¿Lograremos el ODS 11?: Ciudades y Comunidades Sostenibles

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Sindemia, aumento de brechas y resiliencia.

(*) Por Alberto Rodríguez

El ODS 10 se orienta a reducir las desigualdades en y entre países. Está dentro de la “P” de “Prosperidad“. Consiste en el difícil reto de promover un progreso social, económico y tecnológico que siendo respetuoso con el ambiente permita una vida prospera para todos. Progreso más acelerado para los sectores vulnerables, que resulte en un empuje que permita reducir las brechas que existen. No se puede dejar a nadie atrás.

El concepto de sindemia resulta importante para entender los efectos del covid 19 en las variaciones significativas dentro de las comunidades, países y regiones. Sindemia es un neologismo que combina sinergia y pandemia, situación en que varias epidemias coexisten y se potencian mutuamente, facilitada por condiciones sociales y ambientales que hacen que algunos grupos sean más vulnerables o sufran más las implicaciones que se generen.

La noción de sindemia nos permite ver dos momentos de los efectos generados por el covid de manera diferencial en los grupos sociales y los países: el inicial, de los contagios y, el siguiente, de los múltiples impactos que generan, observándose un aumento en las brechas de estos grupos y países:

  • Aumento de las brechas de los impactos posteriores.
  • Aumento de las diferencias del acceso a la educación y de calidad de la misma, con una disminución significativa de la empleabilidad para algunos grupos sociales.
  • Aumento de los ingresos para algunos grupos sociales en contrate con el aumento del desempleo y la disminución de los ingresos para otros. Situación que agranda las diferencias de las remuneraciones previas.
  • Incremento sustancial de las grandes fortunas por capitalización de propiedades, acciones, bienes de lucro y otros activos que tienes a su disposición, en contraste con la depreciación de las propiedades y activos de sectores medios y bajos de las sociedades.

El aumento de las brechas puede tener dos alcances. Uno que sería circunstancial pues se pudiese recuperar después de la ocurrencia de la pandemia. Otra que sería más estructural y que al relacionarse a la sindemia seria más difícil de solucionar. El aumento de las brechas significa hablar de ampliación de las diferencias en la prosperidad.

La prosperidad se construye con la gente, pero se requiere tener las herramientas para ello. Algunos la pueden tener, pues fueron resistentes (lograron superar la situación con los recursos disponibles) durante la pandemia y otros que tenemos la esperanza que sean resilientes (padecieron la situación y fueron marginados por varias vías durante la sindemia).

La resiliencia es la capacidad de superar un shock que se sufrió severamente. En este caso está relacionado con los perdedores, los que fueron excluidos, los que padecieron los daños y logran “resucitar”. Imaginemos jóvenes que quedaron fuera del servicio educativo y logran tener competencia en empleabilidad similar a los que si participaron en escuelas de calidad, clave para el desarrollo económico sostenible de las naciones.

El reto de reducir la desigualdad entre los países y a lo interno de los países (ODS 10) pasa por trascender las prácticas convencionales aplicadas e incorporar perspectivas/herramientas de innovación para el desarrollo social y económico basados en la “P” de “Prosperidad”. Ya no resulta suficiente tratar de repetir las experiencias exitosas actuales (puntos de llegadas) sino emular los recorridos que, de forma acelerada, lograron recortar las brechas existentes (caminos realizados).

El ODS 10 es un objetivo que es más consecuencia de la integración de los logros de los otros objetivos. Especialmente útil si lo vemos con la noción de las 5P (Prosperidad, Planeta, Paz, Personas, Alianzas). Desarrollar un aumento de la prosperidad pasa por una economía robusta, que supone personas con empleabilidad competitiva, que en una América Latina con amplia biodiversidad basarse en el planeta, que en algunos casos disminuir la violencia (Paz), para lo cual se requiere fomentar alianzas entre las organizaciones, comunidades y actores sociales para multiplicarlo. Los logros de este objetivo pasan por tener logros en los otros desde una perspectiva más competitiva.

La resiliencia como clave de la disminución de la brecha puede pasar por la innovación permanente desde las oportunidades de las economías de colores: Verde (naturaleza), Naranja (creatividad), y Plateada (Cuidado). Para lo cual se requiere de una perspectiva y acción compartida entre los actores de nuestra sociedades/comunidades.

(*) Alberto Rodríguez. Licenciado en Sociología y Licenciado en Educación con Maestría en Administración. Investigador, consultor y facilitador de proyectos sociales y organizaciones de desarrollo. Actualmente es el Coordinador de Sociología de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela.

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Industria, innovación e infraestructura. Una vista al ODS 9

(*) Por José Solano P.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, constituye una hoja de ruta con una visión integral para unificar esfuerzos hacia una auténtica generación de bienestar socioeconómico y calidad de vida, en equilibrio con los recursos ecológicos de nuestro planeta. Esta Agenda consta de 17 objetivos que conforman las 5 dimensiones del desarrollo sostenible, a saber: la social (personas), la económica (prosperidad), la ambiental (planeta), la paz y las alianzas.

