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El costo ambiental oculto del turismo.

Por Miguel Villegas, PhD. (*)


El turismo es conocido como la “industria sin chimeneas”. Sin embargo, su incidencia sobre la emisión global de dióxido de carbono (CO2), ha sido objeto de un estudio reciente (The Carbon Footprint of Global Tourism. Nature Climate Change, Mayo 2018), y la evidencia muestra que esta calificación realmente no se corresponden con la realidad. Recordemos que el consenso científico confirma que el exceso de CO2 en la atmósfera es el principal responsable del cambio climático.

El estudio examinó el impacto de actividades ligadas al turismo (transporte, eventos, hoteles, alimentación y comercio relacionado) sobre la producción de CO2 en 189 países, examinando sus respectivas Huellas de Carbono: cerca de la décima parte (8%) de las emisiones globales de CO2 son generadas por este sector de la economía. Este dato resulta preocupante si se toma en cuenta que la industria turística a nivel global crece a una tasa anual cercana al 5%, bastante por encima de otras actividades económicas.  El análisis señala al transporte aéreo como la actividad turística con la mayor cuota de responsabilidad.

Paradójicamente, es precisamente el turismo una actividad particularmente vulnerable a los efectos del calentamiento global, como la elevación del nivel del mar y el incremento en la intensidad y frecuencia de los huracanes, que ya afectan infraestructuras turísticas de islas tropicales, o la disminución de cobertura de hielo y nieve, que atrae numerosos turistas a regiones alpinas. El caso del área del Caribe es ilustrativo. De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo, el turismo es un pilar fundamental de la economía caribeña, que representa 41% de la exportación de bienes y servicios en la región, y provee 12,6% del empleo total. La devastación generada en el Caribe por el Huracán Irma (2017) tipifica la gravedad de esta problemática. Se predice que la región caribeña será el destino turístico de mayor riesgo en el mundo, entre 2025 y 2050.

¿Ahora que ya han sido documentados, cómo se podrían mitigar estos impactos del turismo? Sería necesario promover un turismo más amigable con el ambiente, que incentive actividades con baja producción de carbono. Aquí juega un papel fundamental la educación e información al turista, así como la acreditación y certificación de los servicios asociados al turismo. En el caso del transporte aéreo, ya existen mecanismos voluntarios de compensación, que involucran el pago por siembra de árboles. Las acciones y la cooperación de cada uno de los responsables, industria turística y turistas, pueden promover cambios que beneficien la salud del planeta.


(*) Licenciado en Biología, PhD. en Biología. Miembro del equipo profesional internacional de VITALIS basado en Barcelona, España. mvillegas@vitalis.net

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Gestión y Manejo de Residuos en México

Por Gabriela Gutiérrez Olguín (*)

La gestión y manejo de los residuos en México aún dista mucho de ser la ideal, y a pesar de que se han hecho avances importantes en lo que respecta a este rubro tan complejo, la sensación de que no es suficiente es patente.

En México, si bien se tiene una legislación, por un lado, pareciera ser que en la mayoría de los casos ésta no es respetada, y tampoco se tiene una revisión estricta de su cumplimiento; y por el otro, no todos los ciudadanos saben que existe tanto una normativa por estado, como una ley general de residuos. Lo mencionado anteriormente, aunado a otros factores, contribuyen a que en México se tenga una mala gestión de los residuos, los cuales no solo contaminan ríos y suelos, sino que también afectan la salud tanto de las personas como de los ecosistemas. Ahora bien, esta mala gestión también interviene en la emisión de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, contribuye, dentro del esquema mundial, con las emisiones de metano y CO2 que México tiene, siendo el metano el de mayor impacto. Otra consecuencia de importancia es que la gestión de los tiraderos a cielo abierto es tan mala que después de su vida útil no pueden ser aprovechados esos terrenos, y por lo tanto se pierden y coadyuvan no solo al deterioro ambiental del país sino también al deterioro en la calidad de vida de los habitantes, en especial aquellos cercanos a estos puntos de recepción de residuos.  

