El desarrollo sustentable, un concepto muy elevado

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¿Realmente estamos comprendiendo lo alarmante del Cambio Climático?

Alfonso Pancaralonso-pemexdo Cortazar (*)

Hasta hace seis meses yo era uno de los mortales preocupados por el medio ambiente, hasta que todo se “complicó” cuando entré a estudiar una Maestría en Tecnologías en Desarrollo Sustentable en la Universidad Anáhuac de México. Jamás imaginé lo alarmante que, en realidad, es el cambio climático en el mundo.

Durante los últimos meses, he revisado diversas publicaciones ambientales, tanto por principiantes como por profesionales, de organizaciones oficiales o empresas privadas. Desafortunadamente me encontré que entre más leía, más se complicaba el dimensionar la problemática del calentamiento global.

Un ejemplo es la alerta de nuevo récord en la concentración de gases de efecto invernadero emitida por la Organización Meteorológica Mundial en 2014, cuyo principal problema no radica en el fenómeno en sí, sino en su incremento desmedido.

Pero hay otros datos realmente alarmantes:

  • El año 2015 fue el año más cálido desde que existen registros, que iniciaron en 1880.
  • El mes de diciembre de 2015 fue el más cálido de los últimos 136 años.
  • Aún más, diez de los doce meses de 2015 registraron temperaturas récord.

El derretimiento de los polos y de los glaciares a nivel mundial es aún más impactante, como se muestra en la foto del inicio en un poco más de 30 años (1984-2016) se ha perdido una tercera parte de los glaciares del Ártico o polo Norte.

Independientemente de los efectos que se mencionan constantemente, de que se ha agudizado la intensidad que tienen los desastres naturales como las super tormentas, huracanes o grandes sequías, o la frecuencia del efecto del niño o el efecto de la niña, se tienen efectos más palpables, más cercanos, como es el caso en la Ciudad de México, que hace unos años no se requería aires acondicionados en los edificios o en los automóviles y ahora ya son básicos en los mismos.

Debemos despertar, primero nosotros, e iniciar con pequeñas acciones, disminuyendo el consumo de agua y el sobre-consumo de los recursos naturales, y reciclar lo más posible. Después, con nuestro ejemplo, concientizar a las personas y empresas de nuestro entorno, como dice el dicho “Las palabras convencen, el ejemplo arrastra”.

Les invito a iniciar la concientización con dos temas. Revisen lo que es la Calculadora de la Huella de Carbono (es la cantidad de gases efecto invernadero que emites en tu vida diaria) y vean una película que se llama “La era de la estupidez”.

Vamos, iniciemos.

 

(*) Ing. Industrial en Química, Especialista en plantas de procesos de gas y en proyectos de inversión del sector petrolero, apancc2009@gmail.com

 

Crédito de la imagen:  NASA.

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Geopolítica de los recursos naturales

32472854-3804-4422-b7cf-0fd0d5383b73Rafael Josué Otero Kim *

En las economías y políticas públicas de muchos países, los recursos naturales juegan un papel importante en su desarrollo económico.

A través de la geopolítica de los recursos naturales, las dirigencias gubernamentales y la sociedad pueden conocer las ventajas y desventajas de los recursos que proporciona la naturaleza en sus países respecto al resto del mundo.

Desde las épocas más antiguas, todas las naciones han establecido posturas, premisas, políticas, leyes y reglamentos, para el uso y conservación de sus recursos naturales, así como para la protección al medio ambiente.

Uno de los ejemplos más claros en la geopolítica de los recursos naturales son los hidrocarburos. Durante las últimas décadas, hemos visto como los principales países productores de petróleo han impactado a las economías de todos los países, fenómeno que se presenta principalmente por el “capitalismo”, sistema económico imperante, así como por la globalización y las políticas públicas.

En el ejemplo anterior podemos ver como dichos países influyen de manera negativa o positiva en las economías de las naciones productoras con menor capacidad económica.

