El murciélago que cambió al mundo (la otra parte de la pandemia).

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Turismo Sostenible ¿moda, tendencia o posibilidad personal?

Antonio D. Franyutti León* y Nelida Villafuerte Cosme**

Las actividades recreativas son un buen espacio para actuar de manera sustentable, mientras un turista viaja y se divierte puede estar contribuyendo a conservar el equilibrio entre el medio ambiente y las actividades de la sociedad en los diferentes sitios que recorra.

Un turista sostenible consume productos y servicios propios de la zona

Consume alimentos elaborados con productos autóctonos, compra artesanías locales y respeta las tradiciones de los espacios que visita, pero, sobre todo, respeta la naturaleza evitando sustraer “recuerdos” como plantas o animales y evita comprar objetos cuyo origen sea la caza ilegal (productos de marfil o pieles) o prácticas desleales (de extracción de materia prima o comercialización con los pueblos originarios).

El turismo sostenible o responsable trata de minimizar los impactos negativos al medio ambiente, sociedad y patrimonio cultural en sitios turísticos bajo la óptica de la oferta de servicios y la demanda del turista.

Desde el punto de vista de la oferta de servicios, tratarán de convencernos de que los alojamientos cuentan con certificaciones que los acreditan como sostenible:  es importante  investigar antes de tomar una decisión, explorando opciones como hospedarse en lugares construidos con materiales sostenibles, cuyo consumo energético mayoritariamente esté basado en energía solar, que tengan implementados proyectos para reducir el consumo de agua y que hagan un buen manejo de sus residuos (ecoeficiencia). El concepto que se favorece es el turismo ecológico.

Sin embargo, desde la óptica del turista, los impactos más importantes están asociados a su huella de carbono, sobre todo si el medio de transporte para llegar a su destino vacacional es aéreo.

Evidentemente, cuantos más desplazamientos se hagan en un viaje, mayor será su huella de carbono

Por lo que se recomienda que no sólo se considere el medio de transporte para llegar al destino seleccionado, sino también analizar aquellos que se emplearán para moverse durante la estancia.

Se recomienda, en este orden:

1). Caminar

2). Moverse en bicicleta

3). Emplear el transporte público

4). Alquilar algún automóvil eléctrico, híbrido o de bajas emisiones de Gases de Efecto Invernadero

Ahora bien, ¿es posible compensar nuestra huella de carbono?, ¿cómo? Una de las opciones, ya sea que seas turista, prestador de servicios turísticos o línea aérea, es invertir en programas de reforestación o proyectos comunitarios enfocados a la conservación de la biodiversidad.

¡En ONGVITALIS te invitamos a conocer las opciones que tenemos para que puedas compensar tu huella de carbono!


*Director de Sistemas de Gestión Ambiental, ONGVitalis.

e-mail: afranyutti@vitalis.net, linkedin: https://mx.linkedin.com/in/antonio-d-franyutti, twitter: @adfral

**Doctora en Desarrollo de Competencias Educativas, Miembro de la BSGEJ y del Seminario de Cultura Mexicana. Docente en el Cusur de la UdG.

nelidavillafuertecosme@gmail.com

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No seas cómplice de su extinción: ¡Animales silvestres no son mascotas!

Por Dr. Diego Díaz Martín / @DDiazMartin

Algunas regiones de América Latina se están convirtiendo en auténticos centros de expendio de animales silvestres, donde por sumas exorbitantes, se puede adquirir desde una ave multicolor, hasta una pereza o un araguato. El problema es tan grave, que semanalmente las autoridades reciben decenas de denuncias, y las clínicas veterinarias se llenan de pacientes enfermos, deshidratados y politraumatizados, compitiendo con los tradicionales perros y gatos en las consultas.

Niños y jóvenes son los más comunes en el ejercicio ilegal de esta actividad, que a escondidas o frente a las autoridades, pueden acabar con decenas de aves, mamíferos y reptiles en menos de un mes.

Lo que desconocen los compradores de estas mascotas, es que además que pueden ser penalizados, con su compra están acelerando la muerte del animal.

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Hacia una armonización de las acciones por el clima y la igualdad de género

Thais Malavé Reinosa (*) @thaismalave

Las décadas recientes han estado marcadas por fenómenos climáticos cada vez más frecuentes y con efectos más devastadores.

Este aumento del número de desastres y sus efectos catastróficos, han puesto cada vez más en evidencia el vínculo directo entre el desarrollo humano y el riesgo de desastres, así como la relación entre las profundas desigualdades, incluyendo las de género, y el incremento de las condiciones de vulnerabilidad en las que vive una parte significativa de la población en nuestra región.

Pese al importante rol que las mujeres cumplen en el autoabastecimiento y economía de sus familias y comunidades, así como en la gestión y defensa de los territorios; experimentan una profunda vulnerabilidad que se manifiesta en: el limitado acceso a los recursos productivos y a sus beneficios. Limitaciones en la adopción de decisiones y en el acceso a cargos directivos. Dificultades para acceder a educación, trabajo, vivienda digna, alimentación, gestión del territorio, entre otras.

