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Sistema de Comercio de Emisiones en México y la oportunidad de la captura de carbono forestal como servicio ecosistémico

Por Selene Jovita Gonzalez Contreras (*)@seleneglezc

De cara al cambio climático y para impulsar una económica baja en carbono, existe un instrumento de mercado de cumplimiento internacional, diseñado para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de forma costo-efectiva al poner un precio al carbono, denominado Sistema de Comercio de Emisiones (SCE).

Lo anterior, a través del principio de “límite y comercio”: el límite para un sector y/o participantes, pretende que cada tonelada de dióxido de carbono equivalente (CO2e) esté respaldada con un permiso de emisión. De manera que un participante cuyo volumen de GEI emitido en toneladas de CO2e sea inferior al volumen de permisos que posee, podrá comercializar el exceso a participantes cuyas emisiones exceden sus permisos.

Respecto a este instrumento, a nivel nacional, en abril del 2018 se aprobó una reforma al Artículo 94 de la Ley General de Cambio Climático (LGCC), la cual establece la obligatoriedad de instaurar este mecanismo a través de un Programa de Prueba sin implicaciones económicas con un periodo de tres años, con la finalidad de contribuir al aumento de la ambición para cumplir con las metas establecidas en el Acuerdo de París.

A finales del mismo año, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) emitió un Anteproyecto denominado “Acuerdo por el que se establecen las bases preliminares del Programa de Prueba del Sistema de Comercio de Emisiones”, este será aplicable a las instalaciones que realicen actividades de los sectores energía e industria únicamente, según la clasificación prevista en el Reglamento de la LGCC en Materia del Registro Nacional de Emisiones, cuyas emisiones anuales registradas sean iguales o mayores a 100 mil toneladas directas de CO2 provenientes de fuentes fijas.

En dicha regulación, se establecen los elementos que integran el piloto, los sujetos obligados a participar, su temporalidad, los mecanismos de flexibilidad y de seguimiento y evaluación, las obligaciones de los participantes, entre otros elementos requeridos para su funcionamiento.

El Acuerdo precisa que el SCE se compondrá de dos fases: una fase inicial (del 1 de enero de 2020 al 31 de diciembre de 2021) que permitirá a los actores involucrados conocer el comportamiento de un mercado de emisiones y, la Fase Operativa que entrará en vigor al término de la etapa de transición del Programa de Prueba (del 1 de enero al 31 de diciembre de 2022), en ambas fases sólo se contemplará el GEI CO2.

El programa de prueba no tendrá efectos económicos y las asignaciones de derechos de emisión serán gratuitas en una proporción equivalente a las emisiones de los participantes, estos últimos serán las instalaciones cuyas emisiones anuales hayan sido iguales o mayores al umbral establecido en cualquiera de los años 2016, 2017, 2018 o 2019. La asignación gratuita de derechos de emisión se quedará implementada para la Fase Operativa.

La SEMARNAT también establecerá mecanismos flexibles de cumplimiento que pueden ser: esquemas de compensación a través de proyectos o actividades de mitigación elegibles o el reconocimiento de acciones tempranas para proyectos o actividades de mitigación que hayan recibido créditos de compensación externos antes de la entrada en vigor del Programa de Prueba.

Estos esquemas de compensación mediante créditos de compensación serán establecidos a través de protocolos nacionales o internacionales, con la finalidad de ser utilizados por los interesados para desarrollar proyectos o actividades de mitigación para reducir o evitar emisiones o para incrementar la absorción de GEI con un límite por participante del 10% de sus obligaciones de entrega de derechos de emisión y sin perder validez una vez concluido el Programa.

Entre los proyectos o actividades de mitigación elegibles se podrán incluir aquellos mecanismos conocidos como bonos de carbono (crédito en un proyecto de reducción de emisiones) o bonos verdes (instrumento financiero de deuda que se invierte para generar rendimientos), siempre y cuando cumplan con los requisitos establecidos en el Protocolo de Compensación y generen Créditos de Compensación. Estos dos últimos instrumentos se desarrollarán durante el Programa de Prueba por la SEMARNAT.

