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Desde la perspectiva de la sustentabilidad ambiental ¿Qué hace a una vivienda digna?

Crisóforo Mecinas Cruz (*)

En las últimas dos décadas en México ha existido un incremento en la construcción de viviendas, con lo que se ha abatido el rezago que existía en este rubro. Sin embargo, fuentes oficiales refieren que el déficit actual pudiera superar – al menos – once millones de viviendas.

De acuerdo a cifras de la OCDE en 2010, ochenta por ciento de la población del país vivía en zonas urbanas, y se estima que para el 2050 será noventa por ciento. Eso implica nuevos desafíos ambientales en sus diseños y servicios que se deben considerar.

Así como ha crecido el número de viviendas, también han mejorado los servicios con los que cuentan, ya que cada día se tiene mayor acceso a los servicios básicos como son agua potable, drenaje y electricidad; sin embargo, aun cuando en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se establece como un derecho el acceso a una vivienda digna, este término no está definido claramente, y por ende, no siempre se cumple.

Si bien la Secretaría de Desarrollo Social ha definido la vivienda de calidad, con base al tipo de materiales con los que están construidos los pisos, muros y techos, debemos de ir más allá en este concepto.

El mayor número de viviendas se ha construido en las ciudades más pobladas, en lugares donde se concentran las zonas económicamente más activas. Sin embargo, esto ha ocasionado diversos problemas, como hacinamiento, insuficiencia de servicios públicos, incluyendo transporte, y construcción en lugares de riesgo, entre otros.

Por ello es muy importante reflexionar en el término vivienda digna desde la perspectiva ambiental, ya que no se trata solamente de la parte constructiva. A caso ¿es digno que una persona invierta casi tres horas diarias en transportarse de su casa a su lugar de trabajo y viceversa?, ¿son los materiales de construcción los apropiados? ¿aprovechan la luz y la ventilación natural? ¿están expuestas a algún riesgo como zonas de deslaves o susceptibles de inundación? ¿han sido construidas en ambientes libres de contaminación? ¿son los servicios públicos de calidad?.

De acuerdo con las Naciones Unidas, una vivienda digna considera aquel espacio en el que los individuos o las familias puedan vivir en seguridad, paz y dignidad. Para ello, es imprescindible reorientar el rumbo de la planificación urbanística en algunas áreas, principalmente en lo correspondiente al ordenamiento de los nuevos desarrollos, de manera conjunta con la descentralización de las áreas productivas, desde un punto de vista de sustentabilidad. Asimismo, es vital mejorar el aprovechamiento y conservación de los recursos naturales, y la utilización de las materias primas de la región, así como evitar la construcción de desarrollos habitacionales en zonas de alto riesgo.

De igual forma, es importante promover el ecodiseño y la ecoeficiencia en las viviendas, y enfocarnos en el bienestar de la población, considerando inclusive la ubicación de las viviendas cercanas a los lugares de trabajo, ya que el tiempo que se ahorre en el traslado lo podrán dedicar a compartirlo con su familia, a ejercitarse, a reducir el estrés, pero sobre todo a llevar una vida digna, respetando los usos y costumbres de cada población para adecuar los modelos de vivienda.

Es importante precisar que las características de las viviendas no las hacen más o menos dignas, sino la calidad de vida de sus habitantes. Es momento de hacer de cada vivienda un hogar.

 

(*) Ingeniero Civil, cmecinas@hotmail.com

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Salud y alimentación en México: un tema sanitario con implicaciones ambientales

Por Selene Jovita Gonzalez Contreras (*) @seleneglezc

La salud y la alimentación están directamente relacionadas, pues una buena alimentación contribuye a mantener una buena salud, y lo contrario, la debilita. El tema es tan importante que en México se han realizado importantes esfuerzos para favorecer una apropiada nutrición, aunque algunos indicadores, como el del sobrepeso u obesidad, siguen encendiendo alarmas en diversos sectores.

Para muestra un botón. El 62.8% de la población mundial padece de sobrepeso u obesidad, y en México, este desorden alcanza al 71.2% de la población, ocupando el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en adultos. Estas cifras se han incrementado en los últimos años debido al desconocimiento y al mal manejo de los conceptos de salud y alimentación.

La Salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un estado de completo bienestar físico, mental y social en donde es de vital importancia una equilibrada alimentación, entendiendo esta como el proceso consciente y voluntario de ingerir alimentos nutritivos para satisfacer la necesidad de comer.

Podemos tener salud mental pero no social, por la inseguridad física que se vive en algunas partes de la república. También podemos tener salud física pero no mental, como exceso de estrés; alimentándonos pero no necesariamente nutriéndonos. Recordemos que la nutrición es la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo.

De lo anterior, quizás sería importante preguntarse… ¿qué tipo de salud y alimentación estoy teniendo? ¿lo hago desde un enfoque holístico? ¿cómo por comer o realmente me estoy nutriendo para conservar una buena salud?

En todos estos análisis, es muy importante considerar el índice de masa corporal (IMC), utilizado frecuentemente para clasificar el sobrepeso y la obesidad en adultos. La OMS define el sobrepeso como un IMC igual o superior a 25, y la obesidad como un IMC igual o superior a 30. Cuando este se encuentra elevado, aumenta el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, problemas cardiacos, infartos cerebrales y diabetes.