Las mujeres han sido siempre líderes en los procesos de revitalización de las comunidades y en el manejo de los recursos naturales, pero, con todo, son frecuentemente marginadas de la esfera pública y están por lo tanto ausentes en la toma de decisiones respecto de los desastres naturales.

Entender los riesgos e impactos diferenciados del cambio climático en hombres y mujeres es fundamental para lograr un desarrollo sostenible y alcanzar los objetivos planteados en la Agenda 2030.

La puesta en marcha de programas en el sector ambiental con enfoque de género ha permitido visibilizar diferentes impactos, necesidades y perspectivas logrando con ello respuestas para enfrentar el problema más eficaces y eficientes a favor de la consolidación de sociedades más justas.

Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer que pasa por reconocer la urgencia de la igualdad de género frente a la creciente crisis del cambio climático; aumentar la inversión en capacitación con enfoque de género para sensibilizar a hombres y mujeres; así como asegurar los mecanismos para que las mujeres participen en las decisiones relacionadas con el cambio climático

Ninguna planificación, preparación, o investigación científica puede prevenir por completo todas las catástrofes. Estas seguirán ocurriendo. Sin embargo, el impedir las catástrofes sociales sin duda se encuentra dentro de la capacidad colectiva de la humanidad.

La defensa de los derechos de las mujeres es, en sí misma, una de las acciones más importantes para la construcción de una alianza mundial efectiva de protección a los efectos del cambio climático que cualquier sociedad puede hacer.


Directora de Responsabilidad Social de ONGVitalis Latinoamérica, Socióloga egresada de la UCAB. Experta en el área de ejecución de proyectos y gerencia de programas de responsabilidad social, emprendimiento social, desarrollo y sustentabilidad. https://www.linkedin.com/in/thais-malave/

El consumo ético, manual práctico para ser un consumidor más responsable

David Mendoza*

En el despertar del movimiento para combatir el cambio climático una tendencia ha captado la atención de personas buscando iniciativas que tomar por su cuenta para hacer una diferencia positiva en el planeta, en esencia se trata de cambiar nuestra relación con marcas, productos y hábitos de consumo hacia prácticas individuales más responsables.


El consumo ético (o consumo responsable) no es nuevo, desde hace años expertos han generado conversación sobre la importancia de ver críticamente nuestros hábitos de consumo para determinar nuestra huella de carbono individual en el planeta, sin embargo, ya que cada vez hay más acceso a información sobre las marcas y productos que consumimos esta tendencia ha tenido un nuevo despertar.

Nos convertimos en compradores más informados y críticos a medida que nos hacemos más preguntas. Esto ha marcado la diferencia en los últimos meses, donde cada vez es más evidente para todas las consecuencias del cambio climático y nos preguntamos cómo podemos ser parte de la solución y no del problema.


La práctica tiene tres dimensiones clave:

a)    Comprar / consumir solo lo absolutamente necesario.


Aunque parezca sencillo o evidente, puede ser difícil hacernos conscientes de los hábitos de consumo tan desmedidos que adoptamos. Como consumidores somos susceptibles a ofertas que parecen imperdibles, o a comprar de más sólo por aprovechar un “2×1” que no volverá.


La industria de la moda, por ejemplo, ha propiciado que marcas de ropa lancen hasta 16 colecciones al año, para mantener nuestro interés como compradores, generando grandes cantidades de ropa en nuestro clóset que no usaremos más de 5 veces, y grandes cantidades de artículos no vendidos que las tiendas preferirán destruir para proteger su copyright.

b) Comprar de marcas con procesos, materiales o ingredientes que no dejan una huella negativa en el Planeta.


De acuerdo al 2020 Global Consumer Study de IBM, Un tercio de todos los consumidores de hoy dejarán de comprar sus productos preferidos si pierden la confianza en la marca, y están dispuestos a pagar más por autenticidad y transparencia del origen de los productos.

La implicación para nosotros es aprovechar las vastas cantidades de información disponibles sobre lo que consumimos, educarnos y entender la raíz de por qué un producto, bien o servicio tiene un impacto en el Planeta, más allá de los titulares llamativos en redes sociales.

c) Reciclar, reusar, revender o donar.


Reciclar y reusar puede ir más allá del plástico, papel y cartón que conocemos. Gran cantidad de los artículos que tenemos en casa, desde ropa, zapatos, libros, artículos electrónicos, juguetes, entre otras cosas que acumulamos, pueden tener un destino más útil que en un basurero.


