(*) Por Gustavo Suárez

En marzo, muchas organizaciones se concentran en ajustar presupuestos, revisar estrategias y analizar el comportamiento del mercado. Sin embargo, suelen pasar por alto un factor silencioso que puede comprometer todo el año: el estado interno de quienes están tomando decisiones.

El año empieza a  apretar. Cierre de trimestre, resultados, reuniones que se enciman. Todo se acelera. Y en medio de ese ritmo, que exige más productividad y menos pausa, aparece un elemento que rara vez entra en los reportes: el desgaste funcional. No el que se nota en la asistencia o en el tono de voz, sino el que se esconde detrás de decisiones cada vez más automáticas y menos reflexivas.

La Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como un fenómeno ocupacional derivado del estrés crónico mal gestionado. No es una etiqueta emocional, sino una alteración en la forma de trabajar, percibir y decidir. Cuando el agotamiento se instala, las decisiones se vuelven más rápidas pero menos profundas. Hay menos cuestionamiento, más cumplimiento mecánico. Menos análisis, más inercia.

Desde la perspectiva de la sostenibilidad que promovemos en Vitalis, este fenómeno tiene un impacto directo en la gestión responsable. La sostenibilidad no falla por falta de intención, sino cuando quienes deciden pierden la claridad para analizar lo que están haciendo. El agotamiento no detiene la operación: la distorsiona. Se aprueban proyectos sin evaluar todos sus impactos, se subestiman riesgos ambientales por falta de tiempo o atención, y se prioriza cerrar bien un trimestre aunque eso signifique comprometer el siguiente.

Lo más preocupante es que el rendimiento bajo presión suele disfrazarse de eficiencia, resiliencia o compromiso. Pero en realidad, muchas veces refleja un deterioro del criterio organizacional. Marzo no solo cierra números: también revela si las decisiones se están tomando desde la lucidez o desde la fatiga. Y esa diferencia puede definir el rumbo de todo un año.

Por eso, antes de hablar de sostenibilidad, conviene realizar una pausa operativa consciente. Basta con tres acciones sencillas:

– Identificar una decisión reciente tomada bajo presión.  

– Revisar qué variables no se consideraron.  

– Abrir una breve conversación con el equipo sobre lo que se omitió.  

Repetir este ejercicio semanalmente no reduce los resultados; los vuelve sostenibles. Porque cuidar la claridad y el bienestar de quienes deciden es también cuidar la sostenibilidad de la organización,  algo que en Vitalis consideramos esencial para construir un futuro con propósito, equilibrio y conciencia.

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(*) Comunicólogo, Presidente de Vitalis México.

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