¿Funcionan realmente las áreas marinas protegidas?

(*) Por Manuel Correia

Cada año desaparecen arrecifes, manglares y zonas de desove que no vuelven. Cuando estos ecosistemas se degradan o se pierden, recuperarlos puede tomar décadas, o incluso ser imposible

Frente a esta realidad, se anuncian como respuesta las Áreas Marinas Protegidas (AMPs), pero la promesa y la realidad no siempre coinciden: declarar un área protegida no garantiza que el océano lo esté.

Una AMP es cualquier zona marina donde las actividades humanas como la pesca industrial, la minería submarina o el vertido de contaminante, están limitadas o prohibidas por ley para proteger la biodiversidad y mantener ecosistemas sanos. Pueden llamarse reservas, santuarios o parques marinos, pero su propósito es el mismo.

Hoy existen más de 5.000 AMPs en el mundo, que cubren apenas el 8% del océano. Sin embargo, la protección no siempre es tan efectiva como parece.

Crear una AMP tarda en promedio 11 años. El proceso parte de identificar las zonas con mayor biodiversidad, sigue con acuerdos entre pescadores, gobiernos y empresas, y culmina con la aprobación legal. El paso más crítico viene después: sin vigilancia, monitoreo y financiamiento adecuados, una AMP corre el riesgo de convertirse solo en líneas dibujadas sobre un mapa.

El 64% del océano se encuentra en Alta Mar: aguas internacionales sin dueño. Hasta hace poco, nadie podía crear AMPs ahí. El Tratado BBNJ (Biodiversidad Más Allá de la Jurisdicción Nacional) llenó ese vacío legal. Negociado durante casi dos décadas, fue adoptado por la ONU en junio de 2023 y entró en vigor el 17 de enero de 2026.

Por primera vez, se establece un marco global para crear AMPs en alta mar, evaluar el impacto ambiental de las actividades oceánicas y distribuir de forma justa los recursos genéticos marinos. En paralelo, la meta «30×30» adoptada en la Decimoquinta Conferencia de las Partes (COP15, Montreal, 2022) busca proteger el 30% de los océanos para 2030. Hoy solo el 2.8% tiene protección real y efectiva, así que el Tratado BBNJ resulta indispensable para alcanzar esa meta.

Los científicos no tienen una respuesta única. Existe un debate sobre las condiciones bajo las cuales las AMPs generan mayores beneficios. Por una parte se documenta que en varias AMPs bien gestionadas las poblaciones de peces han aumentado y los ecosistemas muestran señales claras de recuperación. Por la otra se advierte que la pesca simplemente se desplaza a otras zonas y que el dinero invertido en AMPs rendiría más si se destinara a combatir la contaminación o el cambio climático.

El planteamiento importante es cómo proteger el mar de forma que tenga un impacto real en los océanos que compartimos.

En este sentido creemos que las AMPs sí pueden funcionar, pero solo si se diseñan, desde el inicio, con el apoyo de las comunidades pesqueras , cuentan con financiamiento real para su vigilancia y se integran en estrategias más amplias que ataquen simultáneamente la contaminación, la pesca ilegal y el cambio climático.

Una AMP sin guardianes, sin datos y sin participación local es solo un buen proyecto. Por eso es importante impulsar modelos de gobernanza compartida entre el Estado, las comunidades y la ciencia, y abogar por que los países de la región aceleren la ratificación del Tratado BBNJ.

Las AMPs son la herramienta, el Tratado BBNJ es la llave legal para usarla en la mayor parte del océano, y 30×30 es la meta global que le da urgencia a todo el esfuerzo.

Cuidar el mar es también una decisión que cada uno puede tomar, desde informarse y exigir, hasta apoyar a quienes trabajan por ello. Las AMPs necesitan guardianes dentro y fuera del agua. Eso es lo que Vitalis defiende. ¿Te sumas?

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(*) Biólogo Marino, con Maestría y Doctorado en Ciencias Marinas. Especialista en biodiversidad marina, ordenación pesquera y acuicultura para repoblamiento de áreas marinas protegidas. Colaborador de Vitalis en México. Contacto: mcorreia@vitalis.net

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