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La unión de fuerzas para combatir el cambio climático

Por Francisco Suarez (*)

Hay muchas organizaciones y empresas tratando de poner su grano de arena para combatir el cambio climático y dejar una huella positiva detrás de sus acciones. Sin embargo, a veces los esfuerzos no parecen ser suficientes y por lo general no coordinados bajo un plan estratégico integral.

La premisa o reto es incluir de manera integral la sostenibilidad en los planes económicos y de desarrollo de los países, con planes claros y vinculados para la generación de valor económico, social y ambiental de una manera coordinada.

Empresas como Coca-Cola FEMSA son el ejemplo de que se puede hacer la diferencia. La cadena de valor compartido puede funcionar cuando se ponen a todos los jugadores bajo el mismo objetivo: la comunidad, la empresa, la institución gubernamental; todos cumplen un papel fundamental en generar un cambio sostenible.

Es por ello que el rol de todos cuenta, y cuenta mucho, dentro y fuera de las empresas. Organizaciones como el WEC (World Environmental Center), una Organización sin fines de lucro con el propósito de enlazar y fortalecer el desarrollo sostenible a través de las operaciones de empresas aliadas, en asociación con instituciones gubernamentales y no gubernamentales, universidades y tomadores de decisión.

Su estrategia de renovación está enfocada en la aceleración de soluciones de sostenibilidad a través de la innovación, liderazgo y colaboración pública y privada.

Esta alineación significa una manera diferente de ver el rol de la organización como un conector y dar espacios a cada institución o empresa a desarrollarse dentro de un ámbito que no perjudique a sus miembros, comunidad o país. Las personas y las economías prosperan cuando las micro, pequeñas y medianas empresas están facultadas para alcanzar su máximo potencial. 

Cada etapa del proceso es importante y las empresas deben evaluar con cuidado dónde invierten sus esfuerzos. La ciencia y la tecnología se han formado de maneras que permiten cada vez más el equilibrio en cada punto de la cadena de valor, desde las materias primas hasta la fabricación; logística a la venta; de su uso al desecho.

Es fundamental que las empresas estén dispuestas a trabajar en conjunto, son estas conexiones las que aceleran el aprendizaje, la práctica compartida y el desarrollo sostenible.

Cuando nos enfrentamos a problemáticas como en la que se encuentran los sectores industriales de uso intensivo de agua, como la agricultura, la energía y la minería. Descubrimos riesgos potenciales asociados con la interrupción operativa y / o del proveedor, el aumento del costo del agua, la reducción del rendimiento / la pérdida de cultivos, el aumento de las regulaciones y potenciales daños al ecosistema y comunidades aledañas.

Ante este tipo de coyunturas es importante que todas las partes se pongan la camiseta. Gobiernos, legisladores, reguladores, administradores, funcionarios de organismos y organizaciones internacionales, el sector privado, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y sector educativo. Todos son bienvenidos a poner su grano de arena por un objetivo en común.

Todos en los individual queremos dejar un mejor mundo para nuestros hijos y las próximas generaciones, para que ocurra tenemos que jugar en el mismo equipo. Siempre habrá objetivos competitivos en las empresas, pero con la alineación correcta cada quien tiene sus espacios para crecer dejando una huella positiva en el planeta.


(*) New Business Project Director en Coca-Cola FEMSA.

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Islas de calor, un fenómeno citadino.

Dra. Estela Cuna Pérez (@CunaEstela)

Los habitantes de las grandes ciudades padecen de un fenómeno denominado Islas de Calor (IC), este fenómeno se refiere a la presencia de aire más caliente en ciertas zonas de la ciudad, a diferencia del que se encuentra en las zonas rurales que la rodean. Esta diferencia de temperatura es debida a múltiples razones: ciudades densamente construidas, suelo de concreto, áreas verdes reducidas, carencia o escasa presencia de cuerpos de agua. Todas estas características favorecen una dispersión más lenta de la radiación solar, hay que incluir que los materiales usados en las construcciones urbanas son generalmente oscuros por lo que absorben más energía, la cual se dispersa poco a poco en forma de calor.  

En la Ciudad de México, a las 6 de la mañana en el mes de marzo, se han registrado diferencias de 10°C entre el centro de la ciudad y la zona rural periférica. Esta diferencia no se da en toda la ciudad, sólo en zonas puntuales “islas” como en el centro histórico (densamente construido y con escaza vegetación).