Con estos principios, hemos desarrollado una lista de 7 cosas que puedes empezar a hacer para ser un consumidor más responsable desde ya:

  1. Listas de compra: cuando vayas al supermercado, la tienda, el mercado de calle, o al centro comercial, haz una lista en tu teléfono sobre lo que realmente necesitas y destina un presupuesto especial para ello. Puedes darte concesiones, pero dentro de un límite considerable. No solo el Planeta, tu bolsillo también lo agradecerá.
  2. Revisar la etiqueta: ve tu producto en detalle antes de comprar, antes de probar una nueva marca búscala en Google, y revisa su lista de ingredientes, dónde está elaborado y su proceso de elaboración.
  3. Elige menos empaque: aunque se ve más práctico para nosotros, puedes elegir productos que nos desperdicien tanto en plástico o cartón en sus empaques. Y si tus marcas favoritas lo hacen, déjales un mensaje en su buzón de sugerencias para pedirles que cambien sus procesos.
  4. Compras en línea programadas: los envíos de un día a otro generan que un camión de entregas se mueva hacia tu casa en apuros, para llevar un solo artículo. Si vas a comprar en línea, y no es algo urgente, llena tu carrito de compras importantes y genera una sola fecha de entrega para todo. Es probable que esa compra que parecía imperdible, en unas semanas ya no se vea tan importante.
  5. Limpiezas por temporada: programa que en tu casa todos saquen ropa y artículos que ya no usen cada 4-6 meses. Procura revender o donar, investigando previamente donde hacerlo. Algunos artículos como televisores o computadoras viejas tienen partes internas que pueden ser recuperadas. Tu alacena y refrigerador también pueden favorecerse de esta práctica, ya que nos hacemos conscientes de las cantidades de más que acumulamos y se desperdician.
  6. Equípate de reutilizables: las bolsas para el súper, los termos de café o agua, cubiertos portables, popotes (pitillos) de bambú. Hay decenas de opciones que puedes llevar en tu bolso o en tu coche para evitar requerir o compra de artículo de un solo uso como cubiertos desechables, bolsas de plástico y botellas de agua de PET.
  7. Pregunta, investiga y sé curioso: algunas marcas crean narrativas sobre su ayuda por el ambiente que no son del todo honestas. Vé más allá de las campañas publicitarias, googlea e investiga sobre los procesos de tus marcas favoritas y asegúrate que el impacto que generan en ofrecer ese producto o servicio no sea en detrimento del ambiente.

Las contribuciones individuales de todos importan más de lo que crees, cambiar hábitos pequeños puede tener un gran impacto mientras se haga de forma constante y puedas compartir con otros tu contribución. Consumir responsablemente empieza por ser individuos más responsables con nuestro entorno respetando los recursos, nuestra comunidad y nuestro Planeta. Sé parte del cambio.

Para descubrir nuevas maneras en las que puedes contribuir con el Planeta, síguenos en redes sociales: FacebookInstagramTwitter

*”David Mendoza es Director de Comunicaciones Integradas de Vitalis y estratega de marcas radicado en México”

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Hablemos sobre Educación Ambiental en espacios culturales

Dra. Maritza Acuña (*) @maritzacuna

Es importante incorporar a los espacios culturales los temas de Ambiente y Educación Ambiental (EA), dado que la problemática ambiental en el mundo convoca a todos los componentes sociales a fijar posición para establecer una mejor relación con el ambiente, y que mejor estrategia que unir a estos espacios en esta loable labor

La UNESCO (2002), señala que la educación juega un importante papel para moldear actitudes, valores y conducta, a la par que desarrolla capacidades, habilidades y el compromiso necesario para construir un futuro sostenible.

En este sentido, se puede decir que la EA debe servir para la correcta orientación de los valores y las conductas humanas sobre el ambiente. Puede potenciar un verdadero cambio en los individuos y en las comunidades. Adaptada a la realidad económica, social, cultural y ecológica de cada país. 

La EA debe promover la formación de una cultura de respeto a la naturaleza y sus recursos, así como el reconocimiento de que el ser humano forma parte de ella, propiciando el desarrollo de individuos informados, críticos y participativos que asuman su responsabilidad con el ambiente y desarrollen relaciones armónicas con éste.

En el Tratado de EA para sociedades sustentable y responsabilidad global se plantea que debe tener como base el pensamiento crítico e innovador, en cualquier tiempo o lugar, en sus diversas formas: formal, no formal e informal, promoviendo la transformación y la construcción de la sociedad.

Además, debe ser individual y colectiva, con el propósito de formar ciudadanos con conciencia local y planetaria que respeten la autodeterminación de los pueblos y la soberanía de la nación. Así como incorporar una perspectiva holística enfocando la relación entre el ser humano, la naturaleza y el universo de forma interdisciplinaria.

Estimular la solidaridad, la igualdad y el respecto a los derechos humanos, valiéndose de estrategias democráticas e interacción entre las culturas, para integral conocimientos, aptitudes, valores actitudes y acciones y convertir cada oportunidad en experiencias educativas de la sociedad sustentable. Racionalizar la demanda de recursos comunes se debe convertir en uno de los principales objetivos para las políticas públicas, a fin de disminuir la sobreexplotación de los ecosistemas y la pérdida de calidad ambiental.

