de oportunidades.

Alcanzar una educación inclusiva y de calidad es el sexto objetivo de los ODS. Resulta necesario entonces  un modelo educativo que se adapte a las nuevas condiciones ambientales  y que tome en cuenta, más allá de los contenidos elementales de formación,   los aspectos sociales-económicos- y ambientales-  de cada región para garantizar un crecimiento respetando el buen uso y aprovechamiento de los recursos.

Si bien la educación ambiental no es la única manera concienciar a la sociedad reconozco que la educación es el mejor vehículo que tenemos para fomentar el amor por la naturaleza.

Enfoquemos nuestros esfuerzos para que exista mayor cooperación y compromiso. Valoremos cada paso, cada acción. Sintamos la fuerza que moviliza cada intensión por tener un mundo mejor. Reconozcamos que mientras más seamos es mejor. Aplaudamos cada descubrimiento científico y tecnológico  que permita la perdurabilidad de nuestros genes y ecosistemas. Apoyemos cada emprendimiento social que repercuta en el bienestar y el progreso de las sociedades,  pero sobre todo alentémonos con la esperanza de que lo que hagamos habrá valido la pena.

Despertemos en nosotros sensibilidad y empatía. 

 

(*) Docente Esp. en Gestión Ambiental Empresarial. gretav.colinah@gmail.com

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