En el mundo, la diabetes representa el 14.5% de todas las causas de mortalidad por lo que se puede decir que uno de cada once adultos vive con diabetes. En México ocupamos el 6to lugar a en el mundo con esta enfermedad crónica, con una prevalencia del 9.4% en la población. Sin lugar a dudas, consecuencia de una mala alimentación y escasa o nula nutrición que no dependen precisamente de los recursos económicos con los que contemos.

¿Y que tiene todo esto que ver con el medio ambiente? La verdad, mucho. Nuestro entorno condiciona y determina nuestra salud, y tomamos de él, todo lo que necesitamos para alimentarnos. De allí que sea importante impulsar la seguridad alimentaria, propiciando todo lo necesario para producir los alimentos sanos y seguros que necesitamos para garantizar nuestro bienestar.

Tan importante es el tema de la alimentación y la salud, que en México se ha incluido en la estrategia llamada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible basada en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Recordemos que el tercer ODS refiere a la salud y el bienestar, procurando una vida sana y promoviendo el bienestar de todos, a cualquier edad.

Mucho queda por hacer en México donde, según cifras oficiales de 2014, se reporta que el 18.2% de la población carece de acceso a los servicios de salud.

La salud y la alimentación son dos temas vitales para el progreso de nuestro país. Sus implicaciones sociales y ambientales son indudables.

 

*Licenciada en Administración de Empresas, estudiante de la Maestría en Tecnologías para el Desarrollo Sustentable en la Universidad Anáhuac.

 

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Contribución de los índices de Desarrollo Humano y de Calidad de Vida a la sustentabilidad ambiental

Por M.I. Gloria Antonieta Chong Morales (*)

Los índices de desarrollo humano (IDH) y de Calidad de Vida (ICV) son fundamentales para el desarrollo sustentable, pues se estrechan los aspectos ambientales con los sociales.

El IDH toma en cuenta el desarrollo de un país en razón de sus habitantes y sus capacidades, en tanto que el ICV evalúa la satisfacción de vida de los mismos.

El IDH es la media geométrica de los índices normalizados de cada una de las tres dimensiones del desarrollo humano, que son, tener una vida larga y saludable, acceder al conocimiento y disfrutar de un nivel de vida digno. Y se expresa como un valor entre 0 y 1.

El ICV utiliza para su medición encuestas de satisfacción de vida en los países, en función de la manera en que el individuo percibe el lugar que ocupa en el entorno cultural y en el sistema de valores en que vive, así como en relación con sus objetivos, expectativas, criterios y preocupaciones.

Entre ambos índices se establece un círculo virtual positivo. Por un lado, un IDH alto, con una amplia base de educación, busca alcanzar logros de sustentabilidad ambiental necesarios para lograr un ICV alto. Por el otro, un ICV alto, contribuye a elevar el IDH.

El propósito de estos índices es promover, como mínimo, una esperanza de vida al nacer larga y sana para sus ciudadanos, un nivel de vida digno y una educación garantizada bajo un entorno de justicia y armonía social y política. Asimismo, buscan generar una sociedad más sensible a desarrollarse bajo principios de cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales, de los cuales depende en su calidad de vida.

Sin embargo, como sociedad, tenemos muchos retos que superar, tales como la desigualdad en sus diferentes caras, la pobreza y el desarrollo de género, entre otros.  Estos índices nos alertan sobre los temas que debemos atender, y de allí que sean útiles para motivar a los países a mejorar su desempeño.

Entre los desafíos pendientes para actuar con mayor efectividad en materia ambiental, figuran temas como el consumo de energía renovable, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y en general el uso eficiente de los recursos naturales.

Asimismo, es vital poner especial atención a la evolución de las superficies forestales, el uso y tratamiento del agua, el manejo de los residuos, y la conservación de la biodiversidad.

El desarrollo humano y la calidad de vida implican mayor bienestar para todos, incluyendo el resto de los seres vivos. Para ello es imprescindible que los modelos de desarrollo contemplen los principios de la sustentabilidad, como son  interdependencia, interconexión, capacidad de carga, equilibrio dinámico y eficiencia con máximo rendimiento, entre otros.

En nosotros está reconocer que nuestra calidad de vida depende de nosotros mismos, al cuidar y mantener en equilibrio los recursos naturales de los cuales vivimos y que nos permiten alcanzar un desarrollo humano alto o muy alto.

Para ello, no solo es necesaria la activa participación de la ciudadanía y de las empresas, sino también el desarrollo de políticas públicas, económicas y fiscales que respalden dichas acciones.

 

(*) Maestra en Ingeniería Ambiental, gcapri72@me.com

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Responsabilidad Social Empresarial: menos publicidad y más impacto

Por Diego Díaz Martín, PhD. / @DDiazMartin (*)

Es común observar como algunas empresas confunden sus acciones de responsabilidad social con la exclusiva necesidad de posicionar su marca, llegando al extremo de gastar más en comunicar y publicitar sus esfuerzos e iniciativas sociales, que en invertir en calidad y cantidad apropiadas en sus propias actividades benéficas o comunitarias, buscando el mayor retorno social.