La presencia de IC también depende de la presencia de ciertas condiciones meteorológicas: un cielo despejado, viento en calma, incremento en la radiación solar, localización geográfica, altitud, presencia de montañas, tipo de clima. Este fenómeno puede tardar varias horas manteniendo el aire caliente en las ciudades, generando estrés e incomodidad en la población por la sensación de calor, así como mayor uso de energía eléctrica en aparatos (ventiladores y aire acondicionado).

Las acciones que se pueden emprender para combatir este fenómeno son: una buena planeación urbana, reforestar e incrementar la superficie de áreas verdes, reactivar y preservar las corrientes y cuerpos de agua, pintar de colores claros las construcciones a fin de que reflejen la energía solar. Debe de quedar claro que IC es un fenómeno producto de la forma en que han crecido las ciudades y no algo propio de las cuestiones meteorológicas. Además de las IC, existe el fenómeno Oasis, este se presenta en ciudades que fueron planeadas con áreas verdes y fuentes de humedad, que provocan Islas de frescor (IF) con respecto al clima cálido presente en las zonas circundantes.

Cada habitante de la ciudad puede apoyar a disminuir este fenómeno y transformar las IC en IF, realizando pequeñas acciones (pintar su casa de color claro, plantar y regar más árboles, incrementar las plantas en el exterior de los inmuebles y cuidar los cuerpos de agua, por pequeños que sean, por ejemplo, las fuentes.

(*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net.

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La extensión universitaria y su aporte a la gestión de residuos sólidos

María Gabriela Velázquez Mirabal (*)

La universidad, como institución social, históricamente ha mantenido un rol tutelar en la evolución y desarrollo de las sociedades, se le ha adosado la misión esencial de promover aspectos científicos, productivos y tecnológicos; además de conservar la cultura, valores, y tradiciones. En este sentido, la Extensión universitaria esencialmente se traduce como la intervención sistémica en el intercambio, generación y empleo del conocimiento para el cambio social y evolución de las comunidades.

Por su parte, la Gestión de los residuos y desechos sólidos corresponde a lo relacionado con actividades administrativas de planificación, coordinación, concentración, diseño y evaluación de políticas, planes y programas de manejo para los residuos y desechos sólidos. Esto, indudablemente obliga a reflexionar sobre la reproducción de procesos sociales y económicos allí implícitos; dilucidando una de las múltiples razones por las que no se ha logrado en las ciudades venezolanas, así como en gran parte de los países de América Latina, uno de los macro propósitos de la Gestión integral de la basura: la salubridad de las poblaciones.

Desde el desarrollo sostenible promulgado con la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, el aumento de la conciencia del público y la capacitación (como funciones de la educación universitaria), forman parte de la estrategia para alcanzar la optimización de los recursos naturales. Acorde con ello, el aporte de la Extensión universitaria a la Gestión sostenible de los residuos sólidos debe concretarse bajo las siguientes líneas de acción:

  • Entendimiento y acercamiento entre todos aquellos que forman parte del sistema de Gestión de la basura.
  • Logro de una visión compartida del manejo de los residuos sólidos.
  • Creación de un vínculo social para la salud comunitaria local.
  • Renovación de normas relacionadas con la higiene y el saneamiento comunitario.
  • Integración de todos los sectores de la sociedad a las etapas de manejo de la basura.

De esta manera, la Extensión universitaria reaviva la trama de sentidos y significados asociados a la basura por parte de los actores institucionales y comunitarios; abonando la interpretación de la gestión y el manejo de los residuos y desechos sólidos como una acción social, a los tecnicismos con los que se ha manejado la política en este tema.


* Sociólogo del Desarrollo con Maestría en Educación Ambiental, y Doctorado en Ambiente y Desarrollo. Docente de la Universidad Ezequiel Zamora – Venezuela.

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Las ordenanzas, una deuda pendiente con las ciudades.

Por Ing. Ronny Chacón (*) @ronnyoc

Las ordenanzas son el instrumento jurídico por excelencia en el ámbito local para establecer las regulaciones sobre un tema en específico de acuerdo a las competencias del ente municipal. En otras palabras, indica el “cómo hay que hacer”, para un objetivo en común y la mejor toma de decisiones por parte de la autoridades como mandato, por ello se consideran que son una herramienta sobre todo con las nuevas tendencias y actividades que llegan a un punto de que deben ser objeto de regulaciones para evitar la anarquía en una ciudad o por otro lado tener el mejor provecho.

