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Greenwashing: enemigo silencioso de la confianza y la sostenibilidad empresarial

(*) Por Cecilia Gómez Miliani

Cada vez más empresas presumen ser verdes, pero no todas lo son. En un mercado que valora la sostenibilidad, el greenwashing amenaza la confianza y la verdadera transformación ambiental. 

En la actualidad, la demanda por productos y servicios ambientalmente responsables crece de manera sostenida. Las empresas conscientes han integrado prácticas sostenibles en sus operaciones, como un compromiso real con el planeta y las nuevas generaciones. Sin embargo, en este contexto positivo, también surge una estrategia que, lejos de aportar, genera desconfianza: el greenwashing.

¿Qué es el greenwashing?

El greenwashing consiste en la comunicación engañosa que una empresa realiza para aparentar ser más ecológica o sustentable de lo que realmente es. Esta práctica va desde mensajes exagerados, omisiones importantes, hasta el uso de simbologías y etiquetas ambientales sin respaldo real. Si bien el objetivo es atraer al consumidor preocupado por la conservación del ambiente, estas acciones terminan perjudicando la credibilidad de la marca y confunden a los usuarios.

¿Por qué el greenwashing daña la confianza?

Las razones para considerar esta premisa es, en primer lugar, porque la transparencia y la sinceridad son valores que los consumidores actuales exigen cada vez más. Cuando una empresa comunica falsamente sus acciones ambientales, pierde la confianza que logró construir, y puede dañar su reputación a largo plazo. Segundo, porque el greenwashing desincentiva la verdadera transformación hacia modelos sostenibles. Se trata de un maquillaje superficial que no soluciona los problemas ambientales reales. Esto afecta a toda la cadena productiva y, en última instancia, al planeta.

Cómo construir un marketing sostenible

Para avanzar hacia un marketing ambientalmente responsable, es fundamental que las empresas adopten un compromiso genuino con la sustentabilidad. Esto implica medir y comunicar con honestidad sus impactos, establecer metas claras de mejora ambiental, involucrar a sus colaboradores y clientes en prácticas sostenibles y rendir cuentas públicamente. La innovación y la educación son aliadas poderosas para lograr procesos productivos más limpios y eficientes, basados en datos científicos y estándares reconocidos.

Nuestro papel como consumidores

Como consumidores y ciudadanos, tenemos el poder de elegir empresas que sean coherentes con sus promesas ambientales. La exigencia de verificación, la consulta de fuentes confiables y la participación activa en foros o redes de sostenibilidad fortalecen el mercado responsable. Al mismo tiempo, quienes lideran organizaciones tienen la responsabilidad ética y estratégica de ir más allá de las palabras, transformando sus negocios con creatividad y rigor ambiental.

Reflexionemos entonces sobre qué tipo de futuro queremos construir: uno basado en la transparencia y la acción concreta, o uno lleno de apariencias que sólo retrasan el cambio necesario. Apostar por el compromiso real con el planeta es, sin duda, la mejor inversión para todas las partes involucradas.

En Vitalis promovemos la transparencia ambiental y la educación para el consumo responsable, pilares esenciales para erradicar el greenwashing y fortalecer la confianza ciudadana.

Vamos a informarnos, a cuestionar y apoyar iniciativas auténticas que promuevan un desarrollo sostenible. Solo desde acciones honestas y colaborativas conseguiremos un mundo saludable y justo para las generaciones presentes y futuras. El greenwashing se combate con información, coherencia y acción. Apostar por la transparencia y el compromiso real con el planeta es la mejor inversión para construir un futuro sostenible.

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(*) Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, Magister en Gerencia Ambiental y Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales. Directora de Vitalis Academy. https://bit.ly/CeciliaGómezLinkedin

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Ciudades Ecológicas en Venezuela: De la participación ciudadana a la acción sostenible

(*) Por Elaine Alvarado

Aunque desde pequeños aprendimos a valorar la naturaleza, pocas veces se nos enseñó como hacerlo de forma práctica. Esta brecha entre conocimiento y acción sigue siendo uno de los grandes desafíos ambientales de nuestras ciudades.

Desde la década de los años 90 se ha venido hablando en el mundo entero sobre el calentamiento global. En 1992 se firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y en 1997 se suscribió el Protocolo de Kioto, que entró en vigencia en el 2005 y que fue sustituido en 2015 por el Acuerdo de París, que estableció que las ciudades son clave en la lucha por el cambio climático.

