La Huella Hídrica

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Alimentos desperdiciados anualmente en América del Norte, podrían nutrir a más de 260 millones de personas.

Por Gustavo Suárez Solis (*) @GustavoZuar

  • En México se desperdician alrededor de 20 millones de toneladas, suficientes para alimentar a 7.3 millones de mexicanos.
  • 18 mil millones de metros cúbicos de agua y energía suficiente para surtir a 274 millones de hogares, se pierden anualmente con el desperdicio de alimentos.
  • 193 millones de toneladas de GEI se suman anualmente al calentamiento global por el desperdicio de alimentos.
  • El kit educativo desarrollado por la Comisión para la Cooperación Ambiental, dirigido a niños y jóvenes, busca empoderar a la juventud a prevenir y reducir el desperdicio de alimentos en Canadá, Estados Unidos y México.
  • Vitalis y GBP apoyarán la implementación de este esfuerzo educativo en México.

Los alimentos desperdiciados anualmente en América del Norte superan las 168 millones de toneladas, cantidad suficiente para alimentar a más de 260 millones de personas, el equivalente a la población completa de varios países en África, como Niger, Mali, Burkina Faso, Yemen, Etiopía, Kenia, Somalia y Sudán del Sur, entre otros.

La frase “Tanta gente muriendo de hambre, y tú desperdiciando la comida” cada vez se oye menos en nuestra sociedad. En cambio, otras como “Ya no quiero”, “Me serví mucho”, “Se me quitó el hambre” lamentablemente son cada vez más comunes.

Al desperdicio de alimentos se une la enorme cantidad de agua y energía que se pierde anualmente. Solamente en el vital líquido, se despilfarran al menos 18 mil millones de metros cúbicos, cantidad equivalente a 7 millones de albercas olímpicas. En electricidad, la pérdida anual de alimentos en América del Norte se equipara al consumo equivalente a 274 millones de hogares en ese mismo lapso.

La situación del desperdicio de alimentos en el mundo es tan grave, que organizaciones intergubernamentales como la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), han hecho un llamado a la acción ciudadana para detener esta realidad tan lamentable, particularmente en América del Norte. Como parte de ello, la CCA ha desarrollado diversas herramientas, entre las que figura un kit educativo denominado “Los alimentos importan”, dirigido a sensibilizar a niños y jóvenes para reducir el desperdicio de alimentos.

Gabriela Sánchez, Líder de Proyecto de la CCA sobre la prevención y reducción del desperdicio de alimentos, destaca que al informar y sensibilizar a niños y jóvenes a través de datos reales sobre sus efectos ambientales, económicos y sociales, se les puede motivar para que realicen acciones sencillas. Esto los incentivará también a modificar sus hábitos, convirtiéndose así en parte de la solución.



México: 20 millones de toneladas de alimento se van a la basura.

Cifras del Banco Mundial alertan sobre la pérdida de alimentos en México, estimándola en alrededor de 20 millones de toneladas, situación que se podría agravar con sistemas deficientes de distribución y conservación de alimentos. Según algunos analistas, evitar esta pérdida podría servir para alimentar a 7.3 millones de mexicanos.

Compromiso ciudadano

Para Mariana Tejado, socia de la consultora Green Business Partners, “Nuestro país requiere de mexicanos comprometidos con la protección ambiental que busquen además un impacto social positivo”. Por ello, “la reducción de los desperdicios de alimentos es una oportunidad para unir esfuerzos, cambiar nuestros hábitos y pugnar por un verdadero desarrollo sostenible”.

Diego Díaz Martín, académico del Tecnológico de Monterrey y Director General de la ONG internacional Vitalis, asegura que“el rol de la juventuden el cese del despilfarro de alimentos es clave”. El investigador recuerda las cifras de la UNICEF que aseguran que diariamente alrededor de 6 mil cuatrocientos niños mueren de hambre en el mundo, “situación que podría cesar al asumir un comportamiento más responsable en la producción, distribución y consumo de alimentos en el planeta”.

La Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) cuenta con el apoyo de Vitalis y GBP en México para sensibilizar e informar—en una primera etapa—a niños de diversas escuelas de Cuajimalpa y Huixquilucan, así como a jóvenes universitarios de la Ciudad de México. El propósito principal, reducir el desperdicio de alimentos en la República Mexicana, contribuyendo asimismo a la conservación de los recursos naturales.

(*) Presidente de Vitalis en México (ONGVitalis Latinoamérica), www.vitalis.net. gsuarez@vitalis.net


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Prevención de la contaminación de los suelos: un desafío para la humanidad.

Dr. Daniel Corrales Pérez (*)

Una de las principales causas de la contaminación de los suelos, es el crecimiento poblacional y el aumento de la producción de bienes, con una filosofía y estrategia económica globalizada enfocada en producir bienes de corta duración y poca vida útil, que se traduce en mayores ganancias. Sin embargo, la satisfacción de las multi demandas de las sociedades actuales se traduce en la generación de grandes volúmenes de desechos sólidos, líquidos y gaseosos, que terminan siendo liberados en los suelos. La problemática de la contaminación de los suelos en el mundo es un tema que requiere urgentes soluciones y por lo tanto, los gobiernos, universidades, empresas multinacionales y sociedad civil deben destinar mayores esfuerzos y recursos para encontrar alternativas para remediar los suelos y detener el avance expansivo y masivo de la contaminación.

Particularmente en el sector agrícola, una vía estratégica para aumentar la resiliencia natural de los suelos ante los efectos de la contaminación, debería ir orientada a promover y fomentar la actividad microbiológica de los suelos para aumentar la capacidad de biodegradación. Por consiguiente, se deberá de aumentar los contenidos de materia orgánica en los suelos mediante la incorporación de residuos de cosechas y abonos orgánicos. Por otro lado, evitar la compactación del suelo, los incendios forestales y quemas agrícolas. Así mismo, se debe priorizar el uso de productos biodegradables para el control de plagas y enfermedades de los cultivos.

El manejo, la regulación y el control de productos químicos utilizados en las industrias, así como, la gestión inclusiva de los residuos descargados hacia el suelo de forma accidental o intencional, deben ser parte de los principales retos y desafíos que hoy en día debe emprender la humanidad. De lo contrario, se verán afectadas la diversidad de funciones que desempeñan los suelos y que puede repercutir en problemas de salud pública. Finalmente, la transformación cultural, política y económica que la sociedad experimente a favor de la conservación y protección ambiental de los suelos, garantizará en gran medida la producción de alimentos sanos y consecuentemente la vida en la tierra.


(*) Ing. MSc. Dr. Sc. Director ejecutivo de CORES Consultores GeoAmbientales, tiene 20 años de experiencia laboral y su expertise se enfoca en valoración de la peligrosidad de residuos mineros y alternativas de remediación.

Linkendin: https://www.linkedin.com/in/daniel-corrales-p%C3%A9rez-ing-msc-dr-sc-6b680895/

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Jardines Botánicos y Biodiversidad

Dra. Cecilia Gómez Miliani (*), @Cecigomezmi

La biodiversidad o diversidad biológica viene expresada desde las diferencias genéticas que tienen los individuos que habitan la Tierra – que los hacen tener variadas alturas, diferentes colores de ojos o de flores, distintos tamaños de las colas – hasta la variabilidad que se presenta en los ecosistemas, que implica, no solo la sumatoria de los seres vivos que están en un espacio determinado sino también la de los factores físicos tales como suelo, temperatura, humedad, precipitación, radiación.

La biodiversidad también contempla la cultural. Esta se manifiesta en la variedad del lenguaje, de las prácticas religiosas, de la forma de manejo de la tierra, en el arte, la música, en la estructura social y en todos los atributos que puede tener la sociedad humana.

Si nos enfocamos sólo en la diversidad vegetal y revisamos los beneficios que de ella recibimos vemos que 20 mil especies de plantas son utilizadas como medicinas o como principios activos para su fabricación, 75% de los alimentos que consumimos y 80% de los productos que utilizamos (como por ejemplo madera para la construcción o fibras para la confección de vestidos) provienen de los vegetales, sin contar con los intangibles que nos brindan como la sombra, el oxígeno o el relax al contemplarlas.