Analizado lo anterior, el SCE abre paso y relevancia a la ejecución de iniciativas para la conservación y restauración de los ecosistemas, particularmente al servicio ecosistémico captura de carbono forestal como sistema natural que absorbe y almacenan el CO2 de la atmósfera, a través de los diferentes tipos de vegetación y del proceso de fotosíntesis.

Este servicio puede ser considerado “tecnología verde”, equiparable a cualquier implementación de eficiencia energética, lo anterior, de contemplarse como proyecto o actividad de mitigación elegible dentro del 10% de las obligaciones de derechos de emisión por participante. Ya que, al otorgarle valor económico al servicio, se puede generar una estrategia de pago para la preservación del capital natural y de esta manera, tomará más relevancia su dimensión económica, sin menoscabar los beneficios ya conocidos en las dimensiones ambiental y social de los bosques y las selvas que actualmente imperan.


*Licenciada en Administración de Empresas, apasionada en temas de Economía Verde.

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Áreas verdes y desarrollo urbano: la necesidad de una relación armónica.

*Cecilia Gómez Miliani, Dra. @cecigomezmi

Muchas veces el término desarrollo urbano se relaciona con grandes edificios, avenidas, centros comerciales de última tecnología y zonas industriales, olvidando un componente fundamental: las áreas verdes.

Ubicado entre la ecología y la forestería, el establecimiento de áreas verdes urbanas es una práctica imprescindible que forma parte del entramado propuesto por el desarrollo urbano.

Podemos definirlas como los espacios ubicados dentro de las ciudades o en su periferia, en los que predominan las plantas –principalmente los árboles– y que pueden cumplir funciones de esparcimiento, recreación, ecológicas, de ornamentación, protección, recuperación y rehabilitación del entorno. Estas incluyen no solo los parques y plazas sino también las aceras y separadores viales, así como los jardines botánicos, en el caso de aquellas ciudades que tienen el privilegio de poseer uno.

Las áreas verdes cumplen múltiples papeles dentro de un espacio urbano: son importantes para el ornato de las ciudades, benefician al microclima y pueden reducir, en cierta medida, el nivel de algunos contaminantes presentes en el aire. Además son los espacios idóneos para que los ciudadanos puedan encontrarse entre ellos y con la naturaleza. La frecuencia de interacción social que se da entre las personas, al hacer uso de las áreas verdes, es un factor que refuerza el apego a la comunidad y entre sus residentes, lo que se traduce incluso en mejoras en el estado de la salud.

A pesar de todos estos beneficios el crecimiento desmedido y anárquico de las grandes ciudades propicia el uso de la mayor parte del territorio para satisfacer las demandas urbanas de la población, lo que reduce las áreas verdes a su mínima expresión.

Aunado a esto tenemos otros problemas relacionados con estos espacios como son: plantas sembradas en sitios inadecuados o en condiciones desfavorables para su desarrollo, el uso de especies de plantas exóticas, la falta de mantenimiento adecuado de las especies, lo que propicia el desarrollo de plantas parásitas, las podas indiscriminadas a veces convertidas en verdaderas mutilaciones, entre otras prácticas perjudiciales.

Son los gobiernos locales los encargados de velar por el buen estado de estos espacios. Para su manejo adecuado es necesario que estas instancias de decisión lleven a cabo, con la participación de la ciudadanía, inventarios del patrimonio botánico de sus áreas de influencia, desarrollen programas fitosanitarios acordes con las necesidades de las plantas existentes, cuenten con viveros para garantizar la reposición de las especies y tengan programas educativos que sensibilicen a la ciudadanía en torno a la importancia de las áreas verdes y la necesidad de conservarlas.


*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas. Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net

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La quema del Amazonas: una catástrofe mundial

Imagen: Cortesía de la NASA

Dra. Estela Cuna Pérez (@CunaEstela) (*)

Ing. Ronny Chacón (@DosGradosC) (**)

Ing. Luís Alejandro Padrino (@padrinoluisale) (***)


La selva amazónica es la más grande del mundo, constituye un importante sumidero de carbono que mitiga el cambio climático. Sus árboles producen un 20% de la cantidad de oxígeno que hay en la atmósfera de la Tierra, siendo vitales para frenar la emergencia climática y sostener los procesos hidrológicos que dan lugar al río más caudaloso y de mayor biodiversidad del mundo. 