Cabe mencionar que a pesar de los intentos de tener un sistema de separación desde el origen, por lo menos en la Ciudad de México, éstos quedan en buenas intenciones si estas medidas no vienen respaldadas de políticas de buena gestión y control en los tiraderos a cielo abierto, y de una consolidación de tecnologías que permitan el re-aprovechamiento de los residuos que pueden ser sujetos a valorización para que ingresen de nueva cuenta al circuito de producción, de modo que se apunte a llegar a una economía lo más circular posible. En otras palabras, el promover a través de la legislación una separación desde el origen sin contar con la tecnología necesaria (camiones, plantas de transferencia) para cerciorarse de que, en efecto, los residuos no van a llegar mezclados a su destino final no sirve de nada. La educación tiene que ir de la mano forzosamente con cualquier programa en materia de gestión de residuos que se tenga, y esta educación tiene que ser a nivel de todos los grupos de interés, y obviamente una planeación estratégica que asegure que lo que se plantea en el proyecto se alcance. Una planeación miope menor a 10 años en materia de gestión de residuos no sirve de mucho, y ésta tiene que estar sujeta a la dinámica poblacional y a la realidad económica del país.

Sin embargo, no todo es tragedia. En México la cultura del reciclaje sí ha permeado, y esto se puede corroborar con el hecho de que México es líder mundial en el reciclaje del PET, y la gestión de papel y cartón también es muy practicada en México. Esto demuestra que se tiene la capacidad para gestionar de una manera adecuada los residuos, por lo tanto, sería bueno comenzar a adoptar y desarrollar sistemas de gestión de los residuos generados en México, y para eso se requiere de un esfuerzo masivo de todas las dependencias estatales para brindar datos confiables tanto de la cantidad de residuo producido, como de su cantidad. Estos datos no solo nos darían información muy valiosa con respecto a los residuos sujetos a valorización, sino que también pueden brindarían información vital para realizar la gestión de los residuos que, por sus características físicas y químicas, no pueden ser valorizados, y que, por lo tanto, terminan yendo a lugares de disposición final.

Finalmente es preciso mencionar que estas medidas no pueden y no deben tardar. La basura que producimos nos está superando, y cuando ya no tengamos lugares en dónde disponer de la misma ¿qué haremos? Es mejor actuar de una vez, y no quedar en un eterno “se hubiera hecho…”. No podemos seguir llegando tarde a los temas que aquejan no solo a la sociedad actual, sino a nuestra supervivencia como especie.  

 

(*) Lic. en Biología por la UNAM y en proceso de titulación de la maestría en Gestión y Auditoría Ambiental por parte de la Universidad del Atlántico de España.  gogabrielagutierrezo2@gmail.com

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Importancia del transporte para el desarrollo sustentable

Por Ing. Rodolfo Rizzo (*)

El transporte es fundamental para el desarrollo sustentable.  Sin él, sería imposible el estilo de vida tal cual lo conocemos. Constituye un elemento neural del sistema de convivencia actual y es pieza clave para el desarrollo.

Se conforma por la red de medios para llevar personas y cosas de un lugar a otro. La tecnología nos ha brindado alternativas para satisfacer las necesidades de transporte, disminuyendo los tiempos de viaje e incrementando el confort.

Los objetivos para el desarrollo sostenible de la ONU refieren en el objetivo #9 sobre industria, innovación e infraestructura, a la construcción de infraestructura resiliente y la promoción de la industrialización inclusiva y sostenible en conjunto con la innovación. Asimismo, los objetivos #11 y #12 contemplan a ciudades y comunidades sostenibles y a producción y consumo responsable como temas fundamentales vinculados al transporte.

Tomando en cuenta que la población mundial se incrementará a los 9,700 millones de habitantes para el 2050, debemos esperar un crecimiento en la demanda de transporte. Por ello es tan importante considerar no solo nuevas formas de transporte, sino también, nuevas tecnologías que sean amigables con el ambiente, y promuevan el desarrollo social, económico y ambiental de las ciudades.

El G20, conjunto de países que representan alrededor del 85% del PIB mundial y del que México es miembro, muestra ciertas tendencias en datos de la última década. Estados Unidos, Canadá, Japón y China destacan como potencias en infraestructura de transporte; México ocupa la novena posición en la mayoría de los indicadores.

La densificación urbana característica de nuestra era presenta una serie de retos. Los modelos de crecimiento de infraestructura urbana actuales han resultado ineficaces y poco sustentables. Resulta que las ciudades modernas se han creado a escala automotriz y no a escala humana. Siendo así que quien no disponga de un autotransporte será naturalmente excluido.

Es tiempo de que se rompan ciertos paradigmas que se han enraizado en nuestra cultura. Propuestas innovadoras como las de Space X y Hyperloop nos invitan a replantear nuestra concepción del transporte. De cara a un futuro sustentable en el transporte los desarrollos en tecnologías híbridas, eléctricas y autónomas presentan alternativas viables para alcanzar una convivencia saludable con el ambiente sin comprometer la disponibilidad de recursos para generaciones futuras.