Esta práctica, común en muchos países, no solo contradice los principios propios de la responsabilidad social, sino que puede crear una imagen adversa en sus públicos, quienes pueden dudar del compromiso ético y moral de las empresas.

En México es ampliamente aceptado que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) comprende el compromiso consciente y congruente de cumplir integralmente con la finalidad de la empresa, tanto en lo interno como en lo externo. Este esfuerzo institucional considera las expectativas económicas, sociales y ambientales de sus principales actores, y suele demostrar respeto por la gente, sus valores éticos, la comunidad y el ambiente, contribuyendo así a la construcción del bien común.

Los ámbitos de la RSE responden a valores empresariales universales, y es el conocimiento y la profundización continua de esos principios lo que asegura su exitosa implementación. Ello comprende  el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad  y la vinculación con la comunidad, entre otros principios de aceptación general.

Si bien es justo y necesario que las empresas puedan y deban dar visibilidad a sus programas sociales por medio de la publicidad, caer en excesivas inversiones pudiera restarles confianza, equidad y transparencia a sus acciones, principios también implícitos dentro de la RSE. De igual forma, los excesos promocionales aminoran los recursos disponibles para los programas de RSE, que bien pueden dirigirse a vincularse más eficientemente con la comunidad y sus necesidades de desarrollo, impulsando al mismo tiempo la calidad de vida dentro de la empresa y sus zonas de influencia, exaltando la dimensión social del trabajo y promoviendo la conservación del ambiente, entre otros propósitos fundamentales.

Con todo lo anterior, no desearía que se le restara importancia a la publicidad como una herramienta clave para el éxito de muchas empresas. Bien establece esa famosa frase de “lo que no se anuncia, no existe”. Sin embargo lo recomendable sería lograr el punto de equilibrio en brindar la sana visibilidad de las acciones sociales del negocio, sin caer en excesos que pudieran desvirtuar sus propósitos.

Otro aspecto importante dentro de la RSE es medir el impacto de sus acciones y lograr resultados sostenibles en beneficio de sus grupos de interés. Esta es una tarea fundamental entre los emprendedores sociales, quienes valoran el resultado de sus acciones en la solución de la problemática que les ocupa.

Las evaluaciones de impacto permiten determinar los efectos de las labores empresariales en la atención y solución de una problemática social. Para ello se promueve el uso de metodologías rigurosas, usualmente estandarizas y validadas por terceros, que permiten estimar si los resultados sociales, son en realidad atribuibles a su intervención.

Un aspecto poco impulsado dentro de las empresas para lograr un mayor impacto de sus programas de RSE, es el intraemprendimiento de sus colaboradores con dimensión social.

Los intraemprendedores sociales de una empresa son aquellos trabajadores que desarrollan y promueven soluciones innovadoras y prácticas a retos sociales y/o ambientales no resueltos. En esta misión, y para que pueda lograr sus propósitos, el intraemprendedor debe conectarse con otros actores sociales, movilizar apoyos a lo interno de la empresa, capitalizar conocimientos y buenas prácticas, motivar a las comunidades involucradas a participar activamente en la atención del problema seleccionado, organizar el esfuerzo para alcanzar sus objetivos y detonar el emprendimiento en el seno de la corporación.

Más inversión responsable y medición de impacto es lo que se necesita dentro de muchos programas de RSE, sin caer en excesos publicitarios que pudieran ser más contraproducentes que beneficiosos.


(*) El Dr. Diego Díaz Martín es Profesor de la Maestría en Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, Director General para las Américas de Vitalis y Profesor Titular del Tecnológico de Monterrey.

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¿Constituyente para el Ambiente?

Por: Alberto Blanco-Uribe Quintero (*)

Como se sabe incluso internacionalmente, el gobierno le está haciendo un mayúsculo fraude al pueblo venezolano, usurpando su soberanía y confiscándosela con la complicidad de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, a un triple título: asumiendo la convocatoria directa de la Asamblea Nacional Constituyente, mientras se obvia la necesidad de que ello se haga mediante referéndum popular; seguidamente imponiendo unilateralmente las bases comiciales, tampoco aprobadas en referéndum popular; y, violando el principio de indivisibilidad de la soberanía y consecuente universalidad del sufragio (una persona = un voto), al dividir arbitrariamente en sectores al pueblo.

Pues bien, dentro de ese grotesco y claramente autoritario y nada democrático proceder, se observa como un detalle burlesco que uno de los objetivos pretendidamente buscados con la tal Asamblea Nacional Constituyente sea el de:

La preservación de la vida en el planeta, desarrollando constitucionalmente, con mayor especificidad los derechos soberanos sobre la protección de nuestra biodiversidad y el desarrollo de una cultura ecológica en nuestra sociedad”.

Ante todo, es obvio que no es menester que una Constitución contenga normas específicas para que el Estado pueda desarrollar política y legislación ambiental, como lo muestra el derecho comparado. Pero además, nuestra Constitución de 1999 es particularmente prolija en la materia, al consagrar el derecho humano al ambiente (piedra angular), la obligación estatal de proteger el ambiente, el estudio de impacto ambiental, la biodiversidad y áreas protegidas, la ordenación del territorio, la consulta a las comunidades indígenas, etc., y como sabemos nada de eso se respeta, sin consecuencias.