En el 2015 la ONU aprobó la Agenda 2030 que incluye 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que agrupa 169 metas para la sostenibilidad, la erradicación de la pobreza y la protección del planeta.

El ODS 11 señala la necesidad de lograr ciudades sostenibles o resilentes, conocidas también como ciudades verdes, que buscan integrar la naturaleza en el diseño urbano, estas deben ser inclusivas, seguras y resistentes.

Venezuela debe acatar este llamado y lograr que el desarrollo urbano sea  respetuoso con el ambiente, que brinde  calidad de vida a la población y permita enfrentar tanto la crisis climática como la económica.

Una ciudad sostenible es una infraestructura integral donde se optimizan los recursos, se disminuyen las emisiones de gases contaminantes, se promueve el uso del transporte sostenible como el uso de bicicletas y se refuerza la economía local, a través de la generación de empleos y servicios ambientales.

En Venezuela ya existen iniciativas para lograr ciudades verdes. En el estado Táchira, se impulsó la creación de una escuela de reciclaje;  en Carabobo se desarrolla el programa Carabobo Sostenible de la Gobernación, que centra sus esfuerzos en la educación ambiental y el reciclaje. También se desarrolla turismo sustentable en la posada Casa María en Canoabo.

Consideramos que en Venezuela, para lograr cumplir el ODS11, falta mucho por hacer. Es crucial la unión de la gobernanza participativa con la planificación; valorando la riqueza natural y la biodiversidad y creando infraestructuras que incorporen la naturaleza en la vida diaria.

Adicionalmente, se requiere optimizar la gestión de los servicios públicos y que las políticas ambientales ofrezcan protección a los sectores más vulnerables.

El desarrollo de ciudades sostenibles generaría un impacto positivo en la calidad de vida de las comunidades y en la preservación de los recursos naturales. En esa dirección debemos avanzar con determinación y desde las comunidades proponer acciones que prioricen la sostenibilidad como el principal núcleo del crecimiento urbano.

Construir  ciudades ecológicas y sostenible no es solo tarea de los gobiernos, sino un compromiso compartido entre ciudadanos, empresas y organizaciones. En Vitalis seguimos trabajando para que ese futuro sostenible se inicie hoy.

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(*) Comunicadora Social con Diplomado en Derechos Humanos para Periodistas y estudiante de Maestría en Ecología para el Desarrollo Humano. Actualmente forma parte de los profesionales involucrados en el Proyecto “Reviviendo las Costas – un modelo sostenible para La Guaira”. Contacto: ealvarado@vitalis.net

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La formación del periodista del siglo XXI. La necesidad de informar con responsabilidad

(*) Por Marlenis Castellanos Querales

En el mundo actual la información se ha transformado a una velocidad vertiginosa. En este entorno, la labor del periodista exige una constante actualización de conocimientos y habilidades. Si a ello sumamos las crisis ambientales, sociales y climáticas, el rol del periodismo ambiental adquiere una dimensión especialmente crítica.

Informar con precisión, profundidad y ética sobre temas relacionados con el ambiente, el desarrollo sostenible, la transición energética o la justicia ecológica no es tarea sencilla. Requiere de una preparación constante que permita al periodista comprender la complejidad de estos fenómenos, traducirlos en narrativas accesibles y contribuir, desde la comunicación, a un cambio de conciencia social.

La formación contínua es esencial para los profesionales en todas las áreas del conocimiento, y muy especialmente para periodistas que trabajan en el tema ambiental. A diferencia de otros campos, el periodismo ambiental exige un conocimiento técnico y científico que no siempre forma parte del currículo tradicional en comunicación. Entender conceptos como biodiversidad, huella de carbono o economía circular es fundamental para evitar la superficialidad o el sensacionalismo, para dotar al mensaje de una base sólida que informe sin alarmar y sensibilice sin manipular.

El tema de la sostenibilidad está en permanente evolución. Cada año surgen nuevas tecnologías verdes, marcos regulatorios, acuerdos internacionales, movimientos sociales y descubrimientos científicos. Los periodistas enfrentan el doble reto de adaptarse al cambiante ecosistema mediático y seguir conociendo las novedades en el área ambiental. Las redes sociales, el periodismo de datos, internet y la inteligencia artificial han transformado radicalmente la manera de producir y consumir noticias. En este entorno, el periodismo ambiental debe interpretar datos complejos, entrevistar a fuentes técnicas con solvencia y construir narrativas que conecten lo local con lo global.