El futuro es incierto, sin embargo, esta en nosotros decidir cómo nos moveremos hacia él.

(*) Ingeniero Mecatrónico. tygsarizzo@gmail.com

 

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La tecnología al servicio de la agricultura sustentable

Por Rodolfo Rizzo (*)

Se estima que para el 2050 la población mundial sea de 9,700 millones de habitantes, por lo que debemos esperar un crecimiento en la demanda de energía, materias primas y lo más importante, un crecimiento en la necesidad de alimentos.

No debe extrañarnos ver lugares donde la frontera agrícola crece en zonas donde antes podíamos encontrar bosques o selvas. Tampoco olvidemos que las prácticas de producción y consumo en las últimas décadas han provocado un cambio en el clima del mundo.

Con ambos escenarios en mente, debemos estar atentos a lo que exigimos al planeta, disminuyendo la capacidad de auto regeneración de la biosfera. Es como si nuestro planeta fuese un fumador que se niega a dejar de fumar pese a que su capacidad pulmonar es menor tras cada respiración.

Uno de los múltiples retos que tenemos que afrontar en el mundo moderno, es sin dudas brindar alimentos saludables y suficientes. Se trata de un derecho humano fundamental, que debe ser atendida integralmente.

La deforestación y la expansión de la frontera agrícola y pecuaria, no es una opción viable para incrementar la producción, así como tampoco la sobre explotación de los suelos.

Es aquí donde la tecnología nos ofrece alternativas que salen al rescate para el mejoramiento de la vida y en este caso para salvaguardar la naturaleza e impulsar el desarrollo sustentable. Para ello se debe tener un amplio conocimiento y entendimiento de los ciclos naturales y su relación con el resto de la naturaleza.

Existen modelos agrícolas sustentables que pueden resultar beneficiosos para todos, tales como la rotación y asociación de cultivos. Este último favorece la obtención de nutrientes, control de plagas, y polinización, entre otras. Un modelo sustentable que  consume productos producidos localmente, también favorece a la sustentabilidad.

Dichos modelos pueden ser complementados con tecnologías que nos permitan incrementar el nivel de comunicación que existe entre la naturaleza y los productores de alimentos, permitiéndoles tomar mejores decisiones. Entre tales tecnologías están los drones y satélites que escanean la topografía de los terrenos y brindan información respecto al estado de los cultivos.

Asimismo, existen técnicas para la fertilización y control de plagas, e innovaciones para producir alimentos, tal y como lo ofrecen los huertos verticales, incluyendo algunas propuestas que permitan ahorrar hasta 95% de agua, usar iluminación artificial, suprimir la necesidad de utilizar tierra y pesticidas, entre muchos otros beneficios.

Entre mayor información tengamos, mejor será la forma en que podremos desarrollar y aplicar la tecnología para brindar soluciones a la creciente demanda de producción agrícola.

Quizá no esté en nuestras manos influir directamente sobre la producción agrícola. Sin embargo, si podemos cambiar nuestros hábitos, así como exigir alimentos cada vez más ecológicos y seguros, provenientes de cosechas sustentables, debidamente manejadas con criterios y técnicas amigables con el ambiente.

 

(*) Ingeniero en mecatrónica.  tygsarizzo@gmail.com

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Tecnologías para el control de ruidos molestos

Por Benjamín Martínez Pérez (*)

En las sociedades modernas existen muchas fuentes de ruidos considerados molestos que pueden afectar nuestra salud. Afortunadamente, también se han desarrollado tecnologías para controlarlos y mitigar sus efectos.

El sonido es una sensación producida en el oído por vibraciones ondulatorias que se propagan en forma de ondas y hacen vibrar el tímpano y sus componentes transformándolos en impulsos eléctricos que llegan al cerebro y este se encarga de decodificar el sonido. Lo que escuchamos es el conjunto de múltiples y repetidas vibraciones producidas por uno o varios objetos.

Por otra parte, el ruido, es una impresión subjetiva que produce un sonido en las  personas, el cual puede llegar a ser molesto o perjudicial, llegando a interferir en una actividad o persona e incluso puede llegar a ocasionar la pérdida progresiva de la audición.

La gran diferencia entre el sonido y el ruido, es que el primero puede ser agradable, en tanto que el segundo es contaminante, molesto y dañino para la salud.