Las alteraciones en los precios, sin considerar las afectaciones y daños colaterales, son alarmantes. Como objetivo primordial se encuentra la “generación del valor económico agregado” y el ”bienestar social” en el corto plazo de la población del país altamente productor, dejando en un segundo plano a la creación del valor compartido entre las naciones con menor capacidad productiva, sin darse cuenta que con el paso del tiempo se impacta de manera negativa a la geopolítica de los recursos naturales.

Todo lo anterior ha generado conflictos y guerras entre los países, ya que ninguna nación es autosuficiente, por más poder económico que tenga. El equilibro de sus economías y por ende el de sus recursos naturales, dependen directamente del resto del mundo.

Un dato interesante es que los países industrializados contribuyen con 80% de las emisiones de gases efecto invernadero, y sin embargo, el resto del mundo que aporta solo 20%, resulta ser el más afectado. Por ejemplo, Estados Unidos de Norteamérica consume 25.4% de toda la energía eléctrica que consume el mundo y su población representa únicamente 5% de la población total.

Desafortunadamente no podemos cambiar el sistema económico que persiste en el planeta, pero si podemos empezar a realizar cambios internos y propuestas atractivas en nuestras organizaciones que coadyuven a que las políticas en el manejo de los recursos naturales funcionen como fueron planteadas en los planes nacionales de desarrollo y después poder identificar las brechas y áreas oportunidad reales.

El cambio y las mejoras de la geopolítica de los recursos naturales deben iniciar de manera personal. También es importante que los acuerdos internacionales en materia de recursos naturales abarquen a la mayor cantidad de países y exista un compromiso tangible en su cumplimiento, aplicación y trazabilidad.

Es relevante mencionar que la diversidad de la geopolítica es un factor a tomarse en cuenta en la aplicación de los tratados, ya que la diversidad de los factores culturales, sociales, económicos y políticos es amplia, y por ende la implementación no será la misma en todos los países. Por ello es indispensable que en los foros y organizaciones internacionales se tome en cuenta el grado de diversidad y se apoye a los países para que la aplicación de los tratados se realicen de manera adecuada, respetando los factores antes mencionados.

Si bien es cierto que los recursos naturales son una fuente de vida y un elemento fundamental en el equilibro de la ecología y del hábitat de todos los países, en algunas naciones tienen una mayor relevancia por la importancia que tienen para su desarrollo económico. Por ejemplo, en América Latina, los recursos naturales tienen un papel preponderante en el desarrollo sustentable.

Debido a que en el ámbito mundial existe una escasez generalizada de recursos, la administración consciente y adecuada los mismos es fundamental para que estos puedan desempeñar un papel estratégico en el desarrollo económico.

No se trata únicamente de explotar y vender de manera irracional los recursos naturales. Algunos países como Brasil han demostrado en muchas de sus empresas  grandes ejemplos de un uso eficiente y racional de los recursos, impulsando corporaciones con un alto grado de responsabilidad social y ambiental. Estados Unidos, por el contrario, ha sido un tanto resistente a las políticas internacionales para el cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales.

La diversidad y variabilidad del comportamiento de la geopolítica a nivel mundial tiene una gran relevancia e impacto sobre el manejo y uso de los recursos naturales.

Todos los seres que habitamos en este planeta debemos vivir en armonía con el medio ambiente, para que nuestras futuras generaciones puedan disfrutar de sus beneficios para vivir plenamente.

(*) Licenciado en Administración de empresas, rafael.josue.otero@gmail.com

 

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El Agua, un bien estratégico más valioso que el petróleo.

lelinLenin Carranza Torruco *

El Agua es un bien estratégico más valioso que el petróleo, porque sustenta la vida.

No se equivocan quienes aseguran que la tercera guerra mundial será por el agua, ya que es un derecho universal. Sin embargo, su disponibilidad está sesgada por factores como la contaminación, la manipulación económica y las políticas públicas. Con el crecimiento de las poblaciones, su uso aumenta, convirtiéndola en un bien estratégico para las naciones.

La creciente demanda de agua para la agricultura, la industria y el consumo doméstico acota el crecimiento económico a las zonas con abundancia. Para el caso de México, cada administración gubernamental establece en el Plan Nacional de Desarrollo, la Gestión Integral de los Recursos Hídricos en sus diferentes niveles, pero son planes a corto plazo.

