Tu mascota tiene su espacio. La fauna silvestre también

(*) Por Diego Díaz Martín

Quienes convivimos con animales de compañía sabemos lo importante que es garantizarles ejercicio, bienestar y espacios donde puedan desenvolverse. Pero esa misma sensibilidad debería extenderse a los animales silvestres, especialmente cuando visitamos parques nacionales y otras áreas protegidas.

Un parque nacional no es simplemente un gran parque recreativo. Es, ante todo, un espacio destinado a conservar especies, ecosistemas y procesos naturales. Para un venado, un oso, un zorro, un anfibio o un ave que nidifica en el suelo, ese lugar no es un sitio de paseo: es su hogar.

La presencia de perros o gatos puede generar impactos aun cuando no exista una agresión directa. La fauna puede percibirlos como depredadores y modificar su comportamiento, alejarse de zonas de alimentación, interrumpir el descanso o abandonar temporalmente determinados lugares. Un estudio experimental realizado en en Australia en 90 sitios de bosques periurbanos de la región Hornsby–Berowra–Cowan, encontró que el paso de personas acompañadas por perros produjo reducciones temporales del 41 % en la abundancia y del 35 % en la diversidad de aves observadas.

El problema aumenta cuando los animales circulan libremente. Una revisión global publicada en Biological Conservation concluyó que los perros domésticos representan una amenaza conocida o potencial para al menos 188 especies de vertebrados amenazados en el mundo, mediante procesos que incluyen depredación, perturbación, transmisión de enfermedades, competencia e hibridación.

También existen impactos menos visibles. Heces y orina incorporan nutrientes y microorganismos; las mascotas pueden entrar en cuerpos de agua, remover suelos o transportar semillas y patógenos.

Adicionalmente, el contacto entre mascotas y fauna silvestre también puede favorecer la transmisión de enfermedades en ambos sentidos. Perros y gatos pueden llevar patógenos al medio natural, pero también adquirir parásitos o infecciones presentes en animales silvestres. Esta interconexión entre salud animal, humana y ambiental es precisamente uno de los fundamentos del enfoque Una Salud (One Health), un enfoque que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas.

No es un capricho: también existe una lógica jurídica

Las normas no son idénticas en todos los países ni en todos los parques, pero existen ejemplos muy claros. En España, la Ley 7/2023 prohíbe dejar animales sueltos o en condiciones de causar daños, mencionando expresamente parques nacionales y otros espacios naturales protegidos.

En México, el Programa de Manejo del Parque Nacional Tulum establece que los visitantes no deben ingresar con mascotas, y explica expresamente que la medida busca evitar alteraciones de la fauna, contaminación de aguas y suelos y propagación de enfermedades.

En Venezuela, el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del Parque Nacional El Ávila (Waraira Repano) es todavía más explícito: su artículo 28 prohíbe en todo el parque “la introducción de animales domésticos”.

No se trata, entonces, de enfrentar a quienes aman a sus mascotas con quienes defienden la fauna silvestre. Proteger a unos no debería significar perturbar a otros.

Necesitamos buenos espacios urbanos y periurbanos para nuestros animales de compañía y, al mismo tiempo, lugares donde la fauna pueda alimentarse, reproducirse, descansar y desplazarse con la menor interferencia posible.

Los animales domésticos necesitan su espacio. Los silvestres también.

Un perro puede volver a casa. Para muchas especies, el parque nacional es su casa.

(*) Presidente y Fundador de Vitalis. www.linkedin.com/in/ddiazmartin

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