Rellenos Sanitarios vs. Botaderos de Basura

Por Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS

Un poco más del 80% de la basura que se genera en Venezuela permanece expuesta en nuestras ciudades, cuyas consecuencias palpamos directa o indirectamente sobre nuestra salud, con una marcada afectación del paisaje urbano.

En el análisis “Situación Ambiental de Venezuela en el año 2.000” desarrollado por VITALIS a finales del pasado año, quedó evidenciada la creciente preocupación de los especialistas en torno al problema: alta capacidad de generación de desperdicios, limitada conciencia de la población en torno al problema, sistemas de reciclaje subutilizados, colapsados o inexistentes y deficiente gestión de las autoridades. Después de todo, gerenciar residuos sólidos no es sólo disponer de sistemas masivos de recolección y disposición final de desperdicios. Gerenciar la basura es incidir positivamente en la solución de un problema ambiental que afecta directamente a toda la ciudadanía.

Ecoturismo: Industria sin chimeneas

Por Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS

La industria del Ecoturismo debe ser, en sí misma, una actividad segura en servicios, confiable en información y sostenible en inversión, para que los turistas regresen y no salgan espantados. Si vemos cómo hacemos ecoturismo en Venezuela, no todos pasan esta lupa en su gestión. Ecoturísticamente hablando, no hay supervisión.
Y es que ecoturismo no es armar un morral, comprar un costoso boleto, montarse en un avión de la II Guerra Mundial, alojarse en una barraca hospedada por chipos y demás insectos y recibir información de un guía que ha aprendido de memoria en 2 días lo que a un profesional del turismo o las ciencias ambientales puede haberle tomado entre 3 y 10 años.

Un ecoturismo mal manejado puede ocasionar situaciones irreversibles para los ecosistemas y los recursos naturales. Una mala orientación, por ejemplo, puede hacer que se destruya un coral o una planta que le ha tomado a la naturaleza decenas de años en producir. Además, la sobresaturación de la capacidad de carga de un área silvestre, origina daños a simple vista intangibles, alterando los procesos ecológicos esenciales.

El turismo especializado en áreas naturales o silvestres es lo que suele denominarse ecoturismo, también conocido en algunos países como la “industria sin chimeneas”.

Millones de personas se movilizan año tras año, con el objetivo de estudiar, admirar y disfrutar la naturaleza, sus múltiples expresiones silvestres en plantas, animales y hasta en el acervo cultural de sus pueblos y comunidades autóctonas. Los destinos favoritos comprenden aquellos que ofrecen los ambientes más vírgenes, una singularidad biológica o ecológica como una especie rara o amenazada, o un ecosistema con rasgos geológicos o paisajísticos únicos, como nuestra Gran Sabana y sus Tepuyes o el extraordinario Archipiélago de Los Roques.

Pese a sus potencialidades, el ecoturismo ha sido poco explorado en nuestro país. Pocos son los esfuerzos para apoyar esta industria que puede generar grandes ingresos altamente necesitados por la economía local, regional o nacional, al tiempo que promueve una mayor conciencia de la importancia de la conservación, y nuevos incentivos para que el gobierno y el pueblo conserven sus áreas naturales.

En América Latina, países como Costa Rica, Panamá, Ecuador, México, Brasil y Colombia, ya han comprendido la justa dimensión de esta oportunidad, pues han hecho de esta industria una política de estado, dotando los servicios y la infraestructura mínima necesaria para su crecimiento y desarrollo, y capacitando a sus funcionarios para darle una cálida bienvenida a los turistas, eje central de tal actividad.

El turismo es una industria sin chimeneas, bien manejada, puede alejarnos de una vez por todas de una exclusiva renta petrolera y estadista. Para ello debemos capacitarnos, sincerar nuestras debilidades y fortalezas como receptor turístico, manejar las oportunidades y las amenazas y coordinar efectivamente nuestras acciones con la sociedad. De nada vale una acción aislada cuando el éxito no sólo depende de una organización pública o una empresa privada.