La precaria planificación y sobre todo la carencia de educación ambiental, dentro de las políticas públicas, limita el tratamiento de aguas residuales y consecuentemente su reutilización. Esta falta de conciencia colectiva para el manejo y uso adecuado del agua dulce, genera desperdicios, daños a la salud y al medio ambiente, que al final inciden en gastos para mitigar las consecuencias.

En la Constitución Política de México está claramente definido el marco legal en materia de Aguas (Art. 27) y las Leyes que de ella emanan, su reglamento para la explotación, uso y aprovechamiento, así como su distribución y control. Sin embargo, el tema de la privatización que busca modificar la Ley de Aguas Nacionales y la Ley Federal de Derechos para que privados controlen y cobren por la prestación del servicio, es un tema que nos atañe a todos como ciudadanos y que no podemos dejar pasar por alto. Ni siquiera hemos sido capaces de administrar adecuadamente tan valioso recurso, pero ya lo pretenden privatizar.

Estamos obligados a participar en la búsqueda de soluciones y alternativas de crecimiento y desarrollo sustentable, orientadas a la preservación del medio ambiente de forma integral, que además consideren mitigar y reducir el impacto de nuestras actividades sobre los recursos hídricos.

Sus propuestas y comentarios son bien recibidos, porque estoy convencido que trabajando juntos podemos, alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

El agua es un bien estratégico más valioso que el petróleo, porque sustenta la vida. En la especie humana radica la posibilidad de disfrutarla a perpetuidad.

(*) lctorruco@gmail.com.

Fuente de la imagen del agua: Aizpun

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¿Qué hacer con nuestros residuos?

crisoforo-mecinas-cruz Crisóforo Mecinas Cruz (*)

Durante los últimos 50 años, la población mundial se ha multiplicado considerablemente planteando una serie de retos para las ciudades. Solo para tener una idea, en 2012 se generaban 1,300 millones de toneladas anuales de residuos en el mundo y se espera que para 2025 la cifra aumente a 2,200 millones de toneladas.

A medida que se ha incrementado el volumen de residuos, también ha aumentado el tiempo requerido para su degradación, como es el caso de las bolsas plásticas y de muchos equipos electrónicos, los cuales representan un riesgo al medio ambiente. Estos materiales contienen componentes tóxicos que requieren un proceso especializado para su recolección, disposición y tratamiento.

En muchas ciudades la disposición de residuos se continúa realizando al aire libre o mediante la quema indiscriminada de los mismos, lo que ha ocasionado la contaminación del suelo, los ríos e inclusive los océanos, al ser vertidos directamente en ellos. Por ello requerimos llevar a cabo una gestión integral de los residuos mediante la implementación sistemática de acciones para su manejo, incluyendo normativas, operativas, financieras, de planeación, sociales, educativas, y de monitoreo, entre otras.

Tales acciones comprenden todo su ciclo, desde su generación hasta la disposición y tratamiento final, con el objeto de lograr beneficios ambientales, y la optimización económica de su manejo y su aceptación social, conforme a las circunstancias de cada localidad o región. Lo anterior es parte de la responsabilidad conjunta entre productores, distribuidores, consumidores y de los gobiernos, entre otros actores.

Nuestro papel como consumidores debe enfocarse en tres principios básicos para disminuir la producción de residuos y reducir su impacto en el medio ambiente. El primero es la reducción, evitando el consumo de productos que generen mayores residuos, como es el caso del agua y de los refrescos que vienen en botellas de pet, así como productos cuya vida útil sea muy corta, como en el caso de algunos aparatos electrónicos. El segundo es la reutilización, eligiendo aquellos cuyo envase podamos volver a utilizar como contenedores o materias primas en otro proceso. El tercero es el reciclado, para lo cual hay que revisar sus características  y separarlos desde la fuente para facilitar dicho proceso.

Mediante estas acciones podemos empezar a reducir el daño que nuestros residuos causan al ambiente debido a la contaminación del suelo, del agua o del aire. No  olvidemos que cada acción cuenta y si las sumamos para resolver el complejo problema de los residuos, podemos ayudar a su solución.