A través de la EA no Formal, se puede lograr la transmisión (planificada o no) de conocimientos, aptitudes y valores ambientales, fuera del Sistema Educativo institucional, que conlleve la adopción de actitudes positivas hacia el medio natural y social, que se traduzcan en acciones de cuidado y respeto por la diversidad biológica y cultural, y que fomenten la solidaridad intra e intergeneracional. Es decir, pasar de personas no sensibilizadas a personas informadas, sensibilizadas y dispuestas a participar en la resolución de los problemas ambientales.

Existe la necesidad de llegar a diferentes públicos a través de los espacios culturales para fomentar a través de pedagogías experimentales y el reconocimiento de la EA como producción de saber crítica, aprovechando las nuevas tecnologías, redes sociales, éticas hacker y de código abierto, urbanismo informal, entre otras para potenciar pedagogía crítica y la rama más comunitaria de la educación.

Generar espacios de procesos, o laboratorios ciudadanos, o de mediación, donde se difuminan las labores educativas, comunicativas y comunitarias.

En resumen, debe ayudar a desarrollar una conciencia ética sobre todas las formas de vida con las que compartimos en este planeta, respetar sus ciclos vitales e imponer límites para la explotación de estas formas de vida por parte de los seres humanos e impulsar un cambio de mentalidad en relación con la calidad de vida.


*Dra. Educación Ambiental. Asociado de ONG Vitalis. Coordinadora General de la ACE Pequeños Científicos desde 2001/19. Directora General de Museo de Ciencias Naturales de Caracas.2014/15 Profa. Escuela de Educación de la UCV, 2004/14.

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¿A quién pertenecen los recursos comunes?

Luís Alejandro Padrino (*) @agua_ambiente

Los recursos comunes o recursos de propiedad común, son definidos como un conjunto de bienes o servicios, de carácter natural o antropógeno, que no son sujeto de propiedad privada, pero sí de sustracción o afectación particular, lo que puede causar externalidades que disminuyen la disponibilidad del bien o generan una alteración en la función del sistema ecológico o social.

De esta manera, los recursos comunes son limitados, siendo susceptibles al agotamiento y la decadencia por la intervención humana- sin control.

Una exploración critica disruptiva sobre los recursos comunes, es la planteada por el ecólogo estadounidense James Garrett Hardin en su ensayo La Tragedia de los Comunes publicado el 13 de diciembre de 1969, donde se ilustra como el crecimiento desmesurado de la población mundial es impulsado por el egoísmo individual y la competencia por el acaparamiento de recursos, sin importar los impactos negativos colectivos en lo social, económico y ambiental.

En efecto, los recursos comunes y en especial los ambientales tienden a ser subvalorados en cuanto a su importancia y sobrestimados en cuanto a su capacidad de regeneración o asimilación de los distintos contaminantes que liberamos al ambiente, por lo que existe la percepción de que son infinitos, inagotables y que pueden ser aprovechados sin efectos colaterales.

Los recursos comunes son la base económica de la sociedad desde sus inicios, pero con la industrialización, el fomento de modelos extractivistas y el incremento de la demanda de recursos como consecuencia del crecimiento demográfico, la presión sobre estos recursos va en aumento amenazando la sostenibilidad de la misma economía y bienestar social.

En este esquema depredador del ambiente, los factores políticos y de poder económico ejercen gran influencia en el mantenimiento de un status quo, donde paradójicamente las facciones más conservadoras desean imponer y mantener un modelo liberal de depredación de los recursos comunes.

Racionalizar la demanda de recursos comunes se debe convertir en uno de los principales objetivos para las políticas públicas, a fin de disminuir la sobreexplotación de los ecosistemas y la pérdida de calidad ambiental.

Es necesario generar moderación mediante la coerción, debido a que iniciativas basadas solo en la propaganda y apelar a la conciencia colectiva no genera resultados substanciales y eficaces, en su lugar medidas coercitivas fundamentadas en mecanismos fiscales como impuestos o en incentivos a la sostenibilidad -como los pagos por servicios ambientales-, pueden brindar mejores resultados en un plazo más corto. De esta manera, mediante la implantación de políticas públicas orientadas al reconocimiento del valor de los bienes y servicios ambientales se lograría una mayor racionalidad en el uso y aprovechamiento de los mismos.

Los recursos comunes no solo son un patrimonio y objeto de derecho de todas las personas del planeta, sino que son un patrimonio de la misma naturaleza.


*Profesional Asociado de Vitalis. CEO del Grupo Ambing, C.A.

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¿Cuáles son las causas de los incendios en Australia?

por Diego Díaz Martín, PhD. @DDiazMartin (*)

El mundo entero está sorprendido por los lamentables incendios forestales en Australia, preguntándose cuáles son sus causas y por qué no han sido atendidos en forma expedita.