A pesar de su importancia para la vida en nuestro planeta, 20% de las plantas están bajo amenaza de desaparecer y con ellas todos sus beneficios, algunos aún desconocidos. La tala y la quema indiscriminadas, el cambio climático y la ampliación desordenada de las fronteras agrícolas, generan presión sobre la cubierta vegetal trayendo consigo terribles consecuencias.

Para frenar esta situación se plantean dos alternativas: la conservación in situ, esto es el mantenimiento de las plantas en sus entornos naturales de origen, utilizando para ello el Sistema de Áreas Naturales Protegidas, y la conservación ex situ, donde las plantas se salvaguardan fuera de sus hábitats, a través de los bancos genéticos de campo, los bancos de semilla y los jardines botánicos.

Estos últimos son organizaciones llamadas a brindar una custodia protectora de las plantas de la región en donde se encuentran ubicados, enfocando su trabajo a:

  • Rescatar las especies amenazadas. Para ello deben desarrollar inventarios que permitan conocer el estatus de las plantas que están en su zona de influencia.
  • Proveer material para la reintroducción, con el fin de mantener el equilibrio en los ecosistemas naturales.
  • Producir material para desarrollar investigaciones.
  • Reducir la presión sobre las especies de plantas silvestres, evitando su extracción de los espacios naturales donde se desarrollan.
  • Disponer de material para la educación y la recreación, fomentando el interés por la vida de las plantas.

Debemos dejar de ver a los jardines botánicos como espacios destinados a los expertos, a los científicos, a los investigadores; su papel en la concienciación acerca de la importancia de las plantas para la vida en la Tierra es fundamental. Son los lugares ideales para mostrarnos las maravillas de la naturaleza sin salir de nuestros espacios urbanos.


*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas. Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net

Greenwashing Vitalis

El greenwashing ¿engaño deliberado o práctica aceptable?

Por Ronny Chacón (*) @ronnyoc 

El greenwashing es un término acuñado para describir las prácticas de algunas empresas para promover su compromiso ambiental con productos y/o servicios más sustentables o respetuosos con el ambiente, proyectando así una imagen empresarial ambientalmente responsable pero que en la realidad difiere mucho de esto. El cambio es referido a aspectos de forma asociados a la publicidad más no de fondo en los procesos productivos o aspectos ambientales internos en la organización.

El uso del término se remonta al año 1990, cuando ya existían algunas empresas que colocaban sus productos con imágenes de la naturaleza, para mostrar su compromiso ambiental que era cuestionable. Algunos consideran la práctica como la evolución del blanqueo de imagen pero con el componente ambiental.

Hoy día, son más las organizaciones que han iniciado su transición al desarrollo sostenible, donde utilizan el tema de sostenibilidad para atraer a un mercado de consumidores que cada vez son más consciente de sus compras y requerimientos, al entender que son corresponsables de los problemas ambientales existentes, donde la sostenibilidad entra como filosofía de marca pero separada por una delgada línea del límite del marketing engañoso, pues se estaría hablando de un aspecto: la ética empresarial de la comunicación.

Es común encontrar empaques de marcas con mensajes de “100% natural”, “ecoamigable”, con sellos verdes o el logo de reciclaje, aun cuando el empaque no pueda ser efectivamente reciclado, la utilización de las palabras “eco”, “ecología”, “bio”, “ambiental”, incluso en algunos casos dentro del nombre del producto o en las actividades, para confundir y desviar la atención del público y del consumidor especialmente.  Algunos ejemplos, la minería ecológica, un autolavado denominado ecológico por usar productos presuntamente biodegradables y aun así desconociendo si los efluentes que generan están o no dentro del límite permisible de vertido, cremas y jabones naturales pero dentro de sus ingredientes componentes perjudiciales para la piel.

Un producto 100% natural no necesariamente es amigable con el ambiente; el mercurio es un elemento natural pero es altamente contaminante.