Cabe destacar que estos objetivos son interdependientes entre sí y las acciones que se lleven a cabo para impulsar un objetivo en particular pueden impulsar indirectamente otros objetivos. Dentro de los objetivos relacionados con la prosperidad económica de los países y las personas, se encuentra el Objetivo de Desarrollo Sostenible 9: Industria, innovación e infraestructura, para “Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación”.

Este objetivo comprende 8 metas y 12 indicadores, que se basan en la promoción y medición de acciones e inversiones en materia de infraestructura y servicios públicos, mediante un desarrollo tecnológico e innovación sostenibles, como herramientas fundamentales para el crecimiento económico y estabilidad social. En otras palabras, la creación de condiciones básicas para que las personas puedan generar sus medios de vida e incorporarse de manera productiva a la sociedad e impulsar la economía de los países.

Sus metas principales consisten en promover el desarrollo de infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, garantizando el acceso universal, asequible, equitativo e inclusivo de todas las personas a esta industrialización y a las fuentes de empleo que se generen en consecuencia. Asimismo, dentro de las metas planteadas para este objetivo, se contempla la promoción del acceso a servicios financieros asequibles, especialmente en países en desarrollo, y a tecnologías y procesos industriales limpios y racionales con el ambiente. Además, como un aspecto de suma importancia, se promueve el aumento de la inversión del gasto público y privado en el fomento de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), incorporando directamente a la academia como uno de los actores clave para el logro de este objetivo.

Ahora bien, según el Sustainable Development Report 2021, desarrollado por Sachs y sus colaboradores, el ODS 9 es el objetivo que exhibe la mayor diferencia en el desempeño de países a nivel global, enfatizando la necesidad de acelerar la difusión de tecnologías y la innovación a nivel mundial y de fortalecer las capacidades y habilidades en una economía global cada vez más digitalizada.

Una vez más, el sector académico e instituciones de investigación tendrían un rol importante, pero también se resalta la necesidad de colaboración y solidaridad entre países desarrollados y países en desarrollo, sin dejar a un lado que el contar con servicios de comunicación y acceso a tecnologías de información es prácticamente un derecho humano en estos tiempos actuales, que no necesariamente está garantizado en algunos países.

En nuestra región (Latinoamérica y El Caribe), se reporta que, en promedio, todavía hay desafíos significativos que abordar, pero la tendencia para el logro de este objetivo está moderadamente en aumento. Para el caso específico de nuestro país (Venezuela), se reporta que hay desafíos mayores con una tendencia en “estancamiento”, con las mayores brechas encontradas en la calidad de la infraestructura para el comercio y transporte, así como en la cantidad de aportes científicos por número de habitantes y la inversión en investigación y desarrollo.

Sin duda, este objetivo está muy relacionado con el nivel de compromiso del Estado y sus políticas públicas en materia de educación, investigación y desarrollo tecnológico. Sin embargo, el sector privado es también un actor clave para el logro de este objetivo. Por consiguiente, es lógico prever que la creación de Alianzas Público-Privadas, con reglas y objetivos claros, es una opción que debe ser considerada para el desarrollo sostenible del país. Incluso, es una de las vías para poder tener acceso a programas de financiamiento de parte organismos multilaterales, quienes exigen dos aspectos fundamentales: transparencia y rendición de cuentas.

Por su parte, la academia y el sector educación, tienen en la actualidad un desafío de re-educar en valores y principios tan necesarios en nuestra sociedad actual, incorporando la ética y la sostenibilidad en sus programas educativos a todo nivel, para formar ciudadanía que promueva y trabaje por el bien común.

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(*) José Solano. Ingeniero Químico, con estudios de Maestría en Ingeniería Ambiental, Diplomado en Desarrollo Sostenible y actualmente Doctorando en Desarrollo Sostenible. Líder en Ética y Negocios para la Sostenibilidad por parte de la Carta de la Tierra Internacional. Actualmente se desempeña como Director de Sostenibilidad de INNOTICA.

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Empleos decentes en un ambiente de crecimiento sostenido.

(*) Por Trino Márquez Cegarra

El desarrollo sostenible implica aspectos tanto ambientales como económicos y sociales. No resulta posible que las generaciones actuales aprovechen los recursos naturales y garanticen su transferencia a las generaciones futuras, sin que exista -tal como lo indica la ONU- un crecimiento económico inclusivo y sostenido, que impulse el progreso equitativo, genere empleos decentes y productivos para todos, y haga posible mejorar la calidad de vida.

Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) destaca el ODS 8, referido al Trabajo Decente y el Crecimiento Económico, cuyas principales metas incluyen aumentar los niveles de productividad y la innovación tecnológica, fomentar las iniciativas empresariales, crear empleos y aplicar medidas eficientes para eliminar el trabajo forzoso, la esclavitud y el tráfico humano.

En un contexto mundial tan complejo como el actual, lograr las metas del ODS 8 para 2030 representa un reto muy exigente para todos los actores políticos y sociales. Las diferencias socioeconómicas entre los países se han ensanchado como consecuencia de la pandemia provocada por el coronavirus. Esta enfermedad se extendió con rapidez en un mundo caracterizado por enormes y crecientes desequilibrios entre las sociedades ricas y las pobres. Ese contraste se ha evidenciado en el desigual ritmo de vacunación.