Desde la perspectiva personal, la formación continua fortalece el compromiso ético del periodista con la causa ambiental. No se trata solo de aprender nuevas herramientas, sino de reafirmar el propósito de contribuir desde el periodismo en la construcción de una ciudadanía más informada, crítica y activa frente a los desafíos del planeta. La educación permanente, además, estimula la creatividad y el desarrollo de formatos innovadores que permitan ampliar el alcance e impacto de los mensajes.

Los comunicadores que se especializan y actualizan en sostenibilidad ganan en relevancia y visibilidad. Es creciente la demanda de periodistas con enfoque ambiental en agencias internacionales, instituciones educativas, Ong´s y plataformas digitales. Saber comunicar con claridad temas técnicos y complejos es una habilidad cada vez más valorada, no solo para informar, sino también para incidir en políticas públicas, procesos de educación ambiental o estrategias de comunicación institucional.

La formación continua no es solo una necesidad técnica, sino un compromiso ético con la verdad, el rigor y el futuro del planeta. En tiempos de emergencia climática, desinformación y sobreinformación, el periodismo necesita profesionales capaces de mirar más allá de la inmediatez, formarse de manera constante y narrar el mundo desde una perspectiva “glocal”, crítica, humana y sostenible.

Informar bien, con rigurosidad y visión ética, también es una forma de cuidar la Tierra.

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(*) Licenciada en Comunicación Social, Especialista en Gestión y Ciencias de la Información, Doctora en Gerencia Avanzada. Colaboradora de Vitalis España. contacto: https://www.linkedin.com/in/marlenis-castellanos-querales-4a1684121/

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Día Mundial del Ambiente: Un llamado a la acción conjunta por un futuro sostenible

El Día Mundial del Ambiente, celebrado cada 5 de junio, es una oportunidad para reflexionar y actuar en favor del planeta, destacando la necesidad de un compromiso colectivo y sostenido por parte de ciudadanos, empresas y gobiernos. Aunque la conciencia ambiental ha crecido en América Latina, persiste una brecha entre la percepción y la acción, que puede cerrarse mediante educación, inclusión en políticas públicas y el uso de tecnologías. Ejemplos como el activismo juvenil en Chile y las prácticas sostenibles de empresas como Grupo Argos en Colombia demuestran el impacto positivo de la participación social y empresarial. Los gobiernos, por su parte, deben fortalecer marcos regulatorios y políticas públicas, como lo ha hecho Costa Rica con energías renovables y áreas protegidas, aunque persisten desafíos como la deforestación amazónica. La protección ambiental requiere acciones coordinadas y diarias de todos los sectores para lograr cambios significativos.

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El otro incienso: los desechos invisibles de la Semana Santa

(*) Por Gustavo Zúar

Cuando se habla de Semana Santa, se piensa en procesiones solemnes, pasos barrocos, incienso flotando entre los rezos y miles de fieles caminando en devoción.

Pero debajo de ese velo sacro, también se esconde otra realidad: una nube de residuos que no se ve, no se confiesa, pero sí se queda.

Mientras los focos suelen apuntar a los destinos turísticos saturados y los plásticos que deja el turismo masivo, hay una contaminación más silenciosa que también merece penitencia: los desechos generados por las propias celebraciones eucarísticas.

Y si bien nadie lleva la cuenta oficial de cuántos vasos de unicel, botellas de agua o envoltorios de velas se utilizan en nombre de la fe, el impacto existe. Y pesa.

México: la fe en envases desechables

 En muchas ciudades y pueblos de México, la Semana Santa es un acto de comunión comunitaria. Desde las celebraciones del Jueves Santo hasta la representación del Viacrucis el Viernes, las parroquias ofrecen agua bendita embotellada, panecillos en bolsas plásticas y, en algunos casos, hasta folletos litúrgicos impresos por millares, para una sola lectura. El uso de veladoras desechables se dispara, y las calles amanecen cubiertas de cera y residuos. Aunque la religiosidad popular tiene un alma viva y generosa, su huella ecológica aún no entra al confesionario.