Hablar de ciudades es sinónimo de ordenanzas y en este sentido una ciudad no podría avanzar y desarrollarse, sin haber establecido sus pautas; aunque la realidad ha demostrado que el solo hecho de existir la norma no es garantía, por ende es necesario y pertinente que al menos se encuentren a la par de los requerimientos del momento, siendo lo ideal que los contenidos se proyecten con la visión de establecer políticas a nivel local, que perduren más allá del límite del periodo de gobierno de la administración de turno.

En la actualidad, deja de ser opcional la visión de una ciudad inteligente sin su vinculación con los objetivos del desarrollo sostenible, donde debe iniciarse las transiciones en lo social, cultural, ambiental, económico, y legal, entre otros aspectos, recordando que no es un dibujo libre, sobre todo al hablar de servicios públicos, que es uno de los aspectos que determinan el crecimiento o decrecimiento de una ciudad, temas que las municipales conscientes de ello abordan en sus ordenanzas.

Un caso relevante son las ordenanzas sobre gestión integral de residuos (y desechos sólidos, para el caso de Venezuela donde se diferencias los residuos de los desechos), cuyo enfoque persiste en el esquema simplificado de generación – recolección – disposición final, asociando la gestión integral netamente al servicio de aseo urbano; que durante muchos años dieron resultados esperados pero también tienen su cuota en el origen del problema, coloquialmente conocido como “basura” y con sus graves consecuencias en ecosistemas naturales y urbanos, siendo una constante hasta que se plantee el cambio del esquema tradicional.

En este tema como probablemente en materia de ordenamiento territorial y protección ambiental, la transformación de sus ordenanzas es una obligación, siendo una deuda pendiente de las autoridades municipales para que sus ciudadanos tengan y disfruten del derecho a su ciudad, ya que para nuevas realidades, nuevas acciones.


(*) Asociado de Vitalis, Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental.  www.linkedin.com/in/ronny-ch


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El voluntariado corporativo y su poder transformador

Por David Mendoza (*) @_Mendoza

Cada vez más, las empresas están buscando involucrarse en acciones que contribuyan de una manera positiva a su entorno. Sin embargo, no siempre tienen una guía clara de cómo hacerlo, más allá de aportes monetarios para tener protagonismo y visibilidad en el resultado final.

Para que las acciones de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) realmente permeen en toda la organización, el rol del colaborador se vuelve más relevante y estratégico. Los programas de voluntariado corporativo son capaces de alinear objetivos institucionales más allá de lo comercial, a fin de generar una cadena de acciones que realmente impacten positivamente en el negocio y su ecosistema. 

Desde el voluntariado corporativo, las empresas tienen la oportunidad de proyectar una imagen positiva ante el mundo, tangibilizando discursos e ideales en acciones reales. Los colaboradores también ganan de este tipo de iniciativas. En realidad, ganamos todos.

Un estudio de Nielsen en China realizado en un grupo de empleados participantes del programa de voluntariado de la empresa, demostró que las actividades habían reducido en más de 80% sus índices de aburrimiento, soledad, depresión, y había incrementado su empoderamiento y voluntad de tomar acciones por su salud mental.

El estudio también demostró que el programa de voluntariado tenía la capacidad de generar mayor bonding (unión-conexión) del empleado con la empresa; 94% apreciaba la oportunidad de voluntariado que la empresa había generado para ellos, y 86% consideraba que las actividades ayudaban al trabajo en equipo y sentido de pertenencia con la empresa.

Las marcas detrás de estas actividades también ganan de reconocimiento público. Diversos estudios han demostrado que las audiencias más jóvenes son más propensas a comprar productos o servicios de empresas que tengan programas de responsabilidad social activos. De acuerdo con el Informe de impacto del milenio, 81% de las personas espera que las empresas compartan y hagan públicos sus resultados relacionados con sostenibilidad, equidad de género, inclusión y otros temas. Este punto también es importante cuando se refiere a reclutamiento y contratación. Los jóvenes son más propensos a aceptar una oferta de una empresa que sabe que contribuye de manera positiva a su comunidad o el ambiente.

La mayoría de las empresas tienen un extraordinario potencial para generar un cambio real en el mundo y en la mente de sus colaboradores.

En Vitalis tenemos programas destinados a diseñar acciones hechas a la medida de las necesidades de cada empresa, y contamos con expertos en diversos temas de la RSE, movilizando el talento de las empresas, parasintonizarlas con su entorno. 