Esa enfermedad impactó la economía de América Latina de una forma más grave que a otras regiones del planeta. El deterioro económico se refleja en el incremento del sector informal en la mayor parte de los países. Ese segmento incorpora un tipo de ocupación que agrega poco valor, con baja productividad y salarios reducidos. Economías relativamente prósperas como las de México, Colombia, Brasil, Perú o Chile, han sido sacudidas por la caída del PIB global y per cápita. En otras naciones con problemas seculares -como las de Centro América, Venezuela o Ecuador- se han profundizado los déficits.

En la década actual, el gran desafío del continente -si pretende resolver sus dificultades de forma permanente- es crecer a tasas sostenidas que permitan al menos duplicar el aumento vegetativo de la población. Como parte de esa meta, las sociedades –fundamentalmente el sector privado- deben incrementar el empleo estable, sostenible, productivo y bien remunerado –empleos de calidad, según la Oficina Internacional del Trabajo (OIT)- en aquellos campos donde los países cuentan con mayores ventajas comparativas y competitivas. En el mundo globalizado, los capitales productivos se dirigen hacia las sociedades que aprovechan al máximo esas condiciones.

Esos énfasis deben acompañarse de mejoras en los sistemas tributarios, que permitan elevar la inversión en salud, educación y seguridad social, especialmente para capacitar la fuerza laboral en áreas tecnológicas y científicas; el diseño de marcos legales que respeten los derechos de propiedad, incluida la propiedad intelectual, estimulen y protejan la innovación y la creatividad, reduzcan la intervención del Estado y delimiten las competencias del sector público, con el fin de eliminar la discrecionalidad de los gobiernos.

Se requieren políticas financieras que conviertan a la región en un polo de atracción. La interdependencia y globalización continua del planeta determinan que los estímulos fiscales sean una herramienta muy poderosa para captar inversiones generadoras de empleo. Dentro de este marco, y por las características socioeconómicas del continente –baja capacidad de acumular capitales, uso de tecnologías con poca inversión-, las políticas y alicientes especiales para las pequeñas y medianas empresas resulta fundamental. En este campo tiende a concentrarse la mayor cantidad de emprendimientos y de empleos.

Las elevadas cuotas de desempleo abierto y encubierto, y los bajos niveles de capitalización de las industrias, convierten los altos salarios en una meta muy difícil de alcanzar. De allí que, junto a la generación permanente de puestos de trabajo, resulta prioritario mantener la inflación bajo control, de modo que haya un crecimiento continuo del salario real y de la capacidad de ahorro, logros imposibles de obtener en economías inflacionarias.

Dentro de una política integral de desarrollo, habría que mejorar el consumo eficiente de los recursos naturales y la energía. Promover el empleo para mujeres y personas discapacitadas. Fomentar la capacitación y el empleo en la población joven. Promover el turismo sostenible y establecer convenios que favorezcan el comercio a escala continental.

Las economías suelen a reaccionar velozmente a los incentivos y a la seguridad jurídica. El indicador que más rápido tiende a responder es el empleo.

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(*) Trino Márquez Cegarra. Sociólogo. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor Titular Universidad Central de Venezuela. Expresidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) en Venezuela.

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El reto del ODS 7: Acceso universal a la energía

(*) Juan Carlos Sánchez Martínez

El propósito principal del ODS 7 es lograr, para 2030, el acceso universal a la energía, el cual es un servicio fundamental para el desarrollo. No cualquier forma de energía, sino aquella a la que todos puedan acceder, que sea segura, moderna y además sostenible. Estos condicionantes hacen que este objetivo resulte bastante ambicioso, pero si consideramos que todos los países que se han desarrollado
comenzaron por impulsar la educación y dotarse de un sistema de salud eficaz, entendemos claramente la importancia del ODS 7. Sin energía no puede haber educación, ni salud.

De aquí a 2030, las metas del ODS 7 son:
7.1 Garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos.
7.2 Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas.
7.3 Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
7.4.a Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias
7.4.b Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios energéticos modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo.

Las brechas existentes para alcanzar la primera meta son bastante grandes: actualmente alrededor de 800 millones de personas carecen de electricidad, principalmente en áreas rurales pobres. En 2010 eran 1.200 millones. Ha habido un avance, pero al ritmo actual de electrificación el acceso universal difícilmente se podrá cumplir en 2030, y la electricidad solo representa 20% del consumo global de energía. El 80% restante es el consumo de combustibles para transporte, calefacción, cocción de alimentos, etc. El acceso a combustibles y tecnologías limpias y seguras para disfrutar de estos servicios también avanza con lentitud en muchos países.

Las metas 7.2 y 7.3 buscan impulsar la transición energética, consistente en reemplazar los combustibles fósiles por fuentes renovables y aumentar la eficiencia energética, para mitigar el cambio climático. Estas son condiciones difíciles de cumplir para 2030. Es cierto que muchos países están interesados en
las fuentes de energía limpias, como la eólica, solar, etc. No obstante, las estadísticas muestran que el consumo de combustibles fósiles en el mundo no está disminuyendo. Lo que está pasando es que las fuentes renovables de energía se están añadiendo a las existentes, pero no se está produciendo un reemplazo significativo de unas por otras.