Venezuela: devoción con sabor a improvisación

En Venezuela, la Semana Santa es vivida con una intensidad emocional que mezcla lo religioso con lo familiar y lo improvisado. Las misas al aire libre, tan comunes por la falta de infraestructuras, generan un uso alto de altavoces, cables, bancos de plástico y hasta toldos que rara vez se reutilizan. Las parroquias, muchas veces sin recursos, optan por lo más económico, que también suele ser lo menos sostenible. La contaminación aquí no es por exceso, sino por precariedad.

España: solemnidad empaquetada

Las procesiones en España son un espectáculo de logística. Desde Sevilla hasta Zamora, miles de cofrades y asistentes transforman las calles en escenarios litúrgicos. A pesar de que muchas hermandades han modernizado sus sistemas, el uso masivo de cirios, papel picado, flores de corta vida y plásticos en servicios auxiliares sigue dejando su marca. A diferencia de México o Venezuela, donde lo informal predomina, en España la contaminación está más sistematizada, institucionalizada… y por tanto, menos visible.

¿Quién contamina más?

Si habláramos de emisiones emocionales, todos empatarían en fervor. Pero si nos centramos en los residuos físicos derivados exclusivamente de las celebraciones religiosas, España llevaría la delantera en volumen y escala, México en diversidad de materiales contaminantes, y Venezuela en dificultad para gestionar lo poco que genera.

Lo sagrado no debería ser desechable

Las misas no contaminan, pero sus hábitos sí. ¿Podríamos imaginar una Semana Santa sin vasos de unicel, sin veladoras de plástico, sin imprimir cada oración?

Sí. Pero para eso hace falta un pequeño milagro: voluntad colectiva.

Porque ser devoto no está reñido con ser consciente. Y quizás, el gesto más espiritual que se pueda hacer esta Semana Santa no esté en cargar una cruz… sino en no dejar huella.

Te invitamos a revisar el artículo “Una vida con menor impacto ambiental” donde podrás ver otra perspectiva de este tema.

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(*) Comunicador experto en desarrollo humano, vincula el bienestar personal con el impacto social. Colabora con iniciativas como Vitalis para fomentar una transformación consciente y sostenible.

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Cambio Climático: Desafíos y oportunidades para el transporte aéreo internacional

(*) Por Diego Díaz Martín

El transporte aéreo es un componente vital de la economía global. Gracias a él se facilita el comercio, el turismo y la conexión entre personas, países y culturas. La otra cara de este sector, es su significativo impacto negativo sobre el ambiente.

Este medio de transporte contribuye entre un 2 y 3% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2). Además del CO2, los aviones emiten otros contaminantes como óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas de sulfato, que contribuyen al calentamiento global al formar estelas y nubes cirros artificiales. De no implantarse medidas adecuadas y efectivas, el incremento tendencial de la movilización aérea a nivel global se traducirá, para el 2050, en la duplicación o incluso triplicación de las emisiones que actualmente se generan.

La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha desarrollado el esquema de Reducción y Compensación de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA), que busca abordar los problemas generados por las emisiones del sector a partir de 2021. CORSIA tiene como objetivo estabilizar las emisiones de CO2 de la aviación internacional a los niveles de 2020 mediante el desarrollo de un Plan que contempla fases hasta el 2035, que, entre otras acciones, considera estabilizar y compensar las emisiones generadas.

Por otra parte, los desafíos asociados a conseguir la neutralidad climática del sector de la aviación internacional, se soportan en estrategias alineadas con los objetivos del Acuerdo de París, entre las que resaltan:

  • El desarrollo de combustibles sostenibles de aviación, que reduzcan significativamente las emisiones de carbono. El respaldo al desarrollo de biocombustibles y combustibles sintéticos, producidos a partir de residuos y biomasa, son una alternativa prometedora. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha establecido el objetivo de que el 2% de todo el combustible utilizado en aviación provenga de fuentes sostenibles para 2025.
  • La mejora en la eficiencia en el consumo de combustible de las aeronaves, para ello la industria aeronáutica ha invertido esfuerzos en el diseño y tipo de materiales para reducir los consumos de combustible y así reducir las emisiones de CO2 por vuelo.
  • La optimización de las operaciones de vuelo, mediante la gestión eficiente del tráfico aéreo, estableciendo rutas de vuelo más directas y la mejora en los procedimientos de aterrizaje y despegue que reduzcan el consumo de combustible.
  • La innovación tecnológica, focalizada en el desarrollo de prototipos de aviones eléctricos e híbridos a largo plazo que podría revolucionar la industria.
  • La compensación de carbono, una acción en el corto plazo asumida por las aerolíneas que invierten en programas de compensación de carbono, financiando proyectos de reforestación, de apoyo al desarrollo de energías renovables y conservación de espacios naturales para equilibrar las emisiones generadas por sus operaciones.