Está poblada por grupos indígenas y de manera natural posee una alta humedad y por ende pocas probabilidades de incendios naturales. Los incendios en esta zona son en mayor parte provocados para favorecer actividades económicas (tala, minería, agricultura y ganadería). El cambio climático a su vez también podría estar favoreciendo el desarrollo de grandes incendios en la región amazónica, por los cambios en los patrones estacionales de las precipitaciones generando zonas de vegetación más secas y propensas a la combustión. 

Según el Instituto Nacional para las Investigaciones Espaciales (INPE) en 2018 se registraron menos de 40,000 incendios en Brasil y en lo que va del año 2019 (hasta el 20 de agosto) se ha roto el récord de incendios, se han registrados más de 72.800, un incremento de más del 80%, superando los registrados a la misma fecha para el año 2016 (año con registros más cercano a lo actual). 

En la región amazónica, los incendios son raros durante gran parte del año, por existir un clima húmedo, lo que impide su ignición y propagación, gracias a los periodos de lluvia, no obstante, los registros indican que, a la entrada del mes de julio y agosto, la actividad de incendios aumenta debido a la llegada de la estación seca, sumado a los factores ya indicados, llegando a un punto máximo a principios de septiembre.

Situación que se cumplió en este año. El satélite Aqua de la NASA, detectó aumento de la actividad, y mediante el espectro radiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS) captura una serie de imágenes de varios incendios en los estados de Rondonia, Amazonas, Pará y Mato Grosso el 11 y 13 de agosto, lo que genera la alarma.

Los efectos de los incendios van mucho más allá de la zona quemada. El humo, los aerosoles y las partículas en la atmósfera se extienden por otras partes de la región, afectando a varios países.

Por ejemplo, el monóxido de carbono, un gas altamente tóxico que agrava enfermedades respiratorias e incluso causa la muerte cuando se respira en niveles elevados. Es originado por una combustión incompleta resultado de los incendios, es llevado por los vientos a grandes distancias y sus efectos ya se observan desde la costa del océano Pacífico a la del océano Atlántico.

Sin dejar de perder de vista que en lugar de amortiguar el calentamiento global (secuestrando CO2 atmosférico), la quema de sus árboles está liberando miles de toneladas de CO2 a la atmósfera, favoreciendo el calentamiento global, constituyéndose en una catástrofe de alcance mundial. 

El área afectada por incendios y deforestación en la selva amazónica siguen una tendencia cada vez más acelerada desde hace décadas. Son muchos los que apuntan al presidente brasileño Jair Bolsonaro como responsable de la situación, se le acusa de haber flexibilizado los controles en la Amazonía desde su llegada al poder, lo que estarían utilizando tanto las industrias madereras como ganadera para atacar la selva más importante del mundo. Se le acusa de favorecer la deforestación con políticas que anteponen el desarrollo económico a la conservación del planeta y no tener ninguna intención de cambiarlas.

En Bolivia la situación es algo similar, Evo Morales en julio del presente año modifica el Decreto Supremo 26075, quedando autorizado el desmonte y quema con fines productivos en áreas de los departamentos amazónicos de Santa Cruz y Bení, perdiéndose bosques de gran importancia.

El Amazonas sobrevivirá, lo ha hecho en el pasado a pesar de que año tras año, las omisiones y malas prácticas afectan su recuperación y conservación, donde sin lugar a duda, todos recibimos las consecuencias, quedando en este aire lleno de humo y cenizas las preguntas ¿hasta qué punto podrá aguantar? ¿Será demasiado tarde?


 (*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net.


(**) Ingeniero Ambiental. Experto Forense. Profesor Universitario en la UNET, cátedra de Gestión Ambiental. Asociado en Vitalis Venezuela. rchacon@vitalis.net


(***) Ingeniero Agrónomo. Candidato a Especialista en Liderazgo, Cambio Climático y Ciudades. CEO del Grupo Ambing. Asociado en Vitalis Venezuela. apadrino@vitalis.net.