El consumidor juega un papel importante, ya no es opcional quedarse en la banca cuando los tiempos requieren que debe ser protagonista y convertirse en un consumidor responsable, poner más atención en las campañas ambientales de productos y/o servicios, preguntar, investigar, exigir más información y sobre tener esa curiosidad al preguntarse ¿realmente estoy comprando un producto verde?


(*) Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental. www.linkedin.com/in/ronny-ch

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El Acceso al Agua Potable y Saneamiento: Un Derecho Humano Fundamental

Abg. Ma. Maritza Da Silva (*) @MaritzaDaSilva

Cuando hablamos del acceso al agua potable y saneamiento, como derecho humano fundamental afirmamos que tiene un
reto pendiente, bien por el derecho consagrado, bien por la autonomía de derechos, bien porque el ser humano demanda
mas efectividad en su facultad de disfrute de su derechos, bien porque los Estados están obligados a garantizar el desarrollo progresivo de su disfrute, bien porque aun falta mucha participación ciudadana en el ámbito político, para lograr el efectivo disfrute de derechos fundamentales.

Nadie pone en duda el acceso al agua potable y el saneamiento como derecho humano fundamental, ello quiere decir que no puede ser conculcado, vulnerado y mucho menos violentado en su disfrute por las sociedades humanas, encontrando respaldo en un sinnúmero de tratados
ratificados por la mayoría de los Estados de la comunidad internacional, estableciendo principios y mecanismos reguladores para un manejo sostenible del recurso hídrico y su acceso en calidad a todos los seres humanos.

La Declaración de Dublín, por ejemplo, emitida durante la “Conferencia Internacional sobre el Agua y el Medio Ambiente” en 1992 y la Declaración de San José de 1996, en las cuales se acordó impulsar estrategias para alcanzar un mejor equilibrio entre el suministro y la demanda del agua.

La Observación General 15, del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (CDESC) obliga a los Estados respetar, proteger y garantizar el derecho al agua, cuyas características esenciales e interrelacionadas son: disponibilidad, calidad y accesibilidad, por ende los Estados deben garantizar instalaciones y servicios de agua seguros para el acceso, y atender las necesidades humanas, dentro de los estándares de calidad.

Aunque no se menciona explícitamente en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, es una parte esencial de la realización del derecho a un nivel de vida adecuado, y ha sido reconocido en un amplio rango de instrumentos internacionales de derechos humanos, implican que las poblaciones tengan acceso al abastecimiento y al saneamiento de las aguas residuales.

La tarea reside en exigir de manera ciudadana postura frente a los Estados de proteger, cumplir y hacer efectivo el derecho humano al agua, sin discriminación y en condiciones de igualdad, porque no podríamos hablar de vida humana sin agua: es el elemento más importante para la salud, la vida y la permanencia en el planeta, por eso desde Vitalis exigirlo es nuestro compromiso.


(*) Abogada. Directora de Derecho Ambiental y Políticas de VITALIS.

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¿Tren Maya? Si, pero no.

Por Diego Díaz Martín, PhD. @DDiazMartin

El Tren Maya ha sido, sin dudas, uno de los proyectos más polémicos de la actual administración gubernamental mexicana. Si bien aún es una idea ya que aún no se ha licitado el proyecto, en el debate por su implementación hay argumentos a favor y en contra, así como también varias contradicciones.

Imagen cortesía de adnpolitico.com

A favor

La interconexión urbana por medio de sistemas de transporte ferroviarios masivos, más eficientes y menos contaminantes, puede ser sin duda una buena noticia para cualquier país.  

Un tren debidamente planificado provee una gran capacidad de transporte de personas y mercancía (cuando se comparte para ambos usos) y los costos de operación, por lo general, suelen ser más bajos.

En materia de seguridad, los trenes presentan baja siniestralidad, y contribuyen a disminuir la congestión del tránsito en las vías tradicionales.

Desde el punto de vista económico, el Tren Maya podría contribuir a liberar el potencial del desarrollo del sureste de México, particularmente de los estados de Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. Ello detonaría la desconcentración turística de ciertas zonas como Cancún y fortalecería el sector hotelero, elevando la visibilidad y visita de otros atractivos en la región, como la zona arqueológica de Calakmul.