(*) Ingeniero Civil, cmecinas@hotmail.com

Fuente de la imagen de basura: Diario El Argentino.

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Reconociendo las externalidades negativas del fracturamiento hidraúlico

img-20161122-wa002_editAntonio Damián Franyutti León* / @adfral

Existe una dicotomía entre los beneficios económicos del fracturamiento hidraúlico (FH) y las externalidades negativas asociadas a su explotación. Lamentablemente los gobiernos Latinoamericanos han optado por los beneficios económicos a corto plazo, argumentando “el bienestar de la población” sobre la aplicación del principio precautorio de la legislación ambiental.

El FH es un método de extracción de petróleo y gas empleado en formaciones rocosas de muy baja permeabilidad. Durante el proceso se inyecta un fluido altamente presurizado a la formación, (agua, arena y productos químicos), la presión agrieta la formación rocosa y la arena mantiene las microfisuras abiertas lo que permite que los productos fluyan.

Sin embargo, existen impactos ambientales asociados, con implicaciones sociales y económicas, que no han sido bien evaluadas en Latinoamérica, mientras en algunos países de Europa esta técnica se encuentra prohibida.

Una externalidad negativa es el costo que se impone a alguien externo y no a las partes que decidieron ejercen la misma. Bajo este contexto, las comunidades aledañas a los sitios de explotación por FH son quienes resultarán directa o indirectamente afectados, traducida como pérdida de bienestar en el tiempo. Estos impactos ambientales se evidencian en las aguas, emisiones a la atmósfera y suelos.

La contaminación del agua se hace evidente cuando el gas, el fluido o los recortes de perforación migran hacia los acuíferos. Las emisiones a la atmósfera (CH4, CO2, COV’s, NOx, SOx, PST y BTEX)  tienen su origen en el consumo de combustibles fósiles durante el ciclo de vida del FH. En lo que respecta a contaminación al suelo, las fugas en sitios de almacenamiento de residuos, descargas intencionales, derrames de productos químicos o derivadas de tomas clandestinas, pueden ocasionar pérdidas irreversibles a la biodiversidad, al paisaje y a terceros.

Frente a esta situación es necesario, valorarla y actuar en consecuencia, ya que pudiera ser demasiado tarde y los costos asociados por los impactos ambientales y sociales serán incuantificables.

Por lo tal motivo, se deben de desarrollar estudios para el cálculo de estas externalidades considerando las metodologías de la ruta de impacto o de evaluaciones del ciclo de vida e identificar las categorías de impacto sobre las que habrán de centrarse los esfuerzos de valoración económica.

Reconocer las externalidades negativas del fracturamiento hidráulico debe ser una prioridad.

* Ingeniero Químico, estudios de postgrado en Francia en Ingeniería Ambiental. Especialista ambiental en Petróleos Mexicanos. Profesor de Ingeniería Ambiental en la Universidad Tecnológica de México Campus Cuitláhuac.

Contacto: adfranyuttil@gmail.com, Linkedin: https://mx.linkedin.com/in/antonio-d-franyutti

Crédito de la imagen: Portal del Petróleo

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Biodiversidad en México

biodiversidad-seleneSelene Jovita Gonzalez Contreras (*)

La biodiversidad de genes, especies y ecosistemas constituye la esencia de la vida en el planeta. Se encuentra en el aire, el agua y los suelos, con quienes interactúa en forma dinámica para alcanzar el equilibrio. Países como México son afortunados por su gran diversidad, así como Colombia, Brasil, Ecuador y Venezuela, considerados megadiversos.

La megadiversidad y posición geográfica de  México ha permitido la domesticación de diferentes  especies de plantas y animales, tales como el maíz, frijol,  aguacate, vainilla, café,  ganado vacuno y algunas variedades de peces, entre muchas más. Todo ello ha servido como base alimenticia de la población en general, sin dejar de lado su importancia dentro de los propios ecosistemas, con funciones vitales en los procesos ecológicos esenciales.