La extensión de los incendios es tan grande, que ya han arrasado con superficies superiores a la extensión de toda Costa Rica, o a la de Dinamarca y Holanda juntos. Solamente en Nueva Gales del Sur se han quemado más de cuatro millones de hectáreas, cifra que supera a los incendios ocurridos en 2018 en California de 1.8 millones de hectáreas, y más recientemente en el Amazonas equivalente a 900 mil hectáreas.

Si bien en Australia siempre han experimentado incendios forestales durante el verano, la situación que se inició en octubre de 2019 y aún persiste, supera fenómenos similares de décadas anteriores, lo cual tomó a las autoridades locales sin la debida preparación.

¿Cuáles son las causas de los incendios forestales?

Sin dudas el calentamiento global está detrás de la lamentable situación australiana.

Según algunos expertos, la causa inmediata podría estar en un fenómeno conocido como “Dipolo del Océano Índico”, también conocido como el “Niño Indio”. Este es una oscilación irregular de las temperaturas superficiales del Océano Índico que trae como consecuencia que en la región occidental la temperatura del mar sea más cálida de lo normal y, en la oriental, más fría, generando más lluvias e inundaciones en África oriental y sequías extremas en Australia y el sudeste asiático.

Recordemos que en 2019, Australia experimentó a mediados de enero temperaturas superiores a los 50 grados centígrados, y estableció dos veces un nuevo récord de temperatura promedio para ese país: El 17 de diciembre alcanzó un máximo de 40.9ºC, y al día siguiente 41.9ºC. 

Todo lo anterior ha contribuido a prolongar el período de sequía y a acrecentar los incendios. La situación es alarmante.

¿Solo el calentamiento global?

Los incendios forestales en Australia se esparcen principalmente a lo largo de la costa este y sur, que es donde vive la mayoría de la población, incluyendo áreas circunvecinas de Sydney y Adelaide. Ello podría sugerir el posible inicio de los incendios, aunque los expertos, en este caso, le confieren más importancia a las causas naturales.

Estadísticamente hablando, el origen de los incendios forestales está en dos grandes categorías: inducidos accidental o intencionalmente por los humanos, o producidos por causas naturales.

Los incendios causados ​​por los humanos constituyen el mayor porcentaje de las quemas forestales en el mundo. Entre sus causas destacan una amplia gama de detonantes que incluyen desde un cigarrillo hasta una fogata, además de los fuegos intencionales o accidentales, derivados de malas prácticas agrícolas o forestales.

En cuanto a las causas naturales, los incendios usualmente pueden comenzar con un rayo, y en un porcentaje muy pequeño, con la combustión espontánea de biomasa seca, como aserrín y hojas, estimulada por una fuente de calor que inicia el incendio, exacerbadas por las condiciones del estado del tiempo.

En relación con los rayos, vale destacar que por lo regular existen dos tipos: “fríos” y “calientes”. Los rayos fríos comprenden una corriente eléctrica intensa pero de duración relativamente corta. Los rayos calientes tienen corrientes con menos voltaje, pero ocurren durante un período de tiempo más largo. En este sentido, y de acuerdo con el Servicio de Parques de los Estados Unidos, los incendios forestales de origen natural, generalmente se inician con rayos calientes inusualmente duraderos. Estos pueden arder por horas antes de ser detectados por las autoridades, lo cual complica su control.

Es importante mencionar que los incendios forestales, tal y como puede apreciarse en las distintas imágenes de satélite, no iniciaron en un solo punto, razón por la cual la teoría más acertada, podría ser una combinación de causas naturales y humanas, intensificadas por las condiciones del clima.

¿Por qué Australia sigue ardiendo y los incendios no se han podido controlar?

A las altas temperaturas y bajas precipitaciones, se suman las grandes extensiones que limitan su inmediato y efectivo control.

Si bien las autoridades están lanzando agua y agentes extintores desde aviones y helicópteros, y también desde el terreno, los recursos son insuficientes, y los esfuerzos se están centrando en evitar que los incendios se extiendan en zonas urbanas para salvar vidas.

¿Qué podemos hacer?

Los incendios forestales constituyen un fenómeno relativamente normal, considerado en algunas áreas como parte de la dinámica natural de muchos ecosistemas. Sin embargo, su desproporcionada extensión y poder destructivos, contribuyen con impactos ambientales negativos e irreversibles para nuestro planeta.

En el control de incendios, debemos seguir desarrollando las mejores prácticas ambientales para valorar, atender y controlar de la mejor manera posible sus impactos desfavorables, además de fomentar nuevas tecnologías que permitan hacer más eficiente su detección y extinción temprana.

Asimismo, debemos seguir activos en la lucha contra el cambio climático, haciendo todo lo necesario para convivir con el nuevo clima, sin comprometer la supervivencia de la vida en el planeta, procurando un balance entre las medidas de mitigación y adaptación.

El calentamiento global es una triste realidad que debemos atender en forma integral e integrada, evitando que situaciones como estas se repitan.