La razón es que no es fácil, porque las infraestructuras que utilizan los combustibles fósiles tienen una vida útil muy larga: las plantas termoeléctricas, oleoductos, refinerías, equipos pesados de la
industria siderúrgica y petroquímica, duran 60, 70 años o más y no existe la intención de reemplazar estas infraestructuras hasta que cumplan su vida útil. Igual ocurre con los vehículos que, aunque duran menos, el tamaño del parque automotor mundial, unos 1.400 millones de vehículos, hace que su sustitución por
vehículos eléctricos necesite más tiempo.

Las metas 7.4.a y b ofrecen las pautas para alcanzar el cumplimiento del ODS 7 al enfatizar la cooperación internacional y facilitar el acceso a la tecnología, lo cual es de radical importancia para los países en desarrollo. Es mucho lo que está por hacerse y la mayor responsabilidad recae en los gobiernos y las empresas, por estar a cargo de la planificación y gerencia de la energía, pero también en los
consumidores.

Los gobiernos deben establecer políticas energéticas concretas que faciliten cumplir el ODS 7 y en particular propiciar alianzas público-privadas con ONG, universidades, sector público y empresas para realizar proyectos que den acceso a la energía a las poblaciones rurales. A las empresas les corresponde llevar a la práctica medidas de inversión en fuentes renovables, adopción de pautas de eficiencia, ahorro y consumo racional en fábricas y edificios, y el control del uso de la energía en la distribución de sus productos y servicios.

Los consumidores son responsables de evitar el despilfarro y hacer un uso racional. Quizás el ODS 7 no se alcance en 2030, pero no debe haber duda en que es absolutamente necesario avanzar en esa dirección. Solo así se podrán mejorar las condiciones de vida de miles de millones de personas que aún carecen de servicios energéticos.

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(*) Juan Carlos Sánchez. Ingeniero Industrial y Docteur-Ingénieur de l’Institut National des Sciences Appliquées, Toulouse, Francia. Coganador del Premio Nobel de la Paz 2007 por su contribución en el
Panel de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas. (Venezuela-Italia).

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Agua potable y saneamiento: Los planteamientos del ODS 6

(*) Por Carlos Hiroo Saito

El ODS 6 – Agua potable y saneamiento, tiene como objetivo garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos. La propia designación de este ODS 6 (consagrado en las metas 6.1 a 6.4) subraya la preocupación de las Naciones Unidas por el acceso al agua potable y al saneamiento de calidad.

Es importante recordar que esta preocupación por el acceso al agua potable de calidad y al saneamiento básico ya existía en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015), que precedieron a los ODS, y que tenían como meta reducir a la mitad la proporción de la población sin acceso al agua potable y al saneamiento básico. Este compromiso fue considerado por muchos como poco ambicioso e insuficiente (reducir a la mitad la desigualdad en el acceso), lo que llevó a establecer el objetivo de acceso universal al agua potable y al saneamiento básico para los ODS.

En relación con este compromiso, el Informe 2021 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU muestra avances entre 2015 y 2020, con un aumento de la proporción de la población mundial con acceso a servicios de agua potable del 70,2% al 74,3%. El mismo informe lamenta que, a pesar de los avances, en 2020 todavía quedarán 2.000 millones de personas en el mundo sin agua potable gestionada de forma segura.

Además de estos 4 primeros objetivos, el ODS 6 sigue ocupándose de la aplicación de la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza, y de la protección y restauración de los ecosistemas relacionados con el agua (montañas, bosques, humedales, ríos, acuíferos y lagos).

Por lo tanto, este ODS es más amplio que el agua potable y el saneamiento, y se inspira en el concepto de seguridad del agua aportado por ONU-Agua en 2013, que corresponde a la capacidad de una población de: garantizar el acceso sostenible a cantidades adecuadas de agua de calidad aceptable para mantener los medios de vida, el bienestar humano y el desarrollo socioeconómico; garantizar la protección contra la contaminación y los desastres relacionados con el agua; y preservar los ecosistemas, en un clima de paz y estabilidad política.

Si tenemos en cuenta la meta 6.6 (protección y restauración de los ecosistemas relacionados con el agua), el mismo informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2021 de la ONU informa de que, entre 1970 y 2015, los humedales continentales por sí solos y los de la zona costera y marina, en su conjunto, sufrieron una reducción de alrededor del 35 %.

El hecho de que este ritmo de pérdida sea tres veces mayor que el de la pérdida de bosques muestra la gravedad del problema que hay que afrontar, lo que hace que el escenario de la crisis del agua sea dramático. Por ello, debemos prestar atención a otros compromisos y agendas globales relacionadas, como los Decenios Internacionales establecidos por la ONU: el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030), y el Decenio Internacional para la Acción: el Agua para el Desarrollo Sostenible (2018-2028), ambos actualmente en vigor y que se solapan con la Agenda 2030.