El gobierno lleva a cabo las actividades de mayor impacto ambiental sin control alguno, “inventó” un ministerio de “minería ecológica”, desarticuló el Ministerio del Ambiente volviéndolo ente de propaganda ideológica llamándolo de “ecología socialista”, vulnera a los indígenas a quienes nada consulta y está a la cabeza de su macro destructivo proyecto “Arco Minero del Orinoco”, incumpliendo todo el mandato constitucional al respecto.

A cuál “cultura ecológica” puede estarse refiriendo uno de los más inmisericordes destructores del ambiente que haya gobernado Venezuela?

 

(*) Abogado, Profesor Universitario. Postgrado Derecho Ambiental, Univ. de Estrasburgo, Francia. Postgrado Derechos Humanos, Univ. de Castilla-La Mancha, España. @AlbertoBUQ . www.albertoblancouribe.com

Estados Unidos se retira del Acuerdo de París

Trump convierte a Estados Unidos en un país paria, una amenaza efectiva a la seguridad y la estabilidad de toda la humanidad.

Por Julio César Centeno, PhD.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado la decisión de retirar a su país del acuerdo histórico sobre el cambio climático alcanzado en París en el 2015, tras 25 años de negociaciones en el seno de la ONU. En ese momento fue suscrito por 197 países.

El Acuerdo de París tiene por objeto evitar que el aumento en la temperatura superficial promedio del planeta supere los 2ºC para finales de siglo con respecto a la época pre-industrial. Establece el compromiso colectivo de realizar todos los esfuerzos posibles para limitar el aumento a 1,5ºC. Hasta el momento ha sido ratificado por 147 países, responsables por el 80% de las emisiones.

En diciembre 2015 el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificó el acuerdo de “un éxito monumental para la gente y para nuestro planeta“, porque representa un fundamento para “extinguir la pobreza, apuntalar la paz y asegurar una vida sostenible para todos“. A juicio del antiguo máximo responsable del organismo, supone también un “punto de inflexión” en los esfuerzos para “reducir las amenazas relacionadas con el cambio climático. Trump banaliza todas estas esperanzas.

Para finales del 2016 el aumento en la temperatura superficial promedio era de 1.2°C, mientras la concentración de CO2 en la atmósfera superaba las 403 partes por millón. La posibilidad de limitar el aumento de temperatura a 1.5°C para finales de siglo es un espejismo. Para evitar que el aumento en temperatura supere los 2°C para finales de siglo la concentración de CO2 en la atmósfera no debe superar las 450 ppm. Con un aumento en la concentración de 0.52% interanual en la actualidad, este límite se superará en apenas 20 años.

“Si no actuamos con determinación ante el calentamiento global, enfrentaremos migraciones masivas, ciudades sumergidas, naciones desplazadas, destrucción de fuentes de alimentos y conflictos provocados por la desesperanza… Debemos superar la pobreza sin condenar a nuestros niños a un planeta más allá de su capacidad para repararlo”. – Barack Obama, Asamblea General de la ONU, septiembre 2016.

Las tendencias actuales conducen hacia un aumento en la temperatura superficial promedio entre 3,7 y 4,8°C para finales de siglo en relación con la época pre-industrial (IPCC 2014). Estas tendencias representan una emergencia planetaria sin precedentes en la historia de la humanidad. Un aumento de 4°C no se ha registrado desde mediados del Mioceno, hace 10 millones de años. Las tendencias actuales conducen a la transformación del mundo que le dejamos a nuestros descendientes más inmediatos en un planeta hostil y desconocido por la especie humana.

El Acuerdo de Paris no es una panacea. En el caso poco probable de que todas las promesas realizadas en París en diciembre del 2015 se cumpliesen a cabalidad, incluyendo las de Estados Unidos, la humanidad quedaría encauzada en una ruta tendiente a un aumento de temperatura promedio entre 3°C y 3,5°C.

En el período interglaciar Emiense, cuando la temperatura superficial promedio aumentó 2°C sobre el promedio de la época preindustrial, el nivel del mar oscilaba entre 5 y 9 metros sobre el nivel actual. El límite de los 2°C no garantiza seguridad, pues provocaría un aumento en el nivel del mar de varios metros, junto a numerosas otras consecuencias disruptivas para los ecosistemas y la sociedad humana… Un aumento en la temperatura superficial promedio de 2°C sobre el promedio de la época preindustrial es altamente peligroso – NASA, Columbia University, Institut Laplace, Academia de Ciencias de China. Atmos. Chem. Phys. Discuss., 15, 20059–20179, 2015.

Para evitar que la concentración de CO2 en la atmósfera supere las 450 ppm para finales de siglo, es necesario reducir sus emisiones en al menos un 50% para el 2050 y eliminarlas para finales de siglo. Esto implica dejar bajo tierra al menos dos tercios de las reservas probadas actuales de hidrocarburos.

“La estabilización de la concentración de CO2 entre 400 y 450 ppm, frecuentemente asociada a un aumento ‘aceptable’ de temperatura de 2°C, tiene una alta probabilidad (68%) de provocar aumentos en el nivel del mar de más de 9 metros sobre el actual. Para evitar aumentos significativos en el nivel del mar a largo plazo, la concentración atmosférica de CO2 debe reducirse a niveles similares a los de la época preindustrial: 280 ppm”.  -Academia Nacional de la Ciencia de EUA – PNAS vol. 110 no. 4 2012.