¿Será posible la sostenibilidad y la transformación del sector? Ante esta interrogante, diversas iniciativas alrededor del mundo están demostrando que es posible avanzar con ese rumbo:

  • Proyectos de compensación de carbono de Lufthansa, quien,en 2023, fortaleció su compromiso de reducir y compensar las emisiones de carbono a través de su iniciativa de tarifas verdes, permitiendo a los pasajeros reducir las emisiones de CO₂ en un 20% mediante el uso de combustibles de aviación sostenibles (SAF) y compensar el 80% restante a través de contribuciones a proyectos de protección climática de alta calidad. Con esto logró ampliar estas tarifas a rutas intercontinentales, con una reducción del 10% en las emisiones de carbono y una compensación del 90% restante.
  • Eficiencia de combustible de Delta Air Lines, empresa que ha invertido en la modernización de su flota y en prácticas operativas más eficientes. A largo plazo se plantea descarbonizar sus operaciones aéreas y lograr emisiones netas cero para 2050. En 2019, la aerolínea logró una reducción del 11% en las emisiones de CO2 por asiento-kilómetro en comparación con 2005, acercándose a su objetivo de neutralidad.
  • Avión Eléctrico Alice de Eviation, startup israelí con una tecnología de baterías similar a la de un vehículo eléctrico o un teléfono móvil y con 30 minutos de carga, capacidad para nueve pasajeros y que podrá volar durante una hora unas 440 millas náuticas. Su velocidad máxima es de 287 millas por hora. La empresa, centrada exclusivamente en el transporte aéreo eléctrico, espera que los aviones eléctricos, con capacidad para entre 20 y 40 pasajeros, sean una realidad dentro de siete a diez años.

El transporte aéreo enfrenta desafíos críticos en su lucha contra el cambio climático, pero también tiene oportunidades significativas para innovar y liderar la transición hacia una economía baja en carbono, aunque el camino es complejo, es posible avanzar hacia un futuro más sostenible para la aviación.

Relacionado con este tema te invitamos a leer también el artículo “Globalización, movilidad y cambio climático: Acuerdo de París, la ruta“.

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(*) Fundador y Director General de Vitalis. Académico universitario de la Red de Universidades de Anahúac en México. Contacto: www.linkedin.com/in/ddiazmartin

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Europa busca ser más competitiva a través de la bioeconomía sostenible y circular

(*) Por Diego Díaz Martín, PhD

La bioeconomía se ha erigido como una visión transformadora para abordar los desafíos ambientales y económicos en Europa. En su esencia, se basa en la utilización inteligente de los recursos biológicos renovables, como plantas, animales y microorganismos, para generar productos, energía y servicios. Su enfoque se aleja de la dependencia de los recursos fósiles no renovables y promueve la eficiencia en la producción y el consumo, estableciendo un puente crucial entre la ciencia, la tecnología y la economía.

Esta disciplina abraza principios de sostenibilidad y economía circular. La producción de bienes se plantea de manera que los desechos se convierten en recursos y se reducen al mínimo los impactos ambientales negativos. Al mismo tiempo incrementa la eficiencia y reduce la presión de extracción de recursos naturales.

El tema es tan importante dentro del Consejo de la Unión Europea, que en 2018, una  Comisión encargada de evaluar la aplicación de su Estrategia de Bioeconomía publicó una actualización de la Estrategia en la que se describen formas de acelerar el desarrollo de una bioeconomía sostenible en Europa. Su implementación ha sido revisada en 2022 y 2023, promoviendo la innovación en sectores como la agricultura, la alimentación, la energía y la salud.

La bioeconomía europea se enfoca en la diversificación de fuentes de materia prima, la mejora de la eficiencia en el uso de recursos y la promoción de la investigación y la colaboración interdisciplinaria. Desde la promoción de cultivos sostenibles hasta la producción de bioplásticos y bioenergía, la bioeconomía europea está redefiniendo la manera en que entendemos la producción y el consumo.