También es importante examinar más detenidamente el objetivo 6.5. La gestión integrada de los recursos hídricos se ha debatido en todo el mundo durante mucho tiempo, y los ODS también han establecido metas de apoyo como la ampliación de la cooperación internacional y el apoyo al desarrollo de capacidades para mejorar la gestión del agua y el saneamiento, incluyendo la captación de agua, la desalinización, la eficiencia en el uso del agua, el tratamiento de aguas residuales, las tecnologías de reciclaje y reutilización, o incluso el fomento y el fortalecimiento de la participación de las comunidades locales en la gestión del agua.

Todo el tema del ODS 6 es complejo y está interrelacionado con otros ODS. Por ello, la Asociación Mundial del Agua (GWP), por ejemplo, al valorar y actuar sobre el ODS 6, considera que es sólo la puerta de entrada para abordar también los demás ODS. Es necesario abordar la protección de los ecosistemas terrestres para proteger los manantiales; es necesario afrontar el cambio climático para proteger también los recursos hídricos. Es necesario hacer una gestión compartida de las aguas fronterizas y transfronterizas, pero no se pueden olvidar las responsabilidades históricas de cuestionar los límites fronterizos, porque sin un acuerdo sobre los límites fronterizos, no hay manera de gestionar las aguas en estas fronteras.

Por último, es importante recordar que el momento actual de la pandemia no ha hecho más que revelar la importancia del agua potable y del saneamiento básico para hacer frente al covid-19: ¿cómo pensar en la higiene personal y en las medidas de prevención, como el lavado de manos, si no hay agua en las casas? Y no basta con tener una tubería para la distribución del agua; es necesario que el agua llegue con suficiente presión, y de forma regular, a diario, durante todo el día. Las rutas y el suministro intermitente sólo representan otra cara de la desigualdad social en el acceso al agua y al saneamiento básico como derecho humano. Defender el agua y sus ecosistemas, luchar por el agua para todos, es también luchar por la justicia social.

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(*) Carlos Hiroo Saito. Licenciado en Ciencias Biológicas y Análisis de Sistemas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Magister en Educación por la Universidad Federal Fluminense y Doctor en Geografía por la Universidad Federal de Río de Janeiro, con énfasis en Geoprocesamiento. Actualmente Presidente de Global Water Partnership-Sudamérica. (GWP-Sam)

Young successful business people greeting in company's office.

Igualdad de género: ¿Qué implica el ODS 5?

(*) Por Jorge Lojero Espinosa

La Agenda 2030 impulsada por la Organización de las Naciones Unidas, constituye un esfuerzo significativo en la construcción de mejores condiciones de vida de todas las personas a nivel global. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, buscan no dejar a nadie atrás, esto se traduce en un ejercicio de inclusión a gran escala, ya que estos objetivos, como guía universal, pretenden incluir en las diferentes agendas estatales, medidas específicas en torno a 17 objetivos, que buscan impactar positivamente en la calidad de vida de todas y todos.

Esta iniciativa surge en el año 2015 y ha sido bien recibida por gobiernos, sociedad civil y otros actores fundamentales en la materialización de derechos. Lo cual nos deja claro que la agenda 2030 no solo es responsabilidad de instituciones estatales, sino que para conseguir una adecuada implementación es necesario establecer una hoja de ruta conjunta, que permita responder a los grandes desafíos globales; involucrando a la población en general y teniendo como enfoque sus tres pilares básicos, que son: económico, social y ambiental.

En esta ocasión, nos referiremos al Objetivo 5: Lograr la Igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. Este objetivo, nos reafirma la igualdad formal, es decir, la igualdad ante la ley. A la vez que nos ayuda a identificar que al día de hoy, las mujeres siguen siendo víctimas de una violencia estructural, que actúa en diferentes esferas y que sigue siendo reproducida y solapada en nuestras sociedades, razón por la cual es necesario redoblar esfuerzos por lograr la igualdad de género.

Durante estos años enmarcados en la pandemia, hemos podido apreciar como los efectos tienen una diferenciación de género, hemos visto como las cifras de violencia de género se han disparado, los feminicidios han aumentado y la precarización de las mujeres es cada vez mas visible y preocupante. Sin embargo, las medidas para lograr el empoderamiento de las mujeres siguen siendo insuficientes, en muchas ocasiones somos indiferentes ante estos hechos y en casos extremos se menosprecia la lucha por la igualdad de género.

La invitación en esta ocasión, es a releer el objetivo 5, para comprender lo que en realidad significa, las directrices en papel no funcionan, y los ODS requieren que todas las personas nos impliquemos en lograr un cambio. La igualdad de género, no es una moda, ni es una cuestión de menor importancia, debemos comprender en primer lugar que las mujeres han sido y siguen siendo oprimidas por la ideología patriarcal, la cual las ha situado en una situación de subordinación frente a los hombres, sin embargo, la comodidad en alguna situación de privilegio no permite que veamos lo que es evidente.

La perspectiva de género, implica analizar las cuestiones de desigualdad que afectan a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, es por ello que debemos comprender que la desigualdad de género es un problema social y estructural que requiere que todas las personas nos impliquemos para lograr transformar la realidad.