En enero 2017 la NOAA (US National Oceanic and Atmospheric Administration) reportó que el gobierno federal había elevado sus proyecciones sobre el aumento en el nivel del mar a 8 metros para el 2100, lo que sumergiría bajo las aguas a múltiples ciudades costeras alrededor del mundo, incluyendo ciudades norteamericanas como New York, Boston, Miami (http://www.globalresearch.ca/paris-climate-accord-doesnt-go-far-enough-but-trumps-pullout-will-endanger-life-on-earth/5592883).

En su informe al congreso, titulado Implicaciones a la Seguridad Nacional del Calentamiento global, 2015, el Pentágono advierte que el calentamiento global es un “multiplicador de amenazas” a la seguridad nacional de los Estados Unidos (2015May27 Ref ID: 8-6475571).  “El calentamiento global es una amenaza urgente y creciente a nuestra seguridad nacional, contribuyendo al aumento en desastres naturales, el flujo de refugiados y conflictos por recursos como el agua y los alimentos. Estos impactos ya están ocurriendo, mientras que el alcance, la escala y la intensidad de estos impactos aumentarán con el tiempo

El calentamiento global tendrá múltiples efectos sobre la seguridad nacional de los Estados Unidos en el futuro previsible. Agravará problemas ya existentes, tales como la pobreza, las tensiones sociales, la degradación ambiental y la ineficiencia de los liderazgos. Amenazará la estabilidad domésticas de múltiples países”.

El retiro de Estados Unidos del acuerdo implica que evadirá las gigantescas responsabilidades que le corresponden por ser el país con las mayores emisiones acumuladas en la atmósfera en los últimos 100 años. Implica además que continuará contaminando la atmósfera global en proporciones exageradas con respecto a su población, acaparando abusivamente el diminuto cupo atmosférico disponible para impulsar el desarrollo de toda la humanidad.

Estados Unidos, con sólo el 4% de la población mundial, es responsable por el 26% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera entre 1900 y el 2014. Los países industrializados, con el 18% de la población actual, son responsables por el 72% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera en ese mismo período.

La amenaza climática que se cierne en la actualidad sobre toda la humanidad, especialmente sobre la mayoría empobrecida, es responsabilidad principalmente de una minoría privilegiada de la población mundial, mas rica y tecnológicamente mas avanzada, pero que se niega a asumir tales responsabilidades. La decisión tomada por Trump es una vergonzosa traición no sólo contra el resto de la humanidad, sino contra los intereses de generaciones futuras.

La “Farsa china”

Durante su campaña electoral, Trump se comprometió a retirar a EE.UU. del acuerdo de París porque, en su opinión, es perjudicial para la economía estadounidense. Además, proclamó en repetidas ocasiones que el cambio climático era una “farsa china“.

Durante mi administración alcanzaremos una independencia energética total. Completa. Imagínense un mundo en el que nuestros enemigos no puedan utilizar la energía como un arma. Ocurrirá. Vamos a ganar“. Prometió aumentar la producción de carbón, petróleo y gas para alcanzar esta meta (https://www.theguardian.com/environment/2016/nov/11/trump-presidency-a-disaster-for-the-planet-climate-change)

Irónicamente, en Diciembre del 2009 Donald Trump suscribió una comunicación dirigida a Barack Obama, publicada en una página completa del New York Times, en la que un grupo de empresarios exigía acciones efectivas para combatir el calentamiento global: “Permita por favor que los Estados Unidos sirva como modelo del cambio necesario para proteger a la humanidad y al planeta. Si no actuamos ahora, es científicamente irrefutable que se precipitarán consecuencias irreversibles y catastróficas para la humanidad y para nuestro planeta(http://grist.org/politics/donald-trump-climate-action-new-york-times/)

Al llegar a la Presidencia de EUA, Trump eligió como director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) a Scott Pruitt, un escéptico del cambio climático que había demandado judicialmente en 14 ocasiones a la institución que ahora dirige. Pruitt sostenía que la EPA era una agencia contraria a los intereses económicos de los Estados Unidos, por lo que debía ser eliminada.

Travis Fisher, del Departamento de Energía, escribió un informe en el que destaca que “la política de energía limpia es la amenaza mas grande a la red eléctrica nacional, superior a las amenazas de los ciber-ataques, el terrorismo y los eventos climáticos extremos”. Según Fisher la energía eléctrica solar y la eólica no son confiables. Fisher ha sido encargado por el nuevo secretario de energía, Rick Perry, para realizar un diagnóstico de la confiabilidad de la red eléctrica nacional. Se espera que concluya en un ataque a las energías renovables y un impulso al carbón y a la energía nuclear (https://www.desmogblog.com/2017/05/31/meet-man-who-said-clean-energy-policies-are-greatest-threat-to-power-grid).

Por su parte Rex Tillerson, Secretario de Estado, durante su interpelación en el Congreso previo a su confirmación en el cargo, sostuvo que EUA debería mantenerse en el Acuerdo de París.