Desde el punto de vista económico, la biodiversidad provee de empleos a los mexicanos. Con el control adecuado, la reproducción de especies lo convierte en un importante exportador de productos agroalimentarios para el mundo. Además, constituye un importante atractivo natural para el turismo generador de divisas.

La biodiversidad también es importante desde el punto de vista cultural, manteniendo y coadyuvando a que diferentes sectores del país que trabajan para un mismo fin, compartiendo y respetando sus conocimientos, prácticas e innovaciones. Esto es evidente no solo en su diversidad étnica, sino también gastronómica.

Recordemos que en México hay pobreza de alrededor de 46%, probablemente causada por la desigual distribución de la riqueza, la falta de una eficiente ordenación de su territorio o la incapacidad de generar riqueza de manera endógena y sustentable.

Por todo lo anterior, es necesario tomar medidas desde una visión holística, que incluya una apropiada gestión integral de sus recursos hídricos, un apropiado desarrollo sustentable forestal, así como el incentivo de buenas prácticas que impulsen el desarrollo agropecuario, evitando la sobre explotación.

La participación de las comunidades indígenas y locales, ayudaría al aprovechamiento y conservación de la diversidad biológica,  con lo cual no solo se garantizaría la preservación de la biodiversidad, sino el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones humanas.

México es un país megadiverso y debemos conservarlo a perpetuidad.

(*) Licenciada en Administración de Empresas, selene.jovita.gonzalez@pemex.com

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Desarrollo Forestal Sustentable

20150706_075906Por Belem Alvarado Carreño (*)

El desarrollo forestal sustentable comprende la conservación y uso de los recursos naturales boscosos, garantizando la producción de sus bienes y servicios ambientales en la actualidad, sin comprometer su aprovechamiento por parte de las futuras generaciones.

Los bosques constituyen el 31% de la superficie terrestre y desempeñan un papel  muy importante en la mitigación del cambio climático. Además, ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, influyen en las variaciones del clima, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas y abastecen a las comunidades rurales de madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes entre otras cosas.

Sin embargo, en las últimas dos décadas ha habido una disminución importante de bosques que  ha llevado el tema del desarrollo forestal sustentable a foros internacionales, donde se han establecido acciones para favorecer su conservación, tales como programas forestales donde se hace partícipes a todos los interesados de la conservación y el uso sostenible de los recursos biológicos.

Países como Suecia y algunos otros de Europa Septentrional, ya cuentan con modelos de desarrollo forestal sustentable que  les permite cumplir con los principales aspectos de la sustentabilidad al permitir un desarrollo económico del país en beneficio de la comunidad, manteniendo e incluso aumentando sus bosques.

México es uno de los países megadiversos del mundo y posee una de las principales extensiones de bosques y selvas,  y aunque cuenta con una Ley General para el Desarrollo Forestal Sustentable, este documento tiende hacia la disminución de la pobreza más que a la conservación de los ecosistemas.

Aunque se han  realizado múltiples esfuerzos en materia de inventarios Nacionales Forestales,  los que se han realizado hasta ahora no resultan comparables al utilizar metodologías distintas, esto lo cual plantea un reto de realizar los siguientes Inventarios Nacionales Forestales usando una metodología que permita comparaciones, que permitan establecer acciones claras con metas definidas que garanticen el desarrollo forestal sustentable y la conservación de nuestros bosques.

Existen otros problemas que debemos solventar, como el caso de empresas  que aprovechan los recursos naturales de manera indiscriminada, incluyendo no solo a los bosques sino también el agua, sin tomar en cuenta las necesidades de los habitantes de las comunidades, llevándolos a un deterioro importante de su calidad de vida, difícil de revertir.

Aunque el camino es arduo, con las políticas adecuadas y la concientización de la población, estamos a tiempo de tomar acciones contundentes que garanticen la conservación de los bosques a perpetuidad a través del desarrollo forestal sustentable.