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El Fast Fashion en la encrucijada de la sustentabilidad

Thais Malavé Reinosa (*) @thaismalave

El Grupo Inditex, gigante español de fabricación textil y cadenas retail, acaba de anunciar la adopción de políticas progresivas en pro de la conservación del medio ambiente. A través de su marca insignia, Zara, Inditex se ha comprometido a iniciar cambios sustanciales en: gestión de desechos, eliminación de químicos peligrosos de su cadena de suministros, reducción del uso del plástico y migración a tecnologías limpias a partir de este año y con meta al año 2025.

Todas estas medidas son importantes, y podrían generar un efecto cascada en el que más empresas del sector moda (la segunda industria más contaminante del mundo) comiencen a adoptar medidas urgentes para frenar los efectos negativos de sus procesos productivos.

Sin embargo, la sustentabilidad va más allá de lo ambiental. Este principio que se define como la capacidad de satisfacer necesidades de la generación actual, sin que esto suponga la anulación de que las generaciones futuras también puedan satisfacer las necesidades propias, involucra también aspectos económicos y sociales.

Es difícil ver como estas nuevas políticas de Inditex van a generar cambios que apuntalen el desarrollo sustentable cuando no se mencionan medidas referentes a los derechos humanos, o bien al mejoramiento de las condiciones de trabajo de los empleados textiles. Especialmente, cuando la empresa ha sido señalada por tener contratistas cuyos trabajadores laboran con altos riegos de seguridad industrial, salarios muy por debajo del mínimo de ley, sin beneficios de ninguna clase y emplean mano de obra infantil.

Aunado a esto, es complicado pensar en una política de sustentabilidad en una empresa que debe su éxito comercial a una dinámica de producción masiva que genera un total de más de 20.000 artículos diferentes al año.

La industria de la modaademás de adoptar medidas consistentes para mitigar el impacto ambiental; deben evaluar hacer cambios estructurales en su modelo de negocios para incorporar acciones enfocadas al desarrollo sustentable. No será un camino sencillo, pero de ello dependen un incremento de su capital reputacional y su permanencia en el mercado. Los consumidores, cada vez mejor informados y conscientes de sus patrones de consumo, rechazan enérgicamente adquirir prendas cuya producción socaba el futuro de las generaciones venideras. La capacidad de transformación real que la industria de la moda pueda realizar hoy, asegurará su espacio en el mercado en el futuro cercano.


Directora de Responsabilidad Social de ONGVitalis Latinoamérica, Socióloga egresada de la UCAB. Experta en el área de ejecución de proyectos y gerencia de programas de responsabilidad social, emprendimiento social, desarrollo y sustentabilidad. https://www.linkedin.com/in/thais-malave/

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La unión de fuerzas para combatir el cambio climático

Por Francisco Suarez (*)

Hay muchas organizaciones y empresas tratando de poner su grano de arena para combatir el cambio climático y dejar una huella positiva detrás de sus acciones. Sin embargo, a veces los esfuerzos no parecen ser suficientes y por lo general no coordinados bajo un plan estratégico integral.

La premisa o reto es incluir de manera integral la sostenibilidad en los planes económicos y de desarrollo de los países, con planes claros y vinculados para la generación de valor económico, social y ambiental de una manera coordinada.

Empresas como Coca-Cola FEMSA son el ejemplo de que se puede hacer la diferencia. La cadena de valor compartido puede funcionar cuando se ponen a todos los jugadores bajo el mismo objetivo: la comunidad, la empresa, la institución gubernamental; todos cumplen un papel fundamental en generar un cambio sostenible.

Es por ello que el rol de todos cuenta, y cuenta mucho, dentro y fuera de las empresas. Organizaciones como el WEC (World Environmental Center), una Organización sin fines de lucro con el propósito de enlazar y fortalecer el desarrollo sostenible a través de las operaciones de empresas aliadas, en asociación con instituciones gubernamentales y no gubernamentales, universidades y tomadores de decisión.

Su estrategia de renovación está enfocada en la aceleración de soluciones de sostenibilidad a través de la innovación, liderazgo y colaboración pública y privada.

Esta alineación significa una manera diferente de ver el rol de la organización como un conector y dar espacios a cada institución o empresa a desarrollarse dentro de un ámbito que no perjudique a sus miembros, comunidad o país. Las personas y las economías prosperan cuando las micro, pequeñas y medianas empresas están facultadas para alcanzar su máximo potencial. 