Nadie puede (ni debe) quedarse fuera de esta batalla que hoy cobra la vida de miles de hectáreas forestales y millones de animales, algunos de ellos amenazados de extinción.


(*) Diego Díaz Martín es Biólogo, Maestro en Gerencia Ambiental y Doctor en Proyectos de Ingeniería. Presidente y Fundador de Vitalis. Profesor de distintas universidades como el Tecnológico de Monterrey y la red de universidades Anáhuac en México. https://www.linkedin.com/in/ddiazmartin/

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Estrategia nacional, apoyo a la ciencia y acciones precisas requiere el desafío del cambio climático en Venezuela

Nota de Prensa, Caracas 10 de octubre 2019

Por Heidy Ramírez S.

La declaración del Ávila, documento resultado de dos días de disertaciones en materia de cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria expone que Venezuela como país petrolero enfrenta desafíos complejos que demandan la toma de decisiones precisas y asertivas apoyadas en un robusto apoyo técnico-científico para el diseño de estrategias y acciones enfocadas a la mitigación y adaptación.

Es una tarea a la cual los investigadores y científicos se comprometen a seguir respaldando incluso con la creación de un Observatorio Nacional del Cambio Climático, que además sería clave para la tan esperada ley que está en proceso de redacción en manos del Poder Legislativo.

Estas ideas fueron producto del III Simposio de Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria llevado a cabo en Caracas los días 8 y 9 de octubre bajo la dirección de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) y con el apoyo de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat (Anihven), la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Universidad Metropolitana (Unimet).

Las conferencias magistrales y ponencias de este encuentro dejaron ver que si bien el país atraviesa una de las crisis económico-política más compleja de su historia cuenta con un potencial humano invaluable que pese a las carencias se mantiene en estudio constante ofreciendo datos y en disposición a contribuir al desarrollo. Los estudios de este simposio son insumo de primera mano para el diseño de políticas públicas que disminuirían en buena medida los efectos que innegablemente tiene y tendrá el cambio climático en la vida del venezolano, sin distinción de ningún tipo.

En la instalación del evento, Benjamín Sharifker, rector de la Unimet,  expuso que el cambio climático sin duda debe mucho a la actividad humana y al consumo de combustibles fósiles, por lo cual ya muchos países se habían volcado al uso de energías alternativas, realidad que presiona la reconversión de la economía petrolera. En este sentido Venezuela tiene la gran responsabilidad de reenfocar la explotación de sus recursos. También el científico Ismardo Bonalde primer vicepresidente de la Acfiman al hacer recuento de los simposios anteriores y otras actividades relacionadas con cambio climático organizadas por la institución, hizo un llamado al actual gobierno y a los que le sigan a invertir en la investigación científica como base de la promoción del desarrollo del país. 

La seguridad alimentaria, un problema de poder y de pobreza

Una de las conferencias de apertura correspondió al académico (Acfiman) Carlos Machado Allison, quien expuso que un elemento clave para hablar de  cambio climático en Venezuela es el derecho a la propiedad. “Si no se es dueño del suelo que se cultiva el agricultor piensa en el provecho de un día y no en el futuro. Donde hay firmes derechos de propiedad existe seguridad alimentaria, riqueza y procura de soluciones ambientales”.

El tema según Machado no es atendido por el Gobierno y en la opinión pública el cambio climático no va más allá del uso de las bolsas plásticas y el deshielo en los polos, pero en el resto del mundo ya se están dando importantes pasos apoyados por tecnología de vanguardia que no se conocen ni se tienen no solo en Venezuela sino en buena parte de Latinoamérica. En lo que respecta a seguridad alimentaria, se trata de procurar producir, procesar y distribuir suficientes alimentos para una población pero que también ésta tenga la posibilidad de adquirirlos, lo que demanda una economía sana con acceso a los bienes y servicios. A su criterio en agricultura se requerirá cambiar algunos cultivos por otros porque variarán las condiciones climáticas, igual la ganadería tendrá que adaptarse a nuevos ciclos de agua.

El reto de alimentar al mundo y la pérdida de alimentos

En materia de seguridad alimentaria algunas de las ponencias se enfocaron al aumento de la capacidad de producción de las plantas y a la optimización de uso de recursos. Pero también se habló de la pérdida de alimentos calculada en 1300 millones de toneladas anuales por problemas de capacitación, educación y gerencia lo que a la vez conlleva a gasto innecesario agua, energía y agroquímicos para obtenerlos.

En opinión de los expertos la producción actual de alimentos es suficiente para la humanidad pero las pérdidas son desmedidas. De allí que sean desafíos aspectos como calidad de las cosechas, calidad de transporte procesamiento y empaque, infraestructura vial, inteligencia de mercados, administración de inventarios, conocimiento de las cadenas agroalimentarias y del consumidor final. El complejo sistema agroalimentario requiere un importante gasto de agua, ocupa alrededor de 5 mil millones de hectáreas, es responsable del 13,5% de las emisiones de CO2, utiliza más de 200 millones de toneladas de fertilizantes y consume entre el 15 y 25% de la energía fósil disponible. De cara al futuro (2050) se espera un incremento del 34% de la población mundial, concentrada mayormente en las grandes ciudades y se pronostica que se requerirá cerca de un 70% más de alimentos. Por todo lo anterior, es crucial promover en los países no solo el desarrollo de habilidades para producir y consumir mejor ante la esperada evolución humana sino también para hacer frente a las alteraciones que vendrán por los cambios ambientales.