En contra

El proyecto mexicano del Tren Maya genera dudas, ambientales, jurídicas, sociales y hasta económicas, razón por la que su sustentabilidad está es riesgo.

Para comenzar, muchos expertos compartimos la preocupación sobre sus impactos ambientales, pues atravesará 15 áreas naturales protegidas, sujetas a un régimen especial de administración y manejo, protegidas nacional e internacionalmente para conservar la biodiversidad, los paisajes y sus procesos ecológicos esenciales, además de garantizar la supervivencia de alrededor de 40 especies en situación de peligro o amenaza.

Desde la perspectiva social y étnica, el megaproyecto ferroviario también tendrá sus incidencias en al menos 82 comunidades indígenas, quienes deben ser consultadas para mitigar cualquier posible efecto sobre su integridad, incluyendo el patrimonio arqueológico tan importante para México y el mundo.

Económicamente hablando, la inversión oscila en alrededor de 150 mil millones de pesos, cifra que contrasta con la política de austeridad del gobierno, y las necesidades existentes en otros sectores como la salud y la educación.

Contradicciones

Tal y como lo establece la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente de México, un proyecto de este tipo requiere la correspondiente evaluación del impacto ambiental, por medio del cual se establecen las condiciones a que se sujetará la realización de la obra, a fin de evitar el desequilibrio ecológico y el rebase de los límites y condiciones establecidos en las disposiciones aplicables para proteger el ambiente.

Sin embargo, este proyecto aún no cuenta con la correspondiente Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), aunque el gobierno reconoce su importancia, y se espera que esté listo antes de su construcción, como lo establece la ley.

La evolución de este proyecto, sin embargo, ha estado determinada por algunas contradicciones. Por ejemplo, al principio algunas autoridades afirmaron que probablemente no requería una MIA, pues ya existía la vía férrea. Sin embargo, a finales de 2018 se colocó la primera piedra de este proyecto que inicialmente cubriría 900 kilómetros y que ya se extiende hasta 1,525.

Si, pero no.

Conociendo la diversidad y fragilidad biológica de la zona, incluyendo su extraordinaria riqueza étnica, me atrevo a pensar que aunque la modernización del sistema de transporte es importante y necesaria, sin una evaluación de impacto ambiental desarrollada por profesionales independientes y debidamente acreditados, este proyecto ferroviario no es una buena idea.

Técnicamente hablando, es imprescindible identificar, describir y evaluar los riesgos e impactos ambientales, y sus medidas de mitigación, prevención y compensación, incluyendo los pronósticos y alternativas. No hacer esto es irresponsable e ilegal.

Por ello, cada vez que mis alumnos, colegas o algún periodista me preguntan qué opino del Tren Maya, sin pensarlo mucho les digo: Si, pero no.

(*) Biólogo, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Proyectos de Ingeniería. Profesor universitario del Tecnológico de Monterrey y de las Universidades Anáhuac México y Anáhuac Cancún. Director General para las Américas de @ONGVitalis – ddiazmartin@vitalis.net

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Los bosques, fuente de vida e ingresos para los mexicanos.

Por José David González Merlín (*) @Davidegon

Los bosques ocupan un tercio de la superficie total de nuestro planeta y contienen cerca de 70% de carbono presente en los seres vivos. En el caso de México los bosques representan casi el 18% del territorio mexicano, constituidos en su mayoría por pinos, encinos, cedros blancos y oyameles; ubicados en los estados de Durango, Chihuahua, Veracruz, Michoacán y Oaxaca, principalmente, aportando cerca del 70% de la producción maderable del país para la fabricación de papel, madera y muebles.

Actualmente el sector forestal mexicano se encuentra inmerso en una problemática compleja que abarca distintas áreas: normativa, ambiental, técnica, comercial y social. Por tal motivo es urgente plantear una estrategia de producción y aprovechamiento forestal en México, que permita el fortalecimiento de la participación ciudadana incluyendo a los actores clave, el impulso a la producción forestal sustentable y buscar disminuir las importaciones de productos forestales.

