(*) Maritza Acuña Herrera

Un país que posee riquezas en suelo, clima y biodiversidad, debería ser considerado un País Patrimonial.

Venezuela, como pocos países y como dice la canción, tiene desierto, selva, nieve y espectaculares costas; cuenta con el humedal más grande de América del Sur, el Lago de Maracaibo; el tercer río más caudaloso de Sudamérica, el Orinoco; la caída de agua más alta del mundo, el Salto Ángel; además de especies vegetales y faunísticas endémicas. Pero su mayor patrimonio es su gente.

Preservar la biodiversidad de nuestro país es fundamental para el bienestar de la humanidad. Con el apoyo de la Convención del Patrimonio Mundial, los sitios naturales más importantes gozan de reconocimiento internacional y de la asistencia técnica y económica para combatir amenazas como la tala indiscriminada para hacer cultivos, la introducción de especies exóticas y la caza furtiva. 

En 1872, las naciones comenzaron a manifestar su interés por la preservación de áreas naturales debido al alto valor que tienen sus riquezas, así como su gran diversidad biológica y escénica. Ese año, en los EEUU, se decreta el primer parque nacional del mundo: el Parque Nacional de Yellowstone, conocido por ser el hogar de los osos grizzly, identificado por el tradicional Oso Yoggy de los comics.

Este hecho sirvió de ejemplo para que los países promovieran la creación de parques nacionales u otras categorías de protección, que resguardaran legalmente extensas áreas singulares de su territorio.

En Latinoamérica, inicia Argentina, en 1922 con el Parque Nacional Nahuel Huapi; Chile, en 1925 establece el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y Brasil en  1937 crea el Parque Nacional de Itatiaia, en Río de Janeiro. Ese mismo año, en Venezuela  se funda el Parque Nacional Rancho Grande, hoy denominado Henri Pittier.

De los 206 Patrimonios Naturales del Mundo, Venezuela cuenta con 43 Parques Nacionales y  36 monumentos naturales.

Desde hace unos años los ambientalistas han expresado su preocupación por las evidencias de invasiones, tala y explotación minera de las áreas protegidas nacionales. 

La legislación venezolana tiene alrededor de 19 leyes y 21 decretos que tipifican las acciones que pueden, de una u otra manera, tener un impacto en el ambiente. La Constitución Nacional, señala expresamente que “Todas las actividades susceptibles de generar daños a los ecosistemas deben ser previamente acompañadas de estudios de impacto ambiental y socio cultural”, no solo por destruir los suelos y contaminar el agua, sino también por amenazar la biodiversidad. Sin embargo, la mayoría de nuestros parques y monumentos están en peligro, no solo por la minería sino también por invasiones, explotación de sus espacios, destrucción de la capa vegetal y la impunidad de los que comenten delitos ambientales en esos espacios.

El Parque Nacional Canaima, Patrimonio Natural de la Humanidad, declarado por la UNESCO en 1994, está siendo impactado por la minería ilegal, con consecuencias negativas como la pérdida de hábitats de especies animales y vegetales, erosión de los suelos, contaminación de las aguas y deforestación. Sin dejar a un lado los efectos para la salud de las poblaciones indígenas y los mineros ilegales, al entrar en contacto con las sustancias usadas para la extracción de los minerales del suelo.

Recientemente, se evidenciaron derrames petroleros en el Parque Nacional Morrocoy. Un grupo de ecologistas en Falcón aseguran que estas acciones afectaron los pocos arrecifes que existen, así como a la fauna en tierra. Pero no solo ocurre en la zona costera de los estados Falcón y Carabobo, sino también en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en el estado Zulia.

Es necesaria y urgente la vigilancia permanente para el resguardo de los Parques Nacionales y Monumentos Naturales del país. Estos son refugios de la biodiversidad nacional y es deber del Estado brindar todas las medidas para su protección. 

Si quieres saber más sobre el tema de patrimonio natural puedes revisar los artículos «Los Paisajes culturales para la memoria» y «Los jardines botánicos y su importancia patrimonial«

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(*) PhD en Educación Ambiental. Con 20 años de experiencia docente en enseñanza de las ciencias y su didáctica. ExDirectora del Museo de Ciencias Naturales de Caracas. Colaboradora de Vitalis dentro de la Agenda Educación Ambiental y Ciudadanía. @maritzacuna

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