Cada etapa del proceso es importante y las empresas deben evaluar con cuidado dónde invierten sus esfuerzos. La ciencia y la tecnología se han formado de maneras que permiten cada vez más el equilibrio en cada punto de la cadena de valor, desde las materias primas hasta la fabricación; logística a la venta; de su uso al desecho.

Es fundamental que las empresas estén dispuestas a trabajar en conjunto, son estas conexiones las que aceleran el aprendizaje, la práctica compartida y el desarrollo sostenible.

Cuando nos enfrentamos a problemáticas como en la que se encuentran los sectores industriales de uso intensivo de agua, como la agricultura, la energía y la minería. Descubrimos riesgos potenciales asociados con la interrupción operativa y / o del proveedor, el aumento del costo del agua, la reducción del rendimiento / la pérdida de cultivos, el aumento de las regulaciones y potenciales daños al ecosistema y comunidades aledañas.

Ante este tipo de coyunturas es importante que todas las partes se pongan la camiseta. Gobiernos, legisladores, reguladores, administradores, funcionarios de organismos y organizaciones internacionales, el sector privado, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y sector educativo. Todos son bienvenidos a poner su grano de arena por un objetivo en común.

Todos en los individual queremos dejar un mejor mundo para nuestros hijos y las próximas generaciones, para que ocurra tenemos que jugar en el mismo equipo. Siempre habrá objetivos competitivos en las empresas, pero con la alineación correcta cada quien tiene sus espacios para crecer dejando una huella positiva en el planeta.


(*) New Business Project Director en Coca-Cola FEMSA.

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Islas de calor, un fenómeno citadino.

Dra. Estela Cuna Pérez (@CunaEstela)

Los habitantes de las grandes ciudades padecen de un fenómeno denominado Islas de Calor (IC), este fenómeno se refiere a la presencia de aire más caliente en ciertas zonas de la ciudad, a diferencia del que se encuentra en las zonas rurales que la rodean. Esta diferencia de temperatura es debida a múltiples razones: ciudades densamente construidas, suelo de concreto, áreas verdes reducidas, carencia o escasa presencia de cuerpos de agua. Todas estas características favorecen una dispersión más lenta de la radiación solar, hay que incluir que los materiales usados en las construcciones urbanas son generalmente oscuros por lo que absorben más energía, la cual se dispersa poco a poco en forma de calor.  

En la Ciudad de México, a las 6 de la mañana en el mes de marzo, se han registrado diferencias de 10°C entre el centro de la ciudad y la zona rural periférica. Esta diferencia no se da en toda la ciudad, sólo en zonas puntuales “islas” como en el centro histórico (densamente construido y con escaza vegetación).

La presencia de IC también depende de la presencia de ciertas condiciones meteorológicas: un cielo despejado, viento en calma, incremento en la radiación solar, localización geográfica, altitud, presencia de montañas, tipo de clima. Este fenómeno puede tardar varias horas manteniendo el aire caliente en las ciudades, generando estrés e incomodidad en la población por la sensación de calor, así como mayor uso de energía eléctrica en aparatos (ventiladores y aire acondicionado).

Las acciones que se pueden emprender para combatir este fenómeno son: una buena planeación urbana, reforestar e incrementar la superficie de áreas verdes, reactivar y preservar las corrientes y cuerpos de agua, pintar de colores claros las construcciones a fin de que reflejen la energía solar. Debe de quedar claro que IC es un fenómeno producto de la forma en que han crecido las ciudades y no algo propio de las cuestiones meteorológicas. Además de las IC, existe el fenómeno Oasis, este se presenta en ciudades que fueron planeadas con áreas verdes y fuentes de humedad, que provocan Islas de frescor (IF) con respecto al clima cálido presente en las zonas circundantes.

Cada habitante de la ciudad puede apoyar a disminuir este fenómeno y transformar las IC en IF, realizando pequeñas acciones (pintar su casa de color claro, plantar y regar más árboles, incrementar las plantas en el exterior de los inmuebles y cuidar los cuerpos de agua, por pequeños que sean, por ejemplo, las fuentes.

(*) Dra. en Ciencias Biológicas. Bióloga, con Maestrías en Ciencias del Mar y Limnología y en Educación Ambiental.  Directora de Educación y Sustentabilidad de Vitalis México. ecuna@vitalis.net.