 (*)Químico Farmacéutico Biólogo, Especialista en Higiene Industrial, estudiante de la Maestría en Tecnologías del Desarrollo Sustentable.

belemalvaradoc@hotmail.com

 Imagen del bosque cortesía de pexels.com

U.S. Republican presidential candidate Donald Trump speaks at a veteran's rally in Des Moines

Segundo productor mundial de GEI eligió a un presidente que no cree en el calentamiento global

ddiazmartinPor Diego Díaz Martín, PhD. (*) / @DDiazMartín

El segundo productor de gases de efecto invernadero del mundo eligió a un presidente que no cree en el calentamiento global. Así están las cosas en el planeta. El futuro parece lucir aún más incierto.

La comunidad científica ya ha alertado sobre las implicaciones sociales y económicas del calentamiento global, más allá de las ambientales que son evidentes.

Entre las consecuencias económicas encontramos la posible disminución de la productividad agro-alimentaria, así como la pérdida de bienes y servicios debido al incremento de los incendios forestales, la intensificación de las sequías, la proliferación de inundaciones extremas, y la aparición o complejización de otros fenómenos relacionados con el clima, como los tornados, huracanes, tifones y ciclones.

A lo anterior debemos agregar las pérdidas materiales por el incremento del nivel del mar, que haría desaparecer  casas, carreteras, vías férreas, aeropuertos, líneas eléctricas, presas, diques y malecones, entre otras estructuras de vital importancia.

Todo lo descrito también implica consecuencias sociales, como la pérdida de la calidad de vida, la migración de personas hacia zonas más seguras y la proliferación de enfermedades vinculadas con el nuevo clima, muchas de las cuales ya no serían exclusivas de las áreas tropicales del planeta.

Aunque no crea en ello, el primer reto ambiental del nuevo presidente electo de los Estados Unidos, será sin dudas el cambio climático. Su abordaje es seguro, no necesariamente por convicción, sino por presión de diversos líderes del mundo.

Estados Unidos no solo es el segundo productor de gases de efecto invernadero después de China, sino que además acumula 40% de la deuda climática mundial por los daños causados en el ambiente planetario.

Los estadounidenses eligieron un presidente que no cree en el calentamiento global.

Mientras tanto, ¿qué cree Ud. que hará el señor Trump?

 

 

(*) Biólogo, MSc. en Gerencia Ambiental y Doctor en Ingeniería. Presidente y Fundador de VITALIS. Miembro de diversas organizaciones ambientales nacionales e internacionales. Académico e investigador.

 

Imagen de Donald Trump cortesía de Reuters/Rick Wilking.

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El 4 de noviembre de 2016 entra en efecto Acuerdo de París

Por Julio César Centeno (*)

El Acuerdo de Paris fue aprobado por las delegaciones de 193 países en diciembre 2015. Se abrió para su ratificación en la sede central de la ONU en Nueva York desde el 22 de Abril 2016 hasta el 21 de Abril 2017.

De acuerdo con la Secretaría del Convenio Marco sobre el Cambio Climático (UNFCCC), el Acuerdo de París  había sido ratificado por 74 países para el 5 de Octubre 2016, representando el 59% del total de emisiones globales de gases de efecto invernadero. Según lo estipulado en su artículo 21, el Acuerdo de París entra en efecto 30 días después de que haya sido ratificado por al menos 55 estados miembros de la convención, abarcando al menos el 55% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, ha anunciado la activación del acuerdo a partir del 4 de Noviembre 2016.

Entre los países que han ratificado el acuerdo se encuentran los principales emisores: Estados Unidos, los países miembros de la Unión Europea, China e India. En América Latina ha sido ratificado por Argentina, Brasil, México, Bolivia, Perú, Cuba, Panamá, Belice, Guyana y Honduras.

 “Si no actuamos con determinación ante el calentamiento global, enfrentaremos migraciones masivas, ciudades sumergidas, naciones desplazadas, destrucción de fuentes de alimentos y conflictos provocados por la desesperanza… Debemos superar la pobreza sin condenar a nuestros niños a un planeta más allá de su capacidad para repararlo. Barack Obama, Asamblea General de la ONU, septiembre 2016.

El objetivo del Acuerdo de París es evitar que la temperatura superficial promedio del planeta aumente más de 2°C para finales de siglo con respecto al promedio de la época preindustrial. Esto implica, entre otros factores, evitar que la concentración de CO2 en la atmósfera supere las 450 partes por millón (ppm). Sin embargo, el acuerdo no define ni la estrategia ni la ruta para asegurar el logro de tales objetivos.