Se requiere establecer acompañamiento técnico que coadyuve a potenciar las capacidades de comunidades, ejidos y propietarios forestales para la producción sustentable; en sinergia con la conservación y restauración bajo un enfoque de territorio multifuncional que considere los derechos sobre la tierra y los bosques.

Es importante que las instancias se enfoquen y trabajen de manera conjunta, para la construcción de un futuro en el que los bosques existan fortalecidos y sean bien aprovechados. Para ello, la inversión pública deberá ser eficaz, transparente y considerar la adquisición de infraestructura y tecnologías sustentables para la producción forestal. Es imprescindible fomentar la investigación así como la inversión de activos públicos y el desarrollo de políticas forestales con visión de largo plazo que impulsen el Manejo Forestal Comunitario como forma colectiva, ordenada y organizada del manejo de los bosques.

Toda vez que se logra implementar una política forestal sustentable dentro de un marco legal aplicable, se podrá aprovechar de los servicios ambientales que los bosques ofrecen: la producción de oxígeno, la regulación del régimen hidrológico, la reducción de la erosión, la regulación climática, la captura y almacenamiento de carbono, la belleza escénica para el entretenimiento, la contemplación de paisajes y el desarrollo de diversos servicios turísticos.

Conservar los bosques depende de nosotros. Fomentar la conciencia social sobre el respeto a cada ser vivo es una manera de vivir en plenitud. Te invito a sumarte.


(*)  Economista Agrícola, Maestro en Agronegocios, actualmente cursando la Maestría en Tecnologías para el Desarrollo Sustentable por la Universidad Anáhuac. Consultor agrícola-ambiental. Universidad Anáhuac Facultad de Ingeniería CADIT Maestría en Tecnologías para el Desarrollo Sustentable Materia: Desarrollo Sustentable y Medio Ambiente

jesodivad@gmail.com

 

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El futuro de la gestión del agua en Venezuela

Ing. Luís Alejandro Padrino (*) @agua_ambiente

Para abordar una emergencia humanitaria compleja como la que vive Venezuela, se deben considerar componentes de atención urgente como el abastecimiento de agua potable a la población más vulnerable, pero es en los temas de gobernanza y gestión donde se sientan las bases para que no vuelva a ocurrir o, en caso de presentase, que sus efectos sean controlables. En este aspecto, la gestión del agua tiene un papel crucial que amerita medidas estructurales que vayan más allá de la coyuntura actual, buscando mejorar los niveles de seguridad hídrica del país ante escenarios de mayor incertidumbre como el cambio climático.

Aunque Venezuela cuenta con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita del mundo, esta no se traduce en seguridad hídrica debido a la falta de inversión, carencia de políticas y la escasa integridad en la administración los recursos financieros. Los impactos de la falta de seguridad hídrica van más allá del evidente deterioro del servicio de agua potable, generando importantes retrocesos en el sector agrícola y energético por la interdependencia del “nexo: agua-energía-alimentos”.

El agua está presente en todos los aspectos de la sociedad de manera transversal, siendo considerada como el epicentro para el desarrollo sostenible, por lo que todos los sectores tienen algo que aportar en la gestión del recurso. Los esquemas de gobernanza del agua se establecen bajo criterios de descentralización por cuencas hidrográficas, que deben ser gestionadas por órganos consultivos y ejecutivos denominados Consejos de Cuenca o Región Hidrográfica. Estos a través del consenso con los distintos actores estratégicos planifican entorno a la gestión integrada de los recursos hídricos y la conservación de las fuentes, llevando a cabo una gestión efectiva a través de las Secretarías Ejecutivas de Cuenca o Región Hidrográfica en coordinación con otros entes y organizaciones. Contar con un ministerio solo para la gestión de aguas facilita en gran medida los procesos administrativos y de coordinación para establecer una línea estratégica nacional, siempre que cuente con las atribuciones para ejercer un control y gestión real sobre el sector.