La ciencia puede tener gran parte de las respuestas

Así como en otras etapas de la historia del mundo, la actual más que presentar un escenario catastrófico, invita a un reordenamiento. Eduardo Buroz, profesor, investigador y miembro también de las Academias propone pensar más en un escenario de alerta y de acciones más que uno fatal ante el cambio climático. “Debemos prestar atención al manejo de los acuíferos y suelos, buscar variedades más resistentes en agricultura y ganadería, mantener las líneas de investigación de las universidades adaptadas a nuestra realidad y empezar a imaginar los sistemas de producción que necesitaremos dentro de veinte años. Todo ello participando en los planes globales de adaptación frente al cambio climático teniendo claro que es un problema mundial”. Al respecto, Nelson Hernández de la Anihven en su  conferencia sobre el uso de la energía en la cadena alimentaria, propuso buscar modelos alternativos que sean capaces de producir alimentos para todos, desde la eficiencia energética, biológica y económica. “Un modelo multifuncional, creativo y atractivo que permita la participación individual y colectiva en la construcción eficiente del insumo de nutrientes que se necesita para la continuidad de la vida”. Lógicamente esto comprende un sinfín de opciones, como las planteadas en las ponencias de este simposio, que abarcan retomar conocimientos ancestrales en materia de producción, promover especies autóctonas, educar a la población en la conservación ambiental y nuevos modos de obtención de alimentos, reacondicionar los suelos para la producción, buscar energías alternativas, lograr enfoques multidisciplinarios en las investigaciones y hacer sinergia con expertos y tecnologías de otras latitudes.

El punto final lo pondrá la capacidad de llegar a un consenso. Tal como comentó en su conferencia el profesor Rafael Rodríguez, investigador de la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado (UCLA), el gran desafío estará en la articulación de los expertos y enfoques de investigación en materia de cambio climático con los tomadores de decisiones. En un contexto donde existen conflictos entre los intereses a corto y largo plazo y los problemas se interpretan de forma diferente según las inclinaciones de cada grupo toca mucho trabajo por hacer para llegar al ideal que es tener a todo un país enfocado al logro de un objetivo común frente a una amenaza global ya innegable.


Para más información sobre la Acfiman (@acfimanve) puede consultarse su página web: https://acfiman.org y para conocer el programa de ponencias que se desarrolló en el simposio así como los investigadores relacionados se puede consultar el enlace: https://acfiman.org/2019/09/04/simposio-cambio-climatico/

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Ecoansiedad, ansiedad ecológica o ecoanxiety: un trastorno por el cambio climático.

Por Gustavo Suárez (*) @GustavoZuar

La eco-ansiedad o ansiedad ecológica es un nuevo mal que afecta a muchos seres en el planeta. Su origen se encuentra en el creciente deterioro ambiental. Sus efectos se traducen en miedos y angustias insospechados.

No hay espacios informativos que no hablen de eventos climáticos extremos que surgen diariamente. Las consecuencias las estamos evidenciando día a día.

Las redes sociales son testigo de la emergencia climática, presente en diversos fenómenos que nos alertan de las temperaturas récord que se están alcanzando. Con pruebas en mano, los científicos lo aseguran: el clima ya cambió y  las consecuencias ya comienzan a sentirse.

Como si esto fuera poco, frente al incremento del efecto invernadero y del calentamiento global, algunas personas están sintiendo mucho miedo, e incluso entrando en pánico. El problema es grave y pareciera irreversible. Somos miles de millones de seres quienes estamos sintiendo los efectos, pero pocos los que estamos haciendo algo para revertirlo. Por ello, la respuesta emocional y biológica de algunos es sentir impotencia y zozobra.  La situación podría tonarse grave.

¿Qué es la eco-ansiedad?

La eco-ansiedad ha sido definida por algunos expertos como "un trastorno psicológico bastante reciente, que afecta a un número cada vez mayor de personas que se preocupan por la crisis ambiental". Observar cómo se desarrollan los lentos y profundos efectos del cambio climático, preocupa a algunos, mucho más que a otros, experimentando niveles de estrés atribuibles a la incertidumbre que se presenta frente a los niños, y en general, de las futuras generaciones. 

La psicóloga Ericka Johnson, asesora de Vitalis en temas vinculados con el comportamiento humano y su relación con el medio ambiente, reconoce que la degradación del planeta puede constituir un factor más para experimentar ansiedad. En su opinión, “hay que ponerle atención, cuidando sobretodo que no se convierta en un fenómeno psicosocial”.