Para finales del 2015 el aumento en la temperatura superficial promedio era de 1°C y la concentración de CO2 se encontraba en 400 ppm. Simultáneamente se registra un desbalance energético planetario de 326 Terajoules por segundo, lo que implica un aumento adicional e inevitable de temperatura de al menos 0.5°C para mediados de siglo aunque se suspendieran de inmediato todas las emisiones de gases de efecto invernadero (2).

Las tendencias actuales conducen hacia un aumento en la temperatura superficial promedio entre 3,7 y 4,8°C para finales de siglo en relación con la época pre-industrial (IPCC 2014). Estas tendencias representan  una emergencia planetaria sin precedentes en la historia de la humanidad. Un aumento de 4°C no se ha registrado desde mediados del Mioceno, hace 10 millones de años. Las tendencias actuales conducen a la transformación del mundo que le dejamos a nuestros descendientes más inmediatos en un planeta hostil y desconocido por la especie humana.

El Acuerdo de París es un collage de contribuciones voluntarias, determinadas por cada país a su libre albedrío, sin coordinación entre las partes, sin carácter vinculante, sin condiciones o penalidades en caso de incumplimiento. En el caso poco probable de que todas estas expresiones voluntarias de colaboración se cumpliesen a cabalidad, la humanidad quedaría encauzada en una ruta tendiente a un aumento de temperatura promedio entre 3°C y 3,5°C (1).

Estas limitaciones del Acuerdo de París quedaron plasmadas en el numeral 17 de las conclusiones de la COP21: “La Conferencia de las Partes observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2°C”

El objetivo fundamental de descarbonizar la economía mundial, duramente debatido en las reuniones preparatorias y destacado como prioritario por el IPCC, quedó reducido a una vaga referencia: “las partes se proponen lograr que las emisiones alcancen un punto máximo lo antes posible” para luego “reducir rápidamente las emisiones” con la finalidad de “alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo…” (artículo 4).

Para lograr el objetivo de los 2°C con una probabilidad de al menos 66%, es necesario que las emisiones acumuladas de todos los gases de efecto invernadero durante el período 1850-2100 se mantengan por debajo de las 3.670 giga-toneladas de CO2-equivalentes, mientras que sólo las de CO2 deben limitarse a un máximo de 3.000 G-ton durante el mismo período. El presupuesto o cupo máximo de emisiones disponibles para el período 2015-2100 es de apenas 855 giga-toneladas de CO2, lo que implica dejar al menos dos tercios de las reservas probadas de hidrocarburos bajo tierra (2).

La revista Atmospheric Chemistry and Physics publicó recientemente los resultados de una investigación por un grupo de autoridades en la materia: Hansen, Sato, Russel, Hearty, Rignot, Schuckman, Lo y Bauer; un esfuerzo conjunto del Instituto de Estudios Espaciales de la NASA, la Universidad de Columbia, el Institut Laplace, la Universidad de Toulon y la Academia de Ciencias de China,  entre otros (Atmos. Chem. Phys. Discuss., 15, 20059–20179, 2015). Entre sus conclusiones se destaca:

“La humanidad se encuentra ante un aumento cierto en el nivel del mar por lo menos similar al del período interglaciar Emiense si las emisiones provenientes del consumo de combustibles fósiles continúan según las tendencias actuales. Un aumento acelerado del nivel del mar puede ocurrir mucho antes de lo generalmente esperado”.

“En el período interglaciar Emiense, cuando la temperatura superficial promedio aumentó 2°C sobre el promedio de la época preindustrial, el nivel del mar oscilaba entre 5 y 9 metros sobre el nivel actual. El límite de los 2°C acordado en Copenhaguen no garantiza seguridad, pues provocaría un aumento en el nivel del mar de varios metros junto a numerosas otras consecuencias disruptivas para los ecosistemas y la sociedad humana… Un aumento en la temperatura superficial promedio de 2°C sobre el promedio de la época preindustrial es altamente peligroso”

“El mensaje de la ciencia es que las emisiones provenientes del consumo de combustibles fósiles deben reducirse rápidamente. Esto implica un creciente impuesto a las emisiones de carbono, aplicable de inmediato y con alcance global. La urgencia de reducir las emisiones también implica una amplia cooperación técnica en la implementación de tecnologías energéticas limpias”.