Se han provocado daños auditivos al ser humano, debido a la exposición cotidiana a fuentes sonoras que rebasan el límite de resistencia del oído, es común observar personas en la vía pública, en obras de construcción, fábricas, etc. expuestos a niveles de ruido de mediana y alta intensidad, los cuales provocan daños auditivos progresivos y degenerativos.

Entre los efectos en la salud destacan: el desplazamiento temporal y permanente del umbral de audición, daños en la memoria, concentración, estrés, irritabilidad, cefaleas, fatiga, taquicardias, hipertensión, disminución de la capacidad sexual, problemas de sueño y molestias digestivas. Las consecuencias del ruido sobre la salud se manifiestan años después de la exposición.

Las innovaciones tecnológicas para proteger el oído del ruido se dividen en 2 sistemas, pasivos y activos.

Los Sistemas pasivos, comprenden filtros acústicos y silenciadores que son barreras físicas estáticas. Dentro de las  innovaciones más recientes están los metales de alto amortiguamiento cuyo funcionamiento de basa en deformaciones internas y materiales estrictivos los cuales son compuestos metálicos muy delgados que tienen como principio la deformación en la estructura cristalina en presencia de campos magnéticos y eléctricos.

Por su parte los sistemas activos, comprenden tecnologías que consisten en un sistema eléctrico que genera fuerzas dinámicas que interfieren o eliminan las vibraciones no deseadas. Para tal fin se usa un micrófono, un procesador de audio y actuadores, y su uso principal es disminuir el sonido dentro de las habitaciones, cabinas de automóviles, aeronáutica e instrumentación de precisión.

Muchas son las innovaciones tecnológicas para combatir el ruido, sin embargo, aún estamos lejos de poder prevenir sus impactos ambientales negativos en la sociedad y el medio ambiente.

 

(*) Ingeniero Industrial, dreem1423@gmail.com

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Una visión de la seguridad social desde los adultos mayores.

Ana Beatriz Cruz Sánchez (*)

La seguridad social es un derecho humano, en el cual el Estado tiene que realizar las acciones pertinentes para proporcionar a su población servicios médicos, protección económica por enfermedad, maternidad, accidentes de trabajo, desempleo, invalidez o vejez.

En este ensayo abordare el tema de la seguridad social en el caso de los adultos mayores ya que el aumento en la esperanza de vida de los seres humanos, ha generado una alerta en los gobiernos, actualmente hay 10.8 millones de pensiones cuyo pago demanda el 15.5 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación y el 3.7 por ciento del PIB nacional. Para 2020, calcula la Secretaría de Hacienda, será de 4.4 por ciento del PIB.

Además muchos de ellos necesitarán de alguna forma de asistencia a largo plazo, como cuidados domiciliarios o comunitarios, ayuda para la vida cotidiana, reclusión en asilos y estadías prolongadas en hospitales.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, entre 2000 y 2050, la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando de 11% a 22%. Asimismo, en los países en desarrollo, la cantidad de ancianos que no podrán valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro.

El centro de estudios de finanzas públicas en el 2010, 2 de cada 10 adultos mayores tuvieron acceso a una pensión. Esto nos da una idea, del problema que se está presentando actualmente, ya que de 80% de personas de edad avanzada no cuentan con los recursos económicos necesarios para vivir, por lo que nos lleva a concluir que dependen económicamente de algún familiar, en el mejor de los casos.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el principal problema para tener acceso a la seguridad social es que el financiamiento depende de las contribuciones obrero-patronales, lo que deja fuera a los trabajadores de menores ingresos y más vulnerables y las empresas no cuentan con iniciativas fiscales que conlleven a un incremento a los sistemas de pensiones.

Del total de las pensiones, el 5% lo aportan las empresas, el 1.125% los trabajadores de su salario y el 0.25% lo aporta el Estado. El porcentaje que aporta el trabajador no le será suficiente para vivir con dignidad una vez pensionado, pero así como no existen incentivos para que la empresa aporte, tampoco existe para los trabajadores, además si le agregamos otras variables como la desconfianza y el bajo rendimiento por parte de las afores.

Según la Organización Internacional del Trabajo, la responsabilidad social también se encuentra en los actos solidarios e inclusivos de las personas hacia los demás, pues esos actos llevan en sí mismos la búsqueda del bienestar social.

Y aunque se trata de un ahorro individual se deben implementar políticas públicas que lo fomenten. Asimismo, debemos crear conciencia y buscar soluciones en las actividades empresariales, a través del diálogo social.