Aunque en sus múltiples consultas aún no ha tenido un paciente que experimente eco-ansiedad, sugiere que es importante realizar una evaluación integral del paciente, a fin de decidir el tratamiento a seguir, bien se trate de una terapia psicológica, un tratamiento multidisciplinario que incluye psicología, psiquiatría o neuropsiquiatría, o una terapia física.

No obstante, Johnson sugiere que también se pueden incluir herramientas vinculadas a un ser o presencia superior, también llamada espiritualidad. Para esta experta, la meditación es, sin dudas, una herramienta para aquietar la mente.

¿La eco-ansiedad es buena o mala?

Como líder de los proyectos de desarrollo humano de Vitalis, considero que nada es totalmente positivo o negativo, y cada historia debe ser evaluada en forma precisa y objetiva. Aquí es imprescindible cultivar la empatía y valorar la consciencia. Cada experiencia es producto de vivencias y creencias específicas, y no todos percibimos los problemas del planeta de la misma manera y con la misma importancia.

Sin embargo, la sensación de impotencia, rabia y desesperanza, deben ser atendidas y nunca subestimadas, a fin de evitar que se transformen en un sentimiento que puede llevarnos a experimentar enfermedades físicas. Los especialistas recomiendan atención temprana, no obstante, es mucho lo que cada uno de nosotros puede hacer.

¿Qué podemos hacer?

Practicar la empatía y la conciencia ambiental, nos pone en una posición extraordinaria como seres humanos. Sin embargo, esos dos valores pierden todo su peso si no hay una acción concreta con resultados visibles, generando así, ansiedad por la rabia, desesperanza e impotencia frente al deterioro de nuestro entorno.

El Dr. Diego Díaz Martín, fundador de Vitalis, destaca la importancia de activarnos para superar la frustración e intranquilidad frente a la destrucción de nuestros recursos naturales. Para este científico, lo mejor que podemos hacer es asumir comportamientos ambientalmente responsables en contacto directo con la naturaleza, uniendo esfuerzos con todas aquellas organizaciones que no pierden la esperanza, y día a día promueven acciones específicas para revertir el calentamiento global e  impulsar la adaptación al nuevo clima.

¿Qué recomendamos en Vitalis?

Las personas que están experimentando la eco-ansiedad, están sensibilizados, y eso es algo bueno, aunque probablemente algo extremo pues llega a comprometer su paz y tranquilidad.

Los ecologistas solemos ser muy apasionados en temas vitales para la supervivencia de la vida en el planeta, especialmente en tiempos en el que somos testigos de la desaparición de glaciares, la extinción de especies animales y vegetales, la disminución de la disponibilidad de agua, y el deterioro de la calidad de vida en general, entre otras preocupaciones ambientales.

Sin embargo, quienes impulsamos nuevos modelos de desarrollo basados en la sustentabilidad, coincidimos en que el manejo responsable de la información disponible, la participación activa en los diversos esfuerzos ciudadanos, y el modelaje de nuevos hábitos y comportamientos en armonía con la naturaleza, constituyen acciones importantes para detonar el cambio que requiere el mundo, más allá del alarmismo innecesario y de la actitud pasiva frente al calentamiento global. 

Acciones personales y grupales enfocadas desde lo espiritual, emocional y ambiental, coadyuvarán los esfuerzos técnicos, científicos y políticos, que hacen falta en el mundo para combatir el cambio climático.

Participar activamente en acciones conservacionistas, no solo ayudará a sentirnos mejor, sino que combatirá cualquier sensación de ansiedad lejana al aquí y ahora de nuestro actuar. Ser propositivos y constructivos también contribuirá a impulsar una sensación de seguridad y paz que tanto requiere nuestro planeta.

Trata al ambiente con amor y respeto. Visita bosques y lugares que te ayuden a reconectar con la naturaleza. Abraza un árbol. Camina descalzo sobre el cesped. Arma un pequeño huerto en casa. Adopta y ama a una mascota doméstica. 

También puedes buscar grupos de personas con el mismo interés que tú. Eso te ayudará a conectar con tu yo interior y practicar la empatía contigo mismo y con los demás. 

Evita  pensar en lo catastrófico que puede ser el futuro. La ansiedad se genera cuando sientes que no tienes control en lo que pueda pasar. Sin embargo, es mucho lo que puedes hacer en tu presente para cambiar las cosas como están.

Actuar positivamente y enfocarnos en nuestro rol frente al calentamiento global alimentará el sentido de pertenencia al "equipo bueno", apostando a hacer de nuestro mundo, el lugar en el que merece la pena vivir.


(*) Gustavo Suárez Solís es Comunicólogo, Coach y Terapeuta. Es líder de la agenda de Desarrollo Humano para la red global de Vitalis y Presidente de ONGVitalis Latinoamérica (Vitalis México). gsuarez@vitalis.net www.gustavozuar.com

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