Si quieres saber más, puedes visitar nuestra sección sobre voluntariado corporativo

Nos dará mucho gusto apoyarles, co-creando la mejor experiencia para sus colaboradores, y generando – juntos – el mayor retorno social y valor compartido posible.


(*) Director de Comunicaciones Integradas de Vitalis. Especialista en desarrollar estrategias de marca y comunicación, con fuerte inclinación al ambiente digital, con conocimientos en gerencia, planificación, planning, publicidad, mercadeo, estrategia, social media, redes sociales, comunicaciones, communication, digital, social, media, rrss, advertising. dmendoza@vitalis.net – https://www.linkedin.com/in/mendozadavid/

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La Huella Hídrica

Dra. Estela Cuna Pérez (*) @CunaEstela)

El agua es un bien natural, esencial para la vida. Es un recurso limitado, alterable y reciclable, además de ser un elemento primordial en todas las actividades humanas. 

Nuestro planeta cuenta con abundante agua, pues cerca de 71% de la corteza terrestre está cubierta por este vital líquido. Sin embargo, no hay forma de producir más agua en el planeta y menos de 0.8% del agua dulce está disponible al consumo humano. A pesar de ello, su desmedido consumo es una amenaza constante.

La Huella Hídrica (HH) es el volumen total de agua dulce que se utiliza para producir bienes y servicios de un individuo, una comunidad o una empresa. En otras palabras, nuestra HH es la cantidad total de agua dulce que se utiliza para producir los bienes y servicios que consumimos, e involucra tanto el consumo directo como indirecto.

En la evaluación de la HH se considera el nivel de apropiación e impacto sobre los recursos hídricos que requiere la producción de un bien o la prestación de un servicio a lo largo de toda se cadena de producción, incluyendo en el cálculo a las materias primas. Su estimación se establece sumando las necesidades de uso y consumo de agua de cada etapa de producción, desde el origen hasta el consumidor final.

La HH se mide en unidades de volumen (L o m3) por unidad de producto fabricado o servicio consumido, y consta de tres sumandos: 1) La HH verde, que contienen la fracción de huella que procede directamente del agua de lluvia o nieve, 2) la HH azul, que refiere al agua que procede o se capta de fuentes naturales o artificiales, y 3) la HH gris, que refiere al volumen de agua contaminada en los procesos.

Mientras más largo sea un proceso de fabricación e involucre un mayor empacamiento, más agua se utilizará en su elaboración. Por ejemplo, para una prenda de vestir de algodón se utilizan aproximadamente 10,800 litros de agua (cultivar el algodón, blanquearlo, teñirlo).

Nuestro estilo de vida va a determinar el tamaño de nuestra HH. Mientras más consumimos, utilizamos mayor cantidad de agua, por lo que nuestra HH será mayor, así como los impactos negativos en el medio ambiente.

Podemos utilizar el conocimiento de nuestra HH para tomar conciencia de nuestro consumo de agua y valorar cómo podemos mejorar como individuos o comunidad, analizando nuestras necesidades reales y las creadas por las tendencias consumistas actuales.

En pro de nosotros mismos, el uso racional y sustentable del agua es vital. Calcular la HH nos ayuda a medirlo a fin de determinar las acciones que nos permitan garantizar su disponibilidad a perpetuidad.


(*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net

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Alimentos desperdiciados anualmente en América del Norte, podrían nutrir a más de 260 millones de personas.

Por Gustavo Suárez Solis (*) @GustavoZuar

  • En México se desperdician alrededor de 20 millones de toneladas, suficientes para alimentar a 7.3 millones de mexicanos.
  • 18 mil millones de metros cúbicos de agua y energía suficiente para surtir a 274 millones de hogares, se pierden anualmente con el desperdicio de alimentos.
  • 193 millones de toneladas de GEI se suman anualmente al calentamiento global por el desperdicio de alimentos.
  • El kit educativo desarrollado por la Comisión para la Cooperación Ambiental, dirigido a niños y jóvenes, busca empoderar a la juventud a prevenir y reducir el desperdicio de alimentos en Canadá, Estados Unidos y México.
  • Vitalis y GBP apoyarán la implementación de este esfuerzo educativo en México.

Los alimentos desperdiciados anualmente en América del Norte superan las 168 millones de toneladas, cantidad suficiente para alimentar a más de 260 millones de personas, el equivalente a la población completa de varios países en África, como Niger, Mali, Burkina Faso, Yemen, Etiopía, Kenia, Somalia y Sudán del Sur, entre otros.