Tenemos muchos años hablando del tema, sin embargo, las desigualdades por cuestión de género siguen siendo alarmantes a nivel mundial. A la fecha contamos instrumentos internacionales, normatividad interna y políticas públicas específicas que establecen acciones afirmativas que buscan el empoderamiento de las mujeres para poder lograr relaciones sociales más equilibradas, sin embargo, necesitamos redoblar esfuerzos para lograr una transformación social.

¿Cuál es la ruta que debemos seguir? La materialización de los derechos humanos de las mujeres, se deben establecer medidas para garantizar la igualdad y la no discriminación, la integridad y seguridad personal, el derecho a una vida libre de violencia, la educación, la protección de derechos sexuales y reproductivos, derechos laborales, corresponsabilidad en los cuidados, participación política de las mujeres, mientras haya una disparidad en el acceso a derechos entre hombres y mujeres, sabremos que nuestra tarea no ha terminado, no hay una fórmula única para lograr la igualdad de género, el camino de trabajo es la implementación de un enfoque interseccional de todas las acciones y medidas que llevemos a cabo y asumir que la igualdad se construye día tras día.

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(*) Jorge Lojero Espinosa. Licenciado y Maestro en Derecho por la Universidad Autónoma de México. Maestro en Derechos Humanos y Democratización en América Latina y el Caribe por la Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Cursando Doctorado en materia de Género en la Universidad de Granada, España. Con amplia experiencia en la transversalización de la perspectiva de Derechos Humanos y Género en organizaciones públicas y de la sociedad civil.

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El mundo clama por educación de calidad.

(*) Por Maritza Acuña

Uno de los aspectos que definen la calidad de vida de los pueblos es el nivel de educación de sus ciudadanos. La educación es un componente fundamental para el desarrollo de las naciones.

La UNESCO, con la finalidad de garantizar que los Estados trabajen para ese logro, entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ha propuesto como objetivo 4 de la Agenda 2030: “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

Sin embargo, a pesar de los grandes esfuerzos que se realizan en este sentido, la realidad es otra. En el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre el cumplimiento de los ODS, se destaca que:

El cierre de las escuelas han afectado 90 % de los estudiantes de todo el mundo (1.570 millones), provocando que más de 370 millones de niños se salten comidas escolares de las cuales dependen. Dada la falta de acceso a ordenadores y a Internet en casa, el aprendizaje remoto queda fuera del alcance de muchos.

Es por ello, que debe enfatizarse cada una de las metas asociadas con este ODS y puntualizar el desarrollo de proyectos y programas que permitan dar respuestas oportunas a las demandas. Este ODS consta de 10 metas que orientan a los países a lo largo de un camino transformador, hacia una agenda de educación sostenible que incluya estrategias pertinentes, tales como los planteamientos descritos a continuación.

Para conocer las necesidades referidas a las competencias en lectura y matemáticas de los niños y niñas, jóvenes y adolescentes, es necesario determinar el estado de conocimientos de estos segmentos. Es importante identificar un promedio de sus niveles para definir e iniciar las acciones para mejorarlas. Todos sabemos que las escuelas maternal y preescolar son básicas para el desarrollo de los niños y niñas. Por ello, ambos niveles deben ser potenciados en las áreas de salud, aprendizaje y bienestar psicosocial, por sexo. Siempre se ha considerado que las áreas instrumentales como son la lógico-matemática y la lectura, deben fortalecerse por medio de ejes temáticos, tales como ambiente y ciencias. Para tener claro qué leemos y analizamos en todo momento: ¿por qué no alfabetizar aprendiendo de nuestro ambiente y los problemas globales, nacionales y locales que atravesamos?

Existen innumerables maneras para aumentar la participación de jóvenes y adultos en programas de educación y formación respetando la igualdad y equidad de sexo. Algunas son: el voluntariado, el servicio comunitario, las pasantías y trabajos guiados en distintos tipos de organizaciones y la elaboración de tesis de grado, entre otras. Esto permite por un lado, sensibilizar a los jóvenes en labores relacionadas con la responsabilidad y protección ambientales y por otro, orientar la formación profesional vinculada al desarrollo sustentable.

Cada día es más urgente aumentar la proporción de jóvenes y adultos que adquieran competencias de tecnologías de la información y comunicación (TIC), A pesar de la brillantez de muchos jóvenes para adquirir destrezas en nuevas tecnologías, éstos deben poseer buenos equipos y campos de trabajo donde puedan desempeñarse. Adquirir experiencia los hará competitivos en un mundo globalizado. Esto se aceleró debido a la pandemia de Covid-19 y generó una nueva realidad, en la cual es necesario tener competencias para estudiar y trabajar por medio de las nuevas tecnologías. Cursos y talleres permanentes por áreas temáticas como lengua y literatura; ciencias naturales, matemáticas, artes y música, son necesarios y pertinentes para apuntar esta meta del ODS 4.

Por otro lado, es importante desarrollar programas de enseñanza para la sostenibilidad de acuerdo con las siguientes perspectivas:

1) Educación para la ciudadanía mundial global.