Un grupo de senadores republicanos divulgó una comunicación enviada a Trump el 25 de Mayo 2017 en la que solicitan el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Paris. Enfatizan la incongruencia entre los compromisos asumidos en este acuerdo y la decisión de eliminar el Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan) impulsado por el gobierno de Obama. Señalan que este plan es sólo una carga regulatoria que le impide al sector empresarial generar empleos y desarrollar la economía. “Ud. le ha girado instrucciones a la Agencia de Protección Ambiental para que desmantele el Plan de Energía Limpia. Una de las órdenes ejecutivas mas importantes que Ud. ha firmado es la EO 13783, para promover la independencia energética y el crecimiento económico… Es necesario tomar medidas para asegurar que estos objetivos se cumplan”.

El Plan de Energía Limpia fue aprobado por Obama en Agosto 2015 con el objeto de reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero provenientes de las plantas de generación eléctrica en un 32% para el 2030 en relación con las del 2005. Se enfoca en la reducción de las emisiones de CO2 provenientes de las plantas termoeléctricas que consumen carbón mineral y en el aumento de la generación de electricidad a partir del gas natural y fuentes renovables.

Según la EIA (Energy Information Administration), el consumo de carbón en plantas termoeléctricas emitía 1.364 millones de toneladas métricas de CO2 por año en el 2015, el 71% de todas las emisiones de CO2 provenientes del sector eléctrico. Con la migración a energía eólica, por ejemplo, las emisiones se reducirían significativamente, reduciendo al mismo tiempo los costos de generación. La migración a gas natural produjo efectos similares, haciendo económicamente inviable la generación de electricidad a partir de la combustión de carbón mineral en docenas de plantas alrededor del país. El uso de gas no sólo es mas económico, sino que reduce las emisiones de CO2 a la mitad en comparación con el uso de carbón mineral por unidad de electricidad generada.

En la cumbre de los países del G7 celebrada en Mayo 26-27, 2017 en Sicilia, por primera vez no fue posible una declaración conjunta sobre el tema. Estados Unidos insistió en que se encontraba “en proceso de revisión de su política en el ámbito del cambio climático y del Acuerdo de París“, según el comunicado final. Los otros seis países confirmaron los compromisos asumidos en este acuerdo: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Japón y Canadá.

Por su parte,  China y la Unión Europea han reafirmado el cumplimiento de sus respectivas obligaciones. En un comunicado conjunto señalan: “El calentamiento global es un asunto de seguridad nacional y un factor multiplicador de fragilidad social y política. La Unión Europea y China consideran que el Acuerdo de París es un logro histórico que acelera el irreversible giro global hacia un desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero… El Acuerdo de Paris es una demostración de que, con determinación política compartida y confianza mutua, el multilateralismo puede tener éxito en la construcción de soluciones efectivas a los mas críticos problemas de la actualidad. China y la Unión Europea subrayan su compromiso al mas alto nivel político para la efectiva implementación del Acuerdo de Paris in todos sus aspectos

Rusia también ha confirmado que mantiene los compromisos asumidos en Paris, reconociendo que el acuerdo se verá debilitado con el abandono de los Estados Unidos. “Es evidente que la efectividad de la convención se reducirá sin la presencia de actores claves” (BBC http://www.bbc.com/ news/world-asia-40118690).

La decisión de Trump para abandonar el acuerdo ha desatado la indignación tanto en la comunidad científica como en la población de EE.UU. A finales de abril, miles de personas de todo el país marcharon a favor del medio ambiente y contra Trump bajo los lemas “No tenemos un planeta B“, “El cambio climático es real” o “No hay trabajo en un planeta muerto“.

Un amplio rango de empresas norteamericanas se opone a la decisión de Trump, incluyendo a Apple, Facebook, Google, LeviStrauss, Unilever, DuPont, eBay, Nike. Un comunicado suscrito por 1.000 empresas señala: “Si fallamos en la construcción de una economía baja en emisiones de carbono pondremos en peligro la prosperidad americana” (Guardian 010517)

Al sacar a EUA del pacto, Trump no solo se desprende del legado de su predecesor, Barack Obama. También lanza una clara señal al resto del mundo acerca de que EUA no considera el cambio climático como una prioridad. Otros países seguirán su vergonzoso ejemplo, con el argumento de que no podrían competir económicamente en el mercado internacional con un país con ilimitadas emisiones de gases de efecto invernadero. Algo similar ocurrió cuando Estados Unidos se retiró del Protocolo de Kioto en el 2001, con la llegada a la presidencia de George Bush Jr. La decisión fue seguida por Canadá, Australia y Japón entre otros.

Durante las negociaciones que condujeron al Acuerdo de París, la delegación norteamericana ya había contribuido al significativo debilitamiento del acuerdo al insistir en que:

  1. a) no fuese jurídicamente vinculante;
  2. b) que se excluyera de su texto la obligación de los países industrializados de canalizar al menos 100.000 millones de dólares anuales a los países en desarrollo para el financiamiento de actividades de mitigación y adaptación al calentamiento global;
  3. c) que se excluyera toda referencia a las responsabilidades por las emisiones acumuladas en la atmósfera desde la época pre-industrial hasta el 2015 emitidas por cada país.
  4. d) que se excluyera toda referencia a la obligación de transferir recursos financieros y tecnológicos de los países industrializados a los países en desarrollo, en condiciones preferenciales, para asistir en las actividades de mitigación de emisiones y la adaptación al calentamiento global en el mundo en desarrollo.