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La extensión universitaria y su aporte a la gestión de residuos sólidos

María Gabriela Velázquez Mirabal (*)

La universidad, como institución social, históricamente ha mantenido un rol tutelar en la evolución y desarrollo de las sociedades, se le ha adosado la misión esencial de promover aspectos científicos, productivos y tecnológicos; además de conservar la cultura, valores, y tradiciones. En este sentido, la Extensión universitaria esencialmente se traduce como la intervención sistémica en el intercambio, generación y empleo del conocimiento para el cambio social y evolución de las comunidades.

Por su parte, la Gestión de los residuos y desechos sólidos corresponde a lo relacionado con actividades administrativas de planificación, coordinación, concentración, diseño y evaluación de políticas, planes y programas de manejo para los residuos y desechos sólidos. Esto, indudablemente obliga a reflexionar sobre la reproducción de procesos sociales y económicos allí implícitos; dilucidando una de las múltiples razones por las que no se ha logrado en las ciudades venezolanas, así como en gran parte de los países de América Latina, uno de los macro propósitos de la Gestión integral de la basura: la salubridad de las poblaciones.

Desde el desarrollo sostenible promulgado con la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, el aumento de la conciencia del público y la capacitación (como funciones de la educación universitaria), forman parte de la estrategia para alcanzar la optimización de los recursos naturales. Acorde con ello, el aporte de la Extensión universitaria a la Gestión sostenible de los residuos sólidos debe concretarse bajo las siguientes líneas de acción:

  • Entendimiento y acercamiento entre todos aquellos que forman parte del sistema de Gestión de la basura.
  • Logro de una visión compartida del manejo de los residuos sólidos.
  • Creación de un vínculo social para la salud comunitaria local.
  • Renovación de normas relacionadas con la higiene y el saneamiento comunitario.
  • Integración de todos los sectores de la sociedad a las etapas de manejo de la basura.

De esta manera, la Extensión universitaria reaviva la trama de sentidos y significados asociados a la basura por parte de los actores institucionales y comunitarios; abonando la interpretación de la gestión y el manejo de los residuos y desechos sólidos como una acción social, a los tecnicismos con los que se ha manejado la política en este tema.


* Sociólogo del Desarrollo con Maestría en Educación Ambiental, y Doctorado en Ambiente y Desarrollo. Docente de la Universidad Ezequiel Zamora – Venezuela.

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Las ordenanzas, una deuda pendiente con las ciudades.

Por Ing. Ronny Chacón (*) @ronnyoc

Las ordenanzas son el instrumento jurídico por excelencia en el ámbito local para establecer las regulaciones sobre un tema en específico de acuerdo a las competencias del ente municipal. En otras palabras, indica el “cómo hay que hacer”, para un objetivo en común y la mejor toma de decisiones por parte de la autoridades como mandato, por ello se consideran que son una herramienta sobre todo con las nuevas tendencias y actividades que llegan a un punto de que deben ser objeto de regulaciones para evitar la anarquía en una ciudad o por otro lado tener el mejor provecho.

Hablar de ciudades es sinónimo de ordenanzas y en este sentido una ciudad no podría avanzar y desarrollarse, sin haber establecido sus pautas; aunque la realidad ha demostrado que el solo hecho de existir la norma no es garantía, por ende es necesario y pertinente que al menos se encuentren a la par de los requerimientos del momento, siendo lo ideal que los contenidos se proyecten con la visión de establecer políticas a nivel local, que perduren más allá del límite del periodo de gobierno de la administración de turno.

En la actualidad, deja de ser opcional la visión de una ciudad inteligente sin su vinculación con los objetivos del desarrollo sostenible, donde debe iniciarse las transiciones en lo social, cultural, ambiental, económico, y legal, entre otros aspectos, recordando que no es un dibujo libre, sobre todo al hablar de servicios públicos, que es uno de los aspectos que determinan el crecimiento o decrecimiento de una ciudad, temas que las municipales conscientes de ello abordan en sus ordenanzas.