La seguridad social es un elemento que nos da una visión de una sociedad sustentable, en el que los trabajadores ahorren lo suficiente cuando son económicamente activos, la responsabilidad de las empresas se fomente con incentivos fiscales y el estado generé las políticas públicas para fomentar el ahorro de los trabajadores y establezca reglas claras en el manejo de las afores.

 

(*) Mercadóloga, @AnaBeatrizCS

 

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Integridad y transparencia: dos antídotos contra la corrupción

Por Antonio Damián Franyutti León*

La corrupción es un delito universal que mina la credibilidad de un Estado y sus Instituciones, reduciendo su potencial para hacer valer los derechos humanos fundamentales como educación, salud, vivienda, cobertura de servicios básicos, entre otros.  Es un mecanismo perverso a través del cual los bienes públicos se convierten en privados.

Desde la perspectiva ambiental, la corrupción no es inocua. Suele ser evidente al tratar de imponer u ocultar los impactos asociados a proyectos de explotación de recursos naturales en áreas sensibles, destruyendo el capital natural de las futuras generaciones.

Existen diferentes niveles de corrupción, desde aquellos actos cometidos en las altas esferas del Gobierno, que manipulan y distorsionan los mecanismos de asignación de recursos, hasta el abuso cotidiano del poder por los funcionarios públicos que interactúan con la ciudadanía.

Sería erróneo limitarnos a pensar que estos mecanismos sólo se pueden circunscribir a cuestiones tangibles. Aprovecharse políticamente de los sentimientos y necesidades insatisfechas de la sociedad en busca de ambiciones personales manifiestas a través de propuestas de carácter populista, es también una forma de corrupción.

La Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción, establece que cada Estado podrá tomar las medidas necesarias para investigar, enjuiciar y sancionar la corrupción y sus delitos asociados como lavado de dinero, obstrucción de la justicia, tráfico de influencias, soborno, malversación u otras formas de desviación de bienes. El hecho de que un Estado actúe negligentemente frente a la corrupción, transmitirá una percepción errónea de que estas conductas son permitidas o quedan impunes, convirtiéndola en un acto cotidiano para la sociedad.

De igual forma, esta Convención contra la Corrupción fomenta la participación activa de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales, en la prevención y lucha contra la corrupción, con el fin de sensibilizar a la opinión pública con respecto a la existencia, causas, gravedad y amenaza que ésta representa.

Contrario a lo que se pueda pensar, la corrupción no es un problema genético al que nos encontramos predispuestos; que se manifieste en mayor o menor grado, dependerá de la integridad del individuo y de que tan fuertes se encuentren las instituciones de Gobierno.

La integridad y la transparencia, son valores asociados a entereza moral, rectitud y honradez en conducta y comportamiento: una persona íntegra es alguien en quien se puede confiar y un Estado transparente es aquel que comunica lo que hace.

 

*Ingeniero Químico, estudios de postgrado en Ingeniería Ambiental. Especialista ambiental en Petróleos Mexicanos y Profesor de Ingeniería Ambiental en la Universidad Tecnológica de México.

Contacto:

e-mail: adfranyuttil@gmail.com

linkedin: https://mx.linkedin.com/in/antonio-d-franyutti

twitter: @adfral

 

 

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Residuos Peligrosos, ¿Qué se hace en México?

Edgar Rodríguez Santos (*)

Para que un residuo se considere peligroso tiene que presentar alguna de las siguientes propiedades: Corrosivos, Reactivos, Explosivos, Tóxicos, Inflamables y/o Biológico-Infecciosos. La aproximación más reciente sobre el volumen de generación de Residuos Peligrosos para México indica que para el periodo 2004-2011, 68 733 empresas registradas, generaron 1.92 millones de toneladas.

El mayor volumen de generación de residuos peligrosos correspondió a la Zona Metropolitana del Valle de México con 584 666 toneladas, siendo el sector químico el mayor generador. De acuerdo con la normativa aplicable en México, los generadores de residuos tienen la responsabilidad de realizar una Gestión Integral de Residuos, lo cual se puede entender como un conjunto de acciones para el manejo de residuos desde su generación hasta la disposición final, a fin de lograr beneficios ambientales.

Dicho manejo integral corresponde a las actividades de reducción en la fuente, separación, reutilización, reciclaje, coprocesamiento, tratamiento biológico, químico, físico o térmico, acopio, almacenamiento, transporte y disposición final de residuos. Debido a las características físicas y químicas diversas de los residuos peligrosos, las tecnologías de tratamiento tienen que ser identificadas cuidadosamente para cada tipo de residuo, teniendo en cuenta su naturaleza y el grado de peligro asociado, entre otros factores.