2) Educación para un desarrollo sostenible, incluyendo igualdad de género y derechos humanos.

Educar en valores ambientales y éticos, donde el respeto al ambiente y los seres vivos sean ejes transversales en la formación, garantizará que las nuevas generaciones serán actores en defensa de un mundo mejor.

Cada día más y más jóvenes y docentes requieren becas para apoyar su formación profesional. Iniciativas como el Programa de Formación de Jóvenes como Agentes de Cambio de la GIRH (Gestión Integral de Recursos Hídricos) de Vitalis y GWP Sudamérica, deben ampliarse hacia otros ámbitos ambientales como por ejemplo: energías alternativas, manejo de residuos y desechos sólidos, recuperación y protección de áreas verdes, economía circular, comunidades sostenibles y ecoeficiencia.

La capacitación permanente de los docentes de todos los niveles (primaria, secundaria, universitaria) garantizará que los estudiantes tengan una enseñanza de calidad. En definitiva la formación, asesoría y recursos para trabajar en diferentes formatos de educación a distancia o presencial incluidas, adquirir competencias y aplicar metodologías para uso educativo, relacionado al desarrollo sustentable son tareas de realización inmediata con miras hacia un mejor futuro.

El llamado es a innovar en propuestas transformadoras para una verdadera educación sostenible.

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(*) Maritza Acuña. Licenciada en Educación con Maestría y Doctorado en Educación Ambiental. Coordinadora General de ACE Pequeños Científicos. Presidente de Reconnecting With Your Culture Venezuela. Colaboradora de Vitalis Venezuela

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La biodiversidad grita, pero pocos le oyen.

Por. Diego Díaz Martín*, @DDiazMartin

Diversos científicos sugieren que existen alrededor de 8,7 millones de especies de animales, plantas, hongos y otros organismos vivos en el planeta. Sin embargo, hasta ahora solo se han identificado y descrito alrededor de 1,2 millones de especies, la mayoría de las cuales son insectos.

Si tales afirmaciones son ciertas, la ciencia tendría aún pendiente por descubrir y catalogar más de 80% de la biodiversidad del planeta, seguramente refugiada en los fondos de los océanos y bosques prístinos del planeta, incluyendo la multidiversidad de sus ecosistemas en los suelos y cuerpos de agua.

Pese a su incuestionable importancia, y a la capacidad de las especies de resistir y adaptarse a los cambios planetarios, las actividades humanas están acelerando su tasa de extinción, alterando sus procesos ecológicos esenciales y fenómenos evolutivos, amenazando con ello la compleja red de interacciones que ocurren en el planeta, con impactos insospechados sobre la misma naturaleza, el planeta, y por supuesto, sobre nosotros mismos.

De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, según sus siglas en inglés), la naturaleza está disminuyendo globalmente a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad, y el ritmo de extinción de las especies se está acelerando, con graves impactos en las personas de todo el mundo. Basados en un análisis técnico en el que participaron 143 expertos de 50 países y basados en el análisis de más de 15 mil fuentes científicas y gubernamentales, concluyen que alrededor de 1 millón de especies de animales y plantas están amenazadas de extinción, un número sin precedentes en la historia de la humanidad.

Por su parte, la Lista Roja de la Unión Mundial para la Conservación (UICN) señalan que más de 40.000 especies están en peligro de extinción, lo cual representa el 28% del total de las especies evaluadas por expertos alrededor del mundo. Este número, sin dudas, es preocupante.

La importancia de la biodiversidad es indudable, no solo porque proporciona ecosistemas funcionales que suministran oxígeno, aire y agua limpios para todos, sino que también es base de la polinización y la producción de alimentos, así como del control de plagas, tratamiento de aguas residuales y muchos otros servicios ecosistémicos. Adicionalmente, la biodiversidad provee oportunidades para la recreación, como la observación de aves, caminatas al aire libre, campamentos y pesca. También es esencial en el turismo de muchas regiones del mundo, sustentando la economía local.

Muchas son las acciones que podemos y debemos hacer para contribuir con la conservación de la biodiversidad e impulsar el desarrollo sostenible, como por ejemplo, garantizar la preservación y manejo de  las áreas naturales, recuperar los hábitats y ecosistemas degradados, promover la recuperación de especies amenazadas, profundizar la investigación para valorar la situación de la biodiversidad en vida silvestre y en cautiverio y reducir el comercio ilegal de vida silvestre, entre otras.

A lo anterior debemos agregar la mitigación del cambio climático, la adopción y puesta en marcha de acciones gubernamentales internacionales que impulsen el cumplimiento de los acuerdos internacionales y la cooperación científica y técnica para impulsar la gestión de los jardines botánicos, bancos de germoplasma, acuarios y zoológicos, con estrictos fines de preservación y conservación.

La crítica situación de la biodiversidad mundial es un grito que pocos oyen. Es vital actual con estrategia, responsabilidad y compromiso para hacer valer su voz.


