(*) Por Eduardo J. García Romero
Después de la destrucción causada por los terremotos, La Guaira enfrenta otra emergencia: gestionar una enorme cantidad de escombros sin trasladar sus impactos hacia las comunidades, las quebradas, la costa y el mar.
La normalización de vivir en interacción con la basura es un hecho en Venezuela. Los irregulares servicios de recolección, las pocas opciones para el reúso de residuos y la falta de cultura e infraestructura para realizar una adecuada separación de residuos y desechos en la fuente de generación nos han llevado prácticamente a una relación de convivencia con la basura. Esto ocurre en toda la geografía y en todos los segmentos sociales.
A lo anterior se une el manejo de los escombros y residuos de construcción y demolición. Existe igualmente una convivencia con estos materiales, donde cualquier terreno baldío y sin dolientes sirve para su disposición, más aún en zonas alejadas del alcance visual de los transeúntes, incluidas áreas naturales y costeras. Ahora bien, al tratar específicamente los escombros generados por los terremotos del pasado 24 de junio, la situación es mucho más compleja.
Se estima que alrededor de dos millones de metros cúbicos de escombros deberán segregarse y gestionarse, equivalentes aproximadamente a tres millones de toneladas. En los medios de comunicación del país existen diversas opiniones, metodologías y planes por parte de quienes estarían encargados de estos trabajos. Lo más relevante es el tiempo que esto puede demorar, los recursos necesarios, la huella ambiental que generará y, sobre todo, la permanencia de los impactos en los lugares donde se decida disponer, verter o enterrar lo que no sea recuperable.
La recuperación de materiales útiles provenientes de las edificaciones es una tarea compleja, que no se resuelve con pocos recursos ni en el corto plazo. Cada lugar debe tratarse como un proyecto distinto y contar con su propio equipamiento, zonas de segregación, áreas adecuadas para el trabajo, el movimiento de materiales y el personal, así como medidas para controlar la escorrentía superficial, el polvo y el arrastre de partículas y residuos por el viento.
Uno de los aspectos más importantes es la ubicación de estas zonas: su cercanía a la fuente y su distancia de áreas vulnerables, como refugios, quebradas y la línea costera. Precisamente, la dinámica hidrológica y la morfodinámica son dos aspectos que deben observarse con especial atención y precaución, especialmente en La Guaira. Las lluvias y los deslizamientos han moldeado el territorio a lo largo de su historia geológica reciente y nos han permitido comprobar cómo actúan estos procesos y cómo podrían causar una nueva tragedia si algún depósito de escombros fuera alcanzado y arrastrado.
Los escombros son, en este caso, muy heterogéneos. La fracción estructural de las edificaciones puede ser, en términos relativos, la que ofrece mayores posibilidades de recuperación. Los grandes bloques de concreto pueden extraerse y fragmentarse para recuperar el acero y obtener materiales que necesitarán varios procesos posteriores antes de poder utilizarse nuevamente en la construcción. Sin embargo, una vez recuperados estos elementos, siguen quedando materiales cada vez más complejos, cuya separación puede requerir mucho más trabajo. La situación se complica.
Es entonces cuando se deben revisar las políticas existentes para apoyar a las empresas y emprendedores dedicados a la recuperación de residuos. Es allí donde se ve la oportunidad perdida. Lamentablemente, no se ha consolidado una cultura de reciclaje, en parte porque quienes trabajan en esta industria, quienes recolectan materiales y quienes simplemente buscan vivir en un ambiente más sano lo han hecho históricamente a contracorriente.
Es acá cuando se regresa al inicio de este artículo: se ha normalizado el vivir rodeados de basura porque no se cuenta con los instrumentos necesarios para dejar de hacerlo. La basura en las calles genera problemas de salud, obstruye y sobrecarga los sistemas de drenaje, deteriora los pavimentos, contamina los cuerpos de agua, llega a los ríos, alcanza el mar y produce muchos otros impactos. La mala gestión de los residuos profundiza la pobreza.
El trabajo que viene es largo. Se debe orientar la mirada hacia el origen de un problema que arrastramos como sociedad, desatendido en la teoría y en la práctica por instituciones que no tienen el alcance necesario para promover un manejo integral de residuos y desechos, ni para apoyar y sostener buenas prácticas en esta materia.
La labor de la sociedad organizada es ahora una pieza fundamental. Quienes se desempeñan en grupos, organizaciones o empresas dedicadas a la segregación, el manejo y la disposición de residuos y desechos deben alcanzar una mayor visibilidad, fortalecer su presencia comunitaria y buscar el apoyo de un mayor número de instituciones.
La transmisión de conocimientos y la promoción de la participación comunitaria pueden generar resultados muy positivos y contribuir a una mejor calidad de vida. También pueden sentar las bases para estar preparados ante situaciones como la que actualmente vive La Guaira y que continuará durante mucho tiempo debido a los escombros y sus potenciales efectos ambientales.
La complejidad de este desafío es proporcional a la magnitud de la tragedia; así deben medirse también el compromiso, la capacidad y la constancia de quienes se encargarán de este importante trabajo.
La recuperación de La Guaira no termina al despejar las calles y las vías. Autoridades, universidades, empresas, organizaciones sociales y comunidades deben sumar capacidades para evitar que las quebradas, las laderas y la costa se conviertan en lugares de disposición. Hoy es necesario informarse, apoyar las iniciativas responsables y reportar cualquier vertido irregular sin ponerse en riesgo. Lo que se haga con los escombros determinará si esta tragedia deja una nueva amenaza o abre el camino hacia una reconstrucción más segura y responsable.
(*) Ingeniero geólogo-geotécnico con amplia experiencia en consultoría y gestión de proyectos, calidad ambiental, extractivos e infraestructura, así como planificación y manejo de residuos mineros y su gobernanza. Contacto: egarcia@iconosmx.com