En un mundo donde los desafíos ambientales son más evidentes que nunca, la bioeconomía emerge como un faro de esperanza. Su potencial para generar empleo, fomentar la innovación y reducir nuestra huella ecológica es innegable.

Finalmente, es oportuno recordar que la bioeconomía desempeña un papel esencial en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al impulsar la transición hacia un modelo económico más sostenible y resiliente. Al promover la utilización responsable de recursos biológicos renovables se fomenta la seguridad alimentaria, la reducción de la pobreza y la mitigación del cambio climático. Además, al integrar la investigación, la innovación y la colaboración, la bioeconomía impulsa la creación de empleo, el desarrollo tecnológico y la equidad social, contribuyendo así a un futuro más justo y equilibrado para las generaciones presentes y futuras.

En nuestras manos está continuar explorando y promoviendo soluciones sostenibles que nos encaminen hacia un futuro más justo y equitativo, en armonía con la naturaleza.

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(*) Fundador y Director General de Vitalis. Académico universitario de la Red de Universidades de Anahúac en México. Contacto: www.linkedin.com/in/ddiazmartin

Dimensión Ambiental en los Derechos Fundamentales Europeos Vitalis

Dimensión Ambiental en los Derechos Fundamentales Europeos

El medio ambiente es uno de los bienes más preciados que los seres humanos disfrutan. Se es extremadamente afortunado de poder gozar de bosques, sabanas, ríos, playas y todo lo que el entorno natural puede ofrecer. Aunque lo antes descrito sean cosas que suelen darse por sentado, hay que luchar por su preservación, pues de lo contrario, todo podría desaparecer, como ha venido ocurriendo paulatinamente, comprometiendo el hogar de las futuras generaciones.

Greenwashing Vitalis

El greenwashing ¿engaño deliberado o práctica aceptable?

Por Ronny Chacón (*) @ronnyoc 

El greenwashing es un término acuñado para describir las prácticas de algunas empresas para promover su compromiso ambiental con productos y/o servicios más sustentables o respetuosos con el ambiente, proyectando así una imagen empresarial ambientalmente responsable pero que en la realidad difiere mucho de esto. El cambio es referido a aspectos de forma asociados a la publicidad más no de fondo en los procesos productivos o aspectos ambientales internos en la organización.

El uso del término se remonta al año 1990, cuando ya existían algunas empresas que colocaban sus productos con imágenes de la naturaleza, para mostrar su compromiso ambiental que era cuestionable. Algunos consideran la práctica como la evolución del blanqueo de imagen pero con el componente ambiental.

Hoy día, son más las organizaciones que han iniciado su transición al desarrollo sostenible, donde utilizan el tema de sostenibilidad para atraer a un mercado de consumidores que cada vez son más consciente de sus compras y requerimientos, al entender que son corresponsables de los problemas ambientales existentes, donde la sostenibilidad entra como filosofía de marca pero separada por una delgada línea del límite del marketing engañoso, pues se estaría hablando de un aspecto: la ética empresarial de la comunicación.

Es común encontrar empaques de marcas con mensajes de “100% natural”, “ecoamigable”, con sellos verdes o el logo de reciclaje, aun cuando el empaque no pueda ser efectivamente reciclado, la utilización de las palabras “eco”, “ecología”, “bio”, “ambiental”, incluso en algunos casos dentro del nombre del producto o en las actividades, para confundir y desviar la atención del público y del consumidor especialmente.  Algunos ejemplos, la minería ecológica, un autolavado denominado ecológico por usar productos presuntamente biodegradables y aun así desconociendo si los efluentes que generan están o no dentro del límite permisible de vertido, cremas y jabones naturales pero dentro de sus ingredientes componentes perjudiciales para la piel.

Un producto 100% natural no necesariamente es amigable con el ambiente; el mercurio es un elemento natural pero es altamente contaminante.

El consumidor juega un papel importante, ya no es opcional quedarse en la banca cuando los tiempos requieren que debe ser protagonista y convertirse en un consumidor responsable, poner más atención en las campañas ambientales de productos y/o servicios, preguntar, investigar, exigir más información y sobre tener esa curiosidad al preguntarse ¿realmente estoy comprando un producto verde?


(*) Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental. www.linkedin.com/in/ronny-ch

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