Un caso relevante son las ordenanzas sobre gestión integral de residuos (y desechos sólidos, para el caso de Venezuela donde se diferencias los residuos de los desechos), cuyo enfoque persiste en el esquema simplificado de generación – recolección – disposición final, asociando la gestión integral netamente al servicio de aseo urbano; que durante muchos años dieron resultados esperados pero también tienen su cuota en el origen del problema, coloquialmente conocido como “basura” y con sus graves consecuencias en ecosistemas naturales y urbanos, siendo una constante hasta que se plantee el cambio del esquema tradicional.

En este tema como probablemente en materia de ordenamiento territorial y protección ambiental, la transformación de sus ordenanzas es una obligación, siendo una deuda pendiente de las autoridades municipales para que sus ciudadanos tengan y disfruten del derecho a su ciudad, ya que para nuevas realidades, nuevas acciones.


(*) Asociado de Vitalis, Ingeniero Ambiental, egresado de la UNET (2004-2009). Profesor Universitario de la UNET cátedra de Gestión Ambiental. Diplomado en Testigo Experto y en Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos. Consultor ambiental.  www.linkedin.com/in/ronny-ch


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El voluntariado corporativo y su poder transformador

Por David Mendoza (*) @_Mendoza

Cada vez más, las empresas están buscando involucrarse en acciones que contribuyan de una manera positiva a su entorno. Sin embargo, no siempre tienen una guía clara de cómo hacerlo, más allá de aportes monetarios para tener protagonismo y visibilidad en el resultado final.

Para que las acciones de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) realmente permeen en toda la organización, el rol del colaborador se vuelve más relevante y estratégico. Los programas de voluntariado corporativo son capaces de alinear objetivos institucionales más allá de lo comercial, a fin de generar una cadena de acciones que realmente impacten positivamente en el negocio y su ecosistema. 

Desde el voluntariado corporativo, las empresas tienen la oportunidad de proyectar una imagen positiva ante el mundo, tangibilizando discursos e ideales en acciones reales. Los colaboradores también ganan de este tipo de iniciativas. En realidad, ganamos todos.

Un estudio de Nielsen en China realizado en un grupo de empleados participantes del programa de voluntariado de la empresa, demostró que las actividades habían reducido en más de 80% sus índices de aburrimiento, soledad, depresión, y había incrementado su empoderamiento y voluntad de tomar acciones por su salud mental.

El estudio también demostró que el programa de voluntariado tenía la capacidad de generar mayor bonding (unión-conexión) del empleado con la empresa; 94% apreciaba la oportunidad de voluntariado que la empresa había generado para ellos, y 86% consideraba que las actividades ayudaban al trabajo en equipo y sentido de pertenencia con la empresa.

Las marcas detrás de estas actividades también ganan de reconocimiento público. Diversos estudios han demostrado que las audiencias más jóvenes son más propensas a comprar productos o servicios de empresas que tengan programas de responsabilidad social activos. De acuerdo con el Informe de impacto del milenio, 81% de las personas espera que las empresas compartan y hagan públicos sus resultados relacionados con sostenibilidad, equidad de género, inclusión y otros temas. Este punto también es importante cuando se refiere a reclutamiento y contratación. Los jóvenes son más propensos a aceptar una oferta de una empresa que sabe que contribuye de manera positiva a su comunidad o el ambiente.

La mayoría de las empresas tienen un extraordinario potencial para generar un cambio real en el mundo y en la mente de sus colaboradores.

En Vitalis tenemos programas destinados a diseñar acciones hechas a la medida de las necesidades de cada empresa, y contamos con expertos en diversos temas de la RSE, movilizando el talento de las empresas, parasintonizarlas con su entorno. 

Si quieres saber más, puedes visitar nuestra sección sobre voluntariado corporativo

Nos dará mucho gusto apoyarles, co-creando la mejor experiencia para sus colaboradores, y generando – juntos – el mayor retorno social y valor compartido posible.


(*) Director de Comunicaciones Integradas de Vitalis. Especialista en desarrollar estrategias de marca y comunicación, con fuerte inclinación al ambiente digital, con conocimientos en gerencia, planificación, planning, publicidad, mercadeo, estrategia, social media, redes sociales, comunicaciones, communication, digital, social, media, rrss, advertising. dmendoza@vitalis.net – https://www.linkedin.com/in/mendozadavid/

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