La frase “Tanta gente muriendo de hambre, y tú desperdiciando la comida” cada vez se oye menos en nuestra sociedad. En cambio, otras como “Ya no quiero”, “Me serví mucho”, “Se me quitó el hambre” lamentablemente son cada vez más comunes.

Al desperdicio de alimentos se une la enorme cantidad de agua y energía que se pierde anualmente. Solamente en el vital líquido, se despilfarran al menos 18 mil millones de metros cúbicos, cantidad equivalente a 7 millones de albercas olímpicas. En electricidad, la pérdida anual de alimentos en América del Norte se equipara al consumo equivalente a 274 millones de hogares en ese mismo lapso.

La situación del desperdicio de alimentos en el mundo es tan grave, que organizaciones intergubernamentales como la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), han hecho un llamado a la acción ciudadana para detener esta realidad tan lamentable, particularmente en América del Norte. Como parte de ello, la CCA ha desarrollado diversas herramientas, entre las que figura un kit educativo denominado “Los alimentos importan”, dirigido a sensibilizar a niños y jóvenes para reducir el desperdicio de alimentos.

Gabriela Sánchez, Líder de Proyecto de la CCA sobre la prevención y reducción del desperdicio de alimentos, destaca que al informar y sensibilizar a niños y jóvenes a través de datos reales sobre sus efectos ambientales, económicos y sociales, se les puede motivar para que realicen acciones sencillas. Esto los incentivará también a modificar sus hábitos, convirtiéndose así en parte de la solución.



México: 20 millones de toneladas de alimento se van a la basura.

Cifras del Banco Mundial alertan sobre la pérdida de alimentos en México, estimándola en alrededor de 20 millones de toneladas, situación que se podría agravar con sistemas deficientes de distribución y conservación de alimentos. Según algunos analistas, evitar esta pérdida podría servir para alimentar a 7.3 millones de mexicanos.

Compromiso ciudadano

Para Mariana Tejado, socia de la consultora Green Business Partners, “Nuestro país requiere de mexicanos comprometidos con la protección ambiental que busquen además un impacto social positivo”. Por ello, “la reducción de los desperdicios de alimentos es una oportunidad para unir esfuerzos, cambiar nuestros hábitos y pugnar por un verdadero desarrollo sostenible”.

Diego Díaz Martín, académico del Tecnológico de Monterrey y Director General de la ONG internacional Vitalis, asegura que“el rol de la juventuden el cese del despilfarro de alimentos es clave”. El investigador recuerda las cifras de la UNICEF que aseguran que diariamente alrededor de 6 mil cuatrocientos niños mueren de hambre en el mundo, “situación que podría cesar al asumir un comportamiento más responsable en la producción, distribución y consumo de alimentos en el planeta”.

La Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) cuenta con el apoyo de Vitalis y GBP en México para sensibilizar e informar—en una primera etapa—a niños de diversas escuelas de Cuajimalpa y Huixquilucan, así como a jóvenes universitarios de la Ciudad de México. El propósito principal, reducir el desperdicio de alimentos en la República Mexicana, contribuyendo asimismo a la conservación de los recursos naturales.

(*) Presidente de Vitalis en México (ONGVitalis Latinoamérica), www.vitalis.net. gsuarez@vitalis.net


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Prevención de la contaminación de los suelos: un desafío para la humanidad.

Dr. Daniel Corrales Pérez (*)

Una de las principales causas de la contaminación de los suelos, es el crecimiento poblacional y el aumento de la producción de bienes, con una filosofía y estrategia económica globalizada enfocada en producir bienes de corta duración y poca vida útil, que se traduce en mayores ganancias. Sin embargo, la satisfacción de las multi demandas de las sociedades actuales se traduce en la generación de grandes volúmenes de desechos sólidos, líquidos y gaseosos, que terminan siendo liberados en los suelos. La problemática de la contaminación de los suelos en el mundo es un tema que requiere urgentes soluciones y por lo tanto, los gobiernos, universidades, empresas multinacionales y sociedad civil deben destinar mayores esfuerzos y recursos para encontrar alternativas para remediar los suelos y detener el avance expansivo y masivo de la contaminación.