Los burócratas negociadores en París finalmente cedieron ante estas exigencias. El compromiso de los 100.000 millones de dólares anuales fue efectivamente excluido del Acuerdo de Paris. Quedó registrado sólo como una “intención” en las actas de la Conferencia de las Partes COP-21. (Fraude en Paris. Enero 2016)

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha aseverado que el abandono del acuerdo podría socavar la seguridad nacional y la economía de EE.UU. Además, advirtió de que si un país decide dejar un vacío, alguien más lo ocupará. “El Acuerdo de Paris es esencial para nuestro futuro común. Es importante que la sociedad norteamericana y el mundo empresaria se movilice para preservar el Acuerdo de Paris como garantía de un futuro para nuestros hijos y nietos

Al retirase del Acuerdo de París, el presidente Trump convierte a Estados Unidos en un país paria, en una amenaza efectiva a la seguridad y la estabilidad de toda la humanidad.

El lider mas poderoso del mundo esta amenazando la seguridad de todo el planeta”, señala el premio Nobel de economía Paul Krugman en el New York Times del 29 05 2017. “Quizás sea removido de la escena antes de que el daño sea irreparable”.

Michael Oppenheimer, profesor de geo-ciencia en la Universidad de Princeton y miembro del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático destacó: “Ahora es mucho mas probable que rebasemos el peligroso límite de los 3.6°C, un aumento en la temperatura superficial promedio con condiciones extremas irrevocables. No es el mundo en que queramos vivir” (NYT may 31 2017).

El astrofísico Neil deGrasse Tyson declaró con sarcasmo: “Si mis asesores y yo nunca hubiésemos aprendido lo que es la ciencia y como funciona, seguramente que también habríamos considerado retirarnos del Acuerdo de Paris” (@neiltyson 31 05 2017)

Kevin Trenberth, del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de los Estados Unidos (US National Center for Atmospheric Research) declaró con anticipación: “Es un desastre para el planeta” (The Guardian 111116)

(*) Profesor Investigador, Jc-centeno@outlook.com

 

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Ambiente, Planificación y Bases Fundamentales

Por Eduardo García (*)

En Venezuela existe un marco legal ambiental pionero en el continente con instituciones que sirvieron de referencia a muchos países para el establecimiento de su orden ambiental. Contamos con un soporte legal ambiental desde la Constitución Nacional hasta numerosas leyes y decretos que han servido en su momento para establecer los marcos técnicos y las mejores prácticas en muchos proyectos.

Lo anterior contrasta con lo que el ciudadano común puede ver en su día a día a lo largo del territorio nacional; sobreexplotación de recursos, mala calidad de vida por deficiencia de servicios, afectaciones diversas al ambiente que van en incremento, impunidad ante el daño ambiental, ausencia de políticas efectivas, uso de propaganda ambiental sin ningún tipo de resultados, falta de compromisos en el logro de metas ambientales y abundancia de proyectos realizados de manera expedita con la finalidad de satisfacer una necesidad a corto plazo o un compromiso político.

La cacería de proyectos de alto impacto económico de los últimos años en Venezuela por parte de empresas internacionales, gobiernos y políticos, desató la ejecución de obras colosales de muy alto costo monetario y ambiental para el país, sin que las mismas hayan llegado a su conclusión.

Se ha caído en un letal letargo que se ha acentuado por la sobreexplotación de recursos, la impunidad, el desconocimiento, el descontrol, la falta de respeto a las autoridades, la vergonzosa politización de los efectos ejercidos sobre el medio y su adjudicación a modelos económicos, así como el aumento exponencial de actividades responsables de incrementar diversos tipo de riesgos ambientales y sanitarios. Todo ello maquillado dentro de una política antrópica y errática que reproduce algo que llaman logros y metas en el más reciente documento consignado ante la Cumbre del Cambio Climático de París COP21. Mediante el uso de lineamientos ambiguos tras fachadas de una inverosímil fantasía de tintas iridiscentes, vacías y penosas, se evidencia la inexistencia en Venezuela de la más mínima lógica estadística en materia ambiental.

Para lograr todo lo anterior se deberá hacer una reconstitución de la institucionalidad a nivel ambiental, comenzando por el trabajo moral y el reanimo a los funcionarios de carrera a nivel nacional que los haga asumir el compromiso que conllevan con sus cargos, apoyar el resurgimiento de las instancias ambientales, la capacitación continua y la dotación.

 

(*)  Ing. Geólogo (UCV), Ing. Geotécnico (USB), MSc. Análisis Ambiental (Royal Holloway Reino Unido), se desempeña desde 2005 como director de Agencia Ambiental, es asesor del sector minero en Sur América.

Email: agenciaambiental@gmail.com

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¿Puede un país sin Estado de Derecho ejercer la gobernanza ambiental? Caso Venezuela.

Por: Alberto Blanco-Uribe Quintero / @AlbertoBUQ  (*)

La ONU califica la gobernanza como buena y democrática cuando el Estado fomenta la participación, el pluralismo, la transparencia, la responsabilidad, los derechos humanos y el Estado de Derecho.