No olvidemos que lo vital en el turismo es el atractivo que moviliza al turista a salir de su lugar habitual de residencia. Si lo destruimos o no lo manejamos correctamente, simplemente, no regresará.

Venezuela: país megadiverso

Por Diego Díaz Martín (*)

El primer informe de Venezuela ante la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica, elaborado el presente año por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales, revela la extraordinaria diversidad de animales, plantas y ecosistemas, por lo cual nuestro país es considerado megadiverso.

A nivel internacional, Venezuela se ubica entre los primeros diez países con mayor biodiversidad del planeta y sexto en América. Por lo menos, 1.370 especies de aves surcan nuestros cielos, y utilizan sus ambientes para refugiarse, alimentarse o reproducirse. Ello nos permite poseer un honroso 15% del total de especies de aves existentes en el mundo y un 40% de las aves del neotrópico.

Entre los mamíferos, se han contabilizado al menos 351 especies, cerca de la mitad de las cuales son murciélagos.

Se conocen también 341 especies de reptiles, 284 de anfibios y al menos 1.791 especies de peces, números que pudieran incrementarse en la medida que los estudios científicos permitan profundizar este conocimiento, explorando regiones del país poco estudiadas.

Un dato curioso lo constituyen los insectos presentes en Venezuela, los cuales se estiman en al menos 110 mil trescientas especies. Por su parte los Hongos, superan las mil cien especies, seguidos por las Algas y Líquenes con al menos dos mil doscientas.

Pero Venezuela también es un país megadiverso en plantas. En opinión del destacado Botánico Otto Huber, nuestro país posee al menos 650 tipos de vegetación, los cuales albergan unas 15 mil especies de plantas superiores distribuidas principalmente entre bosques, arbustales, herbazales y manglares, entre otros.

Cabe destacar, por ejemplo, que solamente en Manglares, Venezuela es el quinto país en el mundo en mayor cobertura de estas especies comúnmente costeras.

A nivel de ecosistemas, nuestro país no se queda atrás. Su especial condición geográfica de ser al mismo tiempo Amazónico, Andino, Atlántico, Caribeño y Llanero, hacen de Venezuela una real expresión del neotrópico, con una diversidad de ambientes que van desde nieves perpetuas en los Andes, hasta zonas desérticas o semi desérticas en Falcón, pasando por una enorme variedad de hábitats que incluyen arrecifes coralinos, sabanas, tepuyes y morichales, entre otros.

Desde el punto de vista de su gente, Venezuela también se luce ante el mundo por su diversidad étnica y cultural. Posee al menos 315 mil indígenas, localizados principalmente en los Estados Zulia, Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, que en su conjunto, representan el 1.5% de la población total del país.

Por otro lado, al complejo y heterogéneo poblamiento hispánico, se agregan los descendientes de las etnias negras que desde Africa llegaron a Venezuela, procesos que en su conjunto, hacen de nuestra composición poblacional una estructura admirable.

Los venezolanos tenemos muchas cosas por las cuales sentirnos orgullosos, particularmente por lo maravilloso de su naturaleza y su gente.

Ser un país megadiverso ha sido un regalo del cielo que debemos conocer, valorar y conservar. Después de todo… si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?

(*) Biólogo, MSc. en Gerencia Ambiental, Presidente de VITALIS

Este artículo fue publicado en la Columna IMPORTANCIA VITAL de la Sección Economía, Diario El Globo (04/12/00)

 

Qué es (y qué no es) la contabilidad ambiental

La CA está directamente relacionada con los costos del uso o aprovechamiento de los recursos naturales, así como también de mitigación o remediación de los daños ambientales ocasionados por el desarrollo incontrolado. Inclusive, algunos autores también incluyen los “costos de mantenimiento”; aquellos que un país como Venezuela debería realizar para asegurar la sustentabilidad de su desarrollo.

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