Entre los principales tipos de tratamientos para los residuos peligrosos que se utilizan comúnmente y que pueden implementarse para reducir esta brecha; se encuentran el tratamiento biológico con sistemas aerobios y anaerobios y los procesos físicos y físico-químicos.

Los primeros permiten tasas de degradación más rápidas y el tratamiento de niveles altos de contaminación, mediante el aumento de temperatura y la mejora de las tasas de transferencia de oxígeno. Los segundos cubren un amplio rango de procesos aplicados a residuos peligrosos orgánicos e inorgánicos, entre los cuales, de los más comunes se encuentran los procesos físicos de sedimentación y filtración, entre otros, y los procesos fisicoquímicos, que incluyen precipitación química y procesos térmicos, entre otras tecnologías.

De tal manera que, en las últimas dos décadas México, ha tenido un gran avance en la legislación y las practicas industriales sobre las tecnologías para el tratamiento de residuos peligrosos, sin embargo, aún falta un gran esfuerzo por realizar.

*Ing. Químico Petrolero, erodrisant@gmail.com

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Salud y alimentación en México: un tema sanitario con implicaciones ambientales

Por Selene Jovita Gonzalez Contreras (*) @seleneglezc

La salud y la alimentación están directamente relacionadas, pues una buena alimentación contribuye a mantener una buena salud, y lo contrario, la debilita. El tema es tan importante que en México se han realizado importantes esfuerzos para favorecer una apropiada nutrición, aunque algunos indicadores, como el del sobrepeso u obesidad, siguen encendiendo alarmas en diversos sectores.

Para muestra un botón. El 62.8% de la población mundial padece de sobrepeso u obesidad, y en México, este desorden alcanza al 71.2% de la población, ocupando el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en adultos. Estas cifras se han incrementado en los últimos años debido al desconocimiento y al mal manejo de los conceptos de salud y alimentación.

La Salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un estado de completo bienestar físico, mental y social en donde es de vital importancia una equilibrada alimentación, entendiendo esta como el proceso consciente y voluntario de ingerir alimentos nutritivos para satisfacer la necesidad de comer.

Podemos tener salud mental pero no social, por la inseguridad física que se vive en algunas partes de la república. También podemos tener salud física pero no mental, como exceso de estrés; alimentándonos pero no necesariamente nutriéndonos. Recordemos que la nutrición es la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo.

De lo anterior, quizás sería importante preguntarse… ¿qué tipo de salud y alimentación estoy teniendo? ¿lo hago desde un enfoque holístico? ¿cómo por comer o realmente me estoy nutriendo para conservar una buena salud?

En todos estos análisis, es muy importante considerar el índice de masa corporal (IMC), utilizado frecuentemente para clasificar el sobrepeso y la obesidad en adultos. La OMS define el sobrepeso como un IMC igual o superior a 25, y la obesidad como un IMC igual o superior a 30. Cuando este se encuentra elevado, aumenta el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, problemas cardiacos, infartos cerebrales y diabetes.

En el mundo, la diabetes representa el 14.5% de todas las causas de mortalidad por lo que se puede decir que uno de cada once adultos vive con diabetes. En México ocupamos el 6to lugar a en el mundo con esta enfermedad crónica, con una prevalencia del 9.4% en la población. Sin lugar a dudas, consecuencia de una mala alimentación y escasa o nula nutrición que no dependen precisamente de los recursos económicos con los que contemos.

¿Y que tiene todo esto que ver con el medio ambiente? La verdad, mucho. Nuestro entorno condiciona y determina nuestra salud, y tomamos de él, todo lo que necesitamos para alimentarnos. De allí que sea importante impulsar la seguridad alimentaria, propiciando todo lo necesario para producir los alimentos sanos y seguros que necesitamos para garantizar nuestro bienestar.

Tan importante es el tema de la alimentación y la salud, que en México se ha incluido en la estrategia llamada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible basada en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Recordemos que el tercer ODS refiere a la salud y el bienestar, procurando una vida sana y promoviendo el bienestar de todos, a cualquier edad.

Mucho queda por hacer en México donde, según cifras oficiales de 2014, se reporta que el 18.2% de la población carece de acceso a los servicios de salud.

La salud y la alimentación son dos temas vitales para el progreso de nuestro país. Sus implicaciones sociales y ambientales son indudables.

 

*Licenciada en Administración de Empresas, estudiante de la Maestría en Tecnologías para el Desarrollo Sustentable en la Universidad Anáhuac.

 

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