Independencia de los poderes públicos como garantía de los derechos humanos. El Estado al servicio de la persona.

La Constitución subordina el poder al derecho, consagra la preeminencia de los derechos humanos, siendo fin del Estado asegurar el desarrollo de la persona. El derecho al ambiente es uno.

La gobernanza ambiental se nutre de derechos como la libertad de pensamiento.

El ministerio ambiental debe respetar los derechos humanos, el pluralismo, la libertad de pensamiento. El derecho al ambiente se concibe con participación de la sociedad, y la ordenación del territorio debe atender las realidades culturales y políticas. Debe ser ideológicamente neutral.

La educación ambiental es parte del derecho a la educación. Comprende todas las corrientes del pensamiento.

En 1977 se creó un ministerio especializado en evaluar actividades con incidencia ambiental, incluso a iniciativa de entes públicos, llamado Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (luego se eliminó Renovables), con prestigio por su calidad técnica y mística de trabajo por 30 años.

Degradado con políticos no comprometidos con lo ambiental (Declaraciones de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano, de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible). Eso implicó fuga del funcionariado medio de experticia en gestión ambiental, y la subordinación de lo ambiental a planes inconsultos degradantes, para generar dinero con fines partidistas.

En 2007 el populismo lo llamó Ministerio del Poder Popular para el Ambiente. Sustituido en 2014 por el Ministerio del Poder Popular para Vivienda, Hábitat y el Ecosocialismo, y después en 2015, por el actual Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Aguas, para “fortalecer la ecología del socialismo del Siglo XXI”, según “las directrices y políticas de la Revolución Bolivariana”, coordinado por la Vicepresidencia Sectorial de Desarrollo del Socialismo Territorial, siendo su competencia “el ecosocialismo ambiental”, y con los Viceministerios de Gestión Ecosocialista del Ambiernte, Gestión Ecosocialista de Aguas y Manejo Ecosocialista de Desechos y Residuos, con “visión ecosocialista”.

No se definió al ecosocialismo, pero es obviamente una posición ideológica, violando el mandato de libertad de pensamiento.

En Venezuela no existe Estado de Derecho, pues no hay separación de poderes ni respeto de los derechos humanos, por ello tampoco puede haber gobernanza ambiental.

Al no ser independiente el Poder Judicial, el ciudadano carece de su garante de gobernanza.

 

(*) Abogado, Profesor Universitario. Postgrado Derecho Ambiental, Univ. de Estrasburgo, Francia. Postgrado Derechos Humanos, Univ. de Castilla-La Mancha, España.  albertoblancouribe@gmail.com

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Importancia de la planeación estratégica en la industria del petróleo y gas – Generalidades.

Por Orlando Tapia (*)

Esta opinión se fundamenta en los mínimos planteamientos que explican los niveles en los cuales se puede dividir la cadena de suministro en la industria del petróleo. A su vez expone de manera general la importancia de implementar la planeación estratégica, así como el involucramiento de las áreas dentro de las organizaciones para la ejecución de acciones.

Básicamente la industria del petróleo y gas se puede dividir en dos grandes ámbitos:
– Upstream: Comprende la exploración, extracción del petróleo crudo y gas.
– Downstream: Es el ámbito donde estos productos son procesados, obteniendo derivados comerciables hasta sus últimos consumidores.

Sin embargo estos grandes grupos no dejan ver la cadena de suministro que se puede entretejer entre ambas hasta en 16 etapas, por lo cual es conveniente contemplar 3 ámbitos:
– Upstream: Lo que refiere a la exploración, desarrollo y producción de petróleo crudo y gas.
– Downstream oil: Conlleva la producción relacionada al petróleo crudo y sus procesos de transportación, refinación, derivados, almacenaje y venta hasta el consumidor final.
– Downstream gas: Comprende los servicios de marketing en torno al gas, transportación y almacenaje, hasta su consumidor final.

Es importante comenzar con preguntas que inviten a salir de la zona de confort, por ejemplo: ¿Qué se está haciendo? ¿Puede hacerse mejor? ¿Qué se quiere lograr y en qué tiempo? ¿Cómo se quiere ser percibido al interior y exterior de la organización? ¿Qué puedo cambiar y cómo? ¿Cómo y cuándo se evalúan resultados?… Estas cuestiones darán pie al análisis del qué hacer en el entono interno y externo, identificando los cambios deseables mediante priorización de necesidades para luego implementar las acciones; este proceso debe cerrar con una evaluación de logros y aprendizajes que contribuyan al inicio de un nuevo ciclo.

Finalmente, para que esta visión sea aplicable, duradera y viable, no basta con la convicción de la Dirección, es fundamental que las áreas de la organización se sumen desde su ámbito de acción y control, aportando al cumplimiento del Plan de lo contrario no dejan de ser una sucesión de acciones aisladas que tendrán pocos resultados e impacto.

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(*) Profesional con 10 años de experiencia en planeación, ejecución y evaluación de proyectos para el financiamiento de Organizaciones de la Sociedad Civil. Miembro fundador de Ololi para el Desarrollo Integral Sustentable AC. Estudiante de la Maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac México. LinkedIn Orlando Tapia Alvarez / orlando.tapia.alvarez@gmail.com

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