Los recursos hídricos son el mayor vínculo de la sociedad con el ambiente, donde la infraestructura verde o natural realiza una serie de funciones ecológicas y procesos naturales que benefician directamente a la sociedad como lo son: secuestro de carbono, regulación hidrológica, control de erosión, almacenamiento de agua en suelos y acuíferos. Estos también son llamados servicios ambientales. El eslabón más débil de la conservación ambiental, tanto en Venezuela como en otros países de la región, es el acceso al financiamiento, por lo tanto del reconocimiento de los servicios ambientales, nacen estrategias de retribución económica como los pagos por servicios ambientales con los que no solo se estarían reconociendo los costos de operar y mantener la infraestructura gris, conformada por plantas potabilizadoras, sistemas de riego o centrales hidroeléctricas, etc., sino que también se brindaría soporte financiero a la ejecución de proyectos de conservación de la infraestructura verde conexa, ya sea en áreas protegidas o en áreas intervenidas por la agricultura, ganadería y otras actividades económicas que pueden desarrollar modelos de producción más sostenibles y amigables con el ambiente.


(*) Experto en seguridad hídrica y manejo de cuencas. Profesional Asociado de VITALIS en Ecuador. lpadrino@vitalis.net


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El agua: un recurso alterable.

Por Marta Leticia Gaytán Herrera (*)

Sin agua la vida no sería posible, es un compuesto indispensable para la vida debido a que constituye alrededor del 70 al 80% del peso de los organismos biológicos, regula la temperatura del ambiente, ocupamos un gran volumen de esta parala producción de nuestros alimentos (producción agrícola), para nuestras actividades de higiene y en el último siglo, para los procesos industriales.

Su importancia está dada por sus propiedades físico-químicas: 1) es el disolvente universal, pues por su molécula polar, logra disociar las sales minerales que llegan a ella y 2) posee una gran capacidad de absorber calor, por lo que es un regulador de la temperatura ambiental.

En la antigüedad, las poblaciones buscaban manantiales para abastecerse del líquido, porque sabían empíricamente que el agua que ya había tenido contacto con el medio ambiente podría causar enfermedades. Esto sucede porque, a través de la evaporación, el agua queda libre de sustancias disueltas y de microorganismos, pero cuando cae en forma de lluvia, va incorporando nuevamente en su masa los elementos que encuentra a su paso, en su flujo por los continentes.

Si la lluvia se infiltra en el suelo, disuelve sales minerales, pero el suelo sirve como un filtro para limpiarla de muchos de los organismos dañinos y cuando brota posteriormente como manantial en terrenos bajos, es más segura para su consumo. No ocurre lo mismo con el agua que corre por los ríos, en donde es más probable que se incorporen todo tipo de microorganismos, como virus y bacterias, algunos de ellos causantes de enfermedades como tifoidea, cólera, fiebre tifoidea, salmonelosis, diarreas, amibiasis, hepatitis y giardiasis entre otras.

Generalmente en las ciudades existen instituciones encargadas de llevar agua que se somete a procesos como filtración, floculación y cloración, con el fin de eliminar tanto los microorganismos como sustancias que la enturbien o representen algún peligro al consumidor. Sin embargo, el líquido puede contaminarse nuevamente dentro de las viviendas, por lo que es conveniente tener cuidado en su manejo dentro de las mismas, asignando recipientes limpios para almacenarla.

En poblaciones rurales difícilmente puede llevarse un control de la calidad del agua, por lo que es conveniente hervir aquélla usada para beber, pues es un método seguro para eliminar los agentes infecciosos, pero también se pueden utilizar desinfectantes como el cloro, combinado con el uso de filtros, para lograr su inocuidad. La educación sobre el manejo adecuado y cuidado de este preciado recurso redituará en una mejor salud poblacional y en la conservación de este para las generaciones venideras.  


(*) Bióloga, Maestra en Ciencias Biológicas. Trabaja en la FES Iztacala, UNAM, estudiando el fitoplancton del embalse de Valle de Bravo y de otros cuerpos de agua. martha.iztacala.unam@gmail.com .

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