  • Fundador y Director General de Vitalis. Profesor Universitario. Biólogo, Maestro en Gerencia Ambiental y Doctor en Ingeniería en favor del desarrollo sustentable. ddiazmartin.com
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Salud emocional y bienestar para el desarrollo sustentable.

(*) Por Ignacio Suárez

Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades, es uno de los objetivos fundamentales de la Agenda de las Naciones Unidas para el 2030.

Este objetivo abarca muchos elementos, incluidos los relativos a la salud física, emocional y espiritual del individuo. De allí que sea tan importante que todos los seres humanos en el planeta, incluyendo el resto de los seres vivos, gocen de la salud necesaria para asegurar su bienestar.

Las personas están en el centro del desarrollo. No puede haber crecimiento y desarrollo sin personas sanas, por lo que la salud se convierte en un derecho humano fundamental para garantizar el funcionamiento de la sociedad. Mucho hemos avanzado en el mundo en la detección, prevención y atención de enfermedades que comprometen nuestra salud física, situación que se mantendrá con el avance de la ciencia y de las tecnologías asociadas.

No obstante, como experto en el manejo de emociones, reconozco también la importancia de la salud emocional en el logro de la satisfacción y paz individuales, fundamental para el bienestar de la sociedad. La salud física ya no es suficiente, sin bienestar emocional. De hecho, muchas enfermedades parten de un desbalance en sus sentimientos y emociones, o viceversa. Muchas emociones o sentimientos no tratados, derivan en enfermedad.

Si alguien pretende tratarse a sí mismo con cortesía, amabilidad y respeto, también puede aprender a tratar a los demás con cortesía, amabilidad y respeto. Esto es clave para la salud emocional de un individuo en la sociedad.

Cuando la gente oye hablar de “salud emocional”, suele pensar en el desarrollo personal y el conocimiento de uno mismo. En el mundo del desarrollo personal se habla mucho de la paz interior, la bondad y el respeto, pero puede ser difícil ver cómo se relaciona con los derechos humanos o con problemas globales como la pobreza y el hambre.

¿Y si pudiéramos basarnos en la idea de la salud emocional y la paz interior, no solo como una búsqueda individual, sino como una forma de mejorar nuestras sociedades? ¿Y si pudiéramos utilizar lo que estamos aprendiendo sobre la conciencia emocional para ayudar a las personas a llevarse mejor entre sí? ¿Cómo podría esto afectar a cosas como la seguridad nacional?

Necesitamos comprender mejor cómo funcionan las emociones y por qué son importantes. Tenemos que empezar a ver la salud emocional como un derecho humano básico, no solo como algo que nos hace sentir bien por dentro.

Es fácil perderse en los detalles de nuestra vida cotidiana. Son tantas cosas las que tenemos que hacer, atender y resolver, que puede ser difícil recordar por qué las hacemos. Sin embargo, algo que no podemos olvidar, es nuestra responsabilidad y compromiso con la presente y futuras generaciones. Es importante dar un paso atrás y mirar el camino recorrido de vez en cuando, para ver dónde encajan nuestras acciones en el gran esquema de las cosas y cómo estamos ayudando a la humanidad en su conjunto.

¿Qué podemos hacer para alinearlos con la sustentabilidad? ¿Qué debemos hacer para adoptar los valores y conductas necesarios para garantizar que las generaciones por venir, contarán con lo necesaria para asegurar su salud física y emocional?

Estas preguntas deberían estar en las agendas nacionales como prioritarias a responder. Tan importante es una gripa o un infarto, como una depresión. La mente y el cuerpo están directamente relacionadas y se afectan positiva o negativamente en una vía de doble sentido. Los factores psicológicos pueden contribuir al inicio o al agravamiento de una amplia variedad de trastornos físicos, como las enfermedades orgánicas, pueden afectar nuestro estado de ánimo, y nuestra forma de sentir y pensar.

Los Objetivos de Desarrollo Sustentable son un buen punto de partida para buscar un enfoque integrado e integral que incorpore condiciones físicas y mentales por igual, a fin de garantizar un mundo mejor para todos en 2030, en donde confluyan derechos humanos, salud emocional y paz espiritual por igual.

¿Qué podemos hacer?

El primer paso para ilustrar el objetivo 3 dentro de las agendas de desarrollo sustentables, es la concientización en torno al concepto y dimensiones de la salud. Si ignoramos nuestras propias emociones, éstas no desaparecen, sino que se agravan en nuestro interior hasta que explotan en forma de ira, estrés u otros sentimientos negativos.

Si les prestamos atención al equilibrio y paz de nuestra mente, en armonía con el funcionamiento de nuestro cuerpo, será más fácil vivir sin hacernos daño a nosotros mismos y a los demás.

Así como tenemos un solo planeta, cada uno de nosotros dispone de un solo cuerpo y mente que debemos cuidar. Con solo ser conscientes de nuestros propios estados internos, podemos llegar a ser grandes embajadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en materia de salud y bienestar.

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(*) Ignacio Suárez, comunicólogo especializado en el Desarrollo Humano desde el subconsciente para mejorar conductas y hábitos con facilidad. Especialista en técnicas de comunicación efectiva, en particular, en medios electrónicos para no-expertos.

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