(*) Por Diego Díaz Martín
He visto partidos de fútbol en distintos países del mundo. Algunos en estadios llenos, otros en plazas improvisadas, parques o playas. En todos los casos ocurre algo parecido: la atención se concentra en el balón, los jugadores y el marcador.
Sin embargo, hace algunos años comencé a fijarme en otras cosas.
En la grama. En el agua necesaria para mantenerla verde. En los materiales de los uniformes. En la energía que ilumina los estadios. Incluso en los minerales que forman parte de la Copa del Mundo.
Quizás sea deformación profesional. Después de dedicar buena parte de mi vida a la conservación ambiental, me resulta imposible separar completamente el fútbol de la naturaleza.
Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, descubrí varias curiosidades que me parecieron tan interesantes como cualquier estadística deportiva.
1. La Copa del Mundo es mucho más antigua de lo que parece
No me refiero al trofeo diseñado en 1974.
Me refiero a los materiales que la componen.
La Copa Mundial contiene aproximadamente cinco kilogramos de oro de 18 quilates y dos anillos de malaquita verde en su base. Ambos minerales comenzaron a formarse millones de años antes de que existiera el fútbol, los estadios o incluso los seres humanos.
La próxima vez que veas al capitán de una selección levantar la copa, recuerda que estará sosteniendo materiales cuya historia comenzó muchísimo antes que la nuestra.
2. La mejor obra ambiental del Mundial fue una que no se construyó
Cuando se habla de sostenibilidad suelen venir a la mente paneles solares, vehículos eléctricos o tecnologías futuristas.
Sin embargo, una de las decisiones ambientales más inteligentes del Mundial 2026 fue mucho más sencilla: utilizar principalmente estadios que ya existían.
A veces olvidamos que el edificio más sostenible es aquel que no hace falta construir.
Menos cemento, menos acero, menos residuos y menos emisiones asociadas a nuevas infraestructuras.
3. Detrás del césped perfecto hay un ejército invisible
Recuerdo haber visitado algunos estadios donde el césped parecía una alfombra impecable.
Lo que el público no ve es que detrás suele haber agrónomos, especialistas en riego, técnicos de drenaje y equipos de mantenimiento trabajando todos los días.
Una cancha profesional puede requerir decenas de miles de litros de agua diarios, dependiendo del clima y de la tecnología utilizada.
Cuando un comentarista elogia el estado del terreno de juego, en realidad también está reconociendo el trabajo de muchas personas que jamás aparecerán en la transmisión.
4. Algunas camisetas mundialistas tuvieron una vida anterior
Esta es una de mis curiosidades favoritas.
Varias selecciones utilizan uniformes fabricados parcial o totalmente con poliéster reciclado procedente de botellas plásticas.
Es decir, una botella que alguien depositó en un contenedor de reciclaje podría terminar celebrando un gol en un Mundial.
No deja de sorprenderme pensar que algo diseñado para usarse durante unos minutos pueda transformarse en una prenda deportiva de alto rendimiento.
5. Los botines han perdido peso… y también materiales
Los primeros zapatos de fútbol eran pesados, rígidos y absorbían agua como una esponja.
Hoy algunos modelos pesan menos de 200 gramos.
Las marcas deportivas han invertido enormes recursos para hacerlos más ligeros, resistentes y eficientes. En algunos casos incorporan materiales reciclados y procesos de fabricación con menor impacto ambiental.
Para quienes jugamos fútbol hace décadas, el cambio resulta realmente impresionante.
6. El balón es una pequeña maravilla tecnológica
A simple vista parece un objeto sencillo.
No lo es.
Los balones modernos son el resultado de años de investigación sobre aerodinámica, resistencia, impermeabilidad y comportamiento en distintas condiciones climáticas.
Los fabricantes también han reducido progresivamente el uso de ciertos materiales de origen animal que eran habituales en generaciones anteriores.
Cada Mundial trae consigo una nueva evolución del balón.
7. La iluminación de un estadio parece la de una ciudad
Durante un partido nocturno todo parece natural.
Pero basta levantar la mirada para descubrir cientos de luminarias trabajando simultáneamente.
Jugadores, árbitros, aficionados, fotógrafos y millones de espectadores frente al televisor dependen de esos sistemas de iluminación.
Por fortuna, la tecnología LED permite hoy consumir mucha menos energía que hace apenas unos años.
8. El verdadero protagonista ambiental no está en la cancha
Si preguntáramos cuál es el principal impacto ambiental de un Mundial, muchas personas responderían que el césped o los estadios.
La realidad es otra.
La mayor parte de las emisiones suele provenir de los desplazamientos de aficionados, equipos, periodistas y personal logístico.
Millones de personas cruzarán continentes para seguir a sus selecciones.
Paradójicamente, el mayor desafío ambiental del fútbol moderno ocurre lejos del balón.
9. Un partido moviliza mucho más que 22 jugadores
A veces olvidamos la magnitud de un evento de esta escala.
Detrás de cada encuentro trabajan operadores de cámaras, técnicos de sonido, personal de seguridad, equipos médicos, especialistas en telecomunicaciones, responsables de limpieza, mantenimiento y alimentación.
Cada partido es una enorme operación humana que requiere recursos, planificación y energía.
10. La naturaleza también juega el Mundial
Después de revisar todos estos datos, terminé llegando a una conclusión muy simple.
La naturaleza está presente en cada rincón del torneo.
Está en el oro de la copa, en la malaquita de su base, en el agua que alimenta el césped, en los materiales de los uniformes, en la energía que ilumina los estadios y en los recursos necesarios para fabricar cada balón. Quizás por eso me resulta tan difícil separar el fútbol del ambiente.
Detrás de cada gol, celebración y campeonato existe algo mucho más grande que cualquier selección nacional: el planeta que hace posible que todo esto ocurra.
Más allá del marcador
El Mundial 2026 tendrá campeones, goleadores y partidos memorables. Algunos récords caerán y otros permanecerán intactos. Sin embargo, mientras disfrutamos del espectáculo, vale la pena recordar que la sostenibilidad también entra a la cancha.
Después de todo, el mayor trofeo que compartimos no es de oro ni se entrega cada cuatro años. Es la Tierra.
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(*) Presidente y Fundador de Vitalis. Biólogo, Master en Gerencia Ambiental y Doctor en Proyectos de Ingeniería Sostenible. Linkedin: www.linkedin.com/in/ddiazmartin