Conclusiones similares fueron publicadas por la Academia Nacional de la Ciencia de EUA en un estudio sobre las relaciones entre el nivel del mar en escalas geológicas de tiempo: “La estabilización de la concentración de CO2 entre 400 y 450 ppm, frecuentemente asociada a un aumento ‘aceptable’ de temperatura de 2°C, tiene una alta probabilidad (68%) de provocar aumentos en el nivel del mar de más de 9 metros sobre el actual. Para evitar aumentos significativos en el nivel del mar a largo plazo, la concentración atmosférica de CO2 debe reducirse a niveles similares a los de la época preindustrial: 280 ppm”. (PNAS vol. 110 no. 4 2012)

El eluso objetivo de los 2°C requiere mejoras sustanciales a los compromisos asumidos en Paris, particularmente por parte de aquellos países que han contribuido mas a la gestación de la amenaza climática que enfrenta hoy la humanidad entera. Los países industrializados, con sólo el 18% de la población mundial, han generado el 72% de las emisiones de CO2 acumuladas desde el año 1850 hasta el 2014. Sin embargo, en el Acuerdo de París consiguieron evadir sus desproporcionadas responsabilidades históricas.

Países petroleros como Venezuela deben analizar con detenimiento las delicadas implicaciones de la entrada en efecto del Acuerdo de París, cuyo objetivo implícito es la superación, en sólo décadas, de la dependencia del desarrollo económico mundial del consumo de petróleo y otros combustibles fósiles. Ya el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha propuesto un impuesto a las emisiones de CO2 de US$ 7,60 por tonelada a partir del 2018, con un aumento anual de la misma magnitud para alcanzar los US$ 38 para el 2022. Se establecería asi, a corto plazo, un impuesto equivalente a US$ 16 por barril de petróleo.

En Julio 2015 se concluyó una evaluación del costo social de las emisiones de carbono en Estados Unidos, realizada por la Orden Ejecutiva 12866 a través del esfuerzo conjunto de 11 dependencias gubernamentales de los Estados Unidos. Para el 2015 el costo social promedio de las emisiones de carbono ascendía a USA$ 46 por tonelada métrica de CO2.

Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial sostienen que la ruta a la descarbonización de la economía mundial depende de la asignación de un precio a las emisiones de carbono y otros gases de efecto invernadero. En la actualidad, 40 países han establecido un precio a las emisiones de carbono, además de 20 jurisdicciones sub-nacionales. Adicionalmente, al menos 150 empresas le asignan un precio interno a las emisiones de carbono, entre las que se destacan: Conoco Phillips, Google, Microsoft, British Petroleum, Shell, BRF.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA) los subsidios actuales al consumo de combustibles fósiles son equivalentes a un incentivo promedio de US$ 115 por tonelada de CO2 (IEA – World Energy Outlook Special Report 2015). Sugiere una estrategia dirigida a: aumentar la eficiencia energética del sector industrial, el transporte y la construcción; reducir progresivamente la generación de electricidad a base de carbón y prohibir la construcción de nuevas instalaciones de este tipo; aumentar a US$ 400.000 millones anuales la inversión en tecnologías para la generación de energía renovable en el sector eléctrico; eliminar los subsidios a los combustibles fósiles y reducir las emisiones de metano en la producción de petróleo y gas.

Según la IEA, se requiere una inversión de 38 billones de dólares entre el 2015 y el 2030 sólo para sentar las bases en el sector energético conducentes a un aumento de temperatura inferior a los 2°C para finales de siglo, correspondiente a un promedio de US$ 2.5 billones anuales (IEA – World Energy Outlook Special Report 2015).

(*) JC-centeno@outlook.comUniversidad de Los Andes – Venezuela

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