Particularmente en el sector agrícola, una vía estratégica para aumentar la resiliencia natural de los suelos ante los efectos de la contaminación, debería ir orientada a promover y fomentar la actividad microbiológica de los suelos para aumentar la capacidad de biodegradación. Por consiguiente, se deberá de aumentar los contenidos de materia orgánica en los suelos mediante la incorporación de residuos de cosechas y abonos orgánicos. Por otro lado, evitar la compactación del suelo, los incendios forestales y quemas agrícolas. Así mismo, se debe priorizar el uso de productos biodegradables para el control de plagas y enfermedades de los cultivos.

El manejo, la regulación y el control de productos químicos utilizados en las industrias, así como, la gestión inclusiva de los residuos descargados hacia el suelo de forma accidental o intencional, deben ser parte de los principales retos y desafíos que hoy en día debe emprender la humanidad. De lo contrario, se verán afectadas la diversidad de funciones que desempeñan los suelos y que puede repercutir en problemas de salud pública. Finalmente, la transformación cultural, política y económica que la sociedad experimente a favor de la conservación y protección ambiental de los suelos, garantizará en gran medida la producción de alimentos sanos y consecuentemente la vida en la tierra.


(*) Ing. MSc. Dr. Sc. Director ejecutivo de CORES Consultores GeoAmbientales, tiene 20 años de experiencia laboral y su expertise se enfoca en valoración de la peligrosidad de residuos mineros y alternativas de remediación.

Linkendin: https://www.linkedin.com/in/daniel-corrales-p%C3%A9rez-ing-msc-dr-sc-6b680895/

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Jardines Botánicos y Biodiversidad

Dra. Cecilia Gómez Miliani (*), @Cecigomezmi

La biodiversidad o diversidad biológica viene expresada desde las diferencias genéticas que tienen los individuos que habitan la Tierra – que los hacen tener variadas alturas, diferentes colores de ojos o de flores, distintos tamaños de las colas – hasta la variabilidad que se presenta en los ecosistemas, que implica, no solo la sumatoria de los seres vivos que están en un espacio determinado sino también la de los factores físicos tales como suelo, temperatura, humedad, precipitación, radiación.

La biodiversidad también contempla la cultural. Esta se manifiesta en la variedad del lenguaje, de las prácticas religiosas, de la forma de manejo de la tierra, en el arte, la música, en la estructura social y en todos los atributos que puede tener la sociedad humana.

Si nos enfocamos sólo en la diversidad vegetal y revisamos los beneficios que de ella recibimos vemos que 20 mil especies de plantas son utilizadas como medicinas o como principios activos para su fabricación, 75% de los alimentos que consumimos y 80% de los productos que utilizamos (como por ejemplo madera para la construcción o fibras para la confección de vestidos) provienen de los vegetales, sin contar con los intangibles que nos brindan como la sombra, el oxígeno o el relax al contemplarlas.

A pesar de su importancia para la vida en nuestro planeta, 20% de las plantas están bajo amenaza de desaparecer y con ellas todos sus beneficios, algunos aún desconocidos. La tala y la quema indiscriminadas, el cambio climático y la ampliación desordenada de las fronteras agrícolas, generan presión sobre la cubierta vegetal trayendo consigo terribles consecuencias.

Para frenar esta situación se plantean dos alternativas: la conservación in situ, esto es el mantenimiento de las plantas en sus entornos naturales de origen, utilizando para ello el Sistema de Áreas Naturales Protegidas, y la conservación ex situ, donde las plantas se salvaguardan fuera de sus hábitats, a través de los bancos genéticos de campo, los bancos de semilla y los jardines botánicos.

Estos últimos son organizaciones llamadas a brindar una custodia protectora de las plantas de la región en donde se encuentran ubicados, enfocando su trabajo a:

  • Rescatar las especies amenazadas. Para ello deben desarrollar inventarios que permitan conocer el estatus de las plantas que están en su zona de influencia.
  • Proveer material para la reintroducción, con el fin de mantener el equilibrio en los ecosistemas naturales.
  • Producir material para desarrollar investigaciones.
  • Reducir la presión sobre las especies de plantas silvestres, evitando su extracción de los espacios naturales donde se desarrollan.
  • Disponer de material para la educación y la recreación, fomentando el interés por la vida de las plantas.

Debemos dejar de ver a los jardines botánicos como espacios destinados a los expertos, a los científicos, a los investigadores; su papel en la concienciación acerca de la importancia de las plantas para la vida en la Tierra es fundamental. Son los lugares ideales para mostrarnos las maravillas de la naturaleza sin salir de nuestros espacios urbanos.